La apatía internacional hacia los refugiados rohinyás
El trato y abandono continuado al pueblo olvidado
La apatía internacional hacia los refugiados rohinyás
El trato y abandono continuado al pueblo olvidado
Paula Vázquez Mouriz
El 9 de abril de 2025, el presidente de Indonesia, Prabowo Subianto, anunció que se ofrecían a acoger a los refugiados palestinos que lo necesitasen. “Estamos listos para evacuar a los heridos, traumatizados y huérfanos. Cualquier persona que el Gobierno palestino y todas las partes involucradas consideren necesaria y que desee ser evacuada a Indonesia”, anunció.
El plan de acogida incluía a unas 1.000 personas en la primera fase, y el presidente declaró que el ministro indonesio de Exteriores, Sugiono, viajará para tratar con el Gobierno palestino los detalles. Sin embargo, Subianto recalcó que “cuando se recuperen y la situación en Gaza haya mejorado, deberán regresar a sus zonas de origen”. Por lo tanto, Indonesia ha optado por una política de acogida, pero temporal.
El año pasado, aun en el mandato del presidente indonesio Joko Widodo, hubo una alerta masiva por la llegada de rohinyás a las costas de Indonesia, en especial a la provincia de Aceh, una de las primeras regiones del país en ser convertidas al Islam y donde actualmente es la religión mayoritaria. Los habitantes protestaron contra la llegada de rohinyás e incluso impidieron la entrada de embarcaciones.
En un reportaje de *France 24*, una residente de Aceh, Ella Septia, explicaba que los indonesios se negaban a aceptarlos porque “ya tienen mucha gente pobre” y que los rohinyás “son una mala influencia por el sexo y las drogas”. Esta idea entre los habitantes estaba reforzada por la declaración de Widodo, el mismo año, en la que especifica que “sospechan que se trata de una red de tráfico de personas”.
Rohinyás esperando a ser rescatados tras un naufragio cerca de la costa de Indonesia. Fuente: Reuters
Para Gemma Pinyol, doctora en Ciencia Política y Relaciones Internacionales y directora de políticas migratorias y diversidad en Instrategies (un think & do especializado en temas internacionales), la diferencia de trato de Indonesia entre los refugiados rohinyás y los palestinos es un claro ejemplo de “intentar demostrar que tienen una posición de respeto a los derechos humanos y de solidaridad”. Explica que “siempre ha habido históricamente una tendencia a utilizar el tema del refugio para posicionarte en un espacio de solidaridad internacional, y cuanto más lejos está este colectivo, más apoyo le das”.
Lo significativo de este anuncio de Indonesia reside en el concepto temporal. “Las personas palestinas no quieren irse del país y cuando se marchan es a países cercanos para volver. Huyen porque los bombardean, y los que salen del país quieren volver lo antes posible” declara Pinyol.
El apoyo a los palestinos se alinea con la identidad musulmana de Indonesia y gana una fuerte aprobación pública y política, explica Hasan
Azimul Hasan, fotógrafo rohinyá y miembro del equipo de medios de la ONG Fortify Rights, coincide con esta visión. Para él, el diferente enfoque de Indonesia entre los rohinyás y los palestinos refleja el sentimiento interno y la estrategia política. “Si bien una vez ayudó a los rohinyás, el temor público al asentamiento a largo plazo y la tensión social han generado resistencia. Por el contrario, el apoyo a los palestinos se alinea con la identidad musulmana de Indonesia y gana una fuerte aprobación pública y política, lo que lo convierte en un gesto más seguro y simbólico”.
Por ello, Pinyol afirma que, en el caso de Indonesia, lo que vale es el mensaje de solidaridad, “no quieren que vengan 300.000 palestinos a su territorio, por lo tanto, las personas que tienen cerca de la frontera, tampoco les interesan”.
En cambio, Oriol Farrés, licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración con especialización en Relaciones Internaciones por la Universidad Autónoma de Barcelona, cree que es por no fomentar un “efecto llamada”, ya que cientos de rohinyás ya se desplazan voluntariamente a Indonesia, arriesgando su vida en un peligroso viaje por mar y un anuncio así los movilizaría hacia el país.
[embed]Asilos temporales que ofrece Indonesia a los rohinyás. Fuente: France 24
Este rechazo de Indonesia viene influido por el tema del tráfico de personas. En junio del año pasado, en Indonesia detuvieron a tres personas de Myanmar por traficar con rohinyás. El creciente flujo de personas rohinyás a las costas indonesias se debe una incipiente inseguridad en los campamentos de refugiados en Bangladés, que ya anunciaba ACNUR en febrero del 2024.
