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¿Por qué nos gusta Duki?

Duki viene al Festival de Viña y llenó un monumental el mes pasado. Mauro Ezequiel Lombardo Quiroga, nacido el año 96 en Argentina. Un…

Mario Fergnani · 2024-12-04 17:28 · 0 claps · 5.6 min read
#música #duki #música-urbana #cultura
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¿Por qué nos gusta Duki?

Duki viene al Festival de Viña y llenó un monumental el mes pasado. Mauro Ezequiel Lombardo Quiroga, nacido el año 96 en Argentina. Un personaje nacido desde las redes y el boom de la música urbana en Argentina. En este texto intento dar claves de por qué nos gusta.

Prendan un puchito que esto es cine.

Probablemente comentaré una obviedad, pero es el punto de partida para entender a Duki en nuestro contexto: las historias en las canciones. En particular la música contiene relatos sobre cosas, eventos, personajes inventados, tragedias que nunca existieron. Siempre vuelvo a un ejemplo clásico del rock argentino: “Confesiones de invierno”. No creo que a Charly le haya pasado lo descrito por esa increíble canción, más bien, me imagino sin certeza alguna que inventó ese personaje para llevarnos por el trayecto de ser despojado de la sociedad.

Duki parte sentado para atrás en el asiento del auto, pareciendo que está en reversa a Charly. Él es el protagonista de esas canciones. Son historias sobre él. Ustedes podrían contradecirme diciendo ¿qué historia va a contar un pibe que solo canta de porros y marcas? Muchas. Probablemente no te van a gustar, pero hay historias. Me despierto 19 p.m y lo’ mensaje’ me llueven al WhatsApp, la mitad dicen “get up” y el resto son “expertos” que me quieren contratar. Es un lema recurrente que “canta lo que le pasa y lo que vive”. Lo ha hecho desde siempre, cuando estaba en Modo Diablo con YSY A y Neo Pistea, las canciones son sobre vivir en la mansión, los tres juntos, en la mítica residencia de Antezana.

¿Cuál es el contenido de esta historia? Teje palabras y rimas. Toda la carrera de Duki es una cinta cinematográfica donde es el protagonista. De un niño que no sale de su habitación. Sin tener el talento para cantar -elemento reconocido por él- se pone a rapear y sueña con ser grande con el autotune como armamento. Le sale bien rapear. Muy bien de hecho. La improvisación fue su escuela. Llegó a llenar estadios en toda la zona hispano hablante. Pasó por fases destructivas, donde con mis amigos nos preguntamos qué tan drogado está en tal o cual video. Hizo de su vida una película y él es el protagonista, y rapea sobre lograrlo y los costos que le llevó. Expuesto al cuervo como carne cruda.

Ahora todo esto suena a una adoración del ideal meritocrático donde el consumo es la máxima expresión de éxito. Y en parte lo es. El bienestar material como consagración del ciudadano. No les miento, a veces cuando escucho sobre marcas, ropa, autos me desencajo. No solo porque puede sonar ridículo en un nivel superficial, sino porque pienso cual es el sentido tiene alabar una marca. Le doy vueltas y vueltas y vueltas. No tengo una respuesta que me caiga con satisfacción, pero sí creo que el trap, del cual Duki es exponente consagrado, no ha vivido un mundo no globalizado y es consecuencia de ello. Yo mismo no he vivido otro mundo. Y el trap es la expresión de una cultura política de nuestra experiencia de crecer con un computador y teléfono en la mano. No porque no mencione posiciones políticas explicitas no tiene contenido de aquella esfera de la vida, pone premisas sobre la justicia y la solidaridad en sus canciones. ¿Coincidentes con el ideal capitalista? Si ¿Menos válidas por eso? No.

Este es un elemento que es disputado en la vida cotidiana. Recuerdo que en los momentos más acelerados de la elección argentina en Tik Tok usuarios ocupaban letras de sus canciones para sostener que Duki era Pro-Milei: Tengo a los míos hablando italiano, de lunes a viernes solo comen pasta, que se joda el sistema de castas. La solidaridad de los míos contra la casta fue algo que resonó, aunque GIVENCHI salió al oído popular antes del estrellato político de ese hombre pelucón y gritón. Esa cultura política no ha vivido dictaduras, conflictos armados ni algo por el estilo. Solo ve el deterioro y la corrosión en las paredes del barrio, y el mundo no tiene escapatoria. ¿Cansancio con el peronismo? Quizás. Solo queda lanzar la casa por la ventana y dejar de construir a veces, y esperar a tener montones de ropa tan alta como un rascacielos.

