← Back to list

La última oradora de la plaza vacía

Cristina Kirchner y el fin de la política de masas en una sociedad cada vez más fragmentada

Lucas Alvarez · 2025-06-10 02:15 · 0 claps · 3.1 min read
#liderazgo #cristina-kirchner #libertario #peronismo
Open on Medium ↗
Wiki topics: RAG · RAG & Retrieval 🔒 · Cybersecurity

La última oradora de la plaza vacía

Cristina Kirchner y el fin de la política de masas en una sociedad cada vez más fragmentada

Cristina no es solo una figura política. Es una escena. Es un tono. Es una manera de narrar la historia. Con ella, la política argentina vivió su último gran momento de épica organizada, de cuerpo colectivo en las plazas, de relato que aún podía abarcar a muchos a la vez. Fue la última que pudo hablarle a la masa como sujeto unificado.

Hoy, sin embargo, la plaza está vacía, aunque se llene. La gente llega, se emociona, pero ya no permanece ni se organiza. La política dejó de ser una pertenencia vital y pasó a ser un consumo intermitente. Y Cristina, aún en su potencia simbólica, parece hablarle a un país que, nos guste o no, ya quedó atrás.

La líder en el tiempo equivocado

Cristina es — en términos lacanianos — una significante-maestra de una era que se resiste a morir. Su liderazgo se sostiene en una economía del deseo político que ya no rige: la de la identificación, la mística, la lucha simbólica contra “el enemigo” (sea los grupos económicos hegemónicos, los medios, el FMI o simplemente el antiperonismo).

Pero como plantea Daniel Innerarity, estamos frente a un “nuevo desorden social”, donde la sociedad ya no responde a los mecanismos de agregación tradicionales, ni obedece a liderazgos verticales. El ciudadano posmoderno, multitasking, agobiado, precarizado, ya no se piensa como parte de un colectivo, sino como un individuo desbordado, que quiere soluciones inmediatas.

En ese mundo, la política de Cristina resuena más como recuerdo que como posibilidad.

No hay épica en la incertidumbre

En un contexto de creciente fragmentación, donde — como advierte Gilles Lipovetsky — el yo es el centro de todo y la política se vive como espectáculo, los liderazgos carismáticos ya no ordenan el sentido. La oradora está, pero el público ya no está dispuesto a seguirla sin condiciones. Y eso no es necesariamente malo: es un síntoma del agotamiento de ciertas formas.

Cristina insiste en una política de relato fuerte, de enemigos visibles, de pueblo versus poder. Pero hoy, la disconformidad social se canaliza por la derecha disruptiva, por el descreimiento total, por el sálvese quien pueda.

Ser críticos con CFK no implica negar su inteligencia política, su capacidad de liderazgo ni, incluso, su legado. Es reconocer, que fue enorme en una Argentina que ya no existe. Y que, a veces, insistir con los símbolos de ese tiempo impide que emerjan otros relatos posibles.

Pero también es cierto que ninguno de los que vinieron después — ni los elegidos por ella, ni los rivales — lograron ocupar su lugar con una densidad política comparable. Cristina deja un vacío, y ese vacío es también una deuda de una dirigencia que no supo leer el tiempo nuevo.

De la plaza al algoritmo

Ella es, sin duda, la última que supo hablar desde un balcón y ser escuchada. Hoy, los discursos se licúan entre plataformas, hashtags y virales de Tik Tok. La política perdió su espesor simbólico, y en ese sentido, CFK encarna no solo el fin de un ciclo político, sino el cierre de una sensibilidad colectiva.

¿Quién vendría después? ¿Con qué lenguaje, con qué legitimidad, con qué proyecto?

Mientras tanto, empiezan a ganar centralidad nuevos liderazgos que explotan la fragmentación, el desencanto y la emocionalidad instantánea. El populismo libertario no propone una vuelta al orden, sino una radicalización del caos.

Si el liderazgo cristinista encarnaba una épica colectiva y un relato con densidad simbólica, el liderazgo libertario se monta sobre una lógica profundamente individualista, que no busca organizar multitudes sino viralizar consignas. En vez de apelar a la historia común, se apalanca en la furia social, la antipolítica y el resentimiento. No hay pueblo en su discurso: hay usuarios. No hay plaza: hay redes sociales. Y eso también es un signo de época.

En consecuencia, el liderazgo que logre recuperar la racionalidad política y el poder de representación no puede ser una réplica de lo que fue. Deberá, sin dudas, ser más horizontal, más poroso, totalmente dispuesto a habitar contradicciones y a hablarle a la incertidumbre sin apelar a la nostalgia. Plantear de una vez por todas, una idea de futuro sin especulaciones ni mezquindades.

Donde antes hubo relato, hoy hay reacción. Donde hubo mitología popular, hoy hay marketing de la furia.

Cristina fue, en definitiva, la última oradora de la plaza, que ya no convoca multitudes como sujeto político. Y eso, más allá de su delicada situación judicial, no la debilita: la convierte en el último icono de una época que, como todas, ya terminó.


메타데이터
post_id
e54d0f596a07
slug
la-última-oradora-de-la-plaza-vacía-e54d0f596a07
url
https://medium.com/@lucassalvarez86/la-%C3%BAltima-oradora-de-la-plaza-vac%C3%ADa-e54d0f596a07
canonical_url
https://medium.com/@lucassalvarez86/la-%C3%BAltima-oradora-de-la-plaza-vac%C3%ADa-e54d0f596a07
author_url
https://medium.com/@lucassalvarez86
status
ok
fetched_at
2026-07-08 18:29:56