En febrero de este año se detectó una nueva oleada de violencia en los campamentos de Bangladés debido a la violencia entre bandas armadas rohinyás: la Organización de Solidaridad Rohingya (RSO) y el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán (ARSA). El objetivo de ambas es liberar al pueblo rohinyá de la opresión de la Junta Militar en Myanmar, pero, John Quinley, director de la ONG Fortify Rights y que documenta las violaciones a los derechos de los rohinyás, afirma que entre marzo y mayo del año pasado, 1.700 rohinyás fueron reclutados contra su voluntad por estas bandas armadas.
La situación en Bangladés cada vez es más insostenible debido a la superpoblación en los campos, a la que se suma la reciente retirada de financiación de EE.UU. a organizaciones internacionales y, por consiguiente, del envío de ayuda humanitaria a los refugiados.
“Los rohinyás no pueden llegar a ningún otro país que no sea Bangladés a pedir refugio porque no tienen dinero” explica la profesora Penny Green a la BBC
Por ambos motivos, actualmente muchos refugiados rohinyás optan por embarcarse hacia Indonesia, aunque eso suponga entrar en una red de tráfico de personas o perder la vida en el mar. Penny Green, de la Universidad Queen Mary de Londres, explica a la BBC que los rohinyás no pueden llegar a ningún otro país que no sea Bangladés a pedir refugio, porque no tienen dinero y, por lo tanto, se ven obligados a pagar cantidades desorbitadas para embarcarse. Viajan ilegalmente sin ciudadanía ni pasaporte y si no pagan el viaje, los contrabandistas los llevan a campamentos secretos en la selva y los dejan morir de hambre.
En enero de 2025, los países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) se reunieron para buscar soluciones contra el progresivo auge de la trata de personas en el sudeste asiático, pero no hubo una resolución concreta sobre este asunto.
La mirada ciega de Bangladés
En 2017, un grupo de insurgentes rohinyás lanzaron una ofensiva en Myanmar que, según la televisión de Estado de Myanmar, mató a 12 soldados, y esto desencadenó otra oleada de persecución por parte de las fuerzas del Estado, y la posterior llegada de más de 723.000 refugiados rohinyá a Bangladés en agosto del 2018.
Kutupalong es un campamento de refugiados en Bangladés que fue creado para acoger a los rohinyás que huyeron de Myanmar por la Operación Nación Limpia y Hermosa (Operación Pyi Thaya) en 1992, que consistía en expulsar a los “extranjeros” (personas que la Constitución no consideraba ciudadanos como los rohinyás), así como capturar a los insurgentes de la RSO.

Vista panorámica del campamento de Kutupalong. Fuente: Tomorrow City
Después de la ofensiva del 2017, y la llegada de casi toda la población rohinyá de Myanmar, actualmente es el campo de refugiados más grande del mundo. Su amplitud es de tal magnitud que en 2020 un sector del campo (Extensión del Campo 4) se empezó a considerar como una ciudad por los propios rohinyás. No obstante, la localización del campamento es vulnerable a las lluvias monzónicas y por la cantidad de personas que viven allí, lleva al límite la ayuda humanitaria.
En 2018, más de 500.000 rohinyás vivían en Bangladés, pero el país solo tenía registrado oficialmente a 32.000 porque no se había registrado a ningún rohinyá desde 1992. Una medida disuasoria para negar la existencia de los refugiados, pero justificada como un intento de que no llegaran más rohinyás a buscar refugio al país. Esta coyuntura llevó a que casi medio millón de refugiados rohinyá estuvieran indocumentados y, por lo tanto, no tuvieran derecho a acceder a un trabajo, a educación o sanidad básica. Una situación similar a la que vivían en Myanmar, pero sin la violencia directa que las fuerzas gubernamentales birmanas implementaban.
Sin embargo, ese 2018, la ONU y el Gobierno de Bangladés iniciaron el registro formal de los refugiados rohinyás, y según un informe de Humanitarian Action, el 31 de diciembre de 2024 ya estaban registrados aproximadamente 1.005.520 refugiados.
Otra de las medidas que propuso el Gobierno de Bangladés en 2018 y que se siguen arrastrando hasta 2025 es un plan para trasladar a los refugiados a Bhasan Char, una isla remota en el golfo de Bengala. Se especula que esta medida se tomó para que la crisis de los rohinyás no afectara al turismo, alejándolos del centro turístico de Cox’s Bazar.

