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La primavera ha llegado. Capítulo 5.

Por otro lado, Claudia y Fernando ya han tomado el metro, de regreso a su alejado reparto. Y él, a simple vista, está muy complacido, con…

lashistoriasdeisabel · 2024-06-16 21:06 · 0 claps · 14.7 min read
#muñecas #amor #dulce #fotos
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La primavera ha llegado. Capítulo 5.

Por otro lado, Claudia y Fernando ya han tomado el metro, de regreso a su alejado reparto. Y él, a simple vista, está muy complacido, con el comportamiento de la noche. Habían recaudado tanto dinero, que, la mitad, representa mucho más, de lo que él gana en el bar, y ella, en el restaurante, en toda una semana de trabajo.

— Claudia, debemos plantearnos seriamente, lo del dúo — y aunque la ve, ensimismada en su móvil, añade — Si esto se comporta siempre así, podremos ir dejando los otros trabajos, poco a poco.

— Fernando, lo de hoy fue suerte de un día. Nada es tan fácil y menos para nosotros — ella le responde, pero sin apartar la vista del móvil — Si te parece bien, lo hacemos todos los domingos. Y a partir de ahí, analizamos los próximos pasos. No podemos dejar lo cierto, por lo dudoso.

— Es verdad. Tienes razón — y convencido, se recuesta un poco, sobre su asiento — Pero, de todas formas, nos tenemos que poner de acuerdo con los horarios. Debemos ensayar y aprendernos más canciones.

— Estoy de acuerdo contigo — le vuelve a responder, pero continúa absorta, en lo que va leyendo.

— Claudia, no logro entenderte. Nos ha ido muy bien y, sin embargo, no pareces feliz — y ante la curiosidad, intenta saber, lo que ella, tanto lee.

— Fernando, no estoy pensando en eso — y ahora sí, lo mira de frente — Estoy pensando, en lo de las fotos. Y es, de lo que estoy leyendo, por internet — y rápidamente, le muestra el móvil.

— Pero creí, que no te interesaba hacer las fotos — y sorprendido, toma su móvil.

— Te lo dije exactamente así, pero me dio curiosidad por saber. El fotógrafo es real, y por demás, muy famoso. Tiene muchos premios, y su obra es realmente preciosa — Claudia suspira, pero con algo de temor — Me asusta, pero si pagan buen dinero, y es algo decente, ¿Qué puedo perder? — y con atención, se queda esperando por su opinión.

— Realmente es muy bueno — a Fernando se le imposibilita, apartar la mirada del móvil — Y también, tienes razón en lo que dices, pero es tu decisión. Yo no quiero interferir, en eso — y con total seriedad, agrega — Lo que sí debes tener claro es, que no irás sola.

— De acuerdo, Fernando. Y con mucho gusto, acepto que me acompañes. Pero aún no me decido; lo pensaré bien — y ágilmente, se pone de pie — Ya hemos llegado.

Y caminando por el andén, ella vuelve, sobre el tema.

— Voy a pensarlo con detenimiento, para no tomar una decisión a la ligera — y con total seriedad, se detiene delante de él — Pero quiero pedirte un gran favor. Si acepto, será un secreto entre nosotros. Nadie podrá saberlo. Ni tan siquiera, nuestras familias. ¿De acuerdo?

— Como tú quieras, Claudia. Es tu decisión, pero te reitero, yo estaré siempre a tu lado — Fernando, aunque disimula, se ve preocupado.

En pocos minutos más, caminan por las calles silenciosas de su barrio y Claudia lo mira de soslayo, para convencerse, de que el tema de las fotos, a él, no le ha gustado.

— Fernando, si tú me proteges, ¿Qué me puede pasar? — y se queda mirándolo — El fotógrafo ciertamente, es muy bueno. Y yo no haré nada, que no me convenga. Eso lo dejaré bien claro, antes de aceptar — y decide abrazarlo, para que quitara la cara de susto.

