Abuztua
Agosto y la experiencia del don.
Abuztua
El que se dio cuenta fue el Deivid.
Con la precisión quirúrgica que le caracteriza cuando explica un juego de mesa, nuestro amigo descifró el mecanismo según el cual Koldo se hacía su agosto bebiendo de nuestra empecinada costumbre de cultivar la lengua castellana. ¿Habrá que sumarlo al Splitwise?
Hacer su agosto es una expresión propia del verano boreal que designa la capacidad de lograr, tal como explica Gemini sin que nadie le pregunte, “un gran éxito financiero o beneficio económico, especialmente aprovechando una oportunidad favorable”.
La oportunidad favorable en este caso era el descanso estival de un grupo de amigos procedentes de Madrid, once adultos y catorce niños, en un pueblo del Valle de Baztán.
Koldo (el nombre lo supe después) era el dueño de la tienda colindante con nuestra casa, a la que acudíamos para comprar alguna cosa, sobre todo si era pequeña, digamos puntual, es decir, ajena al listado de la compra más grande que debía de hacerse en el supermercado situado a unos cuantos kilómetros de distancia.
Se ve que el tío (en vasco se dice osaba, que parece japonés) se hacía su agosto computando el coste final de la compra sobre la base de una relativa plusvalía que se encargaba de disfrazar detrás de un manejo rústico del todavía más rústico teclado de la caja registradora. Antigua práctica dialéctica, que diría Álvaro: la teoría de la revolución permanente.
Al margen de la anécdota, la expresión “hacer su agosto” me resulta pertinente para pensar esta última semana, la primera del citado mes.
¿Y si existiera otra manera de narrar la octava página del calendario que no consistiera ya en usufructuar de ciertos márgenes de ganancia?
¿Y si hubiera una razón más adecuada para hacerse del mes vacacional por excelencia en el hemisferio norte?
¿Y si tal razón tratara, en rigor, de algo distinto de la lógica estrictamente económica?
Es decir (y aquí llegamos, finalmente, al punto): ¿y si pudiera hacerse el agosto bajo los parámetros, ya no de una ventaja rentística, sino de la humanísima experiencia del don?
Pensándolo desde las manos de Koldo, algo así supondría que, incluso abroquelado en un euskera precavido, nos ofreciera en cada compra un obsequio como cortesía de la casa.
Pero sé que lo que insinúo es poco menos que absurdo, que el compromiso del compañero Koldo con la resistencia a la opresión es inclaudicable, aunque otro gallo cantaría si la cosa se dirimiera jugando al código secreto, así que mejor inclinarse por la realidad: para mí la humanísima experiencia del don sí ha sucedido…
Sucedió en la comarca, durante la primera semana del octavo mes de este año. Y esta ha sido para mí la forma más verdadera de hacer mi agosto. Veamos.
Javierito me pregunta si soy un tío, pero no en el sentido de osaba que referíamos antes, sino en aquel según el cual él podría considerarse, por su parte, mi iloba. Sofía quiere volar y lo consigue. Carmen sonríe y señala a su hermano bebé, del que la separan apenas quince meses. Pilar sigue los pasos de Isa, que sigue los pasos de Maca, que enseña a todos un modo de crecer. Las dos Guadas pasean y juegan, juntas o separadas, en una órbita que va desde la máxima cortesía a la más encantadora desfachatez. Los Migueles duermen, cuando no comen, casi tanto como Sonso, su coetánea, que observa todo con una mirada rebosante de asombro. Pipe y Gonzalo, por otro lado, se zambullen felices al fondo del río e intercambian pareceres sobre el oficio de encontrar un bastón.
Santi es el que hace -no solamente- el asado y Gemma prepara con clase -no solamente- el salmón: en esa unión cabe todo un universo. Álvaro y Amalia nos apadrinan a todos, con una mirada de sosiego y un gesto de ternura. David e Inma celebran diez años caminando juntos y me recuerdan que cada día puede ser un verdadero motivo de celebración. Livia e Ignacio se complementan como si bailaran, y su baile es una forma siempre nueva de alabanza. Javier y Natalia me regalan una amistad sin fronteras, asistida por dos maneras singularísimas de ser genial.
Juanito, mientras tanto, intercede por todos en silencio.
Agosto en euskera se dice abuztua.

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