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Pescadores de langostas

Bruno Abarca in De las distancias · 2011-07-30 16:28 · 0 claps · 2.2 min read
#buzos #caribe #honduras #langosta #pesca
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Pescadores de langostas

Jóvenes buzos de Laka Tabila marchan a los puertos para el comienzo de la temporada de pesca de langosta.

El sacabuzos se pasea por las aldeas y las comunidades de la Mosquitia Hondureña. Títere de la industria pesquera, ofrecerá trabajo y dinero fácil a los jóvenes que se atrevan a dejar sus casas y sus familias por unos meses. Serán buzos y pescarán langosta en el Caribe.

El funcionamiento de esta industria es fácil. Jóvenes y no tan jóvenes, cientos de ellos, llegan a los muelles de Kaukira, Patuka y el río Plátano, para embarcarse hacia alta mar en periodos de unos doce días. Una vez allí trabajarán por parejas, con una pequeña canoa y un remo. Uno de los dos se colocará las aletas y la bombona, y bajará a las profundidades, aún vestido con sus pantalones cortos y su camiseta. El otro irá siguiéndole en superficie con la canoa, para ir recogiendo las langostas que le vaya entregando. Por la noche dormirán en las mismas canoas, en la cubierta del barco. Cobran unos 50 lempiras (2–3 dólares) por cada libra que consigan, y pueden llegar a conseguir unos 8000–10000 lempiras (400–500 dólares) al mes, durante los 8 meses que dura la temporada.

La otra cara de la moneda está, sin embargo, en los lisiados de Puerto Lempira. Y es que montones de buzos mueren o quedan parapléjicos cada año, por ir más y más profundo, sin otro equipamiento o medida de seguridad que unas aletas prestadas y una bombona de oxígeno. En las profundidades está el peligro. La necesidad de ir cada vez más profundo para encontrar langosta, junto a la ausencia de equipos que permitan conocer a qué profundidad están, y una preparación insuficiente, tiene sus riesgos. Una disminución brusca de la presión atmosférica puede hacer que los gases disueltos en la sangre formen burbujas, provocando embolias gaseosas. Cuando esto ocurre, aparece dolor, pérdida de la sensibilidad, parálisis transitorias, parálisis y lesiones permanentes, e incluso puede provocar la muerte. Los barcos pesqueros no cuentan con equipos sanitarios ni de evacuación, y no interrumpirán el periodo de pesca para trasladar a ningún buzo enfermo. Tienen que esperar varios días hasta que vuelven a tierra, a algún centro sanitario con cámara hiperbárica. Y a veces ya es demasiado tarde. Trabajan sin contrato, por lo que el gobierno hondureño no se hace cargo de sus pensiones, y los capitanes de barco sólo le compensarán con unos 500–1000 dólares para calmar a la familia y evitar denuncias, que de haberlas tampoco suelen prosperar.

Se cree que para 2013 o 2014 se prohibirá la veda de pesca de langosta, pero entonces montones de jóvenes quedarán sin trabajo en un lugar donde el paro es casi generalizado.

La temporada comienza en julio. En lo que va de mes ya han muerto tres personas. Capi, el presidente de la Asociación Misquita Hondureña de Buzos Lisiados, fue buzo durante años. Quedó discapacitado y usa una silla de ruedas de madera con una manivela. Cuenta, con cierta resignación, que sus dos hijos son ahora buzos, y que acaban de salir a la mar. No les queda otra.


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