Miércoles de crisis existenciales.
Los movimientos son hipnóticos. Sus ojos danzan de derecha a izquierda, de arriba a abajo. No sabe qué le llama tanto la atención, pero no…
Miércoles de crisis existenciales.
Los movimientos son hipnóticos. Sus ojos danzan de derecha a izquierda, de arriba a abajo. No sabe qué le llama tanto la atención, pero no puede despegar la mirada de ese par de manos. Dedos largos y finos participan del ritual. Se mueven para acá, se mueven para allá. Parecen no poder quedarse quietos. Tal vez es la adrenalina. Llega rápido, pasa por la feria, entra al aula y se pone a preparar el mate.
--¿Querés? Acerca unas masitas hacia su amiga.
Hace un mes que su vista son las mismas nucas.
--Ay si. Las pepas son mis favoritas.
Agarra una.
No solo ese par de nucas es parte de su paisaje. Un horizonte de nucas y cabellos de todos los tipos y estilos adornan los alrededores del pizarrón cada miércoles a la noche.
Todavía no lo entiende, hace tantos años que recorre los mismos pasillos, que tacha materias del mismo programa y aún así, sigue viendo caras nuevas. Quizás es el turno noche. Su amiga Camila dice que parece The Walking Dead. Ella, últimamente le está tomando el gustito. No es fanática de cursar sin sus amigas, pero encuentra cierta calma en tener experiencias en solitario.
--¿Te escribió algo más Romi?-- pregunta la chica de la izquierda.
--Si --contesta la chica de rulos-- Me dijo que al final no lo va a dejar. Yo le dije que lo importante era que cualquier decisión que tome tenga sentido para ella, pero para mí es una boluda.
--Bueno, al menos no se vá a bajar del proyecto.
Le da un sorbo al mate.
El proyecto es una productora audiovisual.
Lo sabe porque buscó en redes a la chica de rulos, que forma parte junto con su amiga y tres chicas más. Todas caras nuevas.
Varios de sus compañeros tienen su propio “proyecto”: algunos crean medios, otros arman agencias de comunicación, varios trabajan en radios o escriben para diarios digitales, y una pequeña porción parece querer ser influencer. Al parecer todos hacen algo con la carrera que están estudiando, menos ella.
Dice que no tiene tiempo. Pero, en realidad, parece no encontrar las ganas.
Nada de eso le llama la atención. Crear un medio le parece demasiado trabajo. Estar frente a una cámara de televisión es su peor pesadilla. Grabarse hablando al celular le resulta humillante, y prefiere quemarse los dedos antes que manejar una cuenta de Instagram. Esto último le genera escalofríos.
Siempre busca en redes a sus compañeros de clase, profesores también, y cuando chismea con sus amigas le gusta llamarlo “periodismo de investigación”. La realidad es que simplemente es curiosa. Siempre lo fue. Ahora con la edad, mucho más. A veces se trata de engañar a sí misma diciendo que esta curiosidad es el porqué de la carrera que estudia y que es motivo suficiente para volver cada cuatrimestre. Pero cada año está menos segura de porqué sigue acá.
--Es lo último que nos falta. Ahora que nos está empezando a ir bien no se puede bajar ninguna. Todas laburamos, y más de lo que ya hacemos no vamos a poder. Sería una paja tener que dejar clientes.
Se la nota enojada, y el desquite lo sufre el pobre termo, apoyado con fuerza sobre el banco.
--Nah, igual fue una cosa del momento. Viste que cuando te separas querés cambiar todo. ¿Por qué pensás que yo de golpe aparecí con el pelo corto?
Ella no sabrá de rupturas amorosas, pero sí de usar su pelo como canalizador de crisis.
Lo tuvo largo, corto, lacio, con rulos, teñido, natural, fantasia, con flequillo, en capas, recto y en todas las variantes que su cobardía y miedo le permiten experimentar.
Varías de esas crisis se las generó la Universidad. Muchas veces en época de parciales en lugar de agarrar el resaltador, agarra la tijera. No es un cambio drástico, quizás ni siquiera lo notan sus amigas, pero esos centímetros de cabello que caen sobre el lavamanos la han ayudado más que cualquier clase de meditación.
--¿Hace cuánto que te separaste ya? Le pasa el mate a su amiga con una mano mientras con la otra agarra una pepa.
- Y… va a ser un año y medio, más o menos. Se me pasó volando
--Viste, pasa volando el tiempo. Cuándo nos queramos dar cuenta, ya vamos a estar recibidas. La chica de rulos tiene un tono esperanzador. Agarra de nuevo el mate.
Esa última frase también le genera escalofríos.
No por el futuro en sí, sino por la sospecha, cada vez más difícil de ignorar, de no saber qué hacer cuando finalmente llegue.
Pero, por ahora, primero tiene que promocionar la materia Antropología.
메타데이터
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- 2026-06-21 22:26:41