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Urna

La vasija se refleja tenue sobre la retina de la mujer. Sus dedos sienten la superficie porosa de la arcilla.

pantera(s) · 2025-12-15 20:51 · 2 claps · 5.0 min read
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Urna

Il vaso di Pandora, de Pietro della Vecchia

Il vaso di Pandora, de Pietro della Vecchia

La vasija se refleja tenue sobre la retina de la mujer. Sus dedos sienten la superficie porosa de la arcilla. Parece respirar en medio del calor y la humedad. El listón rojo que la rodea se intuye irrespetuoso. La suavidad del plastico no combina en absoluto. El rojo la irrita. Es el color más feo de todos, piensa medio a las apuradas. Es un color bien de mierda. No se detiene a considerar que la arcilla de la vasija es rojiza o que tiene puesta una pollera larga roja oscura, pero podria. Decide no hacerlo. La aprieta con bronca. Siente como el material resiste su fuerza y lo imagina rompiéndose en mil pedazos, dejando trozos grandes y chicos desperdigados por todo el piso de losa lisa brillante. Una cacofonia de partes desiguales explotando en un ruido seco y contundente. También se imagina llorando, abrazando la vasija, aceptándola de una vez y para siempre. No lo hace, pero podria. Decide no hacerlo. Todo ocurre en 7 segundos.

-Esta mierda no es Mario. Mario ya no está.

Ahora sí. Lanza la urna contra el piso. No demasiado fuerte, casi que suave. No explota en mil pedazos como habia imaginado. Se rompe en 4, 5 partes grandes y el polvo que contiene se desparrama un poco. La nube de partículas, que imaginó colosal e invasiva, es apenas un breve suspiro alrededor de la urna rota. El listón rojo sostiene el armatoste quebrado, resistiendo el impacto primero y la rotura después. El sonido seco del golpe termina de pronto en lo que parece menos que un instante. Lo verdaderamente contundente y catastrófico es el silencio. La rodea una audiencia de 17 personas en completo y absoluto silencio. El bullicio previo para repentinamente y todos observan atónitos la urna destrozada. Un coro de rostros paralizados, el atronador sonido del shock, todo parece dejar de lado la presencia de la mujer y su pollera larga oscura. No sabe dónde mirar ni qué hacer. Un llanto dolido y agonizante comienza a murmurar desde el fondo, rompiendo el embrujo. Todos vuelven a la realidad. La miran con dolor y vergüenza. Ella lo siente. Ve la urna destruida y una daga se clava en su garganta antes de atravesarle el pecho. Siente sabor a sangre en la boca. Las lágrimas se precipitan abundantes, incontrolables. La combinación de dolor y rabia la lastima. Todo esto en no más de 12 segundos.

-¿Cómo pudieron hacerme esto?

Se precipita hacia la puerta del edificio. Atraviesa a los tumbos una audiencia que la rodea sin hacer más ruido que el del llanto discreto. La observan con calma sobrenatural. Algunos no apartan la vista de la vasija. Nadie se atreve a mover un solo músculo. La mujer llega a la puerta y la vereda la espera. El sol atraviesa todo y siente en la piel un calor perverso. Dentro suyo solo hay frío. El contraste la perturba. Las lágrimas siguen cayendo cuando decide que solo puede seguir corriendo. Corre a los tumbos, desesperada, hacia la derecha. El sol le pega en la espalda. Sabe que está corriendo y todo su cuerpo se lo recuerda. Hace el esfuerzo consciente y reflexivo de correr. Deja que la fuerza la atraviese. Hace una cuadra cuando comienza a llorar de verdad. Se le cierra la garganta y el paladar le tiembla. Respira rapido y entrecortado, ahogando el llanto con esfuerzo. Sigue y las lágrimas se le escurren en el rostro. Aprieta los dientes y respira acelerada. Las bocanadas de aire entran y salen irregularmente. A la segunda cuadra se cansa. Un dolor en el estómago y la falta aliento la frenan. Tiene la piel tensa e incómoda. El llanto se pone en pausa, pero no para. Le tiemblan las rodillas y siente que se podria desplomar ahi mismo. Está en una esquina bombardeada por el sol. Decide caminar una cuadra más hasta la plaza. Solo han pasado 3 minutos cuando llega.

