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Mi recuerdo del PRI

28 de Mayo 2023. Lejos de Veracruz

Ray PK · 2023-06-10 03:20 · 0 claps · 5.9 min read
#politica #mexico #elecciones #pri #gobernatura
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Mi recuerdo del PRI

28 de Mayo 2023. Lejos de Veracruz

En memoria del Gallo, José, María y tantos más cuyos nombres desconocíamos

De las pocas veces que traté con la política era un estudiante de preparatoria.

Junto a mi primo y a otros amigos trabajábamos en un periódico de las escuelas de Coatzacoalcos. Muchos estaban por las fiestas que hacíamos para juntar fondos para el tiraje de las publicaciones. Yo siempre he sido de los ilusos idealistas que romantizan estos proyectos y le dedican tiempo y alma a su organización.

Casi todos los artículos eran de chismes o cosas superficiales pero nosotros teníamos a Mariano. Un joven escritor muy dedicado que sus cortos años no le quitaban peso a su aplomo y profundidad a sus letras. Todo nuestro esfuerzo valía la pena si el periódico creaba un espacio literario para jóvenes como él que sí se tomaran las letras en serio. Yo usualmente no veo las cosas como son, las veo como podrían ser. Y a pesar de que para los demás el proyecto del periódico no significaba más que un juego social de estudiantes, para mí sí significaba un medio para que como jóvenes fraguáramos una voz, una forma de expresarnos.

Un día nos mandó a llamar un político del ayuntamiento priísta a mi primo y a mí, dos adolescentes de 17 y 15 años. Nos platicó que se acercaba un momento importante para el estado: las elecciones a la gubernatura. Al parecer este funcionario quería ser parte de la campaña y nos ofreció pagar un tiraje al mes del periódico sin compromisos. “Ustedes me dicen cuánto cobran los de la imprenta y yo les paso el cash a principio de mes. Esto es de buena fe por supuesto, es para mostrar el compromiso que tenemos con los chavos. Bueno, lo único que tendrían que hacer es publicar este anuncio de la campaña en la contraportada con estas siglas JD: Juventud Dinámica.”

Salimos de su oficina con un nudo en el estómago, algo no nos olía bien. “De pendejos le aceptamos su dinero. A ver cómo le hacemos para juntar para la siguiente tira pero no será del gobierno y sus campañas.” Mi primo asintió y reforzó la postura. Yo estaba enojado. ¿A cuenta de qué pensaban que podían comprar nuestro proyecto estudiantil? ¿Con qué fin meteríamos dinero del gobierno a una asociación de estudiantes? Ni siquiera nos interesaba hablar de esos temas.

Evidentemente ni mi primo ni yo teníamos madera para ser políticos. Nuestra ingenuidad no nos dejaba ver el fondo de lo que el funcionario buscaba. Funcionario que en ese entonces promovía y encabezaba la promesa del Nuevo PRI con el mismo fervor que hoy se ha convertido en un defensor de la Cuarta Transformación.

Las semanas siguientes recrudeció el ambiente electoral y salió en un noticiero una nueva fechoría de nuestro gobernador Fidel Herrera. Un operador político lo grabó en una llamada acabando una conversación de esta manera: “Pues porque lo digo YO. ¿No me estás entendiendo? Nosotros no nos vamos a ningún lado. Y tú pórtate a la altura que estamos en la plenitud del pinche poder, cabrón.”

La plenitud del pinche poder. Se convirtió en un clásico, me extraña que Luis Estrada no haya usado esa frase para alguna película.

Decían del “tío Fidel” que era el Zeta uno o tal vez el cero, no recuerdo bien. Lo importante es que era el más igual entre los iguales. Él no le tenía una vela prendida a Dios pero cualquier podría afirmar que sí le tenía una al mismísimo diablo. No sé si la guerra contra el narco fue culpa de Calderón pero lo que todos dicen es que en Veracruz los Zetas entraron por Fidel. Y los Zetas perduraron por aptitud si así se le puede decir a aterrorizar a una región entera con secuestros, balazos, ejecuciones, fosas clandestinas y huachicol. Eventualmente llegó el gobierno también priísta de Javier Duarte. No recuerdo en cuál de las dos gubernaturas fue que los malos llevaron a las 12 del día en un camión de la basura 95 cuerpos mutilados y los aventaron en una avenida principal de Boca del Río. Los coches que cruzaban intentaban esquivar ora una pierna, ora un brazo. Ese mismo día el puerto recibió a todos los Gobernadores y al Presidente de la República para discutir los resultados de la estrategia de seguridad nacional en una presentación de power point en lo que venía siendo el Club de Industriales veracruzano.

