2020: Por otro año de movilización y gender lens
El 2019 fue el año en que la inversión con perspectiva de género tomó un papel protagónico en el ámbito de la inversión de impacto.
2020: Por otro año de movilización y gender lens
En América Latina, como en otros años, el 2019 estuvo marcado por las protestas sociales, aunque con un rasgo de identidad nuevo al menos por su visibilidad e impacto con alcance regional: el protagonismo de los movimientos de mujeres por la equidad de género y, sobre todo, en la exigencia de respeto y protección de sus derechos humanos más fundamentales, comenzando por el de la vida.
En México, mi país, la movilización fue especialmente amplia, diversa, disruptiva. Desde luego, no se trata de una lucha nueva, como algo que surgiera de repente, pero no habíamos visto un sacudimiento de tal magnitud.
Miles de mujeres salieron a las calles y a las plazas para gritar “¡Ni una más!” y, al cierre del año, como corolario, replicar el performance “Un violador en tu camino”, del colectivo feminista chileno Las Tesis, con el cántico que se tradujo a varios idiomas y se entonó en decenas de países de todo el mundo:
“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.

Imagen del performance Un violador en tu camino por Alberto Valdes
Más allá de la polémica por la letra, como por las distintas formas que tomaron las protestas, que en ocasiones derivaron en violencia, no puede negarse la razón profunda de las manifestaciones: las inequidades que inciden en la vida de una gran parte de las mujeres y, más aún, en la explotación, las agresiones físicas y los homicidios que en muchos países ya están tipificados como feminicidios. En México, se registran 10 al día en promedio.
Todo esto generó un intenso debate y un proceso de reflexión que, afortunadamente, rebasó los circuitos feministas, del activismo social y de las mujeres mismas, y se extendió a la sociedad en general. Un saldo alentador, en el sentido de que puede –debería– ser un germen que contribuya a acelerar los cambios y las acciones que urgen en los hechos, más que en la retórica.
Coincidentemente, el 2019 también fue el año en que la inversión con perspectiva de género o gender lens tomó un papel igualmente protagónico en el ámbito de la inversión de impacto y ESG en el mundo. Prosigue un crecimiento exponencial que, de acuerdo con estudios como los de la Iniciativa de Impacto Social de la Escuela de Negocios de Wharton, a unos cuantos años de que se empezaran a especificar los términos del concepto, suma ya al menos 2.2 mil millones de dólares recaudados para instrumentos de inversión privada con esa estrategia explícita y 2.4 mil millones en activos bajo gestión en los mercados públicos.
En nuestra región todavía hay pocos proyectos y vehículos de inversión de este tipo. Sin embargo, como con las protestas y toma de conciencia, también tuvimos un 2019 intenso y sobre todo con señales promisorias en este sector. Un año que podría verse como la preparación de motores para el despegue, ¿y por qué no en el 2020?
¿De qué se trata?
Me gusta esta definición de Bhakti Mirachabdani, experta en política pública e inversión sustentable y de impacto y columnista en *Forbes*:
“Una tesis de inversión que busca convertir la idea abstracta del beneficio de una inversión para las mujeres en una estrategia de inversión funcional. Integra factores basados en el género en las decisiones de inversión con objetivos que van desde mejorar los retornos ajustados al riesgo hasta impulsar la igualdad de género”.
Incluye el financiamiento de empresas dirigidas por mujeres, con proyectos que promuevan la igualdad de género y que desarrollen productos y servicios que las impacten positivamente. Todo bajo el mantra de la inversión de impacto: do well by doing good.
Estamos hablando de un mercado y un área de oportunidad sobre las que apenas se muestra la punta del iceberg. Tan sólo en lo que atañe a los negocios dirigidos por mujeres, de acuerdo con datos del Banco Mundial, constituyen una tercera parte de las Pymes de nuestra región y el 73% no tiene acceso a financiamiento. La Corporación Financiera Internacional (IFC) ha calculado que tan sólo en los países en desarrollo hay un gap de 320 mil millones de dólares respecto a las necesidades de capital de emprendedoras, y eso en el sector formal.

Fotografía por Priscilla Du Preez en Unsplash
Ante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo, en la Ciudad de México se presentó un estudio pionero, por su alcance y profundidad: “Inversión con un enfoque de género: Cómo las finanzas pueden acelerar la igualdad de género en América Latina y el Caribe”, elaborado por BID Invest y el Instituto de Innovación Social de la Escuela Superior de Administración y Dirección de la Universidad Ramon Llull de Barcelona.
Este reporte estima que en nuestra región hay una brecha en capital privado, de riesgo y semilla de 5 mil millones de dólares para financiar microempresas manejadas por mujeres y de 93 mil millones para Pymes con la misma condición. Necesidad y oportunidad de negocio con ventajas claras: las empresas con sello femenino están desde hace tiempo por encima del mercado en cuanto a crecimiento en consumo y crédito, a lo que se añade la previsión de que en 2025 las mujeres controlarán ya el 75% del gasto de la población.
Tres meses después, en junio, se presentó otro informe esclarecedor, elaborado por Value for Women, organización con sede en Londres especializada en asesoría en proyectos y sobre políticas de inclusión social, bajo el auspicio de ANDE Catalyst Fund:* “Impact Investing with a Gender Lens in Latin America”*. Recopila información de 48 inversores de impacto y partes interesadas del ecosistema emprendedor en América Latina, así como de 254 empresas de sus portafolios. Los objetivos: generar interés en la adopción de estrategias y métricas de género, resaltar el trabajo que se está haciendo y dar orientación tanto para inversionistas y emprendedoras sociales.

