Minería ilegal: el negocio que no figura en las estadísticas de salud
Qué alivio debe ser, para quienes diseñan políticas públicas en la región, que los registros de salud de las comunidades amazónicas sean…
Minería ilegal: el negocio que no figura en las estadísticas de salud

Qué alivio debe ser, para quienes diseñan políticas públicas en la región, que los registros de salud de las comunidades amazónicas sean tan ordenados. Malaria, anemia, tuberculosis: causas de muerte limpias, bien catalogadas, sin mayores complicaciones. Que en esas mismas comunidades lleven décadas operando la minería ilegal, que los ríos estén cargados de mercurio, plomo y cadmio, que los niños nazcan con bajo peso y los adultos mueran a los cincuenta, bueno, son cosas que no tienen por qué aparecer en los archivos. Para eso están las enfermedades endémicas: para dar nombre a lo que nadie quiere investigar.
Una revisión bibliométrica que analizó 511 artículos científicos publicados entre 1984 y 2023 en nueve países amazónicos acaba de confirmar lo que comunidades indígenas vienen denunciando desde hace generaciones: la contaminación por metales pesados en la Amazonía ya no se limita al mercurio proveniente de la minería ilegal de oro, sino que suma plomo y cadmio como cómplices invisibles de una catástrofe que avanza en silencio. La ciencia tardó cuarenta años en escribir suficientes artículos como para merecer una revisión sistemática. Los pueblos originarios ni siquiera necesitaron leer un abstract para saber lo que estaba pasando con sus hijos.
Porque los sarpullidos, las diarreas, el bajo nivel de hemoglobina que aparecen en las comunidades se tratan, con toda la seriedad burocrática del mundo, como “problemas separados de salud”. Que coincidan geográficamente con zonas de extracción minera ilegal, que los ríos de los que dependen estas poblaciones acumulen mercurio en sus cadenas tróficas incluso cuando la actividad minera disminuye, que las mujeres embarazadas y los recién nacidos sean los más golpeados, son detalles que no alcanzan para conectar los puntos en un sistema de salud que, con toda la cortesía institucional posible, prefiere no mirar demasiado.
El pueblo chapra, en Loreto, lleva más de cuarenta años conviviendo con la explotación petrolera y sus metales pesados. En sus registros de mortalidad no figura la contaminación. En los registros de nadie figura la contaminación. Lo que sí figura es una lista prolija de enfermedades que cualquier médico de guardia reconoce y cualquier estadístico puede archivar sin incomodar a nadie. La invisibilidad como política de Estado no requiere decreto; basta con no hacer las preguntas correctas.
Mientras tanto, en las calles de los asentamientos mineros informales de Madre de Dios, decenas de tiendas queman oro mezclado con mercurio con antorchas de gas, en locales pequeños, las veinticuatro horas, con trabajadores jóvenes, con mujeres embarazadas, sin equipos de protección. Son cien tiendas en una misma calle, todas aportando su cuota de vapor de mercurio al aire que respiran familias enteras. La escena tiene algo de parodia industrial: el siglo XXI convertido en un grabado del siglo XIX, pero sin el romanticismo. El oro sale limpio; los pulmones, no.
La solución técnica existe, por si alguien tiene curiosidad. En 2018 se logró recuperar oro usando mesas gravimétricas, sin una gota de mercurio, aprovechando diferencias de densidad y un poco de agua. No encontraron mercado. El mercado, como suele ocurrir, prefiere la costumbre al remedio, sobre todo cuando los costos del remedio los pagan otros, en otros territorios, con otras vidas. Para que la innovación prospere haría falta que alguien pagara mejor al minero formal que produce oro limpio. Que el precio del oro amazónico refleje el precio real del daño amazónico. Eso, claro, complicaría bastante los márgenes.
Lo que queda, entonces, es la Amazonía envenenada y contabilizada en categorías que no la nombran, pueblos enteros que según las estadísticas mueren de malaria y según sus propios líderes están camino a la extinción, y cuarenta años de ciencia que apenas empieza a girar desde el diagnóstico hacia las soluciones. La coordinación entre comunidades indígenas de distintos países, que ya comienza a organizarse porque la minería no respeta fronteras, es probablemente la señal más honesta de todo este panorama: cuando el Estado no conecta los puntos, los afectados lo hacen solos. Como siempre.
메타데이터
- post_id
- c6bb8154f7c1
- slug
- minería-ilegal-el-negocio-que-no-figura-en-las-estadísticas-de-salud-c6bb8154f7c1
- url
- https://medium.com/@blogcaep/miner%C3%ADa-ilegal-el-negocio-que-no-figura-en-las-estad%C3%ADsticas-de-salud-c6bb8154f7c1
- canonical_url
- https://medium.com/@blogcaep/miner%C3%ADa-ilegal-el-negocio-que-no-figura-en-las-estad%C3%ADsticas-de-salud-c6bb8154f7c1
- author_url
- https://medium.com/@blogcaep
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-06-17 12:55:42