Puertas Abiertas: La Revolución Digital en Banco Santander.
CAPÍTULO 1: MI HISTORIA CON BANCO SANTANDER
Puertas Abiertas: La Revolución Digital en Banco Santander.
CAPÍTULO 1: MI HISTORIA CON BANCO SANTANDER
Desde que era niño, mis padres solían preguntarme: “¿Qué te gustaría ser de grande?”. A veces respondía que quería ser bombero, otras veces, que deseaba ser banquero. Desde temprana edad, sabía que Banco Santander era una institución importante en México. Ese conocimiento lo debo a uno de mis tíos, quien trabajó allí durante varios años. Siempre se vestía impecablemente y hablaba con pasión sobre su trabajo. Él sembró en mí la ilusión de algún día formar parte de Santander.
Tan fuerte era ese deseo, que en ocasiones me ponía una camisa blanca, un saco oscuro y una corbata roja para imaginar que ya trabajaba en el banco. Nunca imaginé que, años después, ese sueño se convertiría en realidad.
Fue a principios del año 2020 cuando el destino, sin buscarlo, me llevó a esta gran institución. Por aquel entonces, yo trabajaba como cajero en un supermercado. Un amigo me pidió ayuda para encontrar empleo, así que empecé a buscar vacantes en línea. Fue entonces cuando encontré un anuncio que decía: “Importante banco del país busca cajeros de sucursal”. El empleo ofrecía una jornada de seis días al mes y un salario atractivo.
Le comenté a mi amigo, pero él respondió escéptico: “Esos trabajos son fraudes, sólo quieren venderte algo”. Aunque podía tener razón, algo me impulsó a aplicar. A los pocos días, me contactaron para confirmar mi interés. Aunque no revelaban aún el nombre del banco, continué el proceso, realicé exámenes y envié la documentación solicitada.
La sorpresa llegó cuando me informaron que había sido seleccionado para trabajar con Banco Santander México, a través de un esquema de outsourcing. La emoción fue inmensa. Ese empleo no solo representaba una oportunidad profesional, sino también una forma de continuar financiando mis estudios universitarios.
Cuando se lo conté a mi amigo, me felicitó y, un tanto apenado, me preguntó si aún estaban contratando. Le respondí: “Creo que ya es tarde, amigo”. Desde entonces, entendí que a veces los sueños se presentan cuando menos lo esperamos, pero hay que estar listos para decirles que sí.
En mi primera semana, me vestí con aquella camisa blanca, el saco oscuro y la corbata roja, como cuando era niño, como símbolo del cumplimiento de un sueño que había llevado en el corazón durante años.
Desde ese inicio en 2020, he tenido la fortuna de desempeñar diversos roles dentro del banco. He atendido clientes universitarios, personas físicas y actualmente trabajo con el segmento corporativo, donde interactuamos con empresas de alcance nacional e internacional. Esto me ha dado una visión integral del funcionamiento de Santander, desde su unidad más básica hasta sus operaciones más complejas.
Puedo decir con certeza que conozco al banco desde adentro. He entendido su estructura, sus retos y sus oportunidades. Por eso, siento que tengo algo que aportar. Esta es la razón principal por la que decidí escribir este libro: para plasmar mis reflexiones y propuestas, con la esperanza de que inspiren mejoras reales en nuestra institución.
Desde que ingresé a Santander, he cultivado un profundo deseo de ayudar a los clientes a comprender el valor de los servicios financieros en sus vidas. Me he apropiado de la misión del banco: “Contribuir al progreso de las personas y de las empresas”, y la he convertido en una guía personal. Espero que cada cliente de Santander pueda sentir que esta misión está pensada para ellos.
Este libro es también una meta personal. Escribir me relaja, me ayuda a organizar mis pensamientos y a mantener viva la inspiración. No soy un experto en literatura, pero deseo mejorar como escritor y, al mismo tiempo, compartir una historia que, quizás, motive a otros a creer en sus sueños y a proponer cambios positivos desde adentro.
