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Selección natural

Cuento escrito por Brenda Rincón

Biblioteca de Diletantes · 2025-06-17 16:18 · 0 claps · 7.4 min read
#cuento #enfermedad #horror #peste #virus
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Wiki topics: MIC · Microbiology & Immunology

Selección natural

Cuento escrito por Brenda Rincón

Estudiante de Licenciatura en Escritura Creativa en la UdeG

Todo seguía igual de asqueroso, la organización del país, las calles, los muebles de la casa y hasta el papel de la carta de mi hermano avisando que este año no celebraremos juntos porque no podría viajar desde Veracruz. Lupe entró con mi té de mediodía al salón, se veía lenta y temblorosa. -¿Limpiaste bien la taza? — le pregunté al tiempo que tapaba mi boca para evitar cualquier germen. -Sí señora, igual que todos los días, baños del ácido que compramos pa’uste. Dejó la charola en la mesita y empezó a prepararlo como me gusta, dos de azúcar y una pizca de limón. Salpicó el té por toda la charola, menos mal que traía sus guantes. -¿Cómo está tu esposo? — vi sus ojos y esa mueca en su boca — ¿ya supiste que no vendrá con mi hermano estas vacaciones de invierno? -Sí, señora — su voz muy baja -¿Pero es mejor, no crees? Menos gente en esta casa, menos gérmenes que vengan de la calle, en sus ropas, en el polvo, en el aire extranjero, menos enfermedades. Vi perfectamente como una gota de llanto silencioso caía en la charola y Lupe se quedó muy quieta. -Por la santísima Trinidad Guadalupe, llévate todo el juego por favor — sentía como las bacterias en el interior de Lupe empezaban a esparcirse por el té, amenazando, queriendo contagiar, destruir, marchitar la vida de todo lo que tocan. -Ay, señora. — decía mientras se retiraba sin ver por las lágrimas que seguían cayendo. -No, no, no llores — todo mojado, sus fluidos, su agua contaminada salpicando todo el salón, exponiendome — Simona, hablale a Simona ya! — no había tiempo que perder, tomé un segundo pañuelo y me tapé la boca y la nariz. — Dios mío. Sentía la suciedad, la putrefacción en el aire, lo que había en el interior de Lupe, toda esa inmundicia ¿Habría salido ella a la calle hoy, a la podredumbre? Tomé todos los pañuelos cerca de mi, con el agua oxigenada y me bañe en ella. Con los pañuelos me limpiaba la tela del vestido que llegaba hasta el cuello y la piel arriba de eso estaba descubierta, me la quería purificar, tener una nueva piel que no estuviera tocada por el aire contaminado por esa guarrería. -Señora, señora, ya tengo listo su baño, pare por favor — Simona estaba aquí por fin. -¿Lupe salió hoy? — vi sus manos enguantadas quitarme los pañuelos manchados con sangre, si por fin mi sangre pristina está limpiando esta suciedad. -No, señora, no ha salido en mínimo 3 días, como usted pide, vamos a su baño.

Veía cómo sacaban el agua rosa de la bañera mientras terminaba de vestirme, el aire olía a antiséptico, a alcohol y aunque mis ropas estaban algo rugosas como siempre sabía que estaban libres de podredumbre Simona me había tallado y curado las heridas en mi cuello y papada, me había puesto vapores calientes para esterilizarme como recomendaba el médico. Estaba aseada otra vez, libre de bacterias, podía respirar.

-¿Por qué Lupe estaba llorando? — Le pregunté a Simona -Señora, su esposo falleció, le enviaron una carta junto a la suya esta mañana -Mmmh, no debiste de haberla mandado conmigo entonces. Mándala con su esposo, no creo que deje de lloriquear.

