Orden bajo el cielo
El lunes llegó igual que todos los lunes.
Orden bajo el cielo
El lunes llegó igual que todos los lunes.
Con puntual indiferencia nadie preguntó por el Toyota, ni por su parachoques roto, ni por qué llegó en bus. Nadie sospechó que una parte de él se había quedado incrustada en la madrugada de ese domingo que ya parecía de otro tiempo. A las ocho ya estaba en la oficina, escuchando las mismas voces decir las mismas frases con el mismo tono. Ignacio volvió a ponerse el uniforme invisible de empleado, con la sonrisa automática y el asentir mecánico que le pedía el rol, porque el mundo no se detiene. Y como si no hubiera pasado nada, volvió a revisar el cronograma de entrevistas y la deuda como una sombra en la espalda.
El miércoles, en las cumbres de la ciudad llegó veinticinco minutos tarde a la entrevista pactada para las cuatro. Antes de empezar a grabar, recibió una llamada de Génesis, la contadora, llamada que desestimó sutilmente para empezar la entrevista. La cita fue en casa de Vanesa Coloma, quien era economista gerente de una de las empresas asociadas. En una de las salas, bajo la escultura de un avión ultraligero instalada en el techo inició con las preguntas.
- ¿Recuerdas cómo empezaste en las finanzas?
- Desde siempre, yo soy una financiera de la calle. Los fundamentos financieros son iguales para todos: ingresos, gastos, decisiones de inversión, retornos, riesgos. Eso aplica tanto para la empresa más grande que puedas imaginar como para la persona con los menores ingresos. Las reglas son las mismas. Lo que compras, en qué gastas, en dónde inviertes, en qué trabajas; qué te genera ingresos, qué te genera gastos, todo son decisiones financieras.
- ¿Cómo crees que llegaste a la posición en la que estás?
- Recuerdo que cuando recibí mi primer sueldo me pregunté: ¿Y ahora qué hago con esto? Si no aprendía rápido, me lo iba a gastar en cualquier cosa. Por eso, por mi cuenta, me puse a estudiar inversiones. Me gustó. Porque las finanzas son una forma tangible de ayudar a la gente, a su bienestar y calidad de vida. Una persona con deudas vive encogida, ansiosa. Una persona financieramente estable vive más libre.
- Cuando eres independiente financieramente — siguió Vanessa — puedes buscar lo que realmente quieres sin estar pensando en cómo vas a pagar la refrigeradora en doce cuotas. Ahí fue donde encontré mi vocación: en el punto exacto entre lo que la sociedad necesita, lo que te gusta hacer, lo que se te da bien, y por lo que te pagan.
- Educación. Mentalidad. Tienes que pensar a largo plazo, entender la inflación, conocer tu perfil de inversionista, saber en qué activos puedes poner tu dinero. Y, sobre todo: quitar el miedo. La gente les saca la vuelta a estos temas porque no los entiende.
- ¿No es peligroso aconsejar a la gente sobre su dinero? por si lo pierden o algo sale mal.
- Claro. Lo que es bueno para mí, puede no serlo para ti. Y viceversa. Por eso soy muy cuidadosa al dar recomendaciones generalizadas.
- ¿Y tú? ¿Cómo ganas dinero?
- Diversificando. Talleres, cursos, conferencias, colaboraciones con empresas. Fundé empresas relacionadas a la educación financiera. También hago consultorías, reportes, asesorías privadas… todo eso junto son mis fuentes de ingreso.
- Para terminar, ¿Qué consejo le podrías dar a las personas?
Preguntó Ignacio.
- Si alguien se te cruza y te dice: “Oye sabes, no me dan las cuentas, ando endeudado” ¿Qué le dirías?
- Mi consejo financiero más simple, rápido y efectivo — respondió Vanesa — es que, si no te alcanza el dinero, si estás metido en deudas, lo primero que tienes que hacer es saber dónde estás parado. Y para eso, necesitas hacer un presupuesto.
- Un presupuesto básico: pon tus ingresos, por un lado, tus gastos, por el otro. Al tenerlo claro, sabrás qué puedes ajustar o cuánto ingreso necesitas generar para ir saldando tus deudas.
- ¿luego?
- Sal de tus deudas antes de pensar en lujos, viajes o gastos innecesarios. Las deudas no te dejan crecer, te quitan flexibilidad. Las finanzas están para ayudarte a vivir mejor, no para que vivas atado a ellas.
- ¿Y si alguien quiere ganar más?
- Mi consejo financiero más simple y rápido y creo que es el más efectivo, es que si no te alcanza el dinero o andas metido en deudas, lo primero que tienes que saber es dónde estás parado y para eso necesitas hacer un presupuesto. En un presupuesto pones lo que estás ganando, tus diferentes ingresos que tienes al mes, los gastos, eso te hará ver donde estás parado. Qué gastos puedes ajustar o cuánto ingreso necesitas para ir pagando tus deudas.
- También que te saldes de las deudas, antes de pensar en lujos, antes de pensar en irte de viaje o adquirir más gastos y más problemas, las deudas no te dejan crecer ni ser dinámico, las finanzas te ayudan con eso.
- Lo último es que si estás pensando en emprender algún proyecto, las grandes decisiones de riesgo necesitan un análisis financiero, es decir cuánto dinero necesitas para emprender, cuánto dinero estás dispuesto a tener como ahorro en caso de que no te vaya bien, el riesgo al emprender se mitiga financieramente hablando.
- Tú al administrarte, al presupuestar y tener un ahorro, un fondo de emergencias te va permitir ser más flexible con tus decisiones de riesgo. No es lo mismo una persona que quiere emprender, pero no tiene ninguna otra fuente de ingreso o no tiene nada ahorrado, pues a esa persona le va tocar entrar fuerte al riesgo. Distinto a otra persona que tiene otras fuentes de ingreso residual, tiene ahorros de emergencia, eso le da certidumbre y tranquilidad de tomar decisiones de riesgo, yo lo que aprendí en todo este tiempo es que el mundo no se detiene; ni por accidentes, ni por deudas, ni por preguntas existenciales.

Al salir de casa de Vanessa leyó los mensajes de Génesis con la confirmación del recibo de su sueldo; Atawa debía firmarlo y reenviárselo para que le hagan el depósito, depósito que le llegaría en cuanto a Génesis le dé ganas a hacerlo en par de horas o en lo que tarda la tarde o hasta el día siguiente. Ignacio consultó el precio de volver en taxi en una aplicación y al comprobar el saldo en su cuenta no le alcanzaban los 19 soles que cotizaba y fue caminando en lo que le envían su dinero.
Apareció en casa con unas cervezas y su sueldo apostado en que ganaba Alianza Lima frente a Universitario esa noche de clásico del fútbol peruano, una fe ciega lo acompañaba, como cuando uno espera que algo pase porque no hay otra opción más que esperar eso. La apuesta pasó a segundo plano cuando la “U” empató al minuto 90 y desde el edificio de enfrente empezaron a llover celebraciones, gritos e insultos que de conchadetumare no bajaban.
Les duró poquito, cinco minutos exactos, porque Alianza marcó el gol para ganar a los 96’. El grito que salió del edificio fue tal que otros vecinos llamaron a la policía creyendo que era un caso de violencia doméstica. Pero eran tipos gritándole a un televisor; desde el edificio de enfrente, al norte, se quedaron con el alma en los ojos, ahogando maldiciones, sofocando sus nudos en la garganta. Alianza ganó 1–2 en el Monumental de Ate, y Atawa duplicó su sueldo sin haber pisado la oficina en un mes.

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