CAPÍTULO 2: LA REPUTACIÓN DEL BANCO Y LA EXPERIENCIA DEL USUARIO
Recuerdo con nitidez mi primera visita a una sucursal bancaria. Era apenas un estudiante de secundaria, dando mis primeros pasos en el mundo de los servicios financieros. Lo que viví no fue alentador: largas filas, rostros tensos, quejas en el aire, empleados distantes. Pensé en ese momento: “No quiero volver a un banco jamás”. Lo que no sabía es que esa sería solo la primera de muchas experiencias similares.
Hoy, vivir sin bancos es casi imposible. Son una parte esencial de nuestra vida cotidiana. Precisamente por eso, creo firmemente que deben reinventarse. La percepción negativa que muchas personas tienen no es casual: es el reflejo de años de procesos fríos, atención distante y modelos que no han evolucionado al ritmo de las personas.
Hace poco, revisando redes sociales, me topé con diversas publicaciones en las que los usuarios ubicaban a Banco Santander entre los bancos con peor reputación en México. Las quejas eran claras y reiteradas: tiempos de espera largos, procesos complicados, trato poco humano. Me dolió leerlo, pero no puedo negar que muchas de esas críticas son válidas.
Aun así, estoy convencido de algo: Banco Santander es el mejor banco de México. Nuestros productos son competitivos, sólidos y confiables. El problema no está en lo que ofrecemos, sino en cómo lo ofrecemos. Hay una desconexión profunda entre el valor de nuestros productos y la experiencia que perciben nuestros clientes. Esa brecha ha afectado nuestra reputación. No se trata de un problema técnico, sino emocional. No fallamos en el producto; fallamos en la relación.
Hoy, muchos clientes eligen BBVA, no por tener mejores soluciones, sino porque han logrado crear una experiencia digital más simple, visual y amigable. En contraste, Santander ofrece una app más robusta en funcionalidades, pero con menor conexión emocional con el usuario. Y en el mundo actual, lo emocional pesa tanto como lo funcional.
Ese es nuestro gran reto: si logramos ofrecer una experiencia que esté a la altura de nuestros productos, Santander puede ser el líder indiscutible del sistema financiero en México.
Las sucursales tradicionales, que alguna vez simbolizaron solidez y confianza, hoy son vistas como espacios fríos, lejanos, poco humanos. Para muchos, ir a una sucursal sigue siendo una experiencia incómoda y desgastante. La atención bancaria, tal como la conocimos, ya no responde a las expectativas del cliente moderno.
La transformación que necesitamos no es solo tecnológica. Es cultural. Nuestra presidenta, Ana Botín, lo expresó con claridad al presentar el renovado Edificio Pereda en España:
“Vamos a mantener los fundamentos, pero tenemos que cambiar radicalmente cómo entendemos el negocio.”
Y agregó:
“Queremos que Santander sea más abierto, transparente, un lugar donde las personas y las empresas se conecten con el mundo.”
Estas palabras no son solo inspiradoras, son una hoja de ruta. El futuro de la banca no será solo digital, será también más humano, más cercano y más empático.
Con ese espíritu nace esta propuesta: “Sucursales Digitales: Un modelo centrado en escucharte”.
Imagina esto:
Desde la palma de tu mano, a cualquier hora, desde cualquier lugar, puedes acceder a tu banco. Pero no a una aplicación fría, sino a una sucursal digital que te escucha, te comprende y te orienta. Un sistema que responde a tus necesidades desde el primer contacto, y que solo te pide ir físicamente al banco cuando realmente es necesario.
¿Cómo funcionaría?
A través de la app, el cliente sería recibido por un anfitrión digital. Este canal inicial — por chat, llamada o videollamada — permitiría comprender la necesidad del cliente y canalizarla adecuadamente. Si se requiere una visita presencial, se agenda. Si puede resolverse en línea, mejor aún. Todo con eficiencia, claridad y calidez.
Principales problemas del modelo actual y cómo superarlos:
- Largas esperas innecesarias: Muchas visitas al banco pueden evitarse si se ofrece orientación previa a través de canales digitales. Esto reduce las filas, mejora la eficiencia y disminuye la frustración.
- Sucursales como centros de quejas: Hoy, muchas personas solo acuden al banco cuando tienen un problema. Necesitamos cambiar esa narrativa y volver a posicionar las sucursales como espacios de acompañamiento y asesoría financiera.
