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Tiempo desperdiciado

#Columna

Jazmine García · 2025-01-01 14:59 · 0 claps · 2.2 min read
#miedo #sueños #feliz
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Tiempo desperdiciado

Columna

Niña con miedo de ser juzgada

Niña con miedo de ser juzgada

Hoy, una niña de 10 años no se ofrece voluntaria para ser protagonista de la función de Navidad de su colegio, a pesar de que sea su sueño. Ayer, un hombre de 28 no se apuntó a clases de salsa, aunque lo lleva posponiendo desde que tenía 15. Mañana, una mujer de 30 rechazará una cita que desea con todas sus fuerzas porque piensa que es “demasiado pronto”.

Hoy, una abuela de 73 primaveras decide ir al teatro, vestida con sus mejores galas: traje verde botella, abrigo de pelo negro, pendientes y colgante a juego, pintalabios rojo y bastante laca en el pelo. Se sienta en la segunda fila, butaca 7. Acompañada de su nostalgia, antes de que empiece el acto, cierra los ojos e imagina estar en el escenario: luces, nervios, repaso de sus frases, gárgaras para aclarar la voz. Folclore, plumas, diversión. Cumple su sueño, pero solo en sus sueños.

De pronto, se apagan los focos, el telón sube, y ella abre los ojos justo cuando los aplausos comienzan a sonar. Sus ojos color miel, ya abiertos, ven en el escenario a aquella chica que pudo ser, pero que, por miedo al “qué dirán”, nunca luchó por serlo. Arrepentida, agacha la cabeza; las manos le tiemblan. Empieza a caer tristeza por su rostro. Paloma piensa: “¡Ay! Ese día en la escuela… debí haber sido más valiente cuando pude. Ahora ya es tarde”.

Ayer, un hombre de 35 años tuvo un accidente de tráfico. Un kamikaze iba en dirección contraria. Julián volvía a casa, solo, escuchando su emisora preferida mientras reflexionaba consigo mismo: “Mañana tengo que recoger el pedido. Cuando llegue, debo tirar la basura y mandar a mi jefe el último cambio del proyecto”. Julián no tuvo tiempo para reaccionar: el kamikaze se dirigió hacia él sin darle tregua, como si ese fuera su destino.

Julián perdió sus dos piernas. Durante años, renegó de su vida. Su presencia gritaba pena, impotencia y amargura. Pero, con la ayuda de su familia y los especialistas, consiguió superar la depresión y ponerse prótesis en sus piernas. Lo primero que hizo tras su recuperación fue apuntarse a clases de baile.

Mañana, una mujer de 52 años, casada y con hijos, se levantará y pensará en ese amor que dejó marchar porque, según sus “amigos”, era demasiado pronto para tener nuevas citas tras su ruptura. Perdió el número. Nunca hubo un “después” ni un encuentro por mera casualidad. No conoció a su amor verdadero, y Marisa lo lamenta a diario. Aunque es feliz con su marido e hijos, siempre tendrá una espinita clavada en su corazón y el recuerdo de un “qué hubiéramos sido” en su mente.

No podemos ser felices con un constante “qué dirán” incrustado de forma innata en nuestros pensamientos. La vergüenza, el miedo y la falta de valentía se llevaron el trabajo de Paloma, el hobby de Julián y el amor de Marisa.

Estos ejemplos son ficticios, pero está en tu mano evitar que sucedan en tu vida. A nadie le importas tanto como para que valga la pena desperdiciar tus sueños. Manda ese mensaje, sal a correr, haz ese curso que deseas y, sobre todo, sé feliz y ama lo que haces cada día.


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