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Málditas láminas Bargue y el arte de atender

Las láminas Bargue suelen ser lo primero que enfrentan los estudiantes de dibujo clásico. Y a veces, también lo primero que quieren…

André Lepe · 2026-04-17 03:54 · 0 claps · 2.6 min read
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Málditas láminas Bargue y el arte de atender

Las láminas Bargue suelen ser lo primero que enfrentan los estudiantes de dibujo clásico. Y a veces, también lo primero que quieren abandonar.

Fueron desarrolladas en el siglo XIX por Charles Bargue junto a Jean-Léon Gérôme como parte de la formación académica en la escuela Francesa. Basadas en esculturas y escayolas, contienen una información sintética de formas cuyo objetivo es entrenar la observación y la comprensión progresiva del dibujo. Hoy siguen siendo relevantes porque responden a un problema que no ha cambiado: aprender a ver con precisión.

Quien se enfrenta a estas láminas por primera vez recibe una instrucción aparentemente simple: copiar con exactitud una de ellas. Medir proporciones con paciencia, sostener un dibujo durante horas antes de avanzar. Las primeras sesiones traen entusiasmo, la sensación de estar progresando. El shock llega cuando se entiende que “parecido” no alcanza, y que si la copia no es exacta, el ejercicio está mal y uno será expulsado del arte figurativo para siempre.

A muchos esto les parece excesivo. Creo que se debe, en parte, a nuestros preconceptos sobre el arte: lo asociamos a la libertad, a la espontaneidad, a algo que debería fluir sin esfuerzo. Pero hay algo más profundo detrás de esa resistencia, y tiene que ver con cómo estamos mirando el mundo hoy.

Vivimos en una época que rechaza el malestar en cualquiera de sus formas. El arte es placer, sí, pero también es frustración, y en esa tensión entre polos opuestos se encuentra también la belleza. A esto se suma que la digitalización parece estar acelerando la pérdida de atención. Hoy vemos miles de imágenes al día, pero rara vez sostenemos la mirada más de unos segundos. Consumimos sin contemplar.

Dibujar de manera observacional es exactamente lo contrario. Es atender. Sostener la mirada. Quedarse. Eso es lo bello de estos ejercicios, y también lo difícil: entrar en el arte figurativo implica sentir un descenso, una resistencia, algo que duele un poco.

La filósofa Simone Weil escribió:

“La atención consiste en suspender el pensamiento, dejarlo disponible, vacío y permeable al objeto.”

Se trata de suspender el ego para ver con claridad. En ese sentido, el dibujo observacional es un ejercicio casi espiritual: uno aprende sobre sus propios límites y comienza a entender lo que este proceso realmente significa.

Muchos se frustran creyendo que dibujar es más simple de lo que es. Muchos abandonan. Pero quienes se quedan descubren algo que va más allá de la técnica: que aprender a dibujar no es solo representar, sino atender.

Bargue, es un método de enseñanza visual — muy accesibles, por cierto — pero con un alcance preciso: entrenar la mirada. Comprender la construcción estructural de lo que vemos exige algo más, otros modos de análisis que van más allá de este tipo de copias. El paso siguiente de todo esto es el dibujo del natural a partir de moldes de yeso: el contacto con el volumen real, con la luz cayendo sobre una forma tridimensional, lleva la observación a otro nivel, para luego dibujar modelos vivos.

Pero para llegar ahí, hay que ejercitar la mirada primero. Y eso es exactamente lo que este método enseña a hacer.

Las láminas Bargue no son el destino: son la puerta. No es lo único, pero es lo primero.


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