Mapa de localización de la isla Bhasan Char. Fuente: The Economist
Según el medio local bangladesí New Age, una encuesta realizada por la policía del distrito Cox’s Bazar mostró que el 87% de rohinyás se negaba a desplazarse a esta isla. Las razones eran el temor al aislamiento, la falta de ayuda y la inhabilitación para instalar asentamientos sanitarios en la isla.
“El traslado de rohinyás a las islas se basa en colocar a los refugiados en un territorio del país que tienen abandonado y dejarlos allí” afirma Pinyol
En 2020, se inició este plan y se reubicaron a más de 1.600 refugiados rohinyás. El argumento de las autoridades bangladesíes fue la “necesidad de aliviar la superpoblación”. No obstante, el Ministro de Asuntos Exteriores de Bangladés, Abdul Momen, aseguró que “el Gobierno no llevará a nadie a Bhasan Char por la fuerza”, argumento que contradijo la organización internacional Human Rights Watch, que aseguró que 4.000 refugiados iban a ser reubicados de manera forzosa, es decir, sin consultarlo con ellos previamente y sin su consentimiento.
Azimul Hasan declara que muchos se vieron forzados y que tenían preocupaciones por la seguridad, el aislamiento y la falta de libertad. “Aunque el Gobierno lo calificó de solución al hacinamiento, la mayoría de los refugiados consideraron que empeoraba su situación”, afirma.
Oriol Farrés piensa que el plan de Bangladés es una acción contraproducente y que puede agravar más el problema de los rohinyás. “Se trata de un pueblo sin Estado, abandonado a su suerte y asediado en su territorio, y, desde el punto de vista de los posibles Estados que los acojan, son refugiados sin una perspectiva clara de retorno, por tanto, población de la que tendrán que hacerse cargo”.
Por otro lado, Gemma Pinyol considera que este traslado de rohinyás a las islas se basa en colocar a los refugiados en un territorio del país que tienen abandonado y dejarlos allí.
El abuso de las autoridades indias
Bangladés no es el único país que está forzando a los rohinyás a marchar. India, país en el que se estima que actualmente acoge a 40.000 refugiados rohinyás, ya empezó en 2018 a repatriar a rohinyás que consideraban “inmigrantes ilegales”, es decir, que estaban indocumentados.
Este mayo de 2025, refugiados rohinyás han pedido a la ONU que inicien una investigación a las autoridades indias por arrojar decenas de rohinyás al mar cerca de Myanmar desde sus buques navales. Las acusaciones incluyen el haber sido lanzados al mar usando únicamente chalecos salvavidas.
[embed]Testimonio de un rohinyá sobre el trato de las autoridades indias. Fuente: Associated Press
En un comunicado del 15 de mayo de 2025, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos informó de que “al menos 40 refugiados rohinyás fueron detenidos en Nueva Delhi y arrojados al mar por la Armada india cerca de la frontera marítima con Myanmar”. Entre los refugiados hay niños, mujeres y ancianos, y según la agencia “lograron llegar a la costa de Rakáin nadando, pero se desconoce su paradero en Myanmar”.
Tom Andrews, Relator Especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Myanmar, ha declarado que “la idea de que refugiados rohinyás hayan sido arrojados al mar desde buques de guerra es absolutamente indignante. Busco más información y testimonios sobre estos acontecimientos e imploro al Gobierno indio que proporcione un informe completo de lo sucedido”. Él mismo envió, el 3 de marzo de este año, un comunicado al Gobierno de la India en el que expresaba su preocupación por la detención generalizada, arbitraria e indefinida de refugiados y solicitantes de asilo, incluidos los refugiados rohinyá.
“Es una de las peores formas de persecución que ha llevado a cabo el Gobierno indio” dice Hasan
Azimul Hasan confirma que esto lleva sucediendo desde hace tiempo porque “India no reconoce oficialmente a los refugiados rohinyás y ha estado deportándolos, en parte debido a preocupaciones de seguridad y para mantener buenos lazos con Myanmar.” En 2021, se anunció que India había comenzado a deportar a más de 150 refugiados rohinyá a Myanmar. Este proceso de deportación fue promovido por el Gobierno nacionalista hindú del primer ministro, Narenda Modi, que ve “a la comunidad rohinyá como inmigrantes ilegales y un riesgo para la seguridad del país”.
