El peso de las despedidas y la luna que nos mira
Entre bromas de abril, guerreros cansados y la extraña insistencia de la luz.
El peso de las despedidas y la luna que nos mira
Entre bromas de abril, guerreros cansados y la extraña insistencia de la luz.
Ay, Dios mío. Llevo como media hora intentando poner en orden estas ideas y no hay manera. No puedo concentrarme porque ese ruido — no sé ni cómo describirlo — es como si alguien estuviera columpiándose en una estructura oxidada, un chillar metálico que sube y baja como un aullido mecánico. No sé si viene de la calle, del vecino o si ya es mi propia cabeza que no para.
Y luego los autos, uno tras otro, rompiendo cualquier intento de hilo conductor. Para rematar, los perros del vecino no ayudan nada; parece que hoy se pusieron de acuerdo para no dejar de ladrarle a mi gata Stefi. Ella, como siempre, está ahí en la ventana, tan campante. Sabe perfectamente que los separa una malla. Sabe que ellos pueden desgañitarse ladrando todo lo que quieran, pero nunca van a alcanzarla. Se queda ahí con esa postura de “soy la dueña de esto y ustedes solo observan”. La belleza imponiéndose sin mover un pelo. Me encanta esa paz que tiene.
Qué día para escribir sobre Mifune, ¿no? Un miércoles cualquiera de abril, con el cielo que ayer soltó una lluvia de esas que anuncian que ya viene la temporada de capirotada… ya sabes, ese frío que se te cuela por las rendijas sin avisar. Hoy amaneció extraño, ni nublado ni despejado, como si el día no se hubiera decidido todavía. Está fresco. Ese fresco rico que te obliga a sostener la taza de café con ambas manos para robarle un poco de calor.
Pero el ruido sigue. El ruido no me deja.
Tal vez por eso hoy terminé encontrándome con la historia de Mifune. Porque necesitaba algo que hiciera más ruido interno que el columpio oxidado, los perros o el tráfico de afuera. O tal vez porque él también, allá en su juventud antes de ser leyenda, vivió rodeado de ruidos y gritos que no podía controlar, mientras el mundo se caía a pedazos a su alrededor.
“El silencio no es la ausencia de ruido, sino la presencia de una paz que el ruido no puede romper.”
Y mientras medio mundo anda intentando gastar bromas tontas, yo me he quedado atrapada en un agujero de conejo histórico, de esos que alimentan mi profesión y mi obsesión personal: las efemérides.

Toshiro Mifune- Pausa & Reflexión — diario de nostalgia
Resulta que hoy, un 1 de abril de 1920, nació Toshiro Mifune. Sí, el gran actor de Kurosawa, el samurái por excelencia. Pero no estoy pensando en sus películas. Estoy pensando en algo que leí hace poco y que me dejó helada, algo que casi ninguna biografía oficial te cuenta con la crudeza que merece.
Durante la Segunda Guerra Mundial, a Mifune lo reclutaron. Y su trabajo no era empuñar una katana de madera frente a una cámara. Su labor, a una edad en la que uno apenas está entendiendo de qué trata la vida, era despedir a los jóvenes pilotos kamikazes.
“Lo más difícil no es morir, sino ver morir a los que amas mientras tú te quedas a ordenar sus pertenencias.”
— Anónimo (atribuido a diarios de la unidad de entrenamiento de pilotos).
Me lo imagino ahí. Un Mifune joven, antes de la fama, antes de la armadura. Su tarea era prepararles su última comida, quizás tomarles esa última fotografía antes de que subieran a los aviones para no volver nunca. Verlos a los ojos. Saber que en veinte minutos, o en dos horas, esos chicos serían solo humo y un recuerdo en una carta. Saber que no volverían.
