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Las señales de tu cuerpo que decides ignorar

Nuevas maneras de conectar con la intuición corpórea para tomar mejores decisiones.

Después del Cuento · 2026-07-02 01:23 · 1 claps · 7.0 min read
#desarrollo-personal #relaciones-personales #parejas
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Las señales de tu cuerpo que decides ignorar

Nuevas maneras de conectar con la intuición corpórea para tomar mejores decisiones.

Nevada, Estados Unidos. 2016

Nevada, Estados Unidos. 2016

La semana pasada tuve una ligera discusión con mi madre, mi lectora oficial del momento, acerca de una cuestión en mi artículo sobre el Tótem Gato. Se pronunció poco de acuerdo con mi premisa de que debemos hacer uso de la razón y la mente, para tomar mejores decisiones. Ella, que es terapeuta de profesión, me cuenta que la mayoría de los problemas importantes que ve en sus pacientes, es el apego tan fuerte que tienen a sus creencias. Muchos de ellos se encuentran atorados en situaciones, ya sea sentimentales, laborales o familiares que los están perjudicando, pero el uso de la razón no les ayuda a cambiar, porque se cuentan historias en la cabeza difíciles de alterar. Mucho de esto tiene que ver con vivir en una sociedad con expectativas predeterminadas, y el hecho de no lograr aquello puede crear sentimientos de culpa, miedo al rechazo o abandono. Entonces, si no es la capacidad cognitiva con la que contamos los seres humanos, ¿qué herramientas podemos usar, para orientar nuestro camino hacia resultados más favorables para nuestro bienestar?

Una respuesta que podría encontrar un consenso bastante grande, sería la intuición. Esa inteligencia cósmica que me trajo sumamente obsesionada varios de años de mi vida. De hecho, mi libro Travel de Free the Soul es una exploración del concepto de libertad, usando la intuición como mi brújula oficial para navegar en la vida. En un principio, con una corta edad de edad de 23 años y un narcisismo poco trabajado, quería demostrar al mundo cómo el camino del alma nos llevaría a lograr nuestros sueños. Ahora, puedo confirmar que seguir la llamada “intuición”, me ha traído en una montaña rusa con pocos periodos de estabilidad. No puedo decir que me arrepienta de mis decisiones, pero a lo mejor sí me hubiera gustado acortar las situaciones de sufrimiento, donde mi cuerpo me estaba gritando ¡AQUÍ NO ES! pero era incapaz de escuchar.

Desde mis vivencias a lo largo de los años, puedo confirmar que “la intuición” es algo muy difícil de leer. Ojalá pudiéramos tener un puente psíquico que nos conectara con la inteligencia divina, para evitar hacer tantas idioteces, pero eso no es así. Es importante considerar que la vida que buscaremos en el exterior, querrá hacer un match con lo que tenemos en nuestro interior. Si tenemos una herida de insuficiencia sin trabajar, con autoestima herida, vamos a atraer relaciones y situaciones que confirmen ese estado interno. Si no hemos logrado una auto-aprobación real, vamos a necesitar la validación en los demás. Entonces tomaremos decisiones amorosas o profesionales, por darle gusto a nuestros padres u otros miembros de nuestro círculo social, lo que llevará a una eventual inconformidad en nuestra vida. De allí el comentario de mi madre, de cómo el uso de la cabeza en realidad puede ser contraproducente. Pero yo le respondí, que si las personas leyeran más, tendrían mejores herramientas para entender el porqué de sus malestares. Definitivamente para mi vida, la lectura ha sido un factor sumamente determinante en mi desarrollo como mujer. Pero esa es sólo una de las herramientas. El trabajo se tiene que llevar a cabo con distintos frentes.

Es así como considero que la intuición es una herramienta peligrosa para la toma decisiones. O sea sí, las mariposas que sientes son reales, las ganas por tomar acción hacia ese rumbo se siente claro. Pero esa corazonada puede venir de la niña o niño herido, de tu ego con ganas de confirmar tu razón, o de seguir el paradigma social con determinismos. Por otro lado pienso que eso está bien, porque aprendemos mucho más cuando fracasamos y cometemos errores, que cuando las cosas nos salen bien. Desde mis experiencias, cada vez que he caído, el Universo me brinda una nueva oportunidad para crecer y evolucionar. Y por supuesto que el aprendizaje no es lineal, no necesariamente aprendemos la lección poco después de haber fallado, pero si el trabajo personal sigue su curso, eventualmente las piezas caerán en su lugar.

La vida es la escuela más grande, porque además de buscar la felicidad, venimos a resolver cuestiones familiares, heridas de la infancia y sanar el linaje. Si no, ¿cuál sería el interés? Claramente el objetivo sería orientarnos hacia una alineación más real con nuestro camino álmico, venir a esta tierra a cumplir nuestro mayor potencial. Y como no somos seres iluminados, se trata de aceptar que venimos a fallar para aprender. En ese sentido me parece que el camino de seguir la intuición como brújula es interesante, en mi caso lo ha sido, porque me ha dado mucha sabiduría a raíz de mis fracasos. Pero ahora quiero hablar de un lenguaje muy importante que tenemos que escuchar, para saber cuándo ese camino que tomaste, ya no es para ti. Cuando el cuerpo comunica mensajes.

