← Back to list

Morin o como construir un “nosotros”

La muerte de Edgar Morin a los 104 años pasó relativamente desapercibida en Chile, algo que no deja de ser paradójico, sobre todo en…

Cristián Soto Silva · 2026-06-01 23:27 · 0 claps · 3.0 min read
#chile #izquierda #morin #progresismo
Open on Medium ↗

Morin o como construir un “nosotros”

La muerte de Edgar Morin a los 104 años pasó relativamente desapercibida en Chile, algo que no deja de ser paradójico, sobre todo en tiempos donde predominan las respuestas rápidas y breves en forma de eslóganes y de certezas absolutas, desaparece uno de los pensadores que dedicó toda su vida a recordarnos que la realidad es compleja.

Los problemas sociales nunca tienen una sola causa, aquí la economía, la cultura, la educación, las emociones, el territorio, la historia y la política forman parte de una misma trama donde entender una sociedad exige conectar esas dimensiones y no observarlas por separado y esto, quizás, sea una buena clave para comprender el momento que vive la izquierda chilena.

Durante años, el progresismo denunció correctamente las explicaciones simplistas de la derecha y sin embargo, cuando llegó el estallido social de 2019, pareció incapaz de construir una síntesis propia de aquel fenómeno, donde se expresó una acumulación de malestares como las pensiones insuficientes, abusos empresariales, desigualdad, endeudamiento, precariedad laboral, crisis de representación y agotamiento del modelo político heredado de la transición.

Era, justamente, una crisis compleja, pero cuando llegó el momento de transformar esa energía en un proyecto político, la izquierda se fragmentó en la diversidad. No se me malentienda porque esta diversidad no debilitó a la izquierda, sino la capacidad de transformarla en mayoría política, porque una cosa es representar múltiples demandas y otra muy distinta es articularlas en una visión compartida de país.

La primera Convención Constitucional reflejó parte de ese problema, donde la representación reemplazó al proyecto y la performance reemplazó a la política. Los ejemplos son claros, La Lista del Pueblo, las mentiras de Rodrigo Rojas Vade o la irrupción mediática de figuras como la Tía Pikachú fueron el síntoma del fracaso del proceso, evidenciando la dificultad de transformar el malestar en conducción política.

Porque una cosa es representar el descontento y otra muy distinta es construir una propuesta de país. La izquierda parecía tener todas las demandas, pero cada vez menos relato.

Y mientras eso ocurría, la derecha hizo algo mucho más simple, ofrecer respuestas comprensibles, equivocadas para algunos, insuficientes para otros, pero comprensibles al fin y al cabo como seguridad, orden, crecimiento y control. La izquierda, en cambio, comenzó a hablar en múltiples idiomas al mismo tiempo y hoy, a punta de sendos fracasos electorales, se ha dado cuenta de que la sociedad no se moviliza únicamente por diagnósticos sino con proyectos que puedan alinear liderazgos en el horizonte común de la ideas.

Morin advertía que el gran desafío de nuestro tiempo era aprender a unir lo diverso sin destruirlo y tal vez esa sea también la tarea pendiente del progresismo chileno, no encontrar un nuevo caudillo ni sumar una nueva sigla, sino reconstruir un “nosotros”, porque mientras la izquierda siga administrando fragmentos, la derecha seguirá disputando el sentido de conjunto, porque sabemos que la política, al final, siempre termina perteneciendo a quienes logran explicar el mundo y ofrecer un destino compartido.

Así, se hace cada vez más difícil distinguir cuál es hoy el proyecto de país que ofrece la izquierda más allá de la resistencia a las políticas de la derecha, por lo que más temprano que tarde debe ser capaz de responder una pregunta elemental ¿para qué quiere gobernar?

En este sentido, la primera Cuenta Pública del Presidente Kast pareció confirmar parte de esta paradoja. Más allá de los acuerdos o desacuerdos que puedan generar sus propuestas, el discurso volvió a insistir sobre un conjunto reducido de ideas fuerza como la seguridad, orden, crecimiento económico, control migratorio y fortalecimiento de la autoridad del Estado. Incluso iniciativas altamente controvertidas, como el anunciado Registro de Vándalos e Incivilidades, forman parte de una narrativa coherente sobre cómo interpretar los problemas del país.

Ese es precisamente el punto, porque la fortaleza política de la derecha actual no radica necesariamente en la complejidad de sus respuestas, sino en una claridad simplona de su relato, mientras que, por otra parte, el progresismo continúa buscando una síntesis capaz de reunir sus múltiples causas.

Morin comprendió antes que muchos que la riqueza de una comunidad no radica en eliminar sus diferencias, sino en su capacidad para integrarlas en un proyecto común y puede que allí se encuentre la tarea pendiente del progresismo chileno, cuando deje de preguntarse qué lo distingue internamente y volver a preguntarse qué es aquello que lo une para construir ese “nosotros”, que lo aleje de seguir administrando los fragmentos de una sociedad cada vez más dispersa.


메타데이터
post_id
e8f5a712ecb0
slug
morin-o-como-construir-un-nosotros-e8f5a712ecb0
url
https://medium.com/@arlequin.soto/morin-o-como-construir-un-nosotros-e8f5a712ecb0
canonical_url
https://medium.com/@arlequin.soto/morin-o-como-construir-un-nosotros-e8f5a712ecb0
author_url
https://medium.com/@arlequin.soto
status
ok
fetched_at
2026-06-26 03:39:16