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Paseo sabatino a un castillo medieval

El sábado 9 de noviembre del 2025, fui a Credaro, es una población vecina a Sarnico, un pueblo a las orillas del lago Iseo en la provincia…

Mexicana viviendo en Italia · 2025-11-09 15:04 · 0 claps · 7.5 min read
#calepio #castelli #paseos #italia
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Paseo sabatino a un castillo medieval

Foto tomada del sitio https://www.lombardiabeniculturali.it/blog/articoli/8011/

Foto tomada del sitio https://www.lombardiabeniculturali.it/blog/articoli/8011/

El sábado 9 de noviembre del 2025, fui a Credaro, es una población vecina a Sarnico, un pueblo a las orillas