Una mirada hacia Mumbai, del mar
Hace unos meses, tuve la oportunidad de viajar y explorar un par de ciudades de Tailandia, incluida su capital. Fue una experiencia…
Una mirada hacia Mumbai, del mar

El mar Arábigo
Hace unos meses, tuve la oportunidad de viajar y explorar un par de ciudades de Tailandia, incluida su capital. Fue una experiencia enriquecedora. Los pocos días que pasé en Bangkok y Krabi me brindaron la oportunidad de ver, aunque fuera brevemente, cómo vivía una pequeña parte del mundo.
Recientemente, volví a vivir esa misma experiencia. Pude descubrir una faceta de una ciudad que no sabía que existía. Solo que esta vez no tuve que salir del país. De hecho, ni siquiera tuve que salir de mi ciudad, Bombay.
“Nacido y crecido” es la expresión que se utiliza para describir a una persona que ha vivido toda su vida en un mismo lugar geográfico. Es un término que también se aplica a mí. Si bien, a lo largo de todo el tiempo que llevo aquí, he visto a esta ciudad pasar de llamarse Bombay a Mumbai — manteniendo intacta su identidad esencial — no fue hasta mi última incursión por sus callejones cuando comprendí, por primera vez en mi vida, el verdadero alcance de esa afirmación.
Sin embargo, los innumerables edificios que salpican el paisaje de la ciudad no son la razón de la continuidad perdurable de Mumbai.
La mezcolanza de arquitectura de la época británica (gótico victoriano), el hotel que lleva el nombre de “Palacio”, los imponentes rascacielos, los humildes chawls y los modestos bloques de pisos son meros hitos arquitectónicos que recuerdan esta realidad de Mumbai.
Por el contrario, su esencia se aprecia verdaderamente a través de sus aguas — su costa.
Da igual dónde se viva en la ciudad — en el centro o en las afueras — en Bombay nunca se está muy lejos de algún cuerpo de agua. Hay playas, hay un río y también un par de arroyos que atraviesan su territorio. Y luego está el mar Arábigo en sí mismo, en todo su esplendor.
Las playas atraen a multitud de gente durante todo el año; los arroyos acogen a aves migratorias, además de ser fuentes de abastecimiento de productos frescos, al igual que el mar, donde los habitantes originales de la ciudad — los pescadores locales, los kolis — ejercen su oficio.
En cierto modo, la prosperidad de Bombay también se debió a un comercio único en su género entre Portugal y Gran Bretaña, hace siglos.
Las siete islas de Bombay, ofrecidas como dote para la boda de la princesa portuguesa Catalina de Braganza con el rey británico Carlos II a principios de la década de 1660, adquirieron un carácter único. El archipiélago cambió de manos, pasando de un colonizador a otro, aunque conservó el nombre que le habían dado sus antiguos colonos en su idioma — Bom Baim, que en portugués significa, “la bahía hermosa”.
A lo largo de los dos siglos siguientes, el Imperio británico se afianzó cada vez más en la India. También reclamó formalmente la propiedad de Bombay y se dispuso a demostrarla. Uno de los recursos a los que recurrió el Imperio fue emprender una expedición de recuperación de terrenos, con el fin de integrar las siete islas en una sola entidad geográfica y, a continuación, unirla al resto de la India.
Desde ser un conjunto disperso de siete islas hasta convertirse en una ciudad y, posteriormente, en el lugar donde se construyó un monumento — la Puerta de la India — para recibir al rey británico Jorge V, Bombay siguió añadiendo matices a su legado, como un autor que perfecciona su obra maestra literaria.
En 1948, cuando los últimos esclavistas imperiales abandonaron la India atravesando la misma puerta que les había dado la bienvenida, Bombay ya había vivido otro giro del tiempo.
Incluso hoy en día, el tiempo impulsa el ritmo de la ciudad. Por el contrario, sus variadas formas acuáticas, que han sido testigos de innumerables amaneceres y atardeceres en su horizonte, invitan tanto a turistas como a lugareños a alargar el tiempo, ignorando su apresurada intensidad.
La atemporalidad de Bombay ha surgido de esta dicotomía. Las olas que rompen en las costas de Bombay no solo las han transformado, sino también han hecho que Bombay sea, por naturaleza, efervescente.
Este artículo fue publicado en mi [bitácora](https://thoroughlytraversing.wordpress.com/?_gl=1m2q7b6_gcl_auMTcxMjAxNDAuMTc3OTk1MDg0OC4yNDExNDg0OTcuMTc4MjkxMDkyMS4xNzgyOTEwOTMw) originalmente.*
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