En defensa de la neutralidad
Una frase que se repite acríticamente es: “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”. Es un absurdo si lo meditamos. Sin…
En defensa de la neutralidad
Una frase que se repite acríticamente es: “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”. Es un absurdo si lo meditamos. Sin embargo, incluso las malas ideas pueden ser difíciles de desmontar. Por eso es importante defender la neutralidad.
Una analogía
Imaginemos que en una calle cualquiera alcanzamos a ver a un hombre que derriba a otro. El derribador se da la vuelta alejándose lentamente, mientras el derribado se duele en el suelo. Ante tal situación es posible tomar partido o ser neutral. La pregunta es ¿cuál sería la acción virtuosa?
Una primera respuesta sería “ser parte de la solución para no ser parte del problema”, negarse a la neutralidad y atacar al agresor, porque el agresor merece un castigo. Entonces, atacar al agresor es una opción.
Otra opción es la neutralidad indiferente. Ya sea por abulia o por distracción, seguir de largo. En un caso asumir que frente a los problemas de otros, yo no tengo ninguna responsabilidad. En el otro caso, ni siquiera pensarlo y por ensimismamiento caminar sin ser afectado por los sucesos exteriores.
Habría, incluso, una opción más, aunque acaso improbable, que sería tomar partido por el agresor y tomar una actitud de burla, escarnio o de mayor agresividad contra el hombre caído. Tal vez en fenómenos como el acoso escolar o los linchamientos digitales llegamos a ver algo semejante: el ataque a quienes ya han sufrido algún ataque.
Ciertamente, ni agredir a uno o a otro es acción virtuosa, tampoco conlleva virtud la indiferencia, sea razonada o empujada por la costumbre. Cabe señalar que todas esas reacciones tendrían bases biológicas y se explicarían las tendencias naturales del ser humano. Sin embargo, la reacción más virtuosa sería otro tipo de neutralidad no indiferente, una neutralidad que he querido llamar neutralidad virtuosa.

Neutralidad virtuosa
La neutralidad virtuosa
¿Qué es la neutralidad virtuosa? Interesarse e intervenir en un conflicto sin animadversión por ningún bando. Estar dispuesto a ayudar, pero indispuesto para combatir. Debe considerarse que los conflictos son por lo menos disputas entre dos bandos. Si despreciáramos solamente a uno de los dos bandos, ya no podría haber neutralidad.
Si regresamos a nuestra analogía: el derribador probablemente tuvo algún motivo para agredir al otro. ¿Fue justo o injusto? Eso no lo sabemos. Aunque sepamos que no está bien violar el principio de no agresión. No sabemos las causas que lo llevaron a actuar de tal modo, reconocer el desconocimiento es lo prudente. Lo imprudente, en cambio, sería decir: nada justifica la agresión, ataquémoslo.
Si hubiera un testigo mirando desde la ventana de un edificio cercano, también sería prudente preguntarle. Lo imprudente sería llamar a ese testigo “pro-agresor” cuando nos explique las razones de la agresión.
Conocer y comprender las motivaciones de una agresión no es lo mismo que justificarla. Sin embargo, en la propaganda que hoy en día se extiende por el mundo, además del absurdo dictado de que “si no somos solución, somos problema”, también se nos reprende con la doctrina ridícula de que toda explicación de una guerra es una justificación de la misma.
Neutralidad vs Alardeo moral
El alardeo moral con el que se manejan los medios masivos de desinformación contagia a su público con ese mismo virus. De tal suerte, las redes sociales son un estercolero de alardes de cuentas que siempre están indignadas y que siempre tienen en sus manos la solución para el mundo. Nunca una explicación porque eso puede entenderse como justificación.
Frases típicas como “es lamentable lo que está sucediendo”, “condeno enérgicamente esto”, “me opongo”, “me averguenzo”, “me llena de rabia y tristeza”, no reflejan neutralidad, sino una postura emocional en contra de algo. La neutralidad no es una postura en contra ni a favor de algo, sino una suspensión del jucio. Una especie de epojé, una prudente responsabilidad para no enjuiciar equivocadamente por premura. Se trata de contener a la impulsiva “bella persona” que reacciona de inmediato desde la ignorancia.
El alardeo moral implica un gran riesgo. No se trata de criticarlo solamente por la hipocresía y el narcisismo que conlleva, sino por ser un trampolín para los linchamientos, las discriminaciones y las campañas de odio. El alardeo moral, como es una distorsión exagerada y no una descripción de la realidad, se vale no sólo de exagerar la condición de víctimas, lo que se conoce como victimismo, sino también en exagerar a los victimarios, los malos de malolandia, las encarnaciones del mal absoluto. El alardeo moral es peligroso porque victimiza y demoniza.
La victimización desacredita la capacidad de las víctimas para superar sus problemas, para resistir y para levantarse. Por otra parte, la demonización es una de la peores formas de deshumanización. Ya que esa demonización termina por ser la justificación, aquí sí, del ataque contra los demonios, que en realidad son personas iguales a nosotros.

La virtud de ser neutral
Quien de verdad quiera ser pacifista debe aprender a ser neutral, no a tomar posición, ni alardear su indignación. Decirle no a la guerra, pasa necesariamente por decirle no a la demonización del otro. Nadie que crea que Putin es un ser absolutamente malvado puede congruentemente afirmar que está en contra de la guerra contra Putin. De hecho, tal persona sería un soldado de la guerra cultural.
La neutralidad está mal vista porque el anatema de que “si no somos parte de la solución, somos parte del problema”, está arraigado como paradigma. Sin embargo, conviene ser consciente de que ese maniqueísmo es absurdo, el mundo no se divide en dos clases: los problemas y las soluciones. Es risible. Si yo un día me voy de paseo a un pueblo sin internet y me dedico a leer obras clásicas, quizá a mi regreso descubra que soy cómplice de un genocidio al que jamás condené en Twitter, como no fui parte de la solución condenándolo, me volví un genocida. Completamente ridículo.
Nuestro sentido común nunca nos abandonará del todo. Escuchémoslo. Volviendo al ejemplo inicial, si ayudamos al hombre caído a levantarse, sin sobredimensionar los hechos, sin indignarnos por la violencia, sin histeria, sin llanto, sin alardes. Simplemente ayudar a que se levante, sin insultar al agresor, sin buscar venganza, sin denunciarlo ni demonizarlo, entonces estaremos haciendo algo bueno, una acción virtuosa, una acción neutral.
메타데이터
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