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Khalat, de Julia Pex

[publicado originalmente en Twitter el tres de octubre de 2021]

Ara Ferrero · 2026-02-09 08:37 · 5 claps · 4.1 min read
#siria #mujeres-musulmanas #islam #refugiados #comics
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Khalat, de Julia Pex

[publicado originalmente en Twitter el tres de octubre de 2021]

Khalat narra la historia de una joven kurda que ha huido de la guerra civil siria. Un cómic muy corto para el formato novela gráfica (apenas 120 páginas), intimista, basado fundamentalmente en el dibujo. Su foco no está, acertadamente, en la desventura de jugarse el pellejo cruzando ocho fronteras, sino sobre el efecto que ésta tiene en la propia personalidad. Sobre qué significa ser superviviente.

Es la primera obra de su autora, la italiana Giulia Pex, que se basa a su vez en un cuento del cooperante italiano Davide Coltri, que publicó a su regreso de Siria. Es un cómic que transcurre en Europa, escrito y dibujado por una artista italiana basado en una obra de un escritor también italiano, pero eso no impidió a las editoriales que la distribuyen también en España y la crítica insistir en la experiencia como cooperante de Coltri y añadir la faja “basado en hechos reales”. Esto es bastante común en la denuncia social, un género propio en el audiovisual y también en el cómic. Ni siquiera se circunscribe al mundo arabo-musulmán o a los relatos sobre refugiados: alguna pieza sobre la institución Maus también jugaba con ello. Y la intención es buena: pone nombre y memoria a personas refugiadas. De algunas personas refugiadas tenemos el nombre ya grabado en la mente, el nombre y sobre todo sus fotos.

Pex se esfuerza en huir de los tópicos sobre lo árabe. La Damasco de Khalat es diversa, universitaria, con mujeres por las calles. Pero, inevitablemente, hay cosas con las que ni Giulia Pex, ni Khalat, ni nosotros podemos evitar tropezarnos porque forman parte de nuestra mochila cultural. Todos existimos en oposición a Otro, y en esta historia el Otro viene de Siria. Y ahí la autora sabe que se mete en un jardín: ¿qué rayos hacer con la religión islámica?

Puedes leer el dilema de la autora en las páginas: ¿qué papel tiene el Islam en la vida de Khalat? ¿Cómo reflejarlo? ¿Se mete, no se mete…? La protagonista dice atesorarla como un regalo, pero, con la intensidad de ese testimonio y la experiencia del exilio, una podría esperar que Khalat pase un minuto rezando. Pero la religión, para Pex, no es un Corán, ni una alfombra de oración, ni un tasbih. Para Pex, la religión es un hijab.

Ítem más, el hijab solo aparece vinculado a la travesía, a la caminata bajo el solo, al pavor a ser secuestrada por los mercenarios del ISIS, al miedo a ser violada en el campo de refugiados, al tráfico de personas, al naufragio. Al miedo. También al matrimonio fallido de la protagonista: Khalat, sola en el campo de refugiados en tierra de nadie, se casa con el primer chico que le hace tilín. Igual que su padre habla de buscarle un marido para protegerla, ella acaba buscando esa protección. El tipo resulta ser bastante decente, pero el matrimonio, como el hijab, se presenta con un elemento que la separa de esa vida que tenía en la universidad. No sabemos prácticamente nada del esposo, Ibrahim, ni de su mochila de refugiado. Si dejó atrás a alguien, si tenía, como Khalat, planes de vida.

El foco depende solo de las autoras y esta decisión es legítima, y es importante que los personajes femeninos sean poliédricos, especialmente cuando hablamos de mujeres musulmanas. Pero me resulta incómodo que los únicos sueños rotos sean los de Khalat, la universitaria. Y, como en muchas otras historias sobre refugiados, la perspectiva que se cuela aquí no es solo de género.

La última página de Khalat es un dibujo de un libro. Un volumen de Jacques Prévert en el blanco de la página, perdido como una barca en el mediterráneo. Pero Khalat sobrevive. Llega a Alemania y, con mucha dificultad, consigue un visado para ella y su hijo a través de la Cruz Roja, y poco más. Su vida se adivina dura, solitaria y precaria. Europa da la espalda a Khalat una vez se le seca la ropa, pero eso no está en el cómic.

Cada cual decide dónde empieza y termina su historia, faltaría más. Lo que sucede aquí es que es la idea de Europa la que media el relato: Europa como medida del arte, como esperanza, como metáfora de la civilización. Si nos preguntamos por qué nadie le echa una mano a Khalat en Alemania rompe el encanto de la historia basada en hechos reales. Y también el hechizo de la idea de Europa, y con ella la idea que tenemos de nosotros mismos como sociedad. No obstante, Khalat es un relato conmovedor, muy bonito de mirar y de leer, y se esfuerza en llegar mucho más profundo que otros muchos en su lugar. Está editado en Español por Liana.


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