- Horarios que excluyen a quienes más lo necesitan: Nuestros clientes más activos, los que más mueven la economía, suelen estar ocupados durante el horario bancario. Debemos brindar atención digital extendida para que nadie quede fuera.
- Dificultad para colocar productos financieros: No es que los clientes no quieran seguros o créditos, es que no los entienden o desconfían. Una atención más cercana, educativa y empática puede marcar la diferencia.
La cultura FDC — Firstly Digital Contact
Proponemos cambiar la lógica: primero el canal digital, luego el físico si es necesario. No se trata de cerrar sucursales, sino de redefinir su rol. Las personas no quieren menos contacto, quieren un contacto más útil, más rápido y más humano.
El futuro no es solo digital, es personal. Y ese futuro empieza con algo muy simple, pero muy poderoso: escuchar.
CAPÍTULO 3: TRANSFORMAR DESDE ADENTRO, CONOCER EL ORIGEN PARA ENTENDER EL PROBLEMA.
A lo largo de mi camino profesional en Banco Santander, he vivido muchas experiencias que me han permitido comprender, desde dentro, los desafíos que enfrentamos. He sido testigo de grandes logros, pero también de obstáculos que frenan el avance hacia una banca más humana, ágil y centrada en el cliente. Esta reflexión no surge desde la crítica destructiva, sino desde el compromiso profundo con una transformación genuina.
Trabajé varios años en el área de atracción de talento. Desde allí, observé un fenómeno que se repetía con frecuencia: muchas personas jóvenes y brillantes llegaban al banco con entusiasmo, con ganas de innovar, de proponer, de hacer las cosas distintas. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese entusiasmo se iba apagando. ¿La razón? Un sistema rígido, jerárquico y muchas veces desconectado de las nuevas realidades.
Recuerdo a una compañera recién egresada, llena de ideas frescas y energía. En su primer mes, propuso una mejora sencilla para digitalizar parte del proceso de reclutamiento. Era una iniciativa eficiente y fácil de implementar. Pero la respuesta que recibió fue: “Eso no lo decide esta área”, “Hay que escalarlo”, “No hay presupuesto”. Al poco tiempo, dejó el banco. Y como ella, muchos otros.
Este ejemplo refleja un problema de fondo: tenemos talento con visión de futuro, pero una estructura que a veces desalienta el cambio. Si queremos construir un banco diferente, debemos comenzar por transformar nuestra cultura interna.
Uno de los mayores retos es romper con el paradigma del control excesivo. Durante décadas, la industria bancaria ha estado regida por normas, auditorías, procedimientos y jerarquías. Eso ha dado cierta estabilidad, sí, pero también ha limitado la agilidad y la creatividad. Hoy, en un entorno dinámico y digital, necesitamos una cultura que favorezca la colaboración, la confianza y la innovación.
No se trata de eliminar el control, sino de evolucionar hacia una gestión basada en resultados, no en horarios. En valorar el pensamiento crítico, no la obediencia ciega. En promover equipos diversos y empoderados, no estructuras verticales donde pocos deciden y muchos ejecutan.
He tenido la fortuna de trabajar con líderes que inspiran, que escuchan y que confían en sus equipos. Pero también he conocido estilos de liderazgo que infunden miedo, que castigan el error y que ven la discrepancia como una amenaza. Necesitamos líderes valientes, dispuestos a cuestionar lo establecido, a aprender de los errores y a crear entornos seguros para innovar.
Transformar desde adentro implica aceptar que el cambio empieza por nosotros. No podemos pedir cercanía con el cliente si internamente actuamos con distancia. No podemos aspirar a la empatía si no la practicamos entre colegas. La cultura organizacional no se cambia con discursos, sino con acciones cotidianas.
Por eso, propongo tres principios que pueden guiarnos hacia una transformación auténtica:
- Confianza como base del liderazgo: Más que controlar, debemos confiar. Confiar en que nuestros equipos saben lo que hacen, que tienen buenas intenciones, que desean crecer. La confianza genera compromiso, y el compromiso genera resultados sostenibles.
- Innovación desde todos los niveles: La innovación no debe ser exclusiva de un área o de los altos cargos. Cualquier persona, en cualquier posición, puede aportar ideas valiosas. Debemos abrir canales para escuchar, experimentar y aprender.