— Y yo tampoco lo permitiría — Fernando, con fuerza, suspira.

— Además, esto sería otro trabajo más, que en nada interfiere con el dúo. Seguiremos cantando juntos. Ya eso, no lo rompe nadie — Claudia sonríe, y Fernando intenta, sentirse feliz.

— Claro, tú me dices eso, porque sabes muy bien, que es lo que quiero escuchar — y de buena gana, ahora, Fernando sonríe.

— Es en serio, Fernando — e intentando ser creíble, se detiene frente a él — Aunque me haga las fotos, y me paguen bien, seguiremos cantando juntos. Te doy mi palabra.

La noche fue muy larga, sobre todo para Claudia, que se durmió pensando en la decisión, que debía tomar, pero lo único que logró fue, tener horribles pesadillas. En algunas, se veía repudiada por todos y aunque su madre intentaba salvarla, no podía lograrlo.

Sobresaltada y sudorosa, se sienta, y del susto que tenía, salta de la cama. Le parecía, que acostada, se ahogaba. Sin embargo, al ver que aún es muy oscuro, se recuesta sobre una butaca, y se queda profundamente dormida. Y con suerte, las imágenes, que ahora la invaden, le resultan mágicas. Son todo lo contrario, a lo que antes, la desvelaba. Se ve muy feliz, corriendo entre las flores, en una mañana, de preciosa primavera.

De pronto, y entre sueños, siente a su madre, y a toda velocidad, sale de su habitación.

— Mamá, ¿a dónde vas tan temprano? — y su mirada es de total sorpresa, al verla tan arreglada y con algunos ingredientes para repostería, en sus manos.

— ¡Ay, mi niña! No te dije nada, porque llegaste muy tarde. Voy muy rapidito hacia una cafetería cercana. Sabes bien cual es; para la que trabaja Paula — y con visible exaltación, le comenta — Los dueños accedieron a hacerme una prueba y si me aceptan, podremos comprar la silla de ruedas, para llevar a Olivia, a la nueva escuela.

Claudia se angustia, sin poder evitar, que sus ojos se le humedezcan.

— Pero, madre. No es necesario que trabajes. Anoche yo gané, bastante dinero — y lejos de alegrarla, su madre ha puesto, cara de espanto.

— Por dios, Claudia. No me avergüences — y desfallecida, se deja caer sobre un asiento — ¿De dónde pudiste ganar tanto dinero? Cantando en la calle, con el hijo de Paula, no creo que hayas logrado tanto, como me haces creer.

— Pues sí, mamá. Ganamos bastante, y lo vamos a repetir — y al sonreír, sus ojos se iluminan bastante.

Sin darle tiempo a nada, Alba ve correr a su hija, de regreso a su habitación. Y en segundos, la observa, de regreso, perceptiblemente feliz.

— Mira, aquí lo tienes — y sin dejar, ni un centavo para ella, le dice — Todo esto, alcanza para la silla y quizás, para otras cosas, que nos hagan falta — Claudia suspira, repleta de optimismo — Entre el trabajo de camarera y cantando con Fernando los domingos, iremos mejorando económicamente. Por eso creo, que no debes esforzarte, en un nuevo trabajo.

Alba comienza a llorar desconsoladamente, por tener una hija, tan buena y considerada. Y poniéndose de pie, la besa con mucha ternura.

— Todo no puede recaer sobre ti, Claudia. Además de la silla de Olivia, tenemos que enfrentar, gastos mensuales — y con su mirada tierna y agradecida, le reitera — Hija, yo soy joven todavía y estoy en mis plenas capacidades. Necesito sentirme útil — y sabiendo, que es comprendida, retoma su camino, hacia la puerta de salida.

— De acuerdo, mamá. Si es para sentirte útil, ve a la cafetería — y decidida a apoyarla, la sigue hasta la puerta — Ve con fe, madre. No puede existir otra persona, que haga dulces más ricos, que tú.

