Tantra como camino para volver al cuerpo
No hablo en nombre del Tantra porque no creo que se pueda hablar en su nombre. Escribo sobre mis experiencias y mis maneras de vivir a…
Tantra como camino para volver al cuerpo
No hablo en nombre del Tantra porque no creo que se pueda hablar en su nombre. Escribo sobre mis experiencias y mis maneras de vivir a través y desde esta ciencia en mi cotidiano. Sobre cómo practicar Tantra, y aprender Tantra, transformó y transforma mi vida (y todo lo que eso implica). Y me gusta ponerlo en palabras: porque me ordena y me desordena a la vez. Porque baja los imaginarios y las fantasías en posibilidades concretas y abre nuevos caminos posibles en la misma acción. Y de estas contradicciones — o mejor dicho, complejidades — está hecho el Tantra y esta hecho el ser humano.
Entonces, ¿cómo puedo contar sobre el Tantra si no creo que pueda hablar en su nombre? ¿Hay algo que yo puedo compartir sobre este arte y cosmovisión de más de 5.000 años? No tengo idea pero voy a hacer un primer intento.
Para ubicarnos en tiempo y espacio, el Tantra surgió hace más de 5.000 años al sur de India. En las comunidades en las que nació, no era una práctica o técnica aislada como sucede hoy que podemos asistir a talleres de Tantra o tomarnos un finde para ir a un retiro tántriko (que, por cierto, me encantan y yo misma comparto hace más de 3 años). Quiero decir, los integrantes de estas comunidades donde nació el Tantra no iban a una sala especial para practicarlo ni se guardaban la mañana de su sábado para regalarse un encuentro de meditación en movimiento para relajar y sentirse mejor.
El Tantra fue la forma misma en que estas comunidades convivían. Simple y profundamente, estas personas vivían en Tantra, en íntima comunión, en sexo. Y sexo no como los pensamos comúnmente. Sino que sexo en el sentido de intimidad vital: que es el estado y la forma de estar de y en la naturaleza básicamente, la matriz que nos sostiene y nos incluye.

Estas comunidades vivían en Tantra.
¿Y eso que quiere decir? Que vivían en un estado de íntima comunión: con sigo mismas, con sus congéneres, con el entorno que las acogía. Eran, básicamente, seres humanos y mamíferos. Sus pulsiones, sus necesidades, sus deseos, eran acogidos y desplegados, no negados y suprimidos. Vivían en Tantra, para mí, no quiere decir otra cosa que vivir desde el cuerpo. Algo que perdimos en muchos niveles.
Y, en un punto, es paradójico. Porque creo que no podemos vivir por fuera del cuerpo. Porque somos cuerpo. Sin embargo, cada vez más estamos viviendo con grandes niveles de disociación, durezas y rigideces físicas, tensiones mentales y emocionales, altos grados de exigencia, nuestros sistemas biológicos (nuestro cerebro, la microbiota, el metabolismo, la respuesta al estrés, el sistema inmune) desregulados e inflamados, mucha presión por el contexto socio-económico-ambiental, ansiedad y angustia.

Y es que no solo somos nuestro cuerpo. Sino que nuestro cuerpo es con el territorio. Es con la naturaleza de la que somos parte. Es con las sociedades de las que somos partes. Es con la cultura de la que somos parte. Por eso todo lo que sucede a nivel ambiental, político y económico, en mayor o menor medida, impacta en nuestra experiencia individual (de la que no podemos negar su dimensión político-social).
Y el mundo en el que vivimos inflama. Las exigencias que nos ponen (y nos ponemos) nos pasan de rosca. Los ideales del sistema enferman. Y los estudios están demostrando lo que sentimos: cada vez es más común sentir ansiedad elevada, tener pensamientos intrusivos y rumiantes, padecer insomnio y dificultad para descansar, despertar con angustia y opresión en el pecho, no poder estar presentes en los espacios que habitamos, no poder sentir en el cuerpo más allá de la tensión y la ansiedad.
Entonces, vivimos en nuestro cuerpo porque somos este cuerpo, aunque podemos sentirnos como extrañas adentro nuestro. Tampoco permitimos que nuestro cuerpo despliegue toda su corporalidad para acoger lo que nos pasa. Queremos solucionar todo desde el entendimiento racional e intelectual, cuando hay toda una inteligencia corporal y somática que necesitamos recuperar. El enojo, la angustia, la ansiedad, el cansancio, el placer, la dicha, y cualquier otra emoción, tienen una dimensión corporal y vivencial que necesita desplegarse. Si la negamos, tarde o temprano, aparecerá el malestar. Hay experiencias que atravesamos en la vida, desde que nacemos, que se alojan en el cuerpo, que son parte de nuestra inteligencia corporal, mamífera, psicosexual y emocional, primal. Y es desde el cuerpo que podemos hacerles lugar, procesarlas, metabolizarlas, digerirlas.
Y acá quería llegar: la buena noticia es que podemos recuperar nuestro cuerpo y su metabolismo emocional. Podemos usar nuestro cuerpo a nuestro favor y volver a habitarlo como nuestro primer territorio desde el cual estar y ser en el mundo. Y de eso se trata el Tantra.
¿A qué me refiero? A algo tan simple y efectivo y saludable como:
*poder quejarnos y bufar y suspirar cuando algo nos provoca enojo o sensación de injusticia o de desgano,
*darnos tiempo: tiempo para despertar y empezar el día, tiempo para mover las articulaciones entre reunión y reunión, tiempo para sentir y llorar y reir y suspirar. Tiempo para descansar, para estar silencio, para observar, para escuchar (y no me digan que no hay tiempo porque hay, quizás se lo estamos regalando al celular),
*bostezar bien grande y con sonido para procesar el día, para descargar el cansancio, para bajarle al sobreestímulo,
*llorar y/o reír, a veces sin motivo aparente, es también una forma de descargar y aliviar

Estamos en un tiempo histórico donde la atención, la paciencia, la conexión, la lentitud, están completamente distorsionadas. Demasiado teléfono, redes, noticias. Todo ya, todo rápido, todo fugaz. Por momentos esto me desesperanza. Ante la desazón, volver al cuerpo es una manera, en mi experiencia, de conectar con la confianza y la vitalidad. Es una forma de recordarme que tengo al Tantra como camino de regreso a mí, a mi cuerpo, que es a la vez parte de una comunidad, de un mismo entramado con otros y con la naturaleza. Soy mi cuerpo y puedo volver a él una y otra vez, con toda su inteligencia para sostenerme.
메타데이터
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- 2026-06-28 04:42:08