La suerte en el emprendimiento: ¿mito, magia o mérito?
En todos los libros, cursos, conferencias y podcasts sobre emprendimiento se repite una fórmula: liderazgo, propósito, resiliencia, tomar…
La suerte en el emprendimiento: ¿mito, magia o mérito?
En todos los libros, cursos, conferencias y podcasts sobre emprendimiento se repite una fórmula: liderazgo, propósito, resiliencia, tomar riesgos, pensar en grande. Abundan los consejos — algunos valiosos, otros ridículos — sobre cómo empezar un negocio. Escuché desde tips sobre cómo activar la “zona creativa del hemisferio derecho del cerebro”, hasta afirmaciones de que basta con visualizar el éxito para alcanzarlo. Pero rara vez se habla, con honestidad, de un factor clave: la suerte.
Cuando empecé a emprender, lo hice con dos compañeros de trabajo: ellos eran DBAs, y yo aporté la parte de infraestructura y nube. Con el tiempo, uno se quedó con la parte financiera — casi por descarte — , otro tomó el rol comercial, y yo fui CTO. Años después, ambos son millonarios. Yo me fui sin pena ni gloria. Lo curioso, incluso doloroso al principio, fue ver cómo el menos capaz desde lo técnico o estratégico, hoy tiene más éxito económico. Superada la etapa de la incredulidad, entendí algo: la suerte existe, y tiene peso.
Con el tiempo, me crucé con personas extremadamente talentosas. Creativos, arriesgados, con formación y visión. Muchos de ellos fracasaron. También sumé al equipo a gente brillante, con currículums impecables, que no logró sostenerse. ¿Faltó capacidad? No siempre. Faltó suerte.
Ahora bien, no me refiero a la suerte como algo místico, sino como ese conjunto de circunstancias favorables que no siempre están bajo nuestro control. Claro, uno puede “crear las condiciones para tener suerte”: prepararse, estar atento, ser proactivo. Pero hay momentos en los que simplemente hay que estar en el lugar correcto, en el momento indicado.
El primer cliente de esta empresa que conté al inicio — el que realmente permitió que la empresa despegara — llegó por un formulario en una landing page. Fue ese contacto el que se convirtió en cliente principal durante años y financió el crecimiento inicial. ¿Acaso no hicimos la landing? Sí. Pero que alguien completara ese formulario, justo esa persona, justo ese día… fue suerte.
No se puede replicar un evento fortuito con precisión. Pero sí es cierto que algunos saben capitalizarlo mejor que otros. La suerte te da una chispa; lo que haces después con ella, depende de vos. Muchos emprenden por vocación, otros por necesidad. Y algunos, simplemente, por accidente. Y está bien. A veces, iniciar sin un gran plan, pero con hambre y velocidad de reacción, puede ser igual de efectivo.
¿Todo emprendedor debe sufrir al inicio? Muchos dicen que sí. Es verdad que empezar suele ser duro: pocos recursos, decisiones complejas, presión emocional. Pero no todos atraviesan el mismo camino. Algunos arrancan con buen capital, un equipo sólido o contactos clave. Otros, como decía antes, con una cuota de suerte.
El crecimiento sostenido, sin embargo, nunca depende solo del azar. Se necesita visión, ejecución, adaptabilidad, y sobre todo, construir equipos que potencien lo que hacés. Eso no garantiza un “golpe de suerte”, pero sí aumenta las probabilidades de éxito, y lo más importante, te da control sobre el crecimiento.
Entonces, sí, la suerte existe. Pero el mérito real está en estar listo cuando aparece. Y en saber qué hacer después.
Yo, por mi parte, todavía estoy esperando esa bendita gota de suerte. Mientras tanto, sigo tropezando con elegancia, tratando de hacer las cosas bien… por si algún día decide aparecer.
메타데이터
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