Claudia desde la puerta, la observa, y aunque le desea mucha suerte, se angustia. Le duele mucho verla sola, enfrentándose a la vida, sin poder tomarse un respiro. Todavía es joven y hermosa, pero sin una gota de tiempo, para dedicárselo a ella misma.

Ese tormento, la hace reconsiderar, la oferta del fotógrafo. Porque, si realmente le paga bien, muchas cosas podrían cambiar para ella, y para su familia. Y con ese pensamiento fijo en su cabeza, regresa a su habitación, y todavía con algo de indecisión, toma la tarjeta del artista, en sus manos.

Se tira sobre la cama, respira profundamente, y la mira una, y otra vez. Y decidida, toma el móvil, para confirmarle su interés en hacer el trabajo. Pero se asusta al darse cuenta, de que todavía es muy temprano. «Tampoco tengo que demostrar tanta desesperación, esperaré a que sea un poco más tarde».

Aún, con el móvil en la mano, sigue pensando en si será la mejor decisión a tomar, y tiembla a punto de desfallecer, cuando lo siente vibrando «¿Qué decisión has tomado? ¡Ah, perdón! Buenos días, por ahí debí empezar». Es un mensaje de Fernando. Y ella, sospechando, que él había dormido poco, preocupado por la decisión, que debía tomar, vuelve a la sala, para mirar por la ventana, y tratar de verlo, en vez de responderle, al mensaje.

Pero desconsolada, al ver que no anda cerca, opta, por llamarlo al móvil.

— Buenos días, Fernando ¿Ya saliste de casa? — todavía asomada por la ventana, observa a los alrededores.

— Sí. Estoy a dos minutos del bar. Hoy me toca abrir a mí — y realmente se siente jadeante, porque corre, más que camina.

— Yo también debo irme. Pero tengo que esperar a que mi madre regrese de la cafetería — ella, le comenta.

— En efecto. Mi madre me comentó, que hoy la ponían a prueba. Ojalá lo logre — pero decidido a escuchar lo que más desea, le cambia radicalmente de tema — Por favor, Claudia. No le des más vuelta al asunto y dime, ¿qué has decidido?

— Voy a aceptar, Fernando — y una fuerza enorme, la hace tomar mucho aire — Nuestra vida tiene que mejorar de alguna manera. Y esta puede ser una opción.

— Pues, si esa es tu decisión, sabes que sola, no irás — y ya en la puerta del bar, añade — Cuando regrese, nos vemos, para acomodarnos con los horarios. Ahora te dejo, que llegué.

— No te preocupes. Todo saldrá bien. Tú serás mi sombra. Donde yo vaya, tú irás también — y con esa frase, que les resultó graciosa, terminan la llamada.

Pero no por sonreír, se siente tranquila. Es una gran decisión, la que debe tomar. Y mirando nuevamente la hora, decide prepararse, para en cuanto regrese su madre, salir rápidamente para su trabajo. Y cuando casi lo tenía decidido, siente el cosquilleo acostumbrado, de cuando una canción quiere brotarle del corazón, y sin dudarlo, se lanza con fuerza sobre el sofá, antes de que se le vaya la idea. Pero sin saber, qué la molesta, no logra acomodarse.

Photo by Romina BM on Unsplash

Photo by Romina BM on Unsplash

— ¿Y esta muñeca de dónde ha salido? — entre los cojines, encuentra, lo que tanto la incomodaba — ¿Cómo una muñeca tan cara, ha llegado a esta casa? — y bastante intrigada, la observa con detenimiento.

Pero sin darse cuenta, mientras la voltea para mirarla bien, la foto, que su hermana había guardado dentro de ella, se cae al suelo, y fue a parar a un rincón, debajo del sofá.

— Después le preguntaré a Olivia — y sin más, la coloca sobre la butaca, más cercana — No tengo dudas, de que es un regalo. Aunque no creo, que nadie de por aquí, pueda hacer un gasto así.

