La prensa chicha y la desinformación en el Perú del 2000: un relato desde Huaral
Corría el año 2000. Yo vivía en Huaral, y no tenía más de doce años; sin embargo, movido por un innato e inexplicable espíritu crítico, era…
La prensa chicha y la desinformación en el Perú del 2000: un relato desde Huaral
Corría el año 2000. Yo vivía en Huaral, y no tenía más de doce años; sin embargo, movido por un innato e inexplicable espíritu crítico, era consciente de lo que pasaba en mi país, o por lo menos eso creía. A mi edad trataba de distinguir quiénes eran los buenos y los malos (la visión maniquea de los infantes). Años antes era fácil. No había problema: los malos eran los terroristas; los buenos, el gobierno. ¿Acaso estos no habían vencido a Sendero y al MRTA? ¿No habíamos visto todos los peruanos el alucinante rescate de la embajada de Japón por la televisión? “El Estado se hace respetar”, dije una vez mientras veía en la pantalla las explosiones del Comando Chavín de Huantar. “El Estado no nos olvida”, pensé otro día que llegó un tráiler al “cole”. ¿Acaso no venía, una vez al año, la hermana de Fujimori a regalarnos ropa, zapatos, zapatillas, útiles escolares, y cuando era navidad, juguetes? Cada regalo tenía un mensaje implícito: "El se acuerda de ustedes y de su miseria. No los olvida como otros".

El nuevo milenio lo cambiaría todo. El régimen de Fujimori estaba en decadencia. “Los buenos se volvieron malos, o nunca lo fueron”, reflexioné una noche al terminar de ver los noticieros. Ya no me era tan fácil distinguir. Ya no era tan fácil ocultar los crímenes y los latrocinios. El silencio gritaba. El país vivía en la ficción (en el peor sentido de la palabra) que fabricaban los medios de comunicación más representativos como América Tv y Panamericana comprados por el gobierno. El Perú respiraba mentira y corrupción en medio de la tecnocumbia, música de fondo de aquel año. Algunos, asqueados de tanta inmundicia, salían a lavarse las caras en marchas en todo el territorio nacional.
Por ese entonces el famoso periodista Beto Ortiz tenía un programa televisivo llamado Beto A saber donde entrevistaba a artistas. Un día tuvo como invitado a Mario Vargas Llosa. Este había llegado a Lima en junio, en el contexto de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, a presentar su última novela para ese entonces: La fiesta del Chivo. Una novela que narra las barbaridades que cometió la dictadura de Leonidas Trujillo en República Dominicana. No habían pasado más de nueve minutos de la entrevista cuando Ortiz le pide su opinión sobre la guerra sucia y la evidente parcialización de los medios informativos. Vargas Llosa hace catarsis, responde con un extenso comentario, muestra su indignación por la inmundicia de los periódicos chichas. Ese tema lo venía perturbando desde que pisó suelo peruano. Señala categóricamente: “Nunca en la historia del Perú se ha llegado a ese grado de inmundicia que maneja Montesinos”. Una imagen queda grabada en mi cabeza, veo a nuestro premio Nobel desplegando sobre su mesa las primeras páginas de esos “pasquines pestilentes” (como él los llama) y comparto su sonrojo no solo como peruano sino como ser humano.

Dije que el nuevo milenio lo cambiaría todo y cuando dije todo es porque me incluía a mí. El año anterior había acabado la primaria en una escuela ubicada a treinta metros de mi casa. Para estudiar la secundaría tenía que movilizarme hasta el centro de la ciudad, pues mis padres no querían otro colegio que no sea “Nuestra Señora del Carmen”. Esta institución se había ganado un nombre por sus logros académicos y deportivos. Logros que la hacía mejor que otras, aunque no había que esperar gran cosa porque a fin de cuentas era un colegio estatal. Así que para llegar a tiempo a clase tenía que levantarme a las seis de la mañana. Nunca llegué tarde ese año. Al contrario, llegaba con veinte minutos de anticipación, y como no me hablaba con nadie (todos mis amigos se habían quedado en el “San Juan Bautista” y me era difícil acostumbrase a mi nuevo colegio) aprovechaba el tiempo para pasear por el Parque Centenario y revisar los diarios colgados en el kiosco de don Lucho. Algunos periódicos me atraían más que otros. Carátulas sugerentes. Titulares sorprendentes. Muerte, sangre, infidelidades, sangre otra vez, monstruos de los cerros, “peloteros”, historias de pishtacos y sirenas, muerte otra vez, endemoniados, etc. Dicen que recordar es volver a vivir, en mi caso sería mejor decir: recordar es volver a sentir…nauseas[1]. Aunque tengo que confesar que ahora esos titulares también me causan gracia. Leamos: “Gringa jugadora besa a Toledo solo para fotos. Ñorsa es más teatrera que la Gringa Inga” (El chato. Un diario de verdad). “Andrade reconoce ser marrano pero no chavón como Castañeda Lossio”. “Comunistas armaron lista de Andrade” (Diario La Yuca). “Toledo le jura a ricos que cerrará comedores del pueblo” (La Chuchi). “´Chancho´ Andrade pide tanques para aplastar a familias” (La Chuchi), etc.

