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El tercer lugar

Notas sobre mis perras

Rocío Reyes · 2026-02-02 19:42 · 0 claps · 6.5 min read
#perros #espacio-público #sociedad #tercer-lugar #entorno
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El tercer lugar

(Proyecto fotográfico: Flor en el mundo, 2024)

(Proyecto fotográfico: Flor en el mundo, 2024)

Hace poco leí a Tomás Balmaceda hablar sobre el concepto de El Tercer Lugar del sociólogo estadounidense Ray Oldenburg, algo de lo que había escuchado hablar por primera vez hace un par de años con otro ensayo de El gato y la caja.

Desde esa vez resonó en mí el concepto, que asocié de manera automática a mis perras: tener perro, pasear al perro, conocer el barrio y sus parques a través del perro, conocer a los vecinos a través del perro. Quedó ahí en el freezer de mis pensamientos.

Durante ese tiempo, en mi paso por la Universidad Nacional de las Artes, me crucé tanto con autores como con artistas que (también) trabajaban tanto con el entorno como con sus perros, no necesariamente a la vez. Y así llegué a la conclusión de que seguramente sería algo que formaría parte de mi tesina/ proyecto de graduación, visto que cada vez tenía más herramientas para ir acomodando lo que parecía ser un rompecabezas. La necesidad vital de meter a mis perras en todos lados. La secreta misión de convencerlos a todos ustedes de que tienen que adoptar (mínimo) a un perro. El marco teórico que personas como el profesor Padín le dieron a mis sentimientos y a mis ganas de hablar, escribir y generar obra sobre mis perras.

Zulma Palermo en Arte y estética en la encrucijada desconolonial, define el “lugar” como aquello que da significado al mundo al integrar cosas, cuerpos y memorias en configuraciones particulares. Rodolfo Kusch por su parte, dijo: “Vivimos siempre metidos en un paisaje aunque no lo querramos. Y el paisaje, ya sea el del cotidiano o del país, no es sólo algo que se da afuera y que ven los turistas, sino que es el símbolo más profundo, en el que hacemos pie, como si fuera una especie de escritura con la que cada habitante escribe en grande su pequeña vida”.

(parte de Libro de Artista — 2023)

(parte de Libro de Artista — 2023)

Mis perras son mi pequeña vida, acerca de la que decido producir en grande. A lo largo de estos años les dediqué todos los formatos que pude: escribí, dibujé, bordé, pinté, hice grabados, cerámicas, saqué muchísimas fotos y quizás más cosas que no me vienen a la mente ahora. ¿Las amo y soy su fan? Sin dudas. Pero también son para mí, algo más grande.

Lo lamento por los amantes de los gatos, que seguro tendrán otras virtudes, pero ninguna de ellas está tan relacionada al entorno y la comunidad. No al menos de los gatitos porteños, cuyas vidas y universos suceden en su mayoría puertas adentro.

El perro, los perros, te obligan, como mínimo, a salir de tu casa, de manera ideal al menos dos veces por día. Las personas que no lo hacen, además de estar cuidando mal a sus perros, se están perdiendo de un universo de conocimiento e interacciones que es, para mí, hoy, una propuesta al menos de lo que podría ser un tercer lugar. En esta época, en estos tiempos.

En la obra Antropofagia de 1929, Tarsila do Amaral apostó por la descolonización de la estética eurocéntrica proveniente de occidente. En aquella imagen las figuras se fusionaban con el entorno. No considero a los antropófagos mis referentes visuales directos, pero sí me interesan sus ideas, que, también, puedo relacionar con mis perras.

(parte de Libro de Artista — 2023)

(parte de Libro de Artista — 2023)

En 1980, Ray Oldenburg definió el tercer lugar como “un establecimiento donde se sirven bebidas en el cual la conversación desempeña un papel fundamental. En esos ámbitos, la bebida tiene una importancia decisiva y constituye un auténtico fundamento social.” Da ejemplos más que nada de cafés o cervecerías y de cómo según la bebida que sirvan eso marca el tipo de interacción que tendrán las personas que lo habiten. Eran lugares que fomentaban la camaradería y la conversación. Espacios neutros, a los que se podía acceder sin invitación, en general baratos, con clientes habituales que generaban allí lazos sociales por fuera de sus primeros y segundos lugares (sus casas y sus trabajos).