- Humanidad como principio rector: Nunca debemos olvidar que trabajamos con personas, para personas. La empatía, la humildad y la escucha activa deben ser valores vivos en nuestra cultura.
No será un camino fácil. Habrá resistencias, dudas y momentos difíciles. Pero estoy convencido de que vale la pena. Porque un banco que se transforma desde adentro, es un banco que puede transformar también la vida de sus clientes.
El verdadero cambio no comienza en las estrategias, sino en las conversaciones. Y yo, desde mi trinchera, ya comencé la mía.
CAPÍTULO 4: EL DESAFÍO DE EQUILIBRAR EXPERIENCIA Y RENTABILIDAD
Uno de los mayores retos que enfrentan las sucursales bancarias es encontrar un modelo que combine dos objetivos aparentemente contrapuestos: ofrecer experiencias memorables a los clientes y, al mismo tiempo, garantizar la rentabilidad del banco.
Enfocarnos únicamente en la rentabilidad puede cegar a las organizaciones y derivar en experiencias pobres, que generan frustración y desconfianza en los usuarios. Por otro lado, centrarse exclusivamente en la experiencia del cliente sin considerar la rentabilidad puede desequilibrar el modelo de negocio y poner en riesgo su sostenibilidad.
El verdadero desafío está en hallar un punto de equilibrio, analizando el banco en su totalidad: desde sus procesos más básicos hasta las operaciones más complejas. Solo así será posible diseñar un modelo centrado en el usuario que, a la vez, genere ambientes propicios para que la rentabilidad fluya naturalmente.
Creo que esta tensión explica, en gran medida, por qué las sucursales bancarias parecen estancadas en cuanto a innovación en la experiencia de usuario. El modelo actual no está estructurado para crear momentos memorables sin afectar negativamente la rentabilidad.
Debemos entender que la rentabilidad no es un obstáculo para la innovación; es, en realidad, un requisito indispensable para que cualquier nuevo modelo funcione y pueda crecer de manera sostenible. La experiencia del cliente y la rentabilidad deben ser aliados, no enemigos.
Cuando logramos que estos dos aspectos crezcan de la mano, no solo mejoramos la percepción del banco, sino que fortalecemos su viabilidad a largo plazo, generando valor tanto para el cliente como para la institución.
En conclusión, diseñar un modelo bancario exitoso implica una mirada integral y estratégica, donde la rentabilidad y la experiencia se potencien mutuamente, impulsando un cambio real y sostenible.
CAPÍTULO 5: LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL Y EL CAMBIO CULTURAL EN BANCO SANTANDER
La transformación digital no es solo una cuestión de tecnología; es, antes que nada, un cambio profundo en la cultura organizacional. Durante mi tiempo en Banco Santander, he visto cómo la tecnología puede acelerar procesos y abrir nuevas oportunidades, pero también he constatado que sin un cambio en la mentalidad, esos avances quedan a medias.
El banco tradicional, con su estructura rígida y procesos burocráticos, enfrenta un reto enorme: adaptarse a un mundo que demanda rapidez, flexibilidad y, sobre todo, un enfoque centrado en el cliente. La digitalización debe ser el vehículo para devolver humanidad y sentido al servicio bancario, no una excusa para despersonalizarlo.
Una frase que me marcó durante una conferencia con líderes internacionales fue: “La tecnología no transforma empresas, las personas sí.”
Esto refleja que el verdadero motor del cambio es cada colaborador, cada equipo que asume el compromiso de romper paradigmas, de pensar diferente, de poner al cliente en el centro de cada decisión.
En Banco Santander, esta transformación debe apoyarse en tres pilares fundamentales:
1. Liderazgo comprometido y cercano
Los líderes deben ser ejemplos de esta nueva cultura digital. No basta con mandar implementar sistemas o procesos; es imprescindible inspirar, escuchar y acompañar a las personas en su aprendizaje y adaptación. El liderazgo auténtico abre espacios para la innovación y acepta el error como parte del crecimiento.
2. Formación constante y empoderamiento
La digitalización exige nuevas habilidades, no solo técnicas sino también de comunicación, colaboración y agilidad. Es vital crear programas de formación que permitan a todos, desde el cajero hasta el director de área, entender el valor de la experiencia digital y cómo ser agentes activos en su construcción.
