El ritmo del pueblo
El ritmo del pueblo es sosegado para algunos y ajetreado para otros, no hago más que ver pasar ayer a toda la familia para mudar unas vacas…
El ritmo del pueblo
El ritmo del pueblo es sosegado para algunos y ajetreado para otros, no hago más que ver pasar ayer a toda la familia para mudar unas vacas tudancas, para subirlas a que se alimenten de los pastos de montaña. Esta familia no para, está muy activa con el ganado, con los caballos, con el gran esfuerzo que supone sacar el negocio adelante cuidado de las fincas y de los animales. Ver la familia trabajando junta es admirable, el padre, la madre de vez en cuando, tres hijos varones y algunos amigos y/o familiares. Son familias de las de antes, que se dedican a la ganadería, que viven en el pueblo, que tienen tierras y alquilan otras fincas, que salen adelante con el sudor de la frente, trabajando como se hacia antes, todos los días de la semana cuidando de los animales.
En nuestro pueblo encontramos algunos teletrabajadores, vecinos que han venido a vivir al pueblo o se han quedado después de pasar por el coliving nuestro. Estas personas pueden trabajar desde el coworking o desde casa, y en general le dedican muchas horas al ordenador, entre ellos me incluyo, aunque con alguna excepción. Yo trato de parar al mediodía, y dedicarme a trabajos manuales o compartir con nuestra hija Lucia. Estas personas se buscan la vida trabajado para ellos mismos o para otras compañías. Tiene mucho mérito poder lograr esta sostenibilidad financiera desde el pueblo, sin moverse de casa, pudiendo tener una mejor calidad de vida que aquellos que tienen que desplazarse en coche a la ciudad todos los días.
Está la familia del bar, que trabajan prácticamente todos los días, solo cierran los lunes y algunas semanas en el año, este tipo de negocios requiere mucho trabajo, es muy sacrificado. Cuando no están comprando mercancías, están recogiendo algún empleado, cuando no están pelando patatas, están cortando leña, cuando no esta el bar abierto, están matando un cerdo. Es una vida de trabajo de sol a sol, que los jóvenes no quieren seguir, pero que a algunas personas les hace feliz. La verdad es que da gusto entrar al bar, siempre lleno de vecinos de estos pueblos, siempre aflora conversación, nunca faltan las risas y así poco a poco, se llena uno felizmente la barriga.
También tenemos personas por encima de los 60 que siguen en activo, con vacas, con huertos, con trabajos de albañilería o de carpintería. Siguen madrugando como toda la vida, se les ve bien de salud, el trabajo les mantiene vivos, es lo que les llena la vida de sentido, les permite también mantener el contacto con otras personas, sentirse realizados, es la dignidad del trabajo bien hecho, del esfuerzo por traer el pan a la casa, por sentirse útiles, por estar en movimiento, por seguir haciendo.
Hay personas que tienen que abandonar el pueblo todos los días, que regresan en la tarde o que trabajan a turnos, madrugando mucho y regresando al mediodía, a veces de noche, a veces incluso fines de semana, moviéndose a Torrelavega, Ontaneda o por los valles de los alrededores. Llevan a cabo diferentes oficios, desde mantenimiento y reparación de maquinaria, a trabajos en la fábrica de pallets, o de hostelería, electricidad, o como las panaderas que nos visitan en el pueblo todos los días, siguiendo la ruta, repartiendo todas las mañanas el pan de casa en casa hasta que se acaba.
Luego están algunas personas que llevan otra vida, aparentemente algo más relajada, aunque nunca se sabe lo que pasa en cada casa. Algunas cuidan a los nietos, otras del hogar, hay quienes están al cuidado de sus familiares mayores o dependientes, quienes ayudan en el cuidado de las vacas y otros animales como perros, conejos o gallinas e incluso quién sale a pasear a su perro todos los días. Por supuesto que hay personas mayores que hacen la mayor parte de la vida en casa, algunas porque quieren y otras porque les da la gana.
Vamos que cada persona y cada familia lleva su propio ritmo en el pueblo, no es como hace 100 años, que casi todos hacían prácticamente lo mismo, dedicándose a las vacas, a cruzar el ganado, a criar algunos animales y también varios hijos, mudando con la familia 10 o 12 veces al año, reuniéndose en las fiestas del pueblo y cuidando de los praos.
Y tú … ¿Has encontrado tu ritmo?

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