Duki es el símbolo de esa cultura política. Es un ícono donde todos conocemos su historia: su pareja, los nombres de su padre y su madre, del barrio en que salió. Es la expresión de una pulsión interna que tenemos de querer ser alguien cuando posteamos una historia en Instagram. De negar que quiero la marca cuando en el fondo la quiero. De enrostrar que lo logré, salí de donde estaba y pude hacerlo. De darle la vuelta al sistema, curiosamente, nunca contra este.

Lo estuve hablando con el YS.

Tengo un grupo de amigos numeroso y recurrente. Nos juntamos con unos tragos y música de fondo en la casa de alguno. Viernes, sábado o ambos. Sin darnos cuenta ritualizamos el proceso, conversar, cómo estuvo la semana, los problemas sentimentales o maritales y avanzamos. Nos reímos y nos burlamos entre nosotros. Avanza la noche entre unos tragos y cigarros. Pero, llega un momento que es clave. Uno toma el celular y pone a Duki en el parlante. Uno que otro hace el signo de modo diablo. Uno que otro hace una locura arriba de una silla. Cantando los temas como una hinchada.

No sé en qué momento partió esto. Recuerdo que escuché a Duki hace años, particularmente porque me llamó la atención Pablo Chill-E y me gustaba. Estaba este argentino de voz ronca que a veces cantaba como si estuviera llorando. Entremedio me quedé pegado con Hit Boy. Luego, en una cultura donde la música no se compra, sino que se escucha de Spotify, para trabajar en noches de escritura para un postgrado ponía a Duki con alto volumen en mis audífonos. Las canciones se fueron quedando. Las agregué a mis “me gusta”. Luego salí con mis amigos y estábamos todos en la misma. Empezó esta subcultura a alterarnos las conversaciones. Después sabíamos el nombre de productores y amigos de Duki. Este tema escondido en Youtube que nunca salió. O la vez que improvisó una canción en medio de una transmisión de Stream y salió un temazo que solo existe en esa grabación (la pueden encontrar como “nena lo siento”).

El título de este apartado viene del cierre de una canción de YSY A y Duki. No da más. Me hiciste ver cosas que no se de mí, lo estuve hablando con el YS. Cuando vas a un concierto de YSY A la gente grita a garganta seca esa frase y comienzan a corear a Duki, sin que esté. La dimensión colectiva del consumo de Duki es parte de la experiencia de los que lo consumimos. Corear sus canciones. Gritar Rockstar como si viviésemos algo parecido a eso. Pero no hay nada de eso en la vida real de nosotros, la marihuana me daría una pálida. Compartimos y cada uno está el lunes en su oficina. De Rockstar nada.

La idea de una amistad con otros es parte central de su cultura como consumidores. Es una actividad para hacer con amigos y amigas -no nos mintamos, más amigos que amigas, por tanto tiene un ethos masculino -. Pero no es solo sus canciones. Sabemos cosas de su vida, los conciertos, sabemos cuándo sacará un disco y lo esperamos. Vemos videos de él y nos reímos. Así como es un personaje en una cinta cinematográfica es alguien que construyó el consumo desde la cercanía: apareciendo en la transmisión de algún streamer, la amistad con Pablo Chill-E.

Ir al monumental a verlo fue parte de una etapa de esta amistad. Fuimos en grupo, éramos cinco. Estábamos en la cancha. Fue hacer lo mismo que hacíamos el fin de semana, pero saltando, sintiendo el calor de las llamas que reiteradas veces lanzaba desde el escenario. Duki emocionado por la gente coreando su nombre. Su madre al medio entre la cancha VIP y General siendo aplaudida por la masiva audiencia. Le canto a la Sandra como a Donda. La amistad fue central incluso en el show. Fue un desfile de amigos chilenos y argentinos de Duki. Llenó de momentos inolvidables: Invitó a Neo Pistea, miembro de Modo Diablo, trío que vivía en la mansión de Antezana y donde hicieron sus primeros temas. Pablo Chill-E se auto denominó el rey del Trap en Chile y nombró a Duki como su simil en Argentina. Escuchar el bajo de Si te sentís sola y mirar a tu amigo al lado porque sabes lo que viene. O en un momento saltar tanto que piensas que tienes casi treinta y que quizás no era el concierto para ti, pero no paras de saltar.


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