El internado médico comienza
¿Qué es el internado médico y qué busco en él?
El internado médico comienza
¿Qué es el internado médico y qué busco en él?
El internado rotatorio de pregrado no tiene una definición uniforme entre los lineamientos vigentes en México. Según la Norma Oficial Mexicana NOM-234-SSA1–2003, Utilización de campos clínicos para ciclos clínicos e internado de pregrado, es un «ciclo académico teórico-práctico que se realiza como parte de los planes de estudio de licenciatura en medicina, como una etapa que debe cubrirse previamente al servicio social, al examen profesional y al título respectivo». En lo que sí concuerdan las instituciones es en que es el último año de la carrera de medicina previo al servicio social y su duración es de un año, ya sea del 1º de enero al 31 de diciembre o del 1º de julio al 30 de junio del año siguiente.
Durante esas 52 semanas (con dos periodos vacacionales, de 10 días por semestre cada uno) el estudiante becario, o médico interno de pregrado, ha de pasar, cuando menos, 72 horas semanales dentro de una unidad médica, con el objetivo de «reforzar […] los conocimientos […] mediante el contacto con situaciones reales de la atención hospitalaria de enfermos, así como propiciar el desarrollo de la capacidad de respuesta afectiva y psicomotriz en el campo de los servicios asistenciales […]» (ESM-IPN, 2016). Para completar el recorrido, el año se divide en rotaciones, es decir, en bimestres en el que el estudiante debe enfocarse en una de las disciplinas troncales de la medicina: Medicina interna (atiende al adulto en general), Cirugía, Ginecología y obstetricia, Pediatría, Urgencias y Medicina familiar o comunitaria.
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Ahora, después de haber transcurrido los primeros cinco años de formación médica, me toca ingresar a esta, dicho por el Coordinador de educación del hospital en el que estaré, «gran responsabilidad, [llena de] compromiso, sentido humanístico y ética profesional» con miras a formar «muy buenos médicos generales». Yo me alegro de encontrar palabras como estas para referirse a la etapa más exhaustiva de la licenciatura y me genera un entusiasmo como pocas veces he experimentado. ¿Podría ser de otra manera? No lo creo, porque propuse iniciarme como médico pese a las opiniones o situaciones contrapuestas. Pero no estoy aquí por un fanatismo o una fidelidad ciega a la biomedicina, particularmente en lo concerniente al sistema de especialidades y la avasalladora objetivización y descontextualización de las personas. No. La he cuestionado y la he repensado. Como resultado de ello, tengo mi propia concepción y convicción de lo que busco en esta disciplina. A ese escepticismo y crítica sí deseo ser leal a través de los días de este trabajo mental y físico. ¿Pecaré de ingenuo? Ya se verá.
Lo otro que me parece ineludible es la contradicción que existe entre el objetivo ya mencionado y los medios para alcanzarlo. Se ha alegado que el sistema de salud se aprovecha su relación no contractual de los estudiantes para abaratar la atención que se proporciona a una porción sustancial de la población. Desde luego, no es un hecho declarado o reconocido, más bien, es una necesidad percibida. Ante esto pienso en lo que describe **Eric Fromm*** como el proceso por el cual podría mejorar la situación enfermiza en la que se encuentra un sector vulnerable de los estudiantes de medicina:
- Sufrimos y nos damos cuenta de ello [la salud del interno se afecta y lo nota]
- Reconocemos el origen de nuestro malestar [ve una relación causal entre las condiciones académicas-laborales y su deterioro]
- Reconocemos que existe una manera de aliviar nuestro malestar [aquí las opciones se difuminan un poco, pero todas son atravesadas por el intento de erradicar el método burocrático que ha cooptado a las instituciones (este sistema, dice Fromm, «administra a los humanos como cosas» y «administra las cosas en términos cuantitativos y no cualitativos, para hacer más fácil y barata la operación y el dominio»]).
- Reconocemos que para aliviar nuestro malestar debemos seguir ciertas normas de vida y cambiar nuestra presente conducta.
Para lograr lo anterior es necesario un cambio en la mentalidad de todos los médicos internos de pregrado. ¿Por qué la cerrazón ante las disciplinas sociales? Se ignoran y, en el peor de los casos, se desdeña su capacidad para analizar y proponer mejoras en los contextos que están lesionando la integridad de los colegas en formación. Por ende, urge la proposición de un nuevo médico interno de pregrado. Sin embargo, ese ideal no cabe en la burocracia actual.
En conclusión, la labor que se aproxima no se limita a la carga académica, en tanto esa carga se resiente en el cuerpo, en la mente y en el entorno que nos alberga. Aspiro a hacer preguntas y encontrar respuestas o proponerlas. Solo le temo a la alienación, a ver reducidos mis principios a un cómodo conformismo.
Referencias
Erich Fromm; trad. de Carlos Valdés. ¿Tener o ser? 2ª ed. Buenos Aires: FCE, 2013 (págs. 181 y 197).
Escuela Superior de Medicina. (2016). Programa académico del internado rotatorio de pregrado. https://www.ipn.mx/assets/files/esm/docs/estudiantes/tramitesescolares/internadopregradorotatorio/progacademicointernado2016.pdf
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