Por fin decide, concentrarse de una vez, y como manantiales, le brotan las frases, para dejar lista una preciosa canción. Una más, de cientos, que tiene escondidas, y que nunca verán la luz. Esa oportunidad para ella es tan remota, que ha dejado de soñarla.

Y mientras, espera, la hora apropiada, para llamar a Leonardo, el comenzar del día, para él, ha sido estresante. Tiene el móvil delante, y con ansias espera, que suene de una vez.

— Amor mío, debes calmarte — Irene se le acerca, para con su abrazo, lograr tranquilizarlo.

— Lo sé. Pero sabes, que soy obsesivo con mi trabajo — y con ansiedad, respira — Si la chica no acepta, no tengo nada. Y si no es ella, no buscaré a nadie más. Renunciaré a participar en el certamen.

— Esperemos un poco más, por favor — Irene lo mira, con total atención, mientras se aleja — Voy por un café.

Leonardo suspira, al sentirse apoyado, pero no por eso mejora, en su estado de ansiedad. Es el característico estado de ansiedad, que se apodera de las personas, con talentos únicos. Y para lograr no ser víctima de su propia impaciencia, se dispone a revisar, una vez más, las fotos de las mejores candidatas, que tiene hasta ahora. Pero con brutal decisión, las desecha a todas, lanzándolas por el aire. Después de ver a Claudia, ni las que le parecían aceptables, ya lo son.

Irene lo observa y lejos de preocuparse, sonríe. La escena en la que ve envuelto a su novio, no le es para nada, ajena. Y, de hecho, hoy optó por quedarse a su lado, posponiendo sus propios compromisos, sabiendo que su día sería terrible, si la chica no aceptaba la propuesta.

— Aquí tienes un buen café, pero me parece, que estás necesitando algo mejor — y ella lo mira, de una forma tan provocativa, que él tuvo que contemplarla, de arriba abajo.

— Irene, no solo fuiste por un café, veo que te has puesto una ropa, que sabes muy bien, lo que provoca — Leonardo, desecha la taza, y la toma en brazos.

— Parece, que no fue suficiente lo de anoche, ¿o me equivoco? — y de forma bastante descarada, comienza a besarlo.

— Sé muy bien lo que quieres, y no me queda más remedio, que complacerte — y con bastante ternura, Leonardo la lleva hasta la cama — Esta será la mejor manera de soportar, esta larga espera.

Al mismo tiempo, en otra parte de la ciudad, específicamente en la escuela de arte, está sesionando, una reunión de la junta directiva. Llevan un buen rato de debates y han avanzado en varios puntos de la agenda, pero ahora, se analiza un tema candente. La situación financiera y la ejecución de los presupuestos del año.

— Gabriel, es preciso recortar gastos — muy preocupado le dice, su jefe económico.

— Alberto, ¿pero qué gastos? — y su rostro se tensa — Hazme una explicación detallada, por cada una de las partidas, porque lo que sí quiero dejar claro es, que no vamos a eliminar nada de nuestro plan de becas, ni de otras subvenciones — Gabriel siempre ha sido muy enfático con estos temas.

— Gabriel, sabes que coincido contigo, en todos esos temas — y respira profundamente, para poder concentrarse, en el análisis — Pero la balanza se nos está desnivelando. Ha crecido más rápido, el otorgamiento de becas gratuitas, que los ingresos de alumnos, que pagan sus estudios.

La tensión se apodera de la reunión y todos están muy atentos a las decisiones, pero pocos se atreven a opinar. Una de las profesoras, que está presente en el debate es, Adriana, que por nada del mundo osa en dar un criterio, que pueda ir alejado de las ideas de Gabriel.

Y él, visiblemente preocupado, se pone de pie, caminando de un lado a otro, del salón.

— Pues, si no me demuestran, qué gastos se pueden reducir, vamos a pensar, al revés — y los mira atentamente — Vamos a buscar nuevas formas de ingreso.

Planteamiento, que de inmediato provoca, un intercambio de ideas.