Entendido, señora, mis disculpas — agachó la cabeza -¿Cuándo vendrá el médico? — también ella, también la estúpida de Simona. Sentí el segundo de más que se tomó para responder. -Mandó una nota con el mensajero, señora, dijo que tenía algunos casos graves de neumonía y en cuanto tuviera oportunidad vendría. -Sí, sí — la despedí con la mano y se fue rápidamente, tal vez demasiado Comí mi pechuga de pollo desabrido, mejor sin sabor que bacterias extrañas entrando por la comida.

Aunque la capital fue nuestro hogar alguna vez, cuando Padre murió, mi querido hermano hizo su vida lejos, en el puerto. Allí conoció a su recta y amable esposa y no ha querido hacer viajes tan largos desde que tuvo a su primer hijo. Estoy segura que fue por mi negativa a querer a su baboso, sucio y repugnante niño. Con todo ese tiempo que pasan en el piso y chupando cada objeto que le dan, me sorprende que no haya muerto antes. Aparte el olor a mierda que desprenden, yo no considero que un niño sea aceptable hasta que pueda ir solo a hacer sus necesidades y mantenerse limpio. De cualquier manera sigo teniendo la casa en la que me crié, en la que me he escondido de los revolucionarios y de la Guerra, en la que me protejo de todas las bacterias del mundo, de los olores putrefactos, de sus sudores y fluidos.

En la tarde siguiente pedí un té verde con jengibre y alcohol para merendar, y cuál fue mi sorpresa al encontrar nuevamente que Lupe me traía la bandeja. Estaba muy recta, como si trajera una vara en la columna, caminaba despacio y con mucha desconfianza. Puso lentamente la bandeja en la mesita y empezó a servir el té, se veía con la mente nublada pero al menos no tiró el té en esta ocasión. -…más que se le ofrezca? — su voz era tan baja -¿Por qué no estás camino a Veracruz? ¿Simona no te dió mis instrucciones? Se me quedó viendo unos segundos como si hubiera hablado en inglés y no en el español que las dos conocíamos. -ah… Dispense, señora — dijo en pausas — la carta decía expresamente que no debía visitar a … mi esposo … difunto …eh, hasta después de unas semanas, no daban razón, pero… estaba escrita por su hermano, señora… así que yo…mmmh. -¿De que falleció? — Su silencio fue todavía más largo, incluso pensé que no respondería. -Neumonía — soltó de repente y se retiró, debo reconocer que no vi ninguna lágrima caer.

Neumonía… neumonía… Toqué la campana de servicio y Simona entró unos minutos después. -¿Sí, señora? -Mañana quiero todos los periódicos en el desayuno, pásalos por vinagre hervido antes de ponerlos en mi mesa. -¿Señora? Hace ya varios años que no pide el periódico, ¿le interesa alguna situación en especifico? -Sí, la Gran Guerra, quiero ver como van los negocios en Veracruz y muchas más cosas. -No creo que le haga bien conocer esas cuestiones, ¿recuerda cómo se sentía después de leerlas antaño? Si usted lo desea, puedo preguntar las novedades a los mensajeros de mañana — Su voz salía firme a pesar de la tela que le cubría la boca, la vena de la sien saltada.

Parecía una lucha de voluntades más que yo dándole una orden a mi ama de llaves, habrase visto a esta edad. ¿Será que Simona se ha vuelto terca? ¿Podré escribir una carta a mi hermano para cambiar de ama de llaves? -Es mi voluntad — y le hice un gesto para que se retirara. Ella solo murmuró en confirmación y se marchó, dejándome sola con mis cavilaciones. En las cuales me negaba a pensar, ya que de ser ciertas no habría lugar en el mundo donde esconderme.

La mañana siguiente llegó con mucha calma de parte de mis sirvientas, todo lo hacían muy despacio, como si tuviera todo el día para tomar solo el desayuno. Al salir de mi primer baño del día, con las heridas del cuello y la barbilla aún ardientes y rojas, me dirigí al comedor para el desayuno, ya percibía el ansía en mi pecho, los deseos de echar el bastón al aire y correr.

