CUANDO VOLVAMOS A LA FACULTAD Y OTRAS FORMAS DE MEMORIA
Cuando se pueda volver la Facultad… Cuando deje de ser nostalgia: aquellos pasillos llenos de voces de alegría o murmullos de preocupación…
CUANDO VOLVAMOS A LA FACULTAD Y OTRAS FORMAS DE MEMORIA

Cuando se pueda volver la Facultad… Cuando deje de ser nostalgia: aquellos pasillos llenos de voces de alegría o murmullos de preocupación por algún parcial, son imágenes casi nítidas, las de última vez en la facultad, en grupitos o por montones, y ni hablar de las relaciones que pasaron del encuentro cotidiano a la distancia virtual. Pero, por más que se romántice la facultad, es innegable que todo aquello ya estaba jodido: desde la politización de la academia hasta los que salieron con el título engrapado con deudas, deudas políticas, favores que deberán pagar cuando se llegue a algún cargo importante. Porque así fue como muchos se torcieron y que hoy están entre juzgados: como jueces o como imputados, qué más da, el daño lo han realizado, han llegado a perpetuar la impunidad, a modificar sentencias y a poner en libertad bajo fianza a los que le llegaron al precio; primero el dinero, porque ese fue el mayor valor y principio que mal aprendieron de la facultad, por eso en el Colegio de Abogados recibes un número, no importa quien eres ni lo que hagas, perfectamente puedes ir contra el Código de Ética Profesional, que los del tribunal de honor ni cuenta se darán, solo quieren tu pago puntual, tu comisión por protocolo. Porque es más el negocio que el respeto a la profesión, por eso hay entre los colegiados -Abogansters-, mafiosos con título, capaces de entrampar cualquier proceso, argumentar mentiras y firmar fraudes. Atrás han quedado los años de la Facultad de independiente, de crítica social, donde se formaron nuestros grandes referentes: M. Colon Argueta, M. López Larrave y una fila más de juristas que dieron su vida para ver a una sociedad más igualitaria, un Estado de Derecho que diera justicia a los que apenas se enteraban de que tenían Derechos por ser humanos, y sobre todo formar a juristas que prediquen con el ejemplo. Alma Mater solo una, y la han profanado por intereses mezquinos y charlatanes de lo mediocre, fabricando fotocopias de hombres que solo quieren mamar del Estado y resguardarse en su plaza fantasma o cobrar sus asesorías rutinarias.
Cuando volvamos a la Facultad, cuando tengamos que decidir entre procurar nuestra Alma Mater como nuestra propia alma: superando las adversidades cotidianas, las trabas burocráticas, las ofertas populistas del político mediocre en turno. Cuando volvamos a la Facultad, tengamos presentes que somos quienes tienen la legitimidad y el conocimiento para dar justicia. Que nuestras decisiones van más allá de nuestro pasar en la Facultad: son medidas, de hecho, que trasciende generaciones, produce cambios estructurales y honran no solo a nuestros padres y madres, sino que a todo un país.
La perdida de la fe en las leyes y en quienes las aplican, nos conducen a medidas de hecho" — Mario López Larrave.
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