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Deliciosas Criaturas congeladas

Fotonovela, muestra de fotografías de George Friedman en el Malba

Raul Manrupe in Sitio Leedor · 2024-12-11 15:14 · 0 claps · 3.4 min read
#fotonovela #malba #friedman #fotografia #artes-visuales
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Deliciosas Criaturas congeladas

Fotonovela, muestra de fotografías de George Friedman en el Malba

Susana Loren y Juan de Jorge en “ Un corazón late en el cielo”, ca. 1956

Susana Loren y Juan de Jorge en “ Un corazón late en el cielo”, ca. 1956

¿El final de Casablanca en el Aeroparque? ¿El lobbycard de una película de cine negro norteamericano? George Friedman, húngaro, fue el autor de esta muestra que sorprende en el Malba.

Hacia la mitad del siglo pasado, y antes también, muchos fotógrafos europeos se establecieron en Argentina para hacer escuela. Anatole Saderman podía fotografiar flores y plantas como si fuesen seres humanos, Grete Stern acercar las vanguardias hasta el obelisco con Horacio Cóppola o ahondar en el mundo del subconsciente con fotomontajes. Sivul Wilenski y Annemarie Heinrich mediaban para que las estrellas llegaran a manos de la gente que compraba Sintonía o Radiolandia en tanto Boleslaw Senderowicz se focalizó en las modelos de alta costura y la publicidad.

George Fridman se especializó en un pequeño arte popular nacido en la Italia de postguerra: la fotonovela.

En Europa, de la que emigró a fines de los ´30s, se había interesado más en el cine que en la foto fija, admirando especialmente a Rudolph Maté (DF de La dama de Shangái de Orson Welles y después director de alguna obra maestra como Con las horas contadas/D.O.A, la primera versión de Muerto al llegar).

Luego de trabajar como reportero gráfico para revistas como Paris Match, Time y Life, se contactó con Cesare Civita el mítico fundador de Editorial Abril y así comenzó su trabajo con esa nueva manera de relato popular que combinaba la historieta y la fotografía en una especie de cine fijo. Esta definición le cae perfecto a su forma de trabajar ya que sus encuadres, forma de iluminarlos y armar un relato hacen de esas historias publicadas por la revista Idilio (que en los 70s se llamaría IdilioFilm) auténticos catálogos de obra. De hecho, Friedman elegía las que más le gustaban y las exponía en muestras, siendo elegidas frecuentemente para aparecer en publicaciones especializadas como Fotocámara, Enfoques o Correo Fotográfico Sudamericano. Es difuso y a investigar hasta qué punto era sólo el fotógrafo o su responsabilidad iba más allá como director de estas historias que se producían de a varias para optimizar el trabajo.

Esas tomas, enmarcadas y firmadas, producidas en su totalidad en locaciones reales, se muestran deudoras del cine noir de la época: contemplar el pasillo de un hospital con una silla de ruedas en primer plano y un contraluz dramático, nos puede remitir a Gangsters en fuga/The Big Combo, que iluminó John Alton, aquel húngaro que también pasó por estas pampas, por citar uno de los más destacos y autor del libro Pintando con luz, del que muy probablemente Freidman tuvo noticias.

En cuanto a las locaciones elegidas para vivir esos romances congelados, los lugares no aspiraron a disfrazar la ciudad y esto habla de un consumo esencialmente local: Buenos Aires se reconoce en cada historia (salvo una, La chica de Nueva York, en una improbable ciudad de los rascacielos protagonizada por la rubia y temprana Graciela Borges): los encuentros y desencuentros suceden en Caminito, la 9 de julio, los bosques de Palermo, Recoleta, Retiro, el citado Aeroparque, y también bares, clínicas, hasta departamentos poblados de sillones que no pueden ser otra cosa que made in Argentina. Si nombramos a quienes estuvieron delante de la cámara están quienes llegarían a ser estrellas, quienes ya las eran (era un gancho para el público) y quienes se limitaron a posar para aquel trabajo más cercano al modelaje que a la actuación. Junto a Borges, Leonardo Favio, Alfredo Alcón, Gilda Lousek, Enzo Viena, Mecha Ortiz, Norma Giménez, Elsa Daniel, Elina Colomer, Luis Dávila, Carlos Cores (aunque el cartelito diga Francisco Petrone), George Rivier, Tita Merello empuñando un revolver haciendo justicia por mano propia, Susana Campos cosiendo en una máquina Singer mientras su personaje soñaba un futuro mejor.

Y también, Susana Loren, Juan de Jorge, Alma Rivas, hoy desconocidos que entonces daban bien en cámara y podían protagonizar historias como “Un corazón late en el cielo”, “Puerta de Esperanza” ó “El hombre más informal del mundo”.

Provenientes de la colección de Jean-Louis Lariviére y el archivo familiar, estas impresiones en gelatina de plata son todo un descubrimiento para el visitante y personas interesadas en ahondar un aspecto a veces olvidado de la cultura popular. Una sala dedicada a mostrarnos el contexto gráfico de estas obras, nos permite ver cómo esos cuadros potenciaban los textos (sería otra investigación) y descubrir esos rostros conocidos que forman parte del juego de apreciar la labor de Friedman, prolífico y activo hasta los años 70s. Como bien dijo Facundo de Zuviría, curador junto a Samuel Titan en la conferencia junto a María Amalia García: “Annemarie Heinrich u Horacio Cóppola no publicaron 12.000 fotos”

No es Soberbia (The Magnificent Ambersons) de Orson Welles. Friedman elevó el nivel estético de la fotonovela

No es Soberbia (The Magnificent Ambersons) de Orson Welles. Friedman elevó el nivel estético de la fotonovela

La muestra estará abierta hasta el 24/3/2025 en el Malba.


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