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¿Qué hago, carajo?

Me tragué el orgullo, enfrenté mis propios demonios y traté de convertirme en alguien mejor.

S Carrillo · 2026-06-20 03:22 · 0 claps · 2.8 min read
#amor #cartasquenuncaenvié #enojo #frustración
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Wiki topics: RAG · RAG & Retrieval

“¿Qué hago, carajo?”

Dímelo tú, porque yo ya no sé.

¿Te espero? ¿Sigo aquí, exactamente donde me dejaste? ¿Sigo portándome bien, sigo respetando tu espacio, sigo callándome las ganas de buscarte, sigo intentando ser la versión de mí que decías necesitar? Porque eso he hecho. He seguido adelante, sí, pero siempre termino regresando a esa parte de mí que guarda un espacio en el lugar donde te vi marcharte.

Y lo más injusto es que ni siquiera sé si lo notas.

Dime, ¿cómo se demuestra a distancia que sigues siendo tú? ¿Cómo se le explica al silencio que todavía tiene tu nombre? ¿Cómo se le hace entender a alguien que sigues eligiéndolo cuando ya no está para verlo?

Porque yo lo intento.

Todos los días.

Y aun así, no puedo confiar.

No porque no quiera. No porque no lo haya intentado con todas mis fuerzas. Sino porque me dejaste sola cargando preguntas que nunca respondiste. Porque me pediste paciencia mientras mis dudas crecían más rápido que mis certezas. Porque me dijiste que me amabas, pero hubo demasiadas cosas que no se parecían al amor. Entonces aquí estoy, aferrándome a una promesa que ya no sé si sigue viva, intentando creer en alguien que no sé si está caminando hacia mí o alejándose cada vez más.

Y te extraño.

Te extraño con rabia, una que no sabía que existía. Te extraño porque te sigo amando. Te extraño porque, a pesar de todo, sigo buscando tu rostro en los lugares donde ya no estás. Te extraño porque me duele aceptar que tal vez fui yo quien siguió habitando una casa de la que tú ya te habías mudado.

Y si de verdad me amas como decías, entonces dime qué hago con todo esto.

Dime, ¿qué carajos hago?

¿Por qué me dijiste que me amarías siempre?

Porque no entiendo cómo se ama a alguien para siempre y aun así se le deja sola.

No entiendo cómo me jurabas amor mientras seguías buscando pedazos de atención en otras mujeres. No entiendo cómo me pedías creer en nosotros cuando tampoco estabas dispuesto a luchar por nosotros.

Yo cambié.

Me rompí.

Me reconstruí.

Volví a intentarlo más veces de las que debería admitir.

Me tragué el orgullo, enfrenté mis propios demonios y traté de convertirme en alguien mejor.

Y aun así siento que pasé meses remando hacia una orilla a la que tú ya no pensabas llegar.

Entonces dime, ¿para qué sirve un “siempre te voy a amar, mi flaquita” cuando no viene acompañado de presencia?

¿Para qué sirve un “siempre” cuando se convierte en ausencia?

Porque yo no necesitaba promesas para toda la vida.

Necesitaba hechos.

Necesitaba verte elegirnos cuando era difícil. Necesitaba sentir que no estaba peleando sola por algo que era de dos y al final, entre todas las promesas que me dejaste, esa fue una que tampoco llegó.

Porque yo he hecho mi parte.

He esperado.

He comprendido.

He perdonado.

He intentado confiar.

Y aun así sigo aquí, agotándome poco a poco, intentando sostener algo que cada día pesa más.

Porque eso es lo que no entiendes.

Yo no te estoy pidiendo que regreses hoy. No te estoy pidiendo promesas imposibles. Ni siquiera te estoy pidiendo certezas.

Te estoy pidiendo algo mucho más pequeño.

Algo que me permita dejar de sentir que estoy hablándole al vacío.

Algo que me haga pensar que no soy la única que sigue mirando hacia atrás.

Porque aunque me estoy cansando, todavía hay una parte de mí que quiere creer. Todavía hay una parte de mí que te guarda amor. Todavía hay una parte de mí que se resiste a pensar que todo esto fue en vano.

Por eso sigo aquí. Por eso sigo preguntando. Por eso sigo esperando y por eso, aunque me avergüence admitirlo, sigo necesitando una señal.

Sólo una.

La más mínima.

Algo que me diga que no he estado amando sola todo este tiempo. Algo que me permita sostener un poco más el peso de tu ausencia.

Porque a veces siento que cargo sola con un amor que sigue teniendo tu nombre y ya no sé cuánto más puedo sostenerlo sin terminar rompiéndome las manos.

Porque si algo he aprendido de todo esto, es que el amor no debería dejar cicatrices en quien se quedó intentando salvarlo, pero al final, entre cada una de todas las promesas que me hiciste, la de cuidarme terminó siendo otra de las que tampoco cumpliste.


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