Fotografía por CoWomen en Unsplash
Entre otras cosas, el reporte, difundido por ANDE (Red de Emprendedores del Desarrollo Aspen), confirma la pertinencia financiera de estas inversiones con una batería de argumentos que, como diría el clásico, es difícil de rechazar. Por ejemplo, refiere que un estudio realizado a 160 acreedores de todo el mundo durante 11 años muestra que los negocios con porcentajes más altos de mujeres en puestos de liderazgo superan a los que tienen la participación más baja de manera radical en retornos sobre ventas (ROS), activos (ROA) y capital (ROE). En ROS 18 contra -1 por ciento; en ROA, 3.9 vs 0.3 por ciento; en ROE, 8.6 contra 4.4 por ciento.
En cuanto al impacto social, destacaría, entre otros, la estimación de que si todos los países de América Latina y el Caribe se pusieran al corriente respecto al de mejor nivel en paridad de género, el PIB regional crecería en 1.1 trillones de dólares (cuenta corta) hacia el año 2025. Para lograrlo, bastaría con aumentar en 14% las tasas de progreso actuales en la materia. Otro cálculo proyecta que si la participación laboral de las mujeres se pusiera al parejo de la de los varones, el PIB per Cápita promedio subiría 16 por ciento.
Catalizadoras de progreso
Para cerrar esta reseña de un año muy activo en la breve pero dinámica trayectoria de la inversión con perspectiva de género, agrego el caso del motor que arrancamos en México en noviembre para contribuir a acelerar esta historia. Viwala, la iniciativa de Grupo New Ventures especializada en financiar empresas con impacto, que lanzamos en el FLII 2019, suscribió una alianza para crear una plataforma que ayude a detonar el acceso a financiamiento y servicios para las mujeres emprendedoras. Nuestro aliado, **Pro Mujer**, es una institución que combina las microfinanzas con el apoyo a la salud y el empoderamiento de las mujeres, y apoya a más de 40 mil empresarias locales en nuestro país. También con el respaldo de USAID, se trata de consolidar una metodología eficaz para proveer de capital a muchas, muchas más.
A ambas organizaciones nos mueven realidades/oportunidades como el hecho de que por cada cinco Pymes que se abren en nuestro país, tres son dirigidas por mujeres, y sin embargo, no representan más del 16% del sector formal de la economía, por las dificultades que encuentran no sólo para fundar sus negocios, sino para para lograr que sobrevivan, crezcan y se desarrollen. Desde las puertas cerradas para el financiamiento hasta las que enfrentan para conciliar sus tareas profesionales con las del hogar, pasando por las inequidades y prejuicios que persisten en la sociedad, barreras a veces imposibles de franquear.
Partiendo de la experiencia de 15 años de **New Ventures** trabajando con empresas de impacto ambiental y social, aquí vemos oportunidades de negocio e impacto social que, como país, no pueden dejarse pasar. Para sembrar aquí y ahora, porque no tenemos duda de que hay un terreno muy fértil.
Hay evidencia de que las mujeres llevan de regreso el 90% de sus ingresos a sus familias y comunidades, mientras que en los hombres la relación es de 40 por ciento. Pro Mujer, con 30 años de operaciones, es enfática al resaltar que su trabajo se inspira en el efecto dominó de que invertir en tan una sola emprendedora puede desencadenar la prosperidad de comunidades enteras y, cuando se replica la experiencia y ejemplo, el progreso de las próximas generaciones.
A fin de cuentas, son más de la mitad de la humanidad. Simplemente imaginemos lo que implica eso en términos de potencial de mercado, lo mismo que de innovación y emprendimiento empresarial y social, tomando en cuenta la situación de inequidad que prevalece en el mundo y en particular en América Latina.
Como hemos visto, ellas saben lo que necesitan en productos y servicios, tanto como en políticas de protección, asistencia y desarrollo. Suelen ser excelentes empresarias y, regularmente, más responsables y mejores administradoras del dinero que los hombres, como muchos lo sabemos por experiencia.
La dimensión de las oportunidades es equiparable a la deuda social por las necesidades desatendidas y las injusticias. Aún hoy, por cada hora trabajada, las mujeres reciben ingresos laborales que son en promedio 17% inferiores a los de los hombres, según un informe de Organización Internacional del Trabajo presentado en 2019. Tenemos la segunda tasa de embarazo adolescente en el mundo y todavía una de cuatro mujeres se casan antes de los 18 años. En mi país, más de 30 millones ha enfrentado violencia alguna vez en su vida, como se destaca en el paquete de datos que presentó el Instituto de Estadística y Geografía a propósito del Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre.
Por todo esto, en 2020 hay que subir aún más la intensidad que se vio el año pasado en los movimientos y esfuerzos por la equidad de género y los derechos de las mujeres. Más protestas si no hay cambios, por supuesto, pero también más inversiones y empresas con enfoque de género.
메타데이터
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