A la caza
El mundo rural ha de salir a cazar. A cazar sus derechos, obviamente. Cada vez son más las plataformas, organizaciones e incluso partidos…

A la caza
El mundo rural ha de salir a cazar. A cazar sus derechos, obviamente. Cada vez son más las plataformas, organizaciones e incluso partidos políticos que miran hacia las zonas que sufrieron diásporas enormes el pasado siglo. Ahora el reto es fijar el tiro y dejar de ser los perros de señoritos o patronales, porque así siempre estaremos defendiendo el cortijo, pero jamás nos dejarán entrar dentro.
Nací en un pequeño pueblo andaluz que cada vez, poco a poco, va siendo más pequeño. Vengo, por tanto, del entorno rural, de ese mundo que ahora protesta, de forma lógica y lícita, por sus derechos. Pero el dedo no puede impedirnos ver la Luna.
Criarse en un pueblo te hace consciente, cuando no partícipe de primera mano, de los problemas que hay hoy en día en las cadenas de producción alimentaria; de la falta de oportunidades en el entorno rural y del lento y constante goteo de población que va desangrando, más rápido o más despacio, estas zonas. Por estos motivos, entre muchos otros, es comprensible que se hayan levantado las concentraciones reclamando un trato más justo.
Criarse en un pueblo también te hace consciente de que en el campo las líneas son muy difusas y esto puede hacer que se confundan muy fácilmente las reclamaciones que se están haciendo estos días. Para evitar esto lo primero que deberíamos hacer es calibrar bien la mira y fijar bien la pieza que queremos cazar.
Y hablar de caza aquí no es en vano, ya que manifestaciones de este domingo venían convocadas por instituciones como la Federación Española de Caza, la Oficina Nacional de la Caza, Alianza Rural (organización presidida por un rejoneador) o la Plataforma de Afectados por los Parques Nacionales, cuya queja principal es devolver la caza a estos parajes (los Parques Nacionales) alegando en su página web, de forma muy vana y sin respaldo alguno, un desequilibrio en los ecosistemas. Cierto es que en los pueblos hay un mayor porcentaje de cazadores que en las ciudades, pero ¿están las peticiones de estas plataformas convocantes enfocadas a solucionar los problemas reales del mundo rural? De nuevo, que el dedo no nos impida ver la Luna.
Los entornos rurales están viendo como progresivamente van perdiendo población por la falta de oportunidades laborales o por la dificultad de llevar a cabo las que son inherentes a cada zona y que no dejan de encontrarse, mayoritariamente, dentro de la agricultura o la ganadería. El mundo rural necesita, hoy por hoy, una vertebración total que va desde una atención sanitaria accesible hasta una conectividad y telecomunicaciones de calidad, pasando, por supuesto, por unas condiciones de trabajo dignas que también permitan la creación de nuevas oportunidades que fijen la población en estos lugares. Hay que defender el empleo en estas zonas haciéndolo, además, lo más sostenible que se pueda.
Visto lo visto, el campo tiene motivos más que de sobra para salir a la caza de sus derechos, pero hay que evitar que organizaciones como las que mencionaba anteriormente o partidos políticos que votan en contra de evitar la venta a pérdidas o quieren volver a un modelo laboral basado en la temporalidad sean los que capitalicen este descontento. Hay que eliminar la venda del corporativismo excesivo del mundo rural para hablar sobre sueldos y convenios o sobre el tremendo aislamiento de algunas poblaciones; no solamente del precio de los combustibles.
A fin de cuentas, hay que salir a cazar, pero las gentes del mundo rural no podemos seguir siendo los galgos de la montería porque eso sería seguir corriendo nosotros para que ellos se lleven las piezas.
메타데이터
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