¡Basta de silencio y hablemos de sexo!
Aunque hoy el girl power y el empoderamiento femenino están en todos lados e inundan las redes sociales, hay un tema del que todavía nos…
¡Basta de silencio y hablemos de sexo!
Aunque hoy el girl power y el empoderamiento femenino están en todos lados e inundan las redes sociales, hay un tema del que todavía nos cuesta hablar sin que se sienta raro y es nada menos que de nuestra propia sexualidad. Entre tanta información y presiones, la realidad es que todavía estamos arrastrando un montón de temas pendientes, como el placer propio, el consentimiento real y esas inseguridades corporales que, seamos honestas, preferimos a veces no hablarlo en público.
Por: Almendra Rojas

Mujer haciendo silencio
¿Por qué nos sentimos así?
A veces, lo que vemos en las redes y, obvio, en la pornografía, marca algo importante; el cómo “debería” ser todo. El tema es que estos medios o canales venden la idea de una estética perfecta con un desempeño que nada que ver con la realidad. Se sabe y se nota que la mujer es el objeto en la pantalla, que su placer es pasivo y que todo funciona como si fuese una línea recta, y amiga, tú y yo sabemos que no es así.
La sexóloga Paulina Jiménez nos comenta sobre cómo estos medios han influenciado en la priorización del placer masculino sobre el femenino:
“Las expectativas impuestas por la pornografía y los medios audiovisuales en general hacen que las mujeres se vean y actúen en función del placer masculino. En las películas y series, los personajes femeninos suelen ser accesorios de un protagonista masculino; entonces, lo que destaca de ellas es básicamente un físico espectacular y una actitud de complacencia que ayude al héroe en su trama. Cuando las mujeres vemos estos ejemplos desde muy pequeñas, vamos adquiriendo ese tipo de expectativas: ser el estereotipo de mujer bonita, y existir para acompañar al verdadero protagonista”.
Es por ello que esta influencia, sumada a que a veces no tenemos la información necesaria, hace que muchas de nosotras caigamos en dinámicas que nos quitan todo el disfrute:
El spectatoring: Es un sentimiento muy fome, la verdad, porque comienzas a ver todo desde fuera, es como si salieras de tu cuerpo y te estuvieras mirando y comienzas a preguntarte: “¿Me veo bien?”, “¿Se me nota ese rollito?”. Básicamente, tu mente está preocupada de cómo te ves en lugar de estar sintiendo.
La obsesión con el orgasmo: Esa presión constante de que si no llegamos al clímax, quiere decir que no lo hicimos bien, no le gustamos a nuestra pareja o que simplemente el “encuentro” no tuvo sentido por no terminar, y eso hace que nos cuestionemos de más algo que es para disfrutar, ¿y quién queda insatisfecha? Nosotras poh.
El desconocimiento de nuestro propio cuerpo: Si no sabemos cómo funcionamos o qué nos gusta realmente, ¿cómo es que vamos a pedirlo? Muchas de nosotras pasamos años sin siquiera entender o saber bien cómo disfrutar de nuestra anatomía y es porque no nos enseñan como corresponde, no nos dicen que en realidad el placer es nuestro derecho.

¿Por qué el placer masculino es “normal” y el nuestro es “misterio”?
Es un hecho que, históricamente, el placer masculino ha sido el protagonista, mientras que el femenino se ha dejado en segundo plano. Mientras a los hombres se les motiva a explorar y presumir su sexualidad desde muy jóvenes, a las mujeres se nos ha educado bajo el mandato de la contención y el recato.
Esto genera una dinamica que pareciera que el sexo se acaba cuando él llegue al orgasmo. Además, está ese juicio pesado de que si una mujer toma la iniciativa, es considerada “promiscua” o “exigente”. Ese estigma hace que nos cueste un mundo poder apropiarnos de nuestro deseo sin sentir que tenemos que estar complaciendo a alguien más para valer algo.
Rompiendo el tabú
Superar este condicionamiento es una tarea larga, pero full necesaria. El verdadero empoderamiento no es solo un hashtag, es validar y entender que nuestro placer es igual de importante que cualquier otro.
La clave está en empezar a hablar sin tapujos, de contar qué nos gusta, qué nos da miedo y cuáles son nuestros límites. ¡Yapo amiga, di lo que piensas! Que la comunicación sea la norma y no la excepción. La sexualidad femenina no está al servicio de nadie más que de nosotras mismas y ya es hora de que dejemos de lado el silencio y empecemos a disfrutar desde nuestra propia verdad.
메타데이터
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