La desinformación es una estrategia poderosa que saben usar las dictaduras. Las medias verdades suelen ser más venenosas que las mentiras. Por eso la libertad de expresión casi siempre corre peligro en gobiernos autoritarios. La prensa chicha no surgió con Fujimori (Velasco y Odría también manejaron la prensa a su antojo), pero se popularizó en su gobierno ya que eran herramientas para desacreditar a sus opositores en las elecciones del 2000. Las editoriales de estos diarios eran controlados por el amo del país en ese entonces, Vladimiro Montesinos Torres. Su público objetivo: el sector D (Clase media baja) y E (extrema pobreza). Diarios de nombres curiosos y hasta risibles como Ajá, El Chino, El Popular, El Tío, El Chato, La Chuchi, El Mañanero, La Yuca, El Men, etc. se alimentaban de la ignorancia y de la escasa comprensión lectora de las clases bajas.
Según un informe de la Procuraduría Anticorrupción (2014) se invirtió 122 millones de soles para la difamación en contra de los opositores. Un testigo informó que los encargados de titulares públicos en la prensa chicha recibieron entre 500 por mil dólares. Por ello, Fujimori fue sentenciado a ocho años de prisión por la manipulación de la prensa con multas políticas usando fondos de las Fuerzas Armadas.
En estas últimas elecciones generales de 2016 hemos visto que la manipulación de la información parece inherente a los fujimoristas. Se editaron audios para enfrentar a sus oponentes. También se nos usó como arma el chauvinismo. Se oyeron frases como “un gringo no va a venir a gobernarnos”, “no ha vivido en el país, no comprende al pueblo”. O la clásica: “los que están contra mí son pro-senderistas, terrucos, rojos o comunistas”. Además, se sigue usando el resentimiento social para ganar campañas o casi ganarlas. Se demuestra, una vez más, que el racismo no es solo del blanco contra el cholo o mestizo sino que es también al revés.
Aquel invierno del 2000 en Beto A saber Vargas Llosa se preguntaba: "¿Cómo puede ser posible que un ser humano pueda llegar a esa exhibición de vulgaridad, de chabacanería? ¿Cómo la vileza y la infamia pueden convertirse en letra impresa, y cómo puede haber una sociedad que la acepte? Que esté colgada allí para envenenar, envilecer el espíritu de los ciudadanos, y nadie haga nada". Felizmente para el país la primavera se adelantó nueve días, pues el 14 de septiembre un video grabado por el Rasputín peruano fue presentado en la televisión. Un video que desencadenó el final de la dictadura fujimontesinista. El mundo pudo ver por fin el alto nivel de corrupción (sin precedentes) al que había llegado el Perú.

Los tiempos han cambiado, la información y el conocimiento se han democratizado. El peruano de ahora no se deja engañar tan fácilmente y ha rechazado el pasado 5 de junio un posible gobierno de Keiko Fujimori. Y aunque aún falta mucho por mejorar para lograr una sociedad más justa y equitativa, creo que vamos encaminados. Para empezar, millones de peruanos no le dimos una segunda oportunidad a la corrupción, y eso es mucho.

[1] Uno de los más vapuleados fue el fundador del diario La República, son incontables los titulares dedicados a él a fines de los noventas. “Mohme en la Jaula de las Locas”. “Mohme, convertido en Diosa Griega alista el 'Plan Medusa'”. “Comunista Mohme besó a Feliciano y le dijo ¡Nunca te olvidaré!”. “Mohme, capo del comunismo, declara a Feliciano héroe de la Descentralización Nacional”. “Las Orgias Democráticas de Mohme”. “Mohme proclama: ¡Erección Nacional o Muerte!”. “Mohme, capo del comunismo local, de duelo por captura del Camarada ´Feliciano´. “Comunista Mohme decreta duelo nacional por captura de Feliciano”. “Mohme, El Rey de la prensa amarilla”. (Tomado de varios diarios chichas).
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