Día N°38: La nacionalidad, diferencias y amor para todos.
Os voy a contar la historia de Rufo, al menos una parte de ella ya que son innumerables las historias y anécdotas que todavía hoy perduran…
Día N°38: La nacionalidad, diferencias y amor para todos.
Os voy a contar la historia de Rufo, al menos una parte de ella ya que son innumerables las historias y anécdotas que todavía hoy perduran en la memoria y el corazón de miles de ovetenses. Rufo era perro vagabundo, pero con dueño. Su dueño era la ciudad de Oviedo, donde llegó a ser conocido y respetado hasta por las más altas instancias de la ciudad Rufo era un cruce de mastín y pastor alemán que viva en Oviedo entre los años 80 y 90. Formaba parte del paisaje de la ciudad. Era un perro vagabundo, pero con dueño. Su dueño era la ciudad de Oviedo. Si, aunque resulte contradictorio, Rufo vivía en la calle amparado, protegido y alimentado por todos los ovetenses. Era de todos y no era de nadie. Cariño y comida nunca le faltaron. Sabía muy bien como resguardarse del frio en invierno en los portales calientes de la ciudad. El Ayuntamiento se encargaba de vacunarle, desparasitarle y darle un buen baño. Cuando se terminaba de “acicalar” era puesto nuevamente en libertad. El Fontán, la Escandalera, el parque de San Francisco, la Plaza de la Catedral… era el hogar de Rufo, donde vivió casi siempre en libertad. Digo casi siempre porque en una ocasión, Rufo fue capturado y llevado a la perrera municipal. Fue tal el revuelo y el enfado de los ovetenses por su captura, que incluso se realizó una manifestación por las calles de la ciudad para exigir su puesta en libertad. No había acontecimiento, reunión social, fiesta o ceremonia en la que Rufo no hiciera acto de presencia. Le daban de comer en el parque de San Francisco, iba al fútbol al viejo Carlos Tartiere, todavía hoy la gente lo recuerda a pie de valla viendo al Real Oviedo en su época más gloriosa, a la discoteca, peregrinó a Covadonga, fue fotografiado en el retrato oficial del primer Gobierno de Pedro de Silva en las escaleras de la Presidencia e incluso saludó al alcalde a la entrada del Campoamor, en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Hay quien cuenta que se coló en el teatro Campoamor en dicha entrega, y el alcalde por aquel entonces Don Antonio Masip le dijo:
– “Rufo, creo que aquí no pintas nada”.
El tiempo implacable continuó y el perro, entre él corría. A cada kilometro recorrido, más torpe se volvía su mente. Ya con el cerebro aún más arrugado, empezó a ser un peligro ya que podía ser atropellado en cualquier momento por su mal caminar y actuales malos reflejos. Decidieron llevarlo a una guardería pero el perro, en ese momento donde se vio acorralado por aquella sociedad, corrió como si tuviera simples cinco años. Corrió a gran velocidad y nadie podía alcanzarlo. Superó el sonido, llegó a superar la luz. Y en ese momento fue cuando entonces, estaba solo en la calle y observaba al pueblo ovetense en silencio y con cierto rencor. Se acostó en la calle y disfrutó de aquella bella libertad.
Mi padre me despertó y yo me había dormido con su ropa. Como no quería que me vea me tapé completamente y solo saqué la cabeza para responderle. Lo extraño es que haya hecho eso tan de golpe, como si hubiese estado durmiendo pensando en eso. Y lo más raro es qué me desperté con cierta energía extraña que no suele estar al despertarme. Me levanté y me quité su ropa. Fui al baño porque había vuelto el sueño y si no estoy acostado, me despierto mejor. Además había dejado mi ropa para esquiar en el baño y, obviamente, la necesitaba.
De pronto me empezó a apurar, diciendo que necesitabamos ir temprano. Pensé que era raro. Salí del baño y vi a mis hermanos completamente dormidos.
--¿Vamos a ir a esquiar?--pregunté --No, me llamó mi amiga--respondio. --¿Cómo? ¿Para qué? --Hay que ir a hacer los papeles para tu nacionalidad.
Oh.
Subimos al auto con mi cuerpo temblando del frío. Fue un viaje de casi una hora, en la que escuchamos música y hablamos. Aunque al final me dormí unos diez o quince minutos antes de llegar.
Llegamos y bueno, nos dirigimos hacia el lugar donde yo debía sacar el DNI y el pasaporte. Nos atendieron rápido. Fue un chico que parecía tener un problema de algún tipo. Tenía un ojo medio desviado y escribía de una forma extraña con una sola mano. Era bastante amable. Pero... siempre que veo a esas personas, personas con verdaderos problemas (le afecten o no) es cuando mi sentido empatico se dispara y no puedo evitar pensar que todas las personas tienen su propia vida llena de problemas y que cada uno tiene una historia interesante. Este chico era amable y deseo (si es que no es malo) que esté bien y que siga así, trabajando ahí y que no tenga problemas y... que esté bien.
Esperamos más de lo que pensaba que iba a esperar y nos entregaron en ese mismo día el pasaporte y el documento. Cosa que es increible pensando que en Argentina suele tardar varias semanas o un mes. Pero no, acá no. El pasaporte es agradable como todos los pasaportes pero el DNI tiene muchos detalles, incluso uno de esos detalles es mi cara muy chiquita en forma de "holograma". Es más complejo que el DNI aegentino y nos lo dieron el mismo día. Cosas de diferenciar un país tercermundista y uno primermundista.
Despues fuimos por ahí a ver unas cosas y comprar otras. Luego nos metimos en un lindo bar donde nos compramos sándwiches de jamón para él y rica tortilla para mí. Ahí encontramos a una conocida antigua de él, que creó un sentimiento de recuerdo que parecía destacar.
Volviendo al auto nos topamos con esta estatua linda sobre un perro que vagaba por Oviedo.

Ya en Cangas volví a ver a un amigo de mi padre, aquél que le armó el Rasperry. Al parecer era bueno en la computación desde joven y ahora le va bien en su tienda, al menos eso parece porque... bueno, por cosas que contó, que vi y de las que mi papá habló, está bastante bien. Un sujeto simpetico, vaya.
Al volver a la casa todos, menos la novia de mi padre que en ese momento estaba trabajando, estaban durmiendo. Era la una de la tarde, casi, y todavía seguían ahí.
Bueno, no es como que pueda hablar mucho.
El día continuó sin mucho en su pasar. Simplemente comimos y fuimos decidiendo cómo sobrevivir a esas horas en las que no hicimos nada.
Yo hice simplemente lo de siempre.
Y no pasó más, creo. No hubo película, no hubo nada destacable. Simplemente pasamos el día, sin mucho en él.
Así que supongo que me despido. Aconsejando "nunca juzgar tan rápido algo", que es un gran problema. No digo que no juzguen un libro por su portada, eso es algo que ya debería saberse, me refiero al no juzgar a algo tan rápido sin cuestionarse por qué es que siente eso. Puede parecer tonta o exagerada lo que haya hecho y tal vez su razón también pero hay que saber entender o al menos intentarlo.
Ahora sí, adios.

메타데이터
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