Un honor no encajar
Con los años descubrí que no encajar no es una falla: es carácter.
Un honor no encajar
Con los años descubrí que no encajar no es una falla: es carácter.

Pienso que, dependiendo de la etapa de la vida, el no encajar puede ser un peso. Sin embargo, siempre es un honor, en cualquier etapa.
Cuando uno es joven, la diferencia pesa. Hay que tener una autoestima bien anclada. Y si, además, cuentas con una familia que te apoye, todo es superable.
Seguir los parámetros de otros, solo para encajar o pertenecer, nunca fue lo mío. Era — y es — mi superpoder, aunque muchas veces tiene un costo. Un costo que, con el tiempo, desaparece cuando puedes vivir sin la necesidad — o la aparente necesidad — de los demás.
En la adolescencia debes lidiar con quienes se molestan porque eres diferente. Vistes distinto, no te interesa hacer tonterías, te gusta leer… en fin, diferencias.
En mi caso, me ayudó un carácter firme y el apoyo incondicional de mi familia. Mantuve solo un círculo muy pequeño de amistades, pero, aunque no lo crean, siempre me gané el respeto de los demás.
Nunca fui de responder físicamente, pero mi entereza ayudaba bastante.
En una ocasión, un grupo de niñas “chic” me hicieron un círculo y me cantaron no sé qué tontería. Pues bien, me paré erguida, serena, calmada. Cuando terminaron, me acerqué frente a frente a la que yo sabía que era la líder.
Dije algo como esto:
— ¿Ya estás feliz? ¿Tu ego vive en paz? Pues con permiso, que debo seguir con mis otras gestiones.
— Ayuda ser una de las mejores estudiantes y conocer conceptos como el ego — .
Todas dieron un paso atrás y continué tranquila mi marcha.
Jamás nadie se atrevió a incomodarme otra vez.
Lejos de ello, me convertí en una especie de mediadora cuando las cosas no iban muy bien en el colegio.
Ser diferente molesta a quien no es capaz de respetarse a sí mismo. Pero los que caminan a tu lado — de buen talante — esos son leales hasta el final.
Me gusta vestir como me apetece. Me da igual lo que esté de moda o no.
Me gusta decir que algo está mal y no callar por no incomodar.
Me gusta cuestionar decisiones cuando no las entiendo o cuando me parece que se toman sin todos los elementos de juicio.
Me gusta apartarme en una fiesta solo para disfrutar la noche, aunque me consideren antisocial.
Como dice una conocida canción de Thalía:
«¿A quién le importa lo que yo haga… yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré»
Gracias por leer mi historia.
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