Repensarnos desde la existencia lésbica
(escrito y publicado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 2006)
Repensarnos desde la existencia lésbica
(escrito y publicado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 2006)
Texto: Alicia Andares / Selección poética: Leonardo Toledo
¿Hablar de lesbianismo? O, mejor, repensarnos desde la existencia lésbica
Los ismos suenan a bandera o enfermedad. Será porque cargar demasiado tiempo una bandera puede producir ceguera. Será porque nuestra hipocondría social nos hace mirar como enfermedad todo aquello que se sale de la norma. El asunto es que no voy a hablar de lesbianismo. Todos los ismos me dan repelús. Es preferible, como propuso Adrienne Rich, hablar de la existencia lesbiana y del continuo lésbico.
Siento caer sobre mí pesados temores
y negros batallones de fantasmas dispersos,
que quieren conducirme por caminos movedizos
que un horizonte sangriento cierra por todas partes.
¿Hemos cometido acaso una acción extraña?
Explícame, si puedes, mi turbación y mi espanto:
Tiemblo de miedo cuando me dices:
“¡Ángel mío!”, y mientras tanto siento mi boca ir hacia ti.
¡No me mires así, tú, mi pensamiento!
A ti a quien amo para siempre, mi hermana de elección,
aunque fueses una trampa escondida
y el comienzo de mi perdición!” (Charles Baudelaire)
La existencia lésbica es nada más y nada menos que la presencia de las lesbianas en la historia. Esto es importante, porque justamente se trata de algo que no está ni fuera de la historia, ni fuera de la cultura, ni fuera de lo social. La existencia lesbiana no es aberración ni enfermedad, no es anormalidad. Que vaya en contradicción y contracorriente con la ‘norma’ heterosexual de la sociedad patriarcal en la que vivimos es otra cosa. Pero cualquiera puede, si quiere, acceder a la documentación historiográfica y antropológica de la existencia lésbica tanto en las culturas occidentales como en las orientales (incluso en las africanas, que ignoramos tantísimo).
Una sonrisa tuya cuando nos encontramos
Y yo me vuelvo muda y olvido las palabras
Tantas horas has recogido flores y
Te has inclinado sobre los bambúes
Tus verdes envolturas
Crecían verdes en el abandonado valle
Puedo imaginarte una joven sola
abrigando secretos pensamientos. (Wu Tsao)

Wu Zao, en https://legacyprojectchicago.org/person/wu-zao
Ahora, el continuo lésbico es la creación y recreación continua de significados de dicha existencia. Por decirlo de un modo otro: es la vastedad de significados que han producido las existencias y experiencias lésbicas. Cualquiera puede, si quiere, acceder a la literatura, el arte y las historias orales y escritas de mujeres lesbianas de los cinco continentes, y descubrir que la experiencia lésbica es única cada vez. La historia de cada mujer lesbiana es una gota de agua que fluye por los ríos del lenguaje y la experiencia vital hasta desembocar en el océano de los significados e imaginarios sociales.
Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana. (Adrienne Rich)

Adrienne Rich, foto tomada de su cuenta de Ojeisbuk
Pero, ¿por qué son tan difíciles de comprender la existencia y el continuo lésbicos? ¿Por qué tan pocas personas lo comprenden? ¿Por qué tanto ataque a las lesbianas? ¿Por qué se ofende la gente? ¿Por qué la lesbofobia? Porque las lesbianas son la encarnación de una oposición muy temeraria.
Bajo la esponjosa frazada
revivo el sueño de ayer,
qué y de quién fue la victoria.
Y la derrota, ¿de quién?
Otra vez la memoria,
una vez el dolor.
Aquello que nombre no poseía
¿puede llamarse amor?
¿Quién fue cazador, quién presa?
Todo diabólicamente retorcido. (Marina Tsvetàieva)

Marina Tsvetàieva en Vuelapalabra
En la cultura mía, en la que yo conozco, de la que yo soy, a la que yo alimento con mi hacer y mi ser, la cultura occidental, nacer con sexo de mujer implica necesariamente que seré mujer. Que tendré que zamparme todas las normas del género. Tengo que aprender a desechar, negar o repeler lo que de masculino haya en mi o en las mías, mis mujeres cercanas (incluyendo a mi madre y mis hijas). Asimismo, he de desear y buscar lo que de masculino haya en los hombres, y negar y repeler lo que de femenino haya en ellos. La infancia es el lugar temporal en el que se supone que aprenderemos las cosas básicas que nos ayudarán, en la vida, a reproducir la división sexual y genérica. Así, todo esto que es muy complicado, termina siendo algo muy sencillo, absurdo, opresivo, autoritario: los hombres son masculinos, las mujeres son femeninas. No hay más y no hay de otra. Cualquier cosa que se quiera cambiar, se negocia en términos de poder político, dinero y pelea. Si no tienes dinero y poder político, y quieres mandar esta estúpida fórmula a la basura, tienes que dar una gran pelea.
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se reúnen antes de marchar
hablando de las problemáticas muchachas
que contratan para quedar libres.
Un empleado casi blanco posterga
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama
veo causas en el color
además de en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobrevivirá
a todas estas liberaciones. (Audre Lorde)