Accionar me parece sano, hay que probar cosas diferentes, tomar riesgos, vivir el enamoramiento aunque nos rompan el corazón. Intentar distintos negocios o rubros profesionales, porque hay que entender lo que no nos gusta para saber qué sí. Yo realmente creo que al Universo le gusta más tenernos experimentando que estancados, con miedo a salir de nuestra zona de confort. Pero llega un momento donde nos aferramos a permanecer en algo que ya no es para nosotros. La intuición nos habla, en el lenguaje de los sueños aparecen mensajes, pero optamos por no escuchar. Entonces el cuerpo decide convertirse en un nuevo mensajero, y cuando llegamos a este punto, es porque realmente estamos desalineados de dónde debemos estar.

El primer y más evidente síntoma que yo desarrollé fue el insomnio. Empezó alrededor de los dos años antes de la terminación de mi relación con Hugo. Mi sistema nervioso estaba en alerta, estaba durmiendo con un depredador, algo de lo que no estaba consciente. Pero en el mundo nos enseñan a tratar los síntomas, nos hacen pensar que la falta de salud es normal, sin fomentar una búsqueda mayor por la causalidad. Todo tiene soluciones con fármacos, o mismo con medicina naturista. Pero sería interesante poder incorporar una sabiduría común, que nos enseñe que esos síntomas podrían ser la consecuencia de un vínculo amoroso caduco, o un camino profesional erróneo, por nombrar un par de ejemplos.

Además del insomnio, también tuve varias molestias y momentos sumamente incómodos practicando deportes con Hugo. Me la pasaba mal, acababa agotada, me puse en riesgo varias veces, pero la más determinante fue cuando me caí del gimnasio de escalada y me rompí el ligamento cruzado de la rodilla. Esa fue la primera señal de mi cuerpo que sí entendí, no podía seguir practicando deportes con ese sujeto de la misma manera. Tuve que poner toda mi energía en mi rehabilitación, orientando mis esfuerzos hacia otra dirección. Todavía no estaba preparada para entender que mi relación era un pantano nauseabundo, porque YO había decidido casarme con ÉL, en frente de 170 testigos. Debía sostener mi compromiso y seguir luchando por la relación. Era miserable, el tipo me daba migajas de afecto mientras se ocupaba todo el día en sus actividades. Era un fantasma y vivía aislada en un pueblucho portugués. Tenía la rodilla rota, trastornos de sueño, y además un aborto espontáneo a las 11 semanas. Todo al mismo tiempo… Recuerdo cómo me sentí saliendo de una intervención de plasma que tuve en la rodilla, con un cuerpo totalmente debilitado. Me dije “nunca me he sentido tan rota en mi vida”.

Ojalá eso hubiera sido suficiente para entender que el problema principal era el marido que había escogido, la fuente primaria de todas mis dolencias. Pero no, todavía seguí luchando y postergando lo que era inminente: la terminación de esa espantosa relación. Me aferré hasta el final, seguí durmiendo cada vez peor, al punto de acabar medicada una semana con Zolpidem.

¿Porqué tenemos que llegar a esos niveles de sufrimiento antes de poner fin a eso que tanto daño nos hace? Y mi respuesta sería: por la virtud de la perseverancia. Vivimos en una sociedad que nos dice que el trabajo constante, disciplina y esfuerzo, nos lleva a los mejores resultados. Cuando te casas haces un compromiso supuestamente de por vida. Nos inculcan los valores de familia, nos dicen que los niños con padres divorciados sufren más, dificultando sus caminos más adelante. Por esa y otras razones, el permanecer en un vínculo es virtuoso, el deshacerlo es fracasar. ¿Cuánta gente se queda miserablemente en relaciones tortuosas? Todo por el valor del compromiso, la virtud de la perseverancia. Un miedo terrible a afrontar el “qué dirán”. Vivimos en una sociedad que fomenta más el quedarse, el permanecer. Y en muchos casos está perfecto, pero cuando el cuerpo está somatizando el estrés que causa estar allí, nos estamos haciendo mucho daño.

En el ámbito profesional es lo mismo. Recuerdo muy bien la historia de un tío que me contó de un periodo en el que trabajó para una mujer terrible, y acabó desarrollando un tumor en el estómago del estrés. Afortunadamente entendió que estar allí lo estaba perjudicando, decidió dejar ese trabajo, poco después recuperó su salud.

Ojalá estuviera más integrado en nuestro sistema médico, un diagnóstico primario para entender las situaciones de vida de una persona, antes de buscar curar el síntoma. Porque un tratamiento sí puede curar o mejorar el problema, pero si el estrés y la inconformidad persisten, el cuerpo lo somatizará en algo más. O también estaremos dando demasiado poder a “la pastilla milagrosa” para seguir olvidándonos del síntoma. Yo hubiera podido optar por la vía del clonazepam, pero he querido abordar mis temas para dormir desde una manera más integral. Tuve que quitar elementos de mi vida que me quitaban la paz. Primero fue la relación tóxica, luego el vivir en casa de mis papás, recientemente fue mi último trabajo con una jefa abusiva. También estableciendo horarios de sueño más estrictos.

Otra cosa que me gustaría ver más adelante, sería una sociedad más permisiva con el arte de la renuncia sobre la permanencia. Dejar un matrimonio que te hace sufrir no es fracasar, es tener valor, escoger tu paz y reorientar tu vida. Cambiar de opinión sobre tu camino profesional es abrirte a nuevas experiencias, nuevos lugares. Porque el estar donde uno no tiene que estar, tiene un costo grande a pagar, y muchas veces, acaba siendo la salud.

Yo sigo trabajando en encontrar una vida que se alinee realmente a lo que soy. Seguiré mi intuición, escucharé mi cuerpo, actuaré con valentía cuando sepa que algo ya no es para mí. Espero nunca más llegar a una situación tan extrema como lo que viví en mi matrimonio. Esta vez actuaré más rápido Universo, estaré atenta a tus mensajes…


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