“Estos retornos forzados ponen a los rohinyás en gran riesgo. Incluso mi tía y su hijo han sido detenidos por las autoridades indias y luego deportados a Myanmar sin ninguna preocupación por su seguridad. Esta es una de las peores formas de persecución que ha llevado a cabo el Gobierno indio”, explica Hasan.
El inexistente apoyo de la ASEAN
Debido a que esta situación afecta a parte del sudeste asiático, el punto de mira para resolver el conflicto ha estado en la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). En 2021, la ASEAN presentó un plan de consenso de cinco puntos para poner fin a esta violencia y nombró un enviado especial para consolidar el diálogo con todas las partes en el conflicto. Sin embargo, en un artículo de enero de 2024 del Instituto Australiano de Asuntos Internacionales, se explica que los miembros de la asociación están divididos en su respuesta al régimen militar de Myanmar, dadas las relaciones que mantienen con el país. Además del principio de no injerencia de la ASEAN como una de las bases fundamentales de las relaciones regionales entre los Estados miembros.
“La ASEAN ha mostrado la debilidad de la organización para ir más allá de temas de colaboración económica o comercial”, explica Pinyol.
“ASEAN se ha visto puesta ante un examen que ha suspendido”, declara Gemma Pinyol. Según Pinyol, a pesar de que el sudeste asiático siempre ha sido una zona con una gran movilidad de refugiados, carecen de medidas de protección a estos y, a diferencia de otras regiones del mundo, nunca ha tenido una política de refugio específica. “La ASEAN frente la crisis de los rohinyás ha quedado en evidencia y ha mostrado la debilidad de la organización para ir más allá de temas de colaboración económica o comercial”, dice Pinyol.
Oriol Farrés cree que “encaja bastante con la forma habitual de proceder de la ASEAN, que tiene como una de sus prioridades la no interferencia en los temas domésticos de los Estados miembros, lo que se conoce como ASEAN way”.

Última reunión de los miembros de la ASEAN en Malasia. Fuente: Bernama
En el caso de Indonesia, el país ha acogido a rohinyás desde las primeras oleadas del conflicto, y en 2024 se calcula que 1.500 rohinyás residían en diversas localidades del país. No obstante, a finales de 2023 pidió al ACNUR que persuadiera a otros países para que reasentaran a los rohinyás. Una petición insólita, teniendo en cuenta que Indonesia es trece veces más grande que Bangladés y, que este último, ha acogido a miles de rohinyá durante los últimos siete años.
“Los miembros de la ASEAN están divididos y fragmentados por su relación con Myanmar” explica Oriol Farrés
Otro caso sería el de Malasia, Estado miembro, también de mayoría musulmana, que en 2024 albergaba unos 185.000 refugiados, de los cuales 107.520 son rohinyás. Malasia ha criticado abiertamente el trato que Myanmar da a los rohinyás y ha pedido a la ASEAN que investigue las presuntas atrocidades cometidas contra ellos, pero esta demanda, no ha supuesto ningún plan de actuación.

Gráfico de los 10 países miembros de la ASEAN. Fuente: 3S Nexus
Esta diferencia de posiciones respecto a los rohinyás de países miembros de la ASEAN es lo que Oriol Farrés afirma ser “el problema de la ASEAN”. Farrés piensa que cada miembro de la Asociación se pronuncia respecto el conflicto y la crisis de refugiados, pero ninguno lleva a cabo las medidas que declaran. Según él, los miembros de la ASEAN “están divididos y fragmentados por su relación con Myanmar”.
El fracaso de la cooperación internacional
Desde que estalló el conflicto en 2017, diversas organizaciones internacionales como ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados) u OIM (Organización Internacional para las Migraciones) han aportado ayuda económica y humanitaria al campo de refugiados de Kutupalong, en Bangladés, pero con los actuales conflictos en Palestina y Ucrania, la ayuda a los rohinyás se ha reducido considerablemente.
El 16 de febrero de 2023, la ONU alertó que los rohinyás sufrirían consecuencias devastadoras por la reducción del presupuesto del Programa Mundial de Alimentos, pero gracias a los donantes en enero de 2024 aumentaron mensualmente dos dólares para las asignaciones de comida por persona en los campos de Bangladés. Médicos Sin Fronteras publicó en agosto del mismo año una noticia dónde especificaba que “aunque el acceso a alimentos, agua y atención sanitaria depende por completo de la ayuda humanitaria internacional, en los últimos dos años, el compromiso de la comunidad internacional con el llamamiento de financiación humanitaria de la ONU ha ido disminuyendo”. La organización explica que del 70% de financiación que tenían en 2021, pasaron aún 30% en el 2023.