Esa carga… ¿Cómo se vive después de eso? ¿Cómo se vuelve a sonreír o a actuar sin que el fantasma de esos rostros te persiga? Me hace pensar en la resiliencia, pero no en esa de manual de autoayuda que venden en las librerías del aeropuerto. Hablo de la resiliencia sucia, la que huele a miedo y a deber cumplido a regañadientes.
Lo que la historia nos susurra al oído
A veces siento que mi mente me traiciona y me lleva a creer que el tiempo no es lineal. Que, de alguna forma extraña, Mifune sigue despidiendo a esos chicos hoy mismo, mientras yo escribo esto y tú lo lees. Que todo está pasando al mismo tiempo. Es una idea que me marea un poco, así que mejor la suelto por ahora… quizá para otro post donde tenga más respuestas y menos dudas.
Pero lo que sí sé es que hoy, en este inicio de mes que nos regala unos días de descanso — que buena falta nos hacen — , estamos en un momento de introspección profunda. La luna llena de hoy no es solo un evento astronómico; es un recordatorio de que el mundo siempre es donde vivimos por dentro. Lo de afuera… lo de afuera es puro ruido. Los memes, las bromas de abril, las noticias… es ruido.
He estado pensando en lo que realmente importa cuando el ruido se apaga:
- La importancia de honrar el pasado, no como una carga, sino como una brújula para no repetir los mismos incendios.
- Entender que la paz interior es un acto de rebeldía en un mundo que se empeña en estar en guerra, ya sea con armas o con palabras.
- Aprender que un abrazo honesto tiene más peso atómico que cualquier discurso político; sigo creyendo firmemente que es mejor dar abrazos que intercambiar balazos.
- Aceptar que la fragilidad humana es, irónicamente, nuestra mayor fortaleza. Mifune sobrevivió a la tristeza de los kamikazes para darnos arte; nosotros podemos sobrevivir a nuestros propios naufragios.
Me cuesta encontrar las palabras exactas para esto. Siento que el teclado se queda corto cuando trato de explicar por qué me conmueve tanto la historia de un hombre que vio partir a otros hacia el vacío. Quizás es porque hoy el mundo se siente un poco así: gente partiendo, gente despidiéndose, y nosotros aquí, tratando de darle sentido al calendario.
**Notas al margen**Me pregunto si Mifune guardó alguna foto para sí mismo. Si alguna vez, ya siendo un actor consagrado, cerraba los ojos y volvía a ese aeródromo.La Luna Rosa se llama así por el musgo rosa o las flores silvestres que florecen en esta época en el norte. Nada de color neón en el cielo, lamentablemente.
Hoy quiero elevar el espíritu. No me sale bien la retórica religiosa, pero sí sé que cuando miramos hacia arriba y tratamos de conectar con algo más grande — llámalo Dios, energía, universo — , nos sentimos un poco menos solos en esta trinchera. Arriba los corazones, de verdad. Que este inicio de mes nos agarre tranquilos, con el café caliente y el alma dispuesta a entender que la historia no está en los libros, sino en la piel de quienes sobrevivieron para contarla.
Abajo las guerras, todas ellas. Las de las fronteras y las que libramos en la mesa del comedor.
Referencias & Derivas personales:
- Galbraith, S. (2002). The Emperor and the Wolf: The Lives and Films of Akira Kurosawa and Toshiro Mifune. (Un libro denso sobre la vida del actor y su paso por la unidad de inteligencia aérea).
- Mifune, T. (Entrevistas varias). El actor solía mencionar brevemente su rol enviando a los pilotos a la muerte, subrayando que su trabajo era “servirles el último sake”.
- Observación astronómica: Almanaque de la Luna Llena de Abril (Luna de Hierba o Luna Rosa), registros de 2026.
- Memoria oral: Relatos sobre el Batallón Tokkotai y la carga psicológica de los supervivientes en el Japón de la posguerra.
Ojalá el mundo aprendiera más de esto: más abrazos… y menos guerras.
Arriba Los corazones
Pausa & Reflexión
메타데이터
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