3. Mentalidad centrada en el cliente
La tecnología debe facilitar la vida de las personas, no complicarla. Cada producto, cada proceso, cada interacción debe diseñarse pensando en la comodidad, rapidez y satisfacción del cliente. Esto requiere escuchar atentamente, analizar datos y adaptar la oferta a las necesidades reales, no a las internas.
Durante estos años, he sido testigo de esfuerzos notables dentro de Banco Santander para impulsar esta transformación. Sin embargo, los resultados más prometedores llegaron cuando estos pilares se combinaron con un enfoque colaborativo, donde diferentes áreas dejaron de trabajar aisladas para crear soluciones integrales y coherentes.
La tecnología digital es una gran oportunidad para Santander, pero solo si se entiende como un medio para humanizar el servicio y fortalecer la confianza con el cliente. La transformación digital debe ser también una transformación cultural profunda, que no deje a nadie atrás y que convierta a cada colaborador en un embajador del cambio.
En el próximo capítulo, exploraré algunas iniciativas concretas que están marcando el camino hacia esta nueva banca, y cómo podemos acelerar su adopción para hacer de Banco Santander el banco más cercano, innovador y confiable de México.
CAPÍTULO 6: LA NUEVA PROPUESTA DE VALOR — SUCURSALES CENTRADAS EN ESCUCHARTE
Durante años, las sucursales bancarias se diseñaron para mostrar solidez: pisos de mármol, escritorios formales, muros de cristal, sistemas de seguridad visibles. Pero hoy, esos símbolos generan lo contrario a lo que buscamos: cercanía, calidez y empatía. Los clientes ya no necesitan ver una bóveda para confiar; necesitan sentirse escuchados, comprendidos, valorados.
Nuestra propuesta de valor debe evolucionar. Ya no basta con ofrecer buenos productos; debemos crear experiencias que realmente conecten con las personas. Necesitamos transformar nuestras sucursales en espacios que escuchen antes de hablar, que guíen antes de vender, que inspiren confianza desde la empatía y no desde la rigidez.
La Sucursal del Futuro: “Centrados en Escucharte”
Imaginemos juntos esta nueva experiencia:
Llegas a tu sucursal y, en lugar de hacer fila, accedes previamente desde tu app para agendar una visita o resolver tu necesidad por videollamada. Al llegar, un anfitrión digital — o una persona capacitada para escuchar — te recibe, sabe quién eres, por qué estás ahí, y te acompaña de forma personalizada. No entras a un banco, entras a un espacio que te entiende.
La tecnología no reemplaza a las personas, las potencia. Y el diseño del espacio también cambia: áreas cómodas, sin barreras, con privacidad cuando se necesite, y con un ambiente que invite a conversar. En lugar de trámites, encuentras soluciones; en vez de obstáculos, oportunidades.
Este nuevo modelo rompe con la experiencia tradicional para ofrecer algo profundamente humano. Porque el futuro de la banca no es más tecnología por sí sola, sino más humanidad apoyada por la tecnología.
Tres elementos clave de esta propuesta
1. Anfitriones que guían, no que transfieren El cliente no debe pasar de una ventanilla a otra, de un asesor a otro. Un anfitrión capacitado escucha su necesidad y lo acompaña en todo el proceso, resolviéndolo de forma eficiente, o derivándolo con claridad y sin fricciones.
2. Interacción previa a la visita Antes de acudir físicamente, el cliente puede acceder a atención digital que lo oriente: chat, llamada o videollamada. Si es necesaria una visita, agenda fácilmente un horario específico, optimizando su tiempo y evitando filas.
3. Espacios humanos, no institucionales Las nuevas sucursales deben parecer más a un centro de experiencias que a una oficina gubernamental. Colores cálidos, mobiliario accesible, señalización clara y una atmósfera que invite a quedarse, no a huir.
Un modelo escalable y adaptable
Esta propuesta no pretende sustituir la tecnología, sino ponerla al servicio de una nueva cultura de atención. Es un modelo escalable, que puede adaptarse a sucursales grandes o pequeñas, en zonas urbanas o rurales, según las necesidades de cada comunidad. Porque escuchar también implica entender el contexto local.