Gráfico de las necesidades que más denuncian los hogares de los refugiados rohinyás. Fuente: ACNUR
Además, la pausa de financiación de EE.UU. en las ayudas a organizaciones internacionales, que comenzó el 24 de enero de 2025, ha supuesto un duro golpe. El 4 de febrero de 2025, la ONU anunció que esto significaría la pérdida de acceso a servicios fundamentales de salud materna y reproductiva, afectando a casi 600.000 refugiados rohinyás, en particular a las mujeres. El mismo mes, UNICEF lanzó un comunicado advirtiendo que “el número de niños que necesitan tratamiento de emergencia por desnutrición aguda en los campos de refugiados rohinyá en Bangladés ha aumentado un 27% en comparación con el mismo período del año pasado” Esto significaría que más de 500.000 niños rohinyás están enfrentando altos niveles de desnutrición.
Rohinyás cocinando en el campo de Kutupalong. Fuente: ACNUR
En marzo de 2025, según Europa Press, la Unión Europea anunció que se dedicarían 76 millones de euros en ayuda humanitaria, tanto para los rohinyás en Bangladés como en Myanmar, donde según Amnistia Internacional en octubre de 2024 aún vivían más de 600.000 rohinyás. Sin embargo, a finales del mismo mes, tanto ACNUR como OIM emitieron un comunicado de prensa pidiendo a la comunidad internacional que intensificase el apoyo a la población refugiada rohinyá. Solicitaban unos 934,5 millones de dólares para salvar la vida de 1,5 millones de personas
A finales de abril de este año, otra ofensiva militar ha provocado que alrededor de 113.000 rohinyás se desplacen a Bangladés. ACNUR escribió a la oficina del Comisionado de Ayuda a los Refugiados y Repatriación (RRRC) para organizar el alojamiento a los rohinyás recién llegados, según confirmo el Comisionado del RRRC, Mohammed Mizanur Rahman. Aun así, el Gobierno de Bangladés no ha dado ninguna respuesta oficial.
La misma semana de la nueva ofensiva militar de Myanmar, Japón y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) firmaron un acuerdo de 3,5 millones de dólares para apoyar un plan integral destinado a mejorar las condiciones de vida de los refugiados rohinyá y las comunidades anfitrionas en Cox’s Bazar, centro de Bangladés, y en Bhasan Char, isla remota en la Bahía de Bengala.
Desvanecimiento mediático
Aún hay medios internacionales como Al Jaeezera o la BBC que van mostrando puntualmente la situación de los rohinyás. No obstante, el tema ha quedado completamente opacado por el conjunto de conflictos internacionales que están sucediendo estos últimos años. Actualmente, son las organizaciones internacionales como la ONU o Amnistía Internacional las que siguen su situación y sacan informes sobre la reducción de recursos y piden ayuda financiera para este 2025.
“Tristemente, el lento goteo de muertes no es noticia”, dice Farrés.
Según Oriol Farrés, la cobertura en temas asiáticos, y en concreto del sudeste asiático, en los medios españoles es muy puntual. Solo se muestran conflictos cuando internacionalmente se pone el punto de mira, es decir, el mundo anglosajón, o si un corresponsal puede elevar la noticia. “Debe ser una verdadera crisis humanitaria, en el pico álgido. Tristemente, el lento goteo de muertes no es noticia”, declara Farrés.
“La atención mundial ha cambiado hacia conflictos de alto perfil como Ucrania y Gaza” explica Hasan
Azimul Hasan, como fotógrafo, cree que la crisis de los rohinyás rara vez aparece en los medios porque actualmente la atención mundial ha cambiado hacia conflictos de alto perfil como Ucrania y Gaza. “La cobertura de los medios a menudo sigue la política global, y las crisis a largo plazo como la nuestra pierden visibilidad con el tiempo”. Cómo rohinyá, él utiliza la fotografía para mantener viva su historia.
“Los rohinyas no es gente que no tuviera estado, es un Estado que no quiere reconocer a la gente que tiene en su territorio” explica Pinyol
Además, organizaciones internacionales como Médicos Sin Fronteras (MSF) se refiere a los rohinyás como “personas sin Estado” (stateless). Según Gemma Pinyol, esto implica que la comunidad internacional renuncia a tratar el tema como personas refugiadas. “Es una forma de cambiarle su lógica, esto no es gente que no tuviera estado, es un Estado que no quiere reconocer a la gente que tiene en su territorio, y eso es un debate en término de derechos internacionales”, explica.