— Pero, por favor. No quiero comentarios entre ustedes, quiero planteamientos concretos — y rápidamente, regresa a su asiento — Arriba, ¿quién hace la primera propuesta?

— Creo, que podríamos retomar la idea de los festivales — al escuchar a Adriana, todos se voltean hacia ella — Es cierto, que hay que invertir, pero se recaudará y se recuperará la inversión. Siempre dará ganancias.

— Muy bien, Adriana. Esa idea me gusta y tú misma puedes rectorarla — la seriedad de Gabriel es palpable. Su tratamiento para con ella es el mismo, que el de cualquier colega — Créate un equipo de trabajo. Reorganicen los horarios, y preparen un buen programa. Nos veremos cada viernes, para revisar cómo va todo. Y en cada encuentro me traen, fechas concretas. Deben planificar, la publicidad, y todo lo que corresponda — y muy fijamente, le enfatiza — Quiero una propuesta, con una valoración económica bien concreta, apóyate en la asesoría de Alberto — y buscando consenso, mira para su jefe económico.

Continúa la reunión y otros compañeros, aportan más ideas válidas. Y para cerrar el tema, él también contribuye, con una propuesta.

— Considero, que ya estamos en condiciones de echar a andar una antigua idea, para la que estábamos esperando el momento ideal. Y creo, que ha llegado ese momento — ante sus palabras, la expectación es total.

— ¿Es lo que creo? — con el ceño fruncido, le pregunta Alberto — Sabes, que da buenas ganancias, pero es compleja de llevar. No solo por los recursos, también porque lleva personal, a tiempo completo.

— Lo sé — Gabriel suspira con fuerza — Pero creo, que ha llegado el momento, de asumir este reto. Vamos a patrocinar a algunos talentos, de los muchos que hay en las calles, y que son capaces de llenar estadios completos. Pero, que no han tenido la oportunidad de ser descubiertos.

Esta idea llevaba tiempo dándole vueltas en la cabeza a Gabriel, pero por un motivo u otro, no se había concretado. Y al exponerla, su mirada se ilumina, tanto, que todos los presentes se entusiasman, por echarla a andar, de una vez. Pero los pensamientos en la mente obsesiva de Adriana, van más allá. Ella siente admiración por él, como los demás, claro que sí, pero quisiera que esa luz, que ilumina su mirada, alguna vez fuera, motivada por algo, que tuviera que ver, solamente con ella.

Y él, ajeno a lo que piensan los demás, sigue moldeando su idea.

— Anoche mismo estuve, con parte de mi familia, en la plaza mayor. Pude ver a muchos jóvenes sin oportunidades, buscando ser escuchados, y viven con la esperanza, de que alguien se dé cuenta de que existen — definitivamente, su voz se torna muy melancólica — El talento está por todas partes, pero no hay tantas personas dispuestas a descubrirlo y a darle la oportunidad que merece. Sin embargo, muchas veces consumimos «arte» de muy mala calidad, porque tuvieron quizás, un poco más de suerte.

Su propuesta es aprobada por unanimidad, y Alberto, con la mira fija hacia él, le pregunta.

— Tú vas a encargarte de este tema ¿verdad?

— Sí, pero participaremos todos. Hay que hacer una buena convocatoria y también, algunas acciones de búsqueda. Tenemos que ir a las plazas, a las estaciones del metro, revisar las redes. Muchos chicos suben versiones, muy buenas. Todo lo que encuentren, lo valoramos en equipo — y entusiasmado, agrega — Si encontramos a alguien, que realmente tenga potencial, no solo prepararemos conciertos, podremos ir más allá. Le buscaremos disquera, manager, y todo lo que haga falta. Con esta propuesta queridos colegas — y exaltado, los mira con atención — Todo es ganar, ganar.

Unos minutos después, se termina la reunión y Adriana, bastante preocupada, lo sigue hasta su oficina.

— Gabriel ¿Estás seguro, de que podrás con todo?, la escuela te absorbe mucho tiempo, las clases… — y sobresaltada, espera por su opinión.

