Escenarios carmesí
Sucesos que quizás no pasaron. Sensaciones que todo el tiempo evocamos.
Escenarios carmesí
Sucesos que quizás no pasaron. Sensaciones que todo el tiempo evocamos.
El cielo de color violeta lentamente se vuelve azul conforme lo último del ocaso desaparece. Es una bonita tarde de primavera, en una época actividad frenética. Estas contento, bien dispuesto. La casa mediterránea de blancas paredes es el lugar de una pequeña recepción en un patio interno. Hay música y snacks, algo sencillo pero coqueto.
Charlas con tus amigos y una de ellas comenta que invitaron a alguien más. En ese momento la ves: entra al patio desde una escalera del primer piso. Lleva el pelo recogido, un vestido adecuado para la época del año color cian, un brazaletito plateado en su muñeca derecha y solo algo de maquillaje. Sentis su perfume cítrico cuando se saludan. Se sostienen la mirada 3 segundos mientras te recita su nombre. Vas a estar el resto de la velada cruzando miradas con ella e intercambiando bromas tontas que le sacan sonrisas que solo te hace a vos.
En tu mente resuena Rhythm Divine.
Decidiste salirte de la juntada antes. No estás cansado, pero preferís estar solo. Haces el camino a casa a pie, por un ruta inusual. Tus zapatos resuenan en el pavimento húmedo. Llovió hasta hace 2 horas. En ese momento pasas por el pórtico del restaurante italiano donde te veías con ella.
Fueron allí cinco veces, todas memorables. El aroma de la comida se mezcla con el sonido de su voz y su cara medio iluminada. Es la mujer con mas química con la que conversaste, con el cabello crespo azabache más bonito y la mirada más intensa. Un metro sesenta y dos de ternura, carisma y lujuria. Fueron meses de frenesí, éxtasis y una certeza de que no ibas a retenerla a largo plazo. En su energía, aceleraba hacia todo y te quedabas atrás. Ella hubiera conquistado otro mundo a pulso, vos mantenido y salvado el actual con parsimonia. Dos corazones que se quieren pero con ritmos disonantes. Existieron reuniones decadentes y conversaciones desesperantes antes del fin, pero nunca en el restaurante italiano.
Se siente extraño: atesorar algo que ya sabías no iba a ser más de lo que fue. Suficiencia y melancolía. Ella está con alguien más y vos ya sos un recuerdo. Uno bonito, quizás. Encendes tu cigarrillo y te quedas un momento de pie en la esquina. No pasan autos ni transeúntes.
Cerras los ojos y escuchas Hombre Lobo en Paris.
No sabes exactamente qué hacer cuando la vez en el salón, mucho menos qué hace en el cumpleaños 50 de un tío político. Se sonríen tímidamente, se saludan y se hacen las preguntas de rigor. Todo lo cordial que puede resultar encontrarte a tu ex después de casi 6 años.
Está hermosa en su vestido de noche color salmón, con un nuevo estilo de pelo más ondulado y un ligero gesto que le notas cuando mueve la cabeza (no lo tenía antes, es nuevo). Conforme la velada transcurre, se van cruzando en diferentes conversaciones. Un amigo tuyo te hace chistes con la situación. Ella se sonroja cuando al parecer alguna amiga le hace comentarios que entendés, son sobre ustedes.
Ambos están sin pareja, ambos están sin quilombos y ambos logran hablarse de todo en el espacio de escasas 4 horas. Están sonriéndose y abrazados cuando comienza a sonar el hitazo. Ambos repiten la letras ‘‘oh mira, tengo que decirte que me muero por vos, todo lo que quiero es estar a tu lado (…)’’. Se intercambian sus nuevos números. Vos la vas a llamar mañana. No le decís cuándo pero ella sabe a que hora va a ser. Te conoce.
Están cambiadísimos, pero son ustedes. Un nuevo comienzo. Todo va a estar bien. En el taxi vas tarareando La isla del sol, versión de Leo García.
Luces en el medio de una noche sin nubes sobre la ciudad. El auto se traslada por la avenida principal a velocidad media. El viento se cuela por la ventana y te peina los cabellos ligeramente grasientos. Estás cansado, volvés de su casa medio sonriendo después de su cuarta cita. No querés quedarte a dormir, ambos trabajan mañana y le querés dar su espacio. Cosas de las primeras salidas, el nerviosismo, el ‘‘uff ojala que...’’.
No pudiste guardarte la noticia y le habías dicho a tu círculo sobre ella ya a la primera cita. Tus amistades aconsejaron calma y relajarse, mientras a cada salida tu ilusión crecía más. Vos le gustas, asumís; ella te gusta muchísimo, lo sabés.
En el semáforo pensas por un momento. La sensación de felicidad se va disipando, ya sin el combustible de su calor corporal. ‘‘Y si taaanto no le gusto?’’.
El celular enciende su pantalla, reconoces el nombre incluso mirando el diminuto aparato en el extremo del asiento del acompañante. Texto y una marca roja al final. Corazoncitos. En la próxima esquina paras el auto y lees el mensaje. El calor sube por tu cuerpo y hasta tu cabeza.
Estás extasiado. Mientras lees la última línea, desde el estéreo Reo Speedwagon está por entonar el estribillo de la canción. Acabas de terminar de enamorarte, mientras suena Keep on loving you.
Qué tarde hermosa, macho. Jeancito, camisita, zapatito, buen look, buena disposición. Revisas el celular y te reís. Llegó el quinto mensaje al hilo de la blonda, preguntando y casi que lanzando un ultimátum sobre qué pensas hacer esta tarde. Respuesta vaga y a seguir.
Es la misma mujer por la que hasta hace dos meses estabas todo el tiempo pendiente y te sentías desfallecer por su aparente indiferencia y cariño de a ratos. La blonda es una mujer que cualquiera nota y que todos se detienen a escuchar cuando habla, atractivo con humor y buena palabra. Algo que explica perfectamente por qué la miraste hace ya más de un semestre y lo que sostuvo una situación en la cual rápidamente comprendiste eras el eslabón débil: el migajero, rogando por algo más de afecto, mientras entregabas todo y al instante.
Una vorágine tan excitante como adictiva y destructiva en el largo plazo. El hechizo se rompió hace unas semanas, cuando cruzaste el camino de la mora. Un carácter fuerte, decisión firme, argumentos voluptuosos como su figura y afinidad por los clásicos de los 90’s. Se conocieron, discutieron, quedaron en sucesivos encuentros jurándose saldar sus irreconciliables diferencias ideológicas y artísticas, terminando en frenesí y planes cada tres días.
La blonda aparentemente se hallaba a las puertas de un momento delicado cuando tu atención desapareció del ambiente, un golpe que se redobló cuando consensuabas encuentros blandos a sus proposiciones estrambóticas, cada vez más insistentes ¿Viernes por la noche en el show de esa banda que siguen? Mejor domingo en el parque ¿Una escapada el fin de semana? Mejor un helado en la avenida.
Los mensajes que te envió era el comienzo de los últimos intentos de reconectar algo que ella misma había cercenado. El tono del último texto delataba que además intentaría montar un reclamo.
Tu actitud es cuestionable pero los meses anteriores son tu justificante a toda prueba. Mensaje de la mora ¿Películas y golosinas con posible cena? Confirmadísimo, mi reina.
Apretas enviar. En los auriculares Fabio Posca canta Duro y Simpático.

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- 2026-08-25 00:39:06