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Canto de Losar

¡E MA HO!

Gustavo Muñoz · 2026-02-18 15:02 · 0 claps · 3.3 min read
#dharmadhātu #dzogchen #losar #buddhism #doha
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Wiki topics: 🕊️ · Religion

Canto de Losar

¡E MA HO!

Losar llega — ¿pero a dónde? El firmamento no tiene puerta de entrada y sin embargo las nubes creen inaugurar el cielo cada vez que cambian de forma.

El calendario gira como una rueda de oración y la mente, devota, cuenta las vueltas. Pero el eje no gira. La base no cuenta.

¿Quién envejece? No la gnosis prístina. ¿Qué se renueva? No la pureza original. ¿Qué comienza? No aquello que nunca ha conocido un principio.

Desde el dhātu sin borde ni centro saṃsāra y nirvāṇa surgen como reflejos en un espejo que nadie fabricó: vívidos, luminosos, sin peso propio.

Ni un átomo se ha movido jamás fuera de este campo sin orilla. Las formas son ornamentos del dhātu. Los sonidos, maṇḍalas de sabiduría. Los pensamientos, el juego incesante de una base que no juega.

El año es rtsal. El mes es rtsal. El día, la hora, el instante en que lees esto: rtsal — dinamismo sin agente, despliegue sin origen separado, energía creativa de lo que nunca fue creado.

Como el sueño no existe fuera del dormir, el tiempo no existe fuera de bodhicitta. ¿Podrías separar la ola del agua? ¿El reflejo del espejo? ¿La luz del sol?

Así de inseparable es el calendario del Dharmadhātu que lo contiene. Pero la ola no inaugura el océano ni su desaparición lo empobrece.

En Losar se renuevan votos. ¡Muy bien! ¡Renuévalos! Pero sepan que la pureza original no necesita sus promesas.

Ka dag no firma contratos. Lhun grub no agenda reuniones. La gnosis despierta no acumula antigüedad ni mérito ni polvo.

Todo está liberado desde el principio. Saṃsāra: liberado como pureza original. Despertar: liberado como perfección espontánea. Apariencias: liberadas como carentes de raíz. Gozo, sufrimiento, neutralidad: liberados en la vastedad que no distingue entre ellos.

Si todo es así desde el principio, ¿qué renueva tu voto de Año Nuevo? No la base — que nunca se aflojó. Sino el sem — que siempre se distrae.

Sem dice: “Este año seré mejor.” Rigpa no dice nada. Sem planifica la iluminación como quien planifica unas vacaciones. Rigpa ya está donde el sem cree querer llegar.

La diferencia no está en lo que se hace sino en quién cree estar haciéndolo.

Desde sem, Losar es un capítulo más en la autobiografía interminable del yo. Desde rigpa, es el brillo del espacio jugando a llamarse “enero” o “febrero”, “viejo” o “nuevo”, sin que el espacio se tome en serio ninguno de esos nombres.

¡Pero cuidado! ¡No te duermas en la no-dualidad!

La base no envejece, pero el cuerpo sí. La naturaleza de la mente no cambia, pero la oportunidad de reconocerla arde como lámpara de mantequilla expuesta al viento de la montaña.

La vida es como un solo día, dice Longchenpa desde Chimpu. El bardo es el sueño de esta noche. Las vidas futuras, el mañana.

¿En este preciso momento?

No mañana. No en el próximo retiro. No en el próximo Losar. Ahora — en este mismo parpadeo entre dos pensamientos, en este hueco entre la exhalación y la inhalación que quizá no llegue.

La impermanencia no contradice la pureza original. La vuelve urgente. Sin ella, el reconocimiento sería una curiosidad filosófica. Con ella, es fuego.

Entonces — ¿qué es el verdadero Año Nuevo?

No el giro del calendario. No la luna nueva. No las lámparas encendidas. No los votos pronunciados.

El verdadero Año Nuevo es el instante en que cesa la confusión.

No se inaugura algo nuevo: se ve lo que nunca estuvo ausente. Como el firmamento que aparece cuando las nubes se abren — no es que haya llegado, es que dejamos de mirar solo las nubes.

Puede ocurrir en la noche de Losar. Puede ocurrir lavando un plato. Puede ocurrir cuando el miedo es visto como rtsal y el fardo de la fijación se deshace — las varas cayendo, relajándose, sin que nadie las empuje — y queda solo la apertura que siempre las contuvo.

La base de Samantabhadra no nace en ningún mes. No envejece con los ciclos. No mejora con la práctica ni se deteriora con la distracción.

Es el refugio que no fluctúa. El único refugio sin condiciones. Tan accesible como el cielo sobre tu cabeza — ahora mismo — si solo levantas la mirada.

El firmamento permanece. Las nubes vienen y van. El océano sostiene cada ola sin esfuerzo y sin preferencia. El espejo refleja cada imagen sin mancharse y sin fatigarse.

Año viejo, año nuevo: dos nombres para el mismo despliegue indiviso. Dos olas que el océano no distingue porque nunca dejaron de ser agua.

Sin crear, primordialmente asegurado en la libertad que no depende de logro ni de esfuerzo — celebra Losar, limpia tu hogar, enciende las lámparas, comparte el guthuk, ríe con los tuyos alrededor del fuego.

Pero recuerda: el verdadero inicio no pertenece al tiempo. Es el fin de la confusión. Y en ese fin — silencioso, simple, más cercano que tu propia respiración — ya está todo cumplido.

¡Qué satisfactorio!


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