Ánfora de recuerdos
Un nuevo día despierto muriéndome de ganas por verte una vez más, por escuchar tu voz, por volver a recibir uno de tus piropos que siempre…
Ánfora de recuerdos
Un nuevo día despierto muriéndome de ganas por verte una vez más, por escuchar tu voz, por volver a recibir uno de tus piropos que siempre me sonrojan, por sonreírnos y mandarnos besos al aire. El problema es que no voy a querer que sea la última vez. Si hubiera sabido que nuestro último “te amo” casual sería el último, no hubiera sido capaz de decirlo, tratando de retener tu mirada unos segundos más. Aunque sé que no hubiera permitido que fueran solo unos segundos.
Cómo desearía regresar a aquel tiempo en el que me incluías en tus planes del futuro, en el que imaginabas tus cosas compartiendo el espacio con las mías. Todavía resuena en mi memoria la ocasión en la que me nombraste “la encargada del diseño de interiores”, con una sonrisa que prometía un mañana compartido. Aun así, con el tiempo fui capaz de entender, dolorosamente, que ese futuro solo sería posible en los Campos Elíseos.
Me quedé con las ganas de saber qué hubiera pasado si hubiera luchado por lo nuestro hasta el final: en cuántos pedazos me hubiera terminado de romper, o cuántos hubiéramos sido capaces de armar. A pesar de que el oráculo daba un veredicto, ambos quisimos luchar contra el destino… pero no quise seguir presenciando cómo algo tan bello se desmoronaba, porque en el fondo lo sabía. No quería verlo, pero lo sabía. Tuve la amarga sensación de que esa luz en tu mirada se apagaría.
Los pasos del temible monstruo de la desconfianza empezaban a escucharse con más fuerza. No hay criatura maligna que no pueda destruir la espada de la verdad, la honestidad y la transparencia, excepto que… llegado el momento, preferiste dejarme luchando sola. Creo que ya te sabes el resto de la historia — o a saber cuál te contaste — ; una en la que perdí, pero tú te acobardaste.
¿Cómo podías seguir ocultando al ojo del sol un amor que profesabas real, honesto y comprometido? ¿Cuánto tiempo más pensaste mantener a Helios dormido? Un anillo de cartón bajo la sombra y dedos desnudos en la claridad; todo me hace pensar que este amor era tan comprometido como la fugacidad de un sueño al despertar. Una promesa atrapada en el susurro del aire, resguardada en el poco oxígeno de una habitación hermética, donde el amor solo sobrevivía en la penumbra.
A pesar de esto… sigo extrañando tus “te amo”, aunque solo yo pudiera escucharlos… y por un tiempo eso me bastó. Confieso que aún retengo las incontenibles ganas de volver a escribirte. Tal como el ánfora de Pandora, tu recuerdo me llama hasta en los sueños. Pero tengo la certeza de que, al abrirla, no traería nada bueno, más que la esperanza de que algún día podamos amarnos de nuevo.
Mientras tanto, solo imagino ganarme tu rechazo y menosprecio, como castigo — más por haberme retractado que por haberme alejado — . Mejor sería seguirme secando las lágrimas que limpiarme el sangrado.
Ya lo decidí: hacer algo así sería una falta de respeto a lo que sentí y sigo sintiendo por ti. El tesoro que fue nuestro amor merece la consideración de no volver a abrir esa ánfora y contaminarlo con más decepción.
Y así, despierto otro día, mirando aquel jarrón lleno de nuestros recuerdos juntos y del deseo irrefrenable de verte una vez más, sabiendo que no voy a querer que sea la última vez.
메타데이터
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