Que las grandes organizaciones internacionales designen a los rohinyás como “la mayor población desplazada sin Estado del mundo” provoca, según Pinyol, que “estamos reconociendo que lo que ha hecho Myanmar es correcto. Y al no tener Estado caen aún más en la lista de personas más olvidadas”.
DESPIECE
Origen del conflicto
Los rohinyás son una etnia musulmana de las 135 que viven en Myanmar, sin embargo, no está reconocida como tal. Esta etnia vive en el estado de Rakáin, antes conocido como Arakan, situado en la costa occidental de Myanmar, y que hoy pertenece al país, pero desde 1430 había sido un reino independiente. Arakan era la costa nororiental de la Bahía de Bengala, que abarca los actuales Bangladés y Myanmar. Y Bengala era una región histórica con una gran población de musulmanes que durante la conquista de Gran Bretaña en 1824 provocó que estos emigraran a Birmania como trabajadores y triplicaran la población musulmana del país en 1948.
En ese mismo año, Birmania consiguió la independencia, y a pesar de que los musulmanes llevaban siglos viviendo allí, tanto los del estado de Arakan como los descendientes de los que emigraron a Birmania, no fueron aceptados como ciudadanos por el Gobierno.
Esto se debió a una promesa de Gran Bretaña muy parecida a la que estipuló la Declaración Balfour para el pueblo judío, declarando hogar nacional el territorio de Palestina. Gran Bretaña prometió a los rohinyás un Estado autónomo a cambio de su ayuda en la Segunda Guerra Mundial, y aquí es donde comenzó la problemática.
Japón intentó invadir Birmania, así que el Imperio Británico decidió armar a los rohinyás y formarles para que lucharan contra ellos, pero el grupo utilizó las armas para arremeter dentro del país, principalmente contra los budistas, quemando tierras y templos. Esto provocó un sentimiento de resentimiento en Birmania, y cuando en 1948 consiguieron la independencia del Imperio Británico, el Gobierno birmano consideró a los rohinyás “una incursión de trabajadores indeseados.”

Armada británica después de una ofensiva contra el pueblo birmano. Fuente: Pacific Atrocities Education
La independencia de Birmania no resulto sencilla, ya que las minorías étnicas del país no se conformaron con el sistema político que se estaba estableciendo y surgieron diversos conflictos internos por los grupos paramilitares étnicos que desencadenaron, en 1948, una Guerra Civil en Myanmar.
En el caso de los musulmanes, antes de la independencia crearon el Muslim Liberation Organization (MLO), que más tarde pasó a ser el Partido Mujahid (el término muyahidín es quien ejerce la yihad, es decir, el «sacrificio espiritual de esfuerzo militar»). El grupo está considerado terrorista por el Terrorism Research and Analysis Consortium (TRAC), pero, durante la Guerra Civil de Myanmar, el Gobierno eliminaba de esta lista a todos los grupos paramilitares que firmaran el alto el fuego con el Estado. Esto permitía que los grupos armados pudieran moverse libremente por el país y participar en política, sin embargo, este no fue el caso de los rohinyás, quienes siguieron siendo considerados un grupo de extranjeros, según el Gobierno de Myanmar.
Los rohinyás viven odiados por un supuesto miedo de expansión del Islam en un país de mayoría budista desde el período de la descolonización británica y el abandono de los británicos. En 1947, los rohinyás fueron excluidos de la Constitución negándoles derechos humanos básicos, y después de que la Junta Militar tomara en control del Estado en 1962 se llevó a cabo la Operación Rey Dragón (1978) en la que los rohinyás fueron víctimas de una persecución patrocinada por el Estado y más de 250.000 personas huyeron a Bangladés.
En 1982 en Birmania se aprobó una ley de ciudadanía que negaba la ciudadanía a los rohinyás y no los reconocía como etnia. Se les niegan derechos como acceder a los servicios sociales o la educación, tienen restringido los movimientos fuera del estado de Rakáin y les han impuesto estrictas regulaciones sobre el control de la natalidad y el matrimonio.
El Gobierno es acusado constantemente por organizaciones como la ONU o Amnistía Internacional de abusos contra los derechos humanos, como violaciones, destrucción de casas y pueblos y detenciones masivas, pero la Junta Militar que controla el país no ha dado respuesta de ello. En enero de 2025, Amnistía Internacional publicó un comunicado pidiendo que la comunidad internacional debería “exigir rendición de cuentas por crímenes atroces” con respecto a Myanmar.
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