-La puta madre que me recontra pario.

Habla rapido y en voz alta, como queriendo que alguien la escuche. Acomoda la espalda contra el banco. Lo siente tibio pese a estar protegido en la sombra. La rodea la plaza casi en soledad, con solo una pareja a más de 50 metros. Sabe que no la escucharon pero necesitaba decirlo igual. Sube con elegancia sus rodillas al banco y acomoda la pollera. Se abraza a sí misma, presionando la frente contra sus rodillas. El llanto reanuda de a poco. Ahora es al revés, primero las lágrimas y despues el cuchillo en la garganta. Su cabeza da vueltas a una velocidad que solo se puede comparar con la borrachera. Trata de pensar en la voz de Mario pero solo aparece un sonido burdo, ridiculo incluso. Le duele no estar segura de recordarla bien. Llora y se queda sin aire. Solloza despacio, intercalado con pausas donde trata de contenerse. No quiere dejarse llevar. En su mente el rostro de Mario ahora está intercalado con la textura de una urna. Un pedazo de arcilla horrible pero vivido. La siente en sus manos, en su piel, en su olfato. Hasta recuerda los detalles del sonido que hizo al romperse. Llora apretando los dientes, agarrando su pollera con furia. El rostro de Mario aparece en flashes. El olor también. Primero se confunde con la urna pero despues no. Ese es Mario. Ya no son imagenes sueltas, ahora son momentos. Escucha su risa, clara y estridente. Recuerda el tacto de su piel aspera en un abrazo. Piensa en la urna. Su listón rojo. Mario con su torta favorita, también roja. Un cosquilleo le pica en la garganta. Es un intento extraño de risa. Mario en su cena de egresados, vestido de rojo. Se queja de salir brillando en todas las fotos. Hace años no recordaba ese día. Se ríe y llora. Acaricia su pollera y respira despacio. Inhala y exhala. Vuelve a llorar pero mucho más despacio. No sabe cuánto tiempo pasó.

-¿Estás bien?

Maria se para frente a ella. La observa durantes largos segundos sin recibir ninguna señal. Le cuesta. Saca su cara de entre las rodillas, toda hinchada. Maria le devuelve una mirada de preocupacion y tristeza. Sus ojos conectan y comienzan las lágrimas de ambas. Tardan en empezar a llorar. Le da lugar a Maria en el banco y lloran en paralelo. Se gira para mirarla y ve como Maria se rasguña despacio la mano. Hace un trayecto desde el comienzo de su tatuaje arriba de la muñeca hasta su dedo índice. Deja un surco blanco en la piel y repite el movimiento. Lloran en silencio y despacio. No conectan sus miradas por temor. Sienten que no pueden seguir llorando así. Maria le ofrece su mano sin mirarla. La toma y la acaricia, primero despacio y despues con fuerza. Exploran sus dedos con suavidad sin mirarse. Piensa en Mario, en las ganas de verlo. Piensa en la urna. Piensa en la primera vez que vio a Maria, hace tantos años, en lo mucho que la queria Mario. Vuelve a la realidad cuando María ríe. Despacio, muy sutilmente. Se ríe y dice que lo extraña. Se nota que queria decir mucho más. Pero no lo hace. Llega hasta ahi, como saboreando sus palabras. Lo siente de verdad. Ella también lo extraña. Sabe que no lo va a dejar de hacer nunca. Piensa en la urna. No entiende porque la rompio. No se arrepiente, tampoco. Toca el hombro de María con suavidad. Ella levanta la cabeza y ambas hacen un gesto para abrazarse.

-Mario también es esto.

Se abrazan. No saben cuánto tiempo pasó. Podrian haber sido semanas.


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