Creo que en el mundo de 2026, al menos el que conozco, que es el de la clase trabajadora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ese concepto quedó completamente diluído por los cambios que hubo en nuestras vidas y rutinas. Salvo quizás los bares nocturnos, en donde las personas van a socializar con gente nueva con una intención específica (sexo afectiva) o los viejos que se juntan en la quiniela a ver las carreras de caballo, Oldenburg apuntaba a lugares que promovieran la cohesión social y nutrieran los lazos entre la comunidad y no creo que ni los cafés ni las cervecerías sigan cumpliendo con el rol vincular que el concepto Tercer Lugar requiere. No se suele conocer gente nueva ahí, vas con personas que ya conocías de antes.

Ahí es dónde entramos nosotros: los héroes de la sociedad, las personas que vamos a salvar al mundo, los que tenemos, mínimo, un perro, al que paseamos, mínimo, dos veces al día. Kusch también dijo que habitar un lugar significa no ser indiferente a lo que allí ocurre, y eso se da de manera más fácil y natural cuando tenés un perro que cuando no lo tenés. Hace poco, por ejemplo, hablé con un conocido, vecino de Paternal de toda la vida, que me comentó con sorpresa que había descubierto que había una placa en lo que fue la casa de Pappo (que en realidad es Villa General Mitre). Yo vivo en la zona hace menos de dos años, pero lo descubrí a las pocas semanas, paseando a mi perra. Al poco tiempo adopté una segunda perra, una galga, a través de la que empecé a relacionarme con mis vecinos: primero porque es muy simpática y le gusta saludar a la gente y segundo porque es bastante parecida a otra del barrio, por lo que varias personas se me acercaban preguntando si la conocía o si ya nos habíamos cruzado.

Al tiempo, paseando con mis dos perras, conocí a mi tercera perra y a un grupo de vecinos que la habían encontrado, sola y sin collar, asustada por la calle. Se los veía preocupados, pero ninguno sabía qué hacer, o mejor dicho, todos sabían qué hacer pero ninguno estaba dispuesto, hasta que aparecí yo y dije “me la llevo”. Así me conocí con Nilda, una mujer que vive a cuatro cuadras de mi casa. Ella me pasó su teléfono y juntas pegamos carteles y difundimos información por todos lados, para ver si alguien buscaba a esa perra. Nadie la buscaba así que me la quedé y también quedé en contacto con Nilda, que cada tanto me escribe para ver cómo andamos (las perras y yo) y a veces nos cruzamos por la calle o hasta encontramos voluntariamente.

Además, pasé a ser en mi barrio, la chica de las tres perras (o tres perros). Así me reconocen en la farmacia, en el chino, la heladería, la panadería, en el garage que está a la vuelta, en la quiniela de a una cuadra y seguramente en algunos lugares más. Esto es importante tanto para mí, como para ellas. Si alguna vez alguna se perdiera, sería más fácil, o menos difícil, que pudiéramos reencontrarnos. También, por supuesto, nos hicimos amigas de varias personas y perros a las que nos cruzamos de manera frecuente, cuando ellas también pasean.

Navidad 2025

Navidad 2025

Y más allá de los pequeños terceros lugares que podrían ser las veredas de las manzanas aledañas a nuestros domicilios, considero que una propuesta superadora a los cafés o cervecerías como Tercer Lugar son, sin dudas, las plazas y parques de nuestros barrios. Lugares a los que se puede acceder sin perro, pero, al igual que con los cafés y las cervecerías, la gente que va sin perro en general lo hace para interactuar con otra que ya conoce, o a hacer deporte.

Las personas que llevamos a nuestros perros, vamos más porque ellos lo necesitan que por nosotros mismos. Si uno se adecúa lo suficiente a una rutina, es posible que te cruces siempre a las mismas personas, con sus mismos perros, y así entablar vínculos sociales de mayor profundidad. Se han formado amistades y parejas a través de relaciones que surgieron sólo por estar en la plaza todos los días a la misma hora. Lazos comunitarios, grupos de whatsapp entre vecinos con perro: ¿no podés sacar al tuyo hoy? Yo lo llevo. ¿Te vas de fin de semana largo? Se puede quedar acá unos días.

No conozco a gente de mi edad que tenga vínculos con sus vecinos por fuera de los que generamos con las posibilidades de lazos que nos brinda vivir con un perro. Y a diferencia de los bares, ir a la plaza es gratis, te contacta también con la naturaleza, te hace conocer con más detalle tu barrio, a los vecinos y comerciantes de la caminata de ida y vuelta. La mayoría, son intercambios sin ninguna transacción económica de por medio. En un mundo cada vez más capitalista y materialista. Son contactos en persona en una época que nos quiere cada vez más virtuales. Entonces, quizás, tener (mínimo) un perro, sea una manera inevitable de habitar un lugar sin ser indiferente a lo que allí ocurre, como deseaba Rodolfo.


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