En la mesa estaban todos como le pedí a Simona: el Imparcial, el País y el Correo Español, incluso unos ejemplares que no había visto antes: el Universal y el Excélsior. Me había preparado desde ayer teniendo mis anteojos cerca, la anticipación me comía la respiración.

Intenté mantener la calma, pensaba que tal vez tendría que buscar a fondo en las columnas de opinión, pero no, empezó la pesadilla nada más al ver los titulares.

Mi respiración se aceleró, todo estaba mucho peor de lo que pensaba, era el infierno. “Pasan ya de mil los casos de ‘influenza española’ que se registran en la capital” El pecho se me hacía pequeño. “Días terribles esperan a México a causa de la influenza española” No, no podía respirar y temblaba, seguro de fiebre. “Aumenta la virulencia de la peste en México” Todo el país estaba lleno de esa asquerosidad. Sentía sus tentáculos extenderse por las calles, sombreando y rodeando la casa, llenando de bacterias y virus cada entrada, cada pasillo, cada mesa y cada silla. Me apresuré a tomar el ácido bórico que siempre mantenía en las puertas de las habitaciones, pero las piernas me fallaban, entre mi rodilla mala y el sentir desfallecer caí al suelo, llevándome conmigo un plato con fruta y derramando el té en el mantel. Ahora estaba llena de comida, comida que seguramente está contaminada, sentí el aire contaminado, como llenaba mi garganta y pudría mis pulmones, mi nariz, mi interior. -Simona- grité, y me arrastré como pude a la siguiente habitación — apresúrate. El aire me faltaba, mi cuerpo se estremecía de fiebre. Llegué a la puerta del recibidor y fue una pesadilla. La puerta a la calle abierta, lacayos entrando y saliendo con sus botas sucias, trayendo maletas de viaje de alguien desconocido. -¡¡¡Simona!!!! — volví a gritar pero parecía que no me escuchaba, que nadie me escuchaba. Mi respiración se hizo más lenta, los bordes de mi visión borrosos, estaba en el infierno. Justo cuando pensé que iba a morir, mi hermano apareció. -Juan, seguramente estoy muerta, estás Veracruz y yo muerta en el pasillo de la casa más virulenta y asquerosa de la capital. — sus ojos me desconocieron. -Mi querida hermana — se agachó y creí ver una sonrisa en su rostro — mi muy querida hermana, tienes el rostro desencajado, tal vez es correcto que ya te vas a morir — vi incluso una chispa de diversión en sus ojos. Clava su mirada en mí y acto seguido procede a toser.

Está infectado, está infectado y viene a darme muerte, a infectarme, a dañarme, viene a contagiarme. Sus virus sobre mí, sobre mi garganta que intenta gritar pero no puede, sobre mis músculos que intentan moverse pero están agarrotados. Se me nubla la vista y siento violentos movimientos en todo mi cuerpo durante lo que parecen horas. Alcanzo a distinguir voces, mi cuñada llorando y Simona hablando con el pastor. Puertas abrir y cerrar, carruajes y coches. Y después nada.

Cuando recobro la conciencia todo parece un mal sueño, no sé cuánto tiempo ha pasado pero siento algo incómodo y húmedo debajo de mi y pienso que tal vez tuve una pequeña fiebre con alucinaciones. -Simona- intenté hablar pero mi boca estaba seca- agua. De pronto pude abrir los ojos, a mi pesadilla más cruel, estaba sobre unos cuerpos, hinchados, purulentos. Rodé sobre mí y quedé sobre más cuerpos, mi cara contra sus hinchadas caras, azules, sus ojos y sus bocas abiertas. El vómito se abrió paso por mi boca y al intentar levantarme me resbalé sobre el mismo, manchando toda mi cara y mi ropa que de cualquier manera ya estaba llena de fluidos, de sangre, mocos y pus. Tosí, por primera vez en mi vida. Y también por primera vez en mucho mucho tiempo, lloré.


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