— Lo tendré que hacer, Adriana. No soy menos, que los demás y la escuela, es de todos, pero es mía, en primer lugar — y tratando de no abrumarse, va directo a su ventana favorita, cambiando radicalmente, de tema — No podré nunca, alejarme de esta imagen — y suspira con fuerza — Siento que me da vida.

— Como tu digas, Gabriel. Voy a mis clases — y visiblemente molesta, Adriana gira en redondo y se marcha.

Aprisa, se dirige hacia su aula, pero va pensando en lo inevitable. Mientras más trabajo Gabriel tenga, menos tiempo le dedicará a ella. Y sin proponérselo, le viene a la mente su cuñado, «¿Cómo es posible, que, siendo tan idénticos físicamente, sean tan diferentes? Leonardo e Irene, trabajan, son famosos, pero siempre están alegres y disfrutando de la vida».

Con ese tormento, no se percata bien por dónde camina, y colisiona de forma inevitable, con una de sus colegas.

— ¡Ay, Adriana, discúlpame! — Julia, se turba un poco — Venía entretenida.

— La culpa fue mía, Julia — y agónicamente, Adriana suspira — Vengo con la cabeza a mil revoluciones.

Julia, que la conoce desde hace varios años, sabe bien cuáles son los tormentos, de su amiga.

— ¿Pero, Adriana, tú sigues con lo mismo? — y sin concebirlo, la mira — Adriana, ese hombre no mira, ni para los lados.

— Eso pensamos todos, Julia. Pero debajo de esa capa de seriedad, hay mucho más — y por tanta impotencia, los ojos de Adriana, se humedecen.

Julia se impresiona tanto, por lo que descubre en su mirada, que desiste de continuar su camino. Y como aún le queda tiempo suficiente, para comenzar su clase, la convence, y juntas entran al salón de reuniones, donde nadie, las puede escuchar.

— Adriana, vamos a conversar aquí, aunque sea por cinco minutos — Julia no le quita los ojos de encima — Tú no puedes seguir así, porque vas a enfermar. Hace algún tiempo, no hablábamos de esto y pensé, que habías superado, esos celos absurdos.

— Lo sé, Julia. Sé, que todo esto me hace mucho año — y algo atormentada, Adriana mira hacia el suelo.

— Adriana. Estas cosas pasan en las parejas, y no hay nada de malo en buscar ayuda profesional. O de lo contrario, sentarse a conversar con total sinceridad — y aunque Adriana no la mira, Julia sabe bien, que la escucha — Gabriel te cree feliz, y, sin embargo, no lo eres. Yo desde fuera, y por lo que tú me dices, pienso, que la relación de ustedes está como estancada. Y hay que tratar de superar los obstáculos, que los imposibilita seguir adelante.

— Tienes toda la razón, Julia. ¿Cómo yo no había pensado de esa manera? — y bastante exaltada, se pone de pie — Es eso exactamente, estamos estancados. Hay que cambiar nuestro estilo de vida, y hasta renovarnos un poco físicamente. Gabriel tiene que ver en mí, cosas nuevas, cada día.

— Realmente, ustedes parecen un matrimonio de mil años, no una pareja joven y llena de vitalidad — y tratando de aconsejarla, añade — Yo creo que deben conversar, y dar un paso hacia algo mayor. Renovarse, buscar algo que los ilusione. No sé, quizás deban tomarse unos días libres, para cambiar un poco de aire.

Y sobresaltada por la hora, es Julia, la que se pone de pie.

— Conozco un buen especialista, que quizás pueda ayudarte, Adriana — y con prisa, se dirige hacia la puerta — Piénsalo y me dices. Ahora me tengo que ir, estoy retrasada para mi clase.

— Gracias, Julia por todos tus consejos. Hablamos después — pero Adriana, casi no se mueve. Se ha quedado muy pensativa, con las palabras de su amiga.


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