Llegó el 2012, yo cumplí 19 años y dejé Coatzacoalcos para irme a estudiar a la Ciudad de México. Y tengo muy presente el sentimiento que tuve caminando una noche en la ciudad: “Ah, qué alivio. Aquí a lo mucho me pueden asaltar pero no secuestrar.”

Empecé a vivir Veracruz a través de las noticias y lo que me contaba mi familia y algunos amigos. Eventualmente la única fuente de información eran las noticias porque los demás decidieron dejar de hablar de los secuestros o las matanzas de gente sin nombre. Gente a la que la violencia le borró su historia y cuya muerte sólo sirvió para abultar más una cifra.

Mi hermana me explicó que ya no nos contaban esas historias a los que vivíamos fuera de Coatza porque entonces íbamos a visitar menos o porque eso hablaba mal de la ciudad. A mi parecer esa era la superficie, la explicación de fondo es que ese grado de violencia se convirtió en lo normal.

Recuerdo que en un diciembre mataron a un tipo a balazos afuera de la iglesia en la misma cuadra en la que viven mis papás, le dieron hasta el tiro de gracia. Yo estaba infartado. ¿Cómo era posible que eso sucediera y que el país siguiera como si nada hubiera pasado? Media hora después salió el chisme de que era un colombiano. Y mi hermana me dijo: “¿Ya ves? Tanto pedo que armaste. Seguro que estaba metido en algo. A ver, dime: ¿qué hace un colombiano en Coatzacoalcos?”.

Me aterra entenderla. Racionalizar la barbarie es de los últimos mecanismos de defensa que nos quedan ante la orfandad de Estado. La anestesia a un problema irresoluble. Porque la realidad es: ¿a quién voltear? Las calles de Coatzacoalcos esa mañana estaban llenas de militares con armas largas en el malecón. Lo recuerdo porque fui a correr a las siete de la mañana y los soldados se paseaban como si estuvieran patrullando Iraq. ¿Cómo es posible que a las siete de la tarde del mismo día los malos pudieran ejecutar a una persona afuera de la iglesia del pueblo con total impunidad?

En esos años en que tantos perdieron la vida, hubo tres partidas que marcaron mi memoria. Los menciono en este escrito para recordarlos y honrarlos. Para sentir el abrazo de su recuerdo. El Gallo querido, compadre bohemio amado por toda mi familia que en más de una ocasión llegó a darle serenata en el día de las madres a mi abuela junto al hermano de mi mamá. José, un gran amigo que se preparó para ser marino en el famoso velero Cuauhtémoc y me contaba un sin fin de historias fabulosas cuya veracidad elegí nunca cuestionar. Y María, una conocida empresaria que trabajaba en equipo con su marido, tenía hijos, no se metía con nadie y llevaba una vida ordinaria como la de cualquier otro comerciante coatzacoalqueño. La inseguridad nos arrebató su compañía, le robó el futuro a tantos que todavía tenían una historia por vivir. Un par de años después sucedió el exilio coatzacoalqueño en el que más de doscientas familias se refugiaron en otros estados porque era imposible seguir viviendo así.

Mientras toda esta barbarie sucedía, el país miraba hacia otro lado. Escuchaba las tragedias veracruzanas como si le fueran ajenas, como si ese infierno nunca fuera a llegar a cada uno de sus rincones. Y por otro lado, nuestro gobernador Javier Duarte estaba ocupado para atender estos problemas ya que estaba protagonizando el nuevo PRI de Peña Nieto. El PRI que acabó con no sé cuántos gobernadores en la cárcel por corrupción. Javidú tenía las manos llenas desviando recursos, dándole placebo en lugar de medicina a niños con cáncer, persiguiendo periodistas y haciendo su parte en la estafa maestra. Él no tenía tiempo para nimiedades como la paz.

Tantas cosas pasaron en mi tierra querida que quisiera dejar en el pasado pero olvidarlo borraría la tragedia que se vivió. La realidad de las cosas es que el PRI fue un mierdero en Veracruz y más en Coatzacoalcos. Concedo que tal vez el mierdero es de las estructuras de los operadores políticos y no de uno u otro partido. Porque llegó Morena pero los dueños siguen siendo los mismos y el estado sigue siendo un caos. Los dueños de estructuras políticas aunque pierdan elecciones, siempre caen parados. Sin importar el color de la corbata, ellos siempre salen en la foto. Aunque los peores siempre son los que eligen no salir.

En fin, este es mi recuerdo del PRI.


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