Mil metros de calma: Una mirada área sobre Capadocia
Para muchos viajeros Julio Verne sin duda es un referente ineludible. El como nadie, entre la realidad y lo conocido nos mostró lo irreal y…
Mil metros de calma: Una mirada área sobre Capadocia
Para muchos viajeros **Julio Verne** sin duda es un referente ineludible. El como nadie, entre la realidad y lo conocido nos mostró lo irreal y desconocido en sus obras maestras que han motivado a muchos, como quien escribe en este blog, a descubrir la aventura de viajar. Es cierto, los tiempos ya no son los mismos, pero permanece como faro en nuestro universo viajero la figura atemporal del gran Julio Verne.
De entre tanta narrativa dejada por este viajero de la literatura, hoy nos relacionamos con una en particular, 5 Semanas en Globo. Su libro llego a mis manos cuando era todavía un adolescente y produjo de manera inmediata un asombro y estupor sobre todo lo que podía divisarse-verse por sobre la tierra. No es ver desde arriba, es divisar, pues la elevación de esa asombrosa máquina, nos invita a mirar el espacio sobre el que nos movemos desde otra perspectiva, no solo física, observando la tierra desde el aire, sino metafísica, pues nos elevamos para contemplar.
Desde aquella lectura, quedo marcado en mi inconsciente poder alguna vez replicar esa experiencia. Obviamente, jamás por tanto tiempo, ni tampoco para admirar la copa de los árboles desde las alturas de África. No, esta vez fueron los valles de Capadocia, en Turquía, después de años de sabrosa y ansiosa espera.

Capadocia, Turquia. Fotografía: propia
Viajar en globo no es solo un medio de transporte, sino un espacio suspendido entre lo conocido y lo posible. En Capadocia ocurre algo parecido. Desde arriba, los pueblos, las casas, los caminos y las alucinantes formaciones rocosas pierden su escala habitual. Y así, todo se vuelve más pequeño, más sereno y hasta casi inmutable.
En Capadocia el mundo no se descubre, se reinterpreta. El globo no te lleva a otro lugar, sino a otra manera de ver el mismo lugar. Como si, por un instante, pudieras describir el paisaje con un prólogo distinto.
En Capadocia no hay prisa, el viaje avanza distinto, empujado por el ritmo del tiempo y la observación desde arriba hacia abajo. El globo tampoco obedece rutas rígidas, sino corrientes ventosas suaves. Un recordatorio de que viajar no siempre es llegar, sino permanecer.
Toda esta quietud del movimiento, comienza bien temprano, antes del amanecer, donde todavía la oscuridad es omnipresente en un descampado. El inflado del globo ya es parte del espectáculo. En el medio de la oscuridad, sorpresivamente un as de fuego se convierte en llama, la misma emana desde 4 grandes tubos de gas, y así es con los más de 100 globos dispersos, donde esa sensación de fogatas, dan lugar a que los globos se inflen y se observa en la penumbra la majestuosidad de colores expandidos, gas y aire mediante.

Antes del amanecer.
Todas las explicaciones de seguridad son dadas, para dar paso al ingreso a una cesta grande de madera y bambú, que sostendrá a los inquietos viajeros de ese día.
Y de repente sin darte cuenta, ante tanta quietud que rodea, acompañada de ese silencio expectante a bordo, percibís de manera súbita que ya estas suspendido en el aire. Nadie puede osar darse cuenta del momento del despegue, porque no hay despegue, hay flotación. No hay vértigo, hay calma.
El vuelo tiene una duración de una hora, tiempo suficiente para emular con tu cuerpo esa sensación suave, como el paisaje que se desliza lentamente debajo de uno. La perspectiva es única: campos, arroyos, carreteras, y silenciosos conos, chimeneas de hadas y casas talladas en la roca que se alzan y se alejan a la distancia, ante una naturaleza devorada por la majestuosidad de los primeros rayos de sol ante montañas lejanas que buscan también su espacio para ser observadas.
Son mil metros de altura, mil metros de silencio y calma. El globo no vibra, no hace ruido, solo el intermitente quemador que expulsa fuego. Y todo sigue así y así…. dejando pruebas irrefutables en los videos y fotos que llenan memorias en iCloud ….. y en el corazón.
Al bajar, previo al brindis con entrega de certificados por la feliz travesía, las palabras que se escuchan suenan a: mágico, surrealista, placentero, inolvidable.
Volar en globo en Capadocia, Turquía, no es un viaje, es un despertar en flotación, es permiso a soñar en elevación. Hay viajes que se recuerdan por los lugares que se visitan, y otros que quedan grabados según cómo nos hicieron sentir. Volar en globo en Capadocia pertenece al mundo de la emoción.
Volar en globo, ayer como hoy, sigue siendo un acto profundamente literario: una invitación a elevarse y entender que el mundo, visto desde el aire, puede contarnos otra historia.
TIPS para tu viaje
- Los costos del viaje varían de entre 60 y 150 euros, según la temporada. En verano son más caros. Es recomendable hacer la reserva antes de ir, pues hay alta demanda en temporada alta.
- El mejor lugar para hospedarse es la pequeña ciudad de Goreme. Desde ahí despegan los globos aerostáticos y es un punto intermedio para visitar los variados atractivos que tiene la región.
- La mejor manera de disfrutar es alquilando un cuatriciclo, ya que facilita el desplazamiento por los arenales del ancho valle.
- No se necesita contratar tours. Existen buses públicos que te llevan a los pueblos vecinos.
- Es recomendable estar al menos dos/tres noches en Goreme, ya que el viaje en globo depende mucho de las condiciones del viento y llegan a suspenderse en algunos casos.
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- 2026-06-23 19:38:28