Audre Lorde Dagmar Schulz 1986
Pero no va a ser una pelea fácil ni corta. Por eso, entonces, es tan transparente la famosa frase: “lo personal es político”. Y es que, no se trata de un intercambio de sexos, de géneros, de roles, así nomás. No es que las mujeres queramos ser hombres. No es la búsqueda de la inversión de términos de la fórmula. Se trata de la posibilidad de ser, de existir, de amar del modo en que a una se le da la gana. Eso puede ser muchas cosas. Por ejemplo, relacionarte eróticamente con otra mujer; elegir a una mujer como compañera de vida; desear a otras mujeres, amarlas, etc. También puede ser no actuar como un ser abnegado en la esfera familiar y reproductiva. O decirle que no rotunda y contundentemente a los prejuicios y normas de género, que si las mujeres deben ser las depositarias y transmisoras de los asuntos emocionales, de los vericuetos afectivos, del acervo mítico romántico, etc.
Lo cual quiero decir es esto
No hay principio de un fin
Pero hay un principio y un fin
De principio.
Pues sí por supuesto.
Cualquiera puede advertir que norte por supuesto
Es no sólo norte pero norte como norte
Por qué se preocupaban.
Lo que quiero decir es esto.
Sí por supuesto. (Gertrude Stein)

Existir lesbiana es, ya de por sí, oponerse en cuerpo y alma a la cultura. Pero no necesariamente sale una librada de esa oposición. Continuar siendo lesbiana es una toma de posición política. Trasciende a la identidad y la lucha personales. Amplía el horizonte de posibilidades de nuestra cultura toda, de nuestro modo social e histórico de vivir y estar juntxs, todos aquí. Entonces conocemos a las lesbofeministas o feministas lesbianas o activistas lésbicas.
me he casado
me he casado conmigo
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de me existencia-
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola ¿estoy bien?
yo me hacía negar. (Susana Thenon)

Susana Thenon, Wikipedia
La historia de los movimientos lesbofeministas muestra una pluralidad de visiones estratégicas y tácticas. Las diferencias ideológicas están tan presentes como lo están en cualquier otro movimiento social, civil, popular. Los debates en torno al capital, la clase, la etnia, la nacionalidad, el trabajo, el arte y las formas de organización y resistencia han sido álgidos y ricos. Han estado cerca y distanciadas de las feministas heterosexuales, pues parece que a éstas les cuesta mucho trabajo ser solidarias con una causa que las pone permanentemente en entredicho. Algo parecido ha pasado con el movimiento gay, transexual y de la diversidad sexual. Las activistas lesbianas han tenido que nadar siempre a contracorriente, porque cuestionan los fundamentos de los sistemas opresivos, la organización patriarcal y patrimonialista del trabajo, la familia y las relaciones sociales.
¿Dónde encontrarnos, lejos de este espacio
marcado, bajo el sello
real del gavilán,
en que para vivir, desde el principio,
nos hemos traicionado?
Rehacer
el viejo pacto de sangre
roto
saber
dónde estás tú, dónde estoy yo,
Quién lo sabe… nosotras…
Y otro nombre, os lo ruego, dadme para el amor. (Maria Mercè Marçal)

Maria Mercè Marçal por Montserrat Menant
No parece que vaya a ser fácil que nuestra cultura deje de ser compulsivamente heterosexual. Es una lástima que seamos tan lentxs, tan sordxs y tan ciegxs ante lo que nos plantean la existencia y el continuo lésbicos. Está claro que no queremos darnos a nosotros mismos una sociedad ‘decente’, como la que propone Avisahi Margalit; una sociedad en la que las instituciones no humillen a las personas que están sujetas a ella, y cuyos ciudadanos no se humillen unxs a otrxs.
La tendremos porque es nuestro derecho
Tú has dejado lo que debías dejar:
Yo tomaré tu parte, para afirmar tu osadía….
Las grandes cosas pertenecen a quienes las comparten. (Judy Grahn)

Foto de Liza Cowan
¿Qué amor podemos sentir o defender cuando no somos capaces de reconocer que nuestra sociedad, tal y como se organiza y funciona hoy en día, tal y como la hacemos reproducirse cotidianamente, atenta contra el amor de las mujeres hacia otras mujeres?
Fundidas en el placer
todo se borra,
y sobre el lecho, entre
los deshojados jacintos
de las rotas guirnaldas
-con que nos adornamos
para el íntimo festejo-
sólo sé
que soy llama
encendida en tu aliento. (Luz Méndez de la Vega)

Luz Méndez de la Vega
No hay amor heterosexual qué defender sino hay amor lésbico qué compartir. Y viceversa.
Vale mucho la pena que lxs heterosexuales repensemos que la existencia lésbica no es una mera preferencia sexual, un estilo de vida, una opción personal. Hay que escuchar, con todo el corazón, la inteligencia y nuestra memoria histórica, qué nos dice de nosotros mismas, de nuestra cultura, de nuestro ser social y personal, el continuo lésbico.
Sé que más tarde
alguien se acordará de nosotras. (Sapho)
(escrito y publicado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 2006)
Texto: Alicia Andares / Selección poética: Leonardo Toledo

“En los días de Safo” (1904). John William Godward (británico, 1861–1922). Imagen vía Wikimedia Commons.
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