¿Prohibición a comida chatarra e impuestos a refrescos son la solución?
Por Andrés Campuzano
¿Prohibición a comida chatarra e impuestos a refrescos son la solución?

Por Andrés Campuzano
@andrescampuzano
Luego de que el Congreso de Oaxaca aprobará que niñas, niños y adolescentes ya no podrán comprar ni refrescos ni comida chatarra otros estados consideran legislar sobre esto para que solo los mayores de edad puedan comprar estos productos. Recientemente, el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell indicó que el consumir ese tipo de bebidas y comidas eran motivos indirectos de la gravedad de la pandemia del coronavirus en México al ser las causas de comorbilidades como la obesidad.
Además de igualar a las clases sociales del mundo el coronavirus visibilizó la otra pandemia en nuestro país: la mala salud de sus ciudadanos. Obesidad, diabetes, hipertensión, son algunos de los padecimientos de los mexicanos.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en México se experimenta una reducción del PIB del 5.3% por obesidad. “Veneno embotellado”, lanzó López-Gatell sobre los refrescos y una medida a la que se recurrió para evitar su consumo fue el IEPS a las bebidas azucaradas. Sin embargo, no tuvo el efecto que buscaba pues se estima que un 73% de la población tiene obesidad y el 34% sufre de obesidad mórbida.
En octubre del año pasado un estudio realizado por el doctor en antropología Jaime Tomás Page y publicado en la revista Medicina Social evidenció una relación sólida entra la Coca-Cola y Chiapas debido a que en esa entidad los bebedores de Coca-Cola toman 2.25 litros cada 24 horas. El consumo se explica cuando los caciques de esa zona comenzaron a lucrar con las concesiones otorgadas a empresas refresqueras y satanizaron la bebida principal de poblados mayas, el aguardiente de caña, sustituyéndolo por el refresco.
No es casual que ese tipo de prácticas se repliquen en otros estados.
En las ciudades, por ejemplo, he visto como diversas marcas de refrescos se anuncian en cualquier espacio que les permite mantener sus ventas. Incluso en algunos restaurantes o fondas les ofrecen estas compañías dotarles de publicidad y el diseño de su menú en el que destaca el refresco como “compañía indispensable” de unos tacos o pozole.
Ese es el gran logro publicitario de esas marcas de refrescos. Y es uno legal y que constantemente renueva su estrategia.
Pero, ¿realmente la prohibición y los impuestos a estas bebidas y comidas chatarra son la solución? Lo dudo y mucho. Recuerdo como en Estado Unidos de Norteamérica se prohibió la venta y consumo de alcohol y Al Capone supo crear un imperio gracias a esa ley que propició la venta de alcohol cuyo proceso de elaboración era por demás cuestionable. Muertos también hubo y muchos debido a la pugna con la autoridad de ese país y grupos delincuenciales que se disputaban el territorio.
No hace mucho tiempo en los accesos principales de hoteles, restaurantes o comercios se encontraban ceniceros para las personas que fumaban. No era mal visto que las personas fumaran dentro de los establecimientos comerciales o salas de cine. La prohibición de la venta de cigarros a menores de edad maximizó la venta de tabaco por unidad. Los vendedores ambulantes que ofertan chicles o botana ganan más vendiendo cigarros sueltos a cualquiera, en especial a menores de edad o estudiantes.
Históricamente el prohibir la venta y consumo de algo ha tenido efectos contrarios a una posible solución.
Por eso no creo que la prohibición mediante leyes o el incremente de impuestos sea el camino que se debe seguir. El consumo de estas bebidas y alimentos chatarra son decisión personal, ya sea que una campaña publicitaria inserte la imperiosa necesidad de ingerirlo; la responsabilidad es totalmente del individuo.
Preferible es un plan integral de alimentación y una campaña permanente en medios de comunicación y en las instituciones de educación -de todos los niveles- que haga énfasis en comer bien, tomar agua y realizar algún deporte o actividad física. “La costumbre es más fuerte que el amor”, escribió Juan Gabriel y cambiar hábitos alimenticios es muy difícil sobre todo cuando en las familias el tomar refresco es una tradición.
Pero insisto, la solución no es prohibir. En el 2012 la prensa española destacaba que en Bolivia la compañía Mc McDonald’s pese a haber realizado “campañas imaginables” se vieron obligados a cerrar varios establecimientos porque, reconocieron la fuerte tradición alimenticia existente en ese país.
Tratar de desincentivar el consumo de refrescos con impuestos no es la solución, prohibir la venta a menores de edad de papitas o pastelitos, tampoco. En países de América Latina la discusión de este tema derivó en una pugna entre el gobierno y los poderes fácticos.
En México la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas el año pasado aseveró que “el impuesto a los refrescos es un impuesto a los pobres” y agregó que después de cinco años de múltiples análisis a los gravámenes sobre sus productos, “es clara y evidente esa conclusión, pues según estudios presentados por instituciones académicas, 57% de lo recaudado lo han pagado los mexicanos con menos recursos”.
Otra cuestión importante, ¿el impuesto a refrescos y prohibición de comida chatarra se traduce en una ingesta menor de calorías de sus consumidores que contribuye a la disminución de su peso?
No lo creo.
La crisis derivada por la pandemia del coronavirus ha ocasionado que muchos negocios cerraran de manera definitiva o han tenido que despedir a parte su personal. La tiendita o tendajón como se les conoce en la capital de Guerrero han podido resistir esta crisis gracias a que muchos de sus clientes hacen sus compras ahí e incluyen sus refrescos de cola. El refresco, cerveza y botana son un ingreso importante para estos negocios que se verán afectados en medida que se prohíba su venta en unos y se aumenten los impuestos en otros.
Entrevisté al dueño de una tienda cerca a mi casa y me aseveró que a partir del impuesto a los refrescos el único cambio es que sus clientes si acostumbraban comprar el tamaño de 2.5 litros ahora llevan el de dos y así sucesivamente, él vende diario 800 pesos de refrescos y de igual forma diario hace pedido a la empresa que le suerte el refresco de cola.
Sobre la compra de papitas y otras botanas que consideran comida chatarra dijo que es otro ingreso importante para su negocio y que además, muchos padres y madres compran en buena cantidad como parte de su canasta básica.
El hecho de prohibir la venta a menores de edad puede afectar sus ventas en tiempos del coronavirus.
Se pueden prohibir muchas cosas, pero el reto principal es cambiar malos hábitos. Y créanme, llevo más de 6 años sin tomar refresco y cotidianamente lucho por cambiar otros malos hábitos como la falta de practicar un deporte.
메타데이터
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