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El Patrón

El frío de la comisaría me había hecho perder la noción del tiempo y el roce de las esposas contra mis muñecas ya era doloroso cuando…

Macedonio Ferreyra in vocES en Español · 2026-05-15 14:27 · 50 claps · 3.3 min read
#short-story #short-fiction #argentina #thriller
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El Patrón

Imagen: Rafael Rendon

Imagen: Rafael Rendon

El frío de la comisaría me había hecho perder la noción del tiempo y el roce de las esposas contra mis muñecas ya era doloroso cuando escuché los pasos al otro lado del pasillo. Vi entrar a la oficial Centurión por aquella desvencijada puerta de chapa y plástico. Sostenía una taza de café que dibujaba lentas espirales de vapor en el aire. Su actitud era aún más mecánica que al principio del interrogatorio. Se sentó frente a mí, movió el ratón de la computadora y presionó un botón en una grabadora. Me miró fijamente unos segundos y dijo:

— Vamos de nuevo. ¿Admite haber asesinado a Marta Arias?

— Sí, yo, Macedonio Ferreyra, maté a Marta Arias.

— ¿Me podría decir por qué?

— Ya le dije por qué.

— Y yo le dije que sus motivos no terminan de ser claros. Por lo que dijo horas atrás, fue vecino de esta mujer por casi veinte años, y, una noche cualquiera, simplemente la asesinó a sangre fría. Nunca tuvieron vínculo de ningún tipo y nunca cruzaron palabra más que para saludarse. Algo no me cierra.

— Es que, al parecer, no me ha prestado atención, oficial. Mis motivos son bastante claros.

— Vamos de nuevo entonces. ¿Por qué la mató?

— Como bien dijo, fuimos vecinos por casi veinte años. Dieciocho para ser más exactos. Durante los primeros quince años yo trabajé en varias empresas de software de la ciudad. Mi rutina en ese tiempo siempre fue la misma: me levantaba a las seis y media de la mañana y para las siete y media ya estaba saliendo de mi casa, regresando recién entre las dieciocho treinta y las diecinueve, dependiendo del tráfico. En el transcurso de esos quince años, las veces que nos cruzamos las puedo contar con los dedos de una mano. Siempre me pareció una mujer extraña, pero nunca había tenido motivos para sospechar de que fuera peligrosa. A veces la escuchaba regresar de noche, siempre sola. En ese edificio las paredes son delgadas y se escucha todo. Simplemente pensaba que tenía una vida nocturna activa.

— ¿Y?

— Todo cambió tres años atrás. Desde entonces trabajo en mi casa. Hago home office. No tuvo que pasar más de uno o dos meses para que me percatara de que esa mujer era completamente impredecible.

— ¿A qué se refiere con eso?

— Estando todo el día en casa, pude conocer más a fondo sus costumbres, o, más bien, su carencia total de ellas. Sí, a veces regresaba de noche. Pero también podían pasar dos o tres días sin que hubiera ningún ruido en su departamento, o por el contrario, había días que salía o entraba a las cinco de la mañana, otras veces a las dos de la tarde, otras veces entraba y salía tres o cuatro veces en el transcurso de una hora. Su manera de organizar su vida me volvía loco. Pasé días enteros con la oreja pegada a la pared para ver si escuchaba algún sonido y poder tratar de encontrar algún patrón. Hubo una semana, por ejemplo, en la que salió durante cuatro días seguidos a eso de las once y media y volvió a entrar a las dos horas. Al quinto día en vez de salir a esa hora, salió a las quince y no volvió como por una semana. Todo esto lo recuerdo porque me hice un Excel para registrar su actividad. Además, cuando estaba en su casa, la escuchaba susurrar… y estoy seguro que lo hacía en varios idiomas. Es más, juro que una noche, la escuché susurrando mi nombre, con un acento muy extraño.

La oficial bebió un sorbo de café cuando terminé de hablar. Me observaba. Me pareció que había comprendido lo que le decía.

— ¿Y esos son todos sus motivos, Ferreyra? ¿La asesinó porque le parecía extraña?

— ¿No escuchó nada de lo que le dije? Fue en defensa propia. No era solamente «extraña»… era un ser completamente impredecible, misterioso y errático. Estoy seguro de que ella me hubiera terminado matando a mí si le dábamos el tiempo suficiente. En el caos, todo es una posibilidad.

— Entiendo… Confírmeme lo siguiente: vecinos de su edificio dicen que escucharon gritos y que cuando llegaron al lugar, vieron a la mujer tirada en el pasillo completamente ensangrentada. Había huellas de sangre que conducían a su puerta, pero no lo vieron a usted. ¿Es esto así?

— Sí. Los días previos al día de hoy, estuve esperando en mi puerta con un puñal. Pasaron dos días hasta que la sentí llegar. ¿Se imagina eso? Tuve que esperarla dos días enteros para que apareciera. Ni bien la sentí aproximarse a la puerta, salí y le clavé el cuchillo todas las veces que pude y volví a mi casa a descansar. No me había sentido tan tranquilo en años.

Nota: este relato es ficción. Ninguno de los hechos aquí presentados tiene correlación con la realidad.


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