En definitiva, se trata de construir un Santander más cercano, más humano, más eficaz. Donde cada cliente se sienta parte de algo más grande: un banco que escucha, que evoluciona, que pone a las personas al centro.
En los siguientes capítulos seguiré desarrollando cómo esta visión puede aplicarse a cada área del banco. Porque una experiencia verdaderamente transformadora no depende solo del diseño físico, sino de una cultura viva y coherente en cada punto de contacto con el cliente.
CAPITULO 7: LAS SUCURSALES BANCARIAS: ¿QUÉ PASARÁ CON ELLAS?
El dinero en efectivo está perdiendo relevancia. Cada vez contamos con más medios digitales para realizar pagos, y el efectivo se vuelve menos popular porque implica una logística compleja tanto para los bancos como para los usuarios, quienes deben desplazarse para obtenerlo. Detrás de cada billete que recibimos, hay todo un sistema logístico que lo hace posible.
La existencia de las sucursales bancarias nace de la necesidad histórica de tener un lugar seguro donde resguardar el dinero — una bóveda — y a la vez un punto de acceso físico para que las personas pudieran obtenerlo cuando lo necesitaran. En tiempos más recientes, los cajeros automáticos revolucionaron esta experiencia, acelerando y facilitando el acceso al efectivo sin necesidad de acudir a una sucursal.
Pero, ¿qué sigue ahora? El siguiente paso es hacer que el dinero sea aún más accesible, permitiendo que esté disponible en la palma de la mano, a través de un dispositivo que facilite pagos inmediatos y seguros.
En un futuro cercano, la desaparición del efectivo como método de pago reducirá la necesidad de contar con lugares físicos para obtenerlo. Si observamos la velocidad con la que la tecnología evoluciona y reemplaza antiguos sistemas, esta transformación es inevitable. Sin efectivo, la operación tradicional de las sucursales desaparecerá, y eventualmente también su función comercial de venta de productos, ya que muchas empresas han migrado sus servicios a entornos digitales.
Por eso, es fundamental prepararnos para ese futuro: un mundo en el que las soluciones financieras estén al alcance de nuestra mano, sin necesidad de desplazarnos. La tecnología actual debe enfocarse en resolver problemas cotidianos sin complicaciones ni movimientos innecesarios. Esa es la visión ideal para la banca del mañana.
CAPÍTULO 8: EL CAMINO POR DELANTE HACIA LA TRANSFORMACIÓN.
La transformación del modelo bancario no es solo una cuestión tecnológica ni de procesos. Es, sobre todo, una transformación cultural y humana. El cambio debe nacer desde adentro, desde cada persona que forma parte del banco, y extenderse hacia afuera, impactando la experiencia real de nuestros clientes.
Para lograrlo, debemos dejar atrás paradigmas obsoletos y abrirnos a nuevas formas de pensar y actuar. Esto implica escuchar más y hablar menos; entender profundamente las necesidades de quienes confían en nosotros; y ser ágiles para adaptarnos a un mundo que no espera.
La banca del futuro será digital, sí, pero también será cálida y cercana. Será eficiente, pero también humana. Será innovadora, pero nunca perderá de vista su propósito fundamental: servir a las personas y acompañarlas en su crecimiento financiero y personal.
Este camino no es sencillo ni rápido. Requiere valentía, compromiso y visión a largo plazo. Pero estoy convencido de que, si trabajamos juntos, podemos construir un banco que no solo ofrezca productos competitivos, sino que también genere experiencias significativas y duraderas.
En este proceso, la tecnología será una aliada poderosa, pero el verdadero motor del cambio serán las personas: colaboradores, clientes y comunidad. Sólo así lograremos que Banco Santander no solo sea un líder en México, sino un referente global en la manera de hacer banca.
El futuro está en nuestras manos. Es momento de actuar, de transformar y de escuchar.
Escrito el 20–04–2024. Publicado en Medium el 19–05–2025.
메타데이터
- post_id
- cbd5ccf80faa
- slug
- la-corbata-roja-cbd5ccf80faa
- url
- https://medium.com/@maredmx/la-corbata-roja-cbd5ccf80faa
- canonical_url
- https://medium.com/@maredmx/la-corbata-roja-cbd5ccf80faa
- author_url
- https://medium.com/@maredmx
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-06-29 22:44:20