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La lógica de una elección fragmentada

En una elección con más de treinta candidaturas, el problema no es quién merece ganar, sino cómo se ordena un electorado roto. Ese cambio…

Christian Monzón Cárdenas · 2026-04-06 05:48 · 0 claps · 10.3 min read
#elecciones #peru #segunda-vuelta #voto #democracia
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La lógica de una elección fragmentada

En una elección con más de treinta candidaturas, el problema no es quién merece ganar, sino cómo se ordena un electorado roto. Ese cambio de eje vuelve irrelevante buena parte del comentario político habitual. Hay un subconjunto reducido de candidatos que puede llamarse presidenciables funcionales. No es una categoría moral ni ideológica. Es una categoría estructural: candidatos que, por trayectoria, experiencia en toma de decisiones, consistencia pública y capacidad de articulación, podrían ejercer la presidencia sin desorganizar el Estado. El resto puede ser visible, competitivo o incluso encabezar encuestas, pero eso no lo convierte en parte de ese subconjunto. La primera disociación decisiva nace ahí: la calidad de una candidatura y su probabilidad de clasificar no son equivalentes.

Clasificar

En un sistema así, la pregunta relevante no es cómo maximizar la votación absoluta de un presidenciable funcional, sino cómo meterlo entre los dos primeros. La condición para pasar a segunda vuelta es elemental:

La optimización pertinente deja de ser

y pasa a ser

En una elección poco fragmentada, ambas funciones pueden converger. En una fragmentada, no. Cuando nadie consolida un piso alto, el umbral decisivo deja de ser el primero y pasa a ser el segundo. Eso vuelve más importante desplazar a un competidor específico que crecer en abstracto. En la última foto disponible, ese umbral está en un dígito alto. Ipsos, reportada el 5 de abril de 2026, ubica a Keiko Fujimori en 15%, a Carlos Álvarez en 8% y a Rafael López Aliaga en 7%, mientras Reuters resume una tendencia consistente: Keiko lidera y el segundo lugar sigue abierto.

La votación final de un candidato funcional puede escribirse así:

Aquí, B_F es la base electoral inicial, C_F la ganancia por comunicación, S_F la ganancia por señal de viabilidad, T_F la transferencia desde otros candidatos y \Lambda_F la fricción total, que concentra confusión, dispersión y rechazo. En una semana, B_F es casi fijo, C_F es marginal y el único margen no trivial vive en S_F y, sobre todo, en T_F. De ahí que la comunicación pura tenga un techo bajo:

Puede mover percepción; no reorganiza el orden del sistema. La señal de viabilidad introduce una posibilidad más potente:

pero depende de una condición estricta: unicidad. Si hay dos o más funcionales visibles compitiendo por el mismo espacio, q cae y el voto útil no coordina. La única palanca con capacidad de alterar posiciones sigue siendo la transferencia:

Ese término no crea votos nuevos; reorganiza votos existentes. Precisamente por eso es el único que importa cuando el tiempo ya no alcanza para construir una base. Si la retirada es aislada, \tau_i es bajo; si es coordinada, \tau_i sube. La validación externa solo multiplica esa tasa:

No produce voto por sí misma. La extracción dirigida puede complementar el movimiento:

Un punto capturado desde el rival vale doble en la brecha relativa, pero sin coordinación previa esa extracción tiene alcance limitado. El resultado general es seco: bajo fragmentación extrema y tiempo corto, C_F es pequeño, q es inestable y T_F es la única variable con capacidad de salto. La lógica del problema no consiste en derrotar al líder; consiste en superar al segundo. Si el segundo no pertenece al grupo de presidenciables funcionales, el objetivo racional es desplazarlo:

Eso no es una ambición menor. Es la única ambición compatible con la estructura del juego.

Coordinación

En este punto, el problema deja de ser comunicacional y se vuelve estratégico. Puede ocurrir que el conjunto de presidenciables funcionales tenga, en agregado, volumen suficiente para entrar a segunda vuelta y que ninguno de sus integrantes, por separado, pueda hacerlo. Si G es el conjunto de funcionales y B_i la base de cada uno, la condición relevante es:

Hay viabilidad colectiva y no hay viabilidad individual. El problema no es escasez de voto; es dispersión. Cada candidato funcional enfrenta entonces dos estrategias: seguir solo o retirarse en favor de otro. Seguir tiene una utilidad privada comprensible:

p_i es la probabilidad de clasificar, R_i el valor de ese resultado, o_i el valor de seguir visible como actor político y c_i el costo de mantenerse en carrera. Retirarse hacia otro candidato j responde a otra estructura:

\rho_{ij} es la probabilidad de capturar una ganancia política posterior por el respaldo, W_{ij} el valor de esa ganancia y d_i el costo de retirarse. Ese costo incluye pérdida de protagonismo, deterioro simbólico y el riesgo de que el receptor tampoco clasifique. El equilibrio espontáneo tiende a ser ineficiente: aun cuando el retiro coordinado beneficie al bloque funcional, cada jugador tiene incentivos para no moverse primero. La racionalidad individual conserva candidaturas que, tomadas en conjunto, bloquean el único resultado que justificaría su existencia táctica.

El problema no se agota en quién se retira, sino en cuánto se transfiere. Si \tau_{ij} \in [0,1] representa la proporción del electorado de i que realmente migra hacia j, la votación esperada del receptor después de coordinar es:

La tasa de transferencia no es arbitraria. Depende de distancia ideológica, compatibilidad de electorados, credibilidad del respaldo y fuerza comunicacional de la operación. No hay sumas mecánicas. Hay sumas políticamente transferibles y sumas que se disuelven en fricción. Si el objetivo es desplazar al segundo actual, no maximizar voto abstracto, la función relevante pasa a ser la viabilidad táctica frente al umbral que bloquea el top 2. Para cada funcional j:

A es la votación del segundo actual, x_j la extracción esperada desde ese competidor y K_j el costo de coordinación. Si \Omega_j > 0, hay ruta plausible de clasificación; si \Omega_j < 0, la coordinación mejora posición pero no alcanza. Cuando la identidad exacta del segundo lugar es inestable, conviene usar una versión más robusta:

La selección óptima del punto focal se resume en:

La conclusión es incómoda porque elimina cualquier refugio moral. La retirada táctica no se decide por mérito, simpatía o calidad percibida, sino por quién minimiza el esfuerzo coordinador necesario para cruzar el umbral. La comunicación cambia márgenes. La coordinación cambia órdenes. En una semana, solo una de las dos altera resultados.

Adosamiento estratégico

La disputa táctica real se reduce rápido cuando se pone la estructura encima de la foto empírica. La última Ipsos, levantada el 3 y 4 de abril, ubica a Keiko Fujimori en 15%, a Carlos Álvarez en 8% y a Rafael López Aliaga en 7%. En ese mismo sondeo, Alfonso López-Chau aparece con 5%, Jorge Nieto con 4% y Marisol Pérez Tello con 3%. Ricardo Belmont y Roberto Sánchez figuran en posiciones intermedias con 6% y 5%. CPI, también con trabajo de campo del 3 y 4 de abril, reporta a Keiko Fujimori con 11.8%, a Rafael López Aliaga con 9.2%, a Carlos Álvarez con 8.5%, a Alfonso López Chau con 6.0%, a Jorge Nieto con 4.8% y a Marisol Pérez Tello con 3.7%. Datum, entre el 1 y el 4 de abril, sitúa a Keiko Fujimori en 14.5%, a Carlos Álvarez en 10.9% y a Rafael López Aliaga en 9.9%. Reuters resume esa misma estructura: liderazgo estable de Keiko y segunda plaza disputada. Dentro del bloque funcional visible, los únicos nombres con masa no marginal son López-Chau, Nieto y Pérez Tello. Los demás importan, pero ya no como receptores plausibles sino como reservas de transferencia.

Si el umbral relevante se denota por U, la condición básica es:

y la votación esperada del receptor toma la forma:

\rho_j resume la ganancia neta procedente de funcionales menores que no son focos principales pero pueden adosarse. Con esta estructura, el primer filtro es simplemente quién requiere menos transferencia.

Bajo Ipsos, López-Chau parte de 5 y dispone de 7 puntos visibles adicionales entre Nieto y Pérez Tello. Para superar el umbral de 8 necesita 3 puntos netos:

Nieto parte de 4 y dispone de 8 puntos entre López-Chau y Pérez Tello:

Pérez Tello parte de 3 y dispone de 9 puntos entre López-Chau y Nieto:

La jerarquía aparece antes de introducir fricción: López-Chau requiere la menor tasa de transferencia, Nieto una coordinación mayor y Pérez Tello una todavía más exigente.

Con CPI, el umbral ya no es 8 sino 8.5 si el bloqueo inmediato es Álvarez, o 9.2 si se exige superar también a López Aliaga. López-Chau parte de 6.0 y tiene 8.5 puntos visibles adicionales entre Nieto y Pérez Tello. Para pasar a Álvarez necesita:

Para superar también a López Aliaga:

Nieto parte de 4.8 y dispone de 9.7 puntos visibles:

Pérez Tello parte de 3.7 y dispone de 10.8 puntos:

La jerarquía no se mueve. Lo que cambia es la plausibilidad: bajo CPI, el adosamiento hacia López-Chau es más exigente que en Ipsos, pero sigue siendo claramente la opción menos costosa.

Datum endurece el problema. Si el segundo lugar efectivo se ubica en 10.9%, la coordinación interna del bloque visible roza su techo. Manteniendo como aproximación de trabajo las bases de CPI, las exigencias serían:

Si el mundo real se parece a Datum, la sola coordinación interna ya no basta salvo bajo niveles extraordinariamente altos de transferencia. La estrategia no cambia, pero necesita segunda capa: reservas no visibles o extracción efectiva desde el rival que ocupa el umbral.

Todo eso puede condensarse en una función de viabilidad táctica más completa:

y la regla de decisión sigue siendo

Tomadas las tres encuestas de cierre como mundos posibles y restringiendo el foco a los funcionales con base visible, el receptor óptimo del adosamiento es el mismo en todos los casos: López-Chau. No porque sea el más admirable, sino porque es el que requiere la menor tasa de transferencia para cruzar el umbral. Nieto queda segundo. Pérez Tello queda tercera. Los demás funcionales siguen siendo relevantes, pero como vectores de transferencia capaces de engrosar \rho_j, no como centros de gravedad que maximicen \Omega_j^{*}.

El escenario de trabajo más razonable confirma esa conclusión. Para López-Chau bajo CPI, si capta 55% del voto de Nieto, 45% del de Pérez Tello, una reserva neta adicional de 0.8 y soporta una fricción de 0.4, el resultado es:

Eso supera con claridad a Álvarez en CPI, supera también a López Aliaga y queda apenas por debajo del umbral más duro de Datum. Una extracción pequeña, por ejemplo x_L = 0.3 o 0.4, lo haría cruzar incluso ese escenario.

El ejercicio equivalente para Nieto es menos eficiente. Si capta 45% del voto de López-Chau, 50% del de Pérez Tello, recibe una reserva neta de 0.7 y enfrenta una fricción de 0.5:

Eso alcanza para pelear el segundo lugar en CPI, pero no para resistir Datum. Para Pérez Tello, aun con parámetros generosos:

Ese resultado apenas roza el umbral bajo de Ipsos y no basta ni en CPI ni en Datum. Por eso la conclusión táctica no consiste en decir que López-Chau “debe” ser el receptor. Consiste en constatar que, bajo las encuestas de cierre, es el único funcional visible para quien el adosamiento interno del bloque parece matemáticamente plausible sin exigir niveles absurdos de transferencia.

Si el mundo real se parece a Ipsos, el adosamiento hacia López-Chau exige una transferencia moderada. Si se parece a CPI, sigue siendo viable pero más costoso. Si se parece a Datum, la coordinación interna ya no alcanza por sí sola y necesita extracción o reservas. Nada de eso altera la tesis central: la estrategia correcta no es simplemente adosar; es adosar hacia el receptor que minimiza la tasa de transferencia necesaria para cruzar el umbral del segundo lugar. Bajo la información de cierre, ese receptor no es Nieto ni Pérez Tello. Es López-Chau.

Y ahí aparece la parte incómoda. Si un presidenciable funcional fracasa en una elección así, ese fracaso no demuestra necesariamente que el electorado no quiera una candidatura de mayor calidad; puede demostrar que esa demanda estaba mal organizada. Y si un no funcional clasifica, esa clasificación tampoco prueba superioridad estructural; puede probar solo que un electorado relativamente estrecho coordinó mejor que uno más amplio, más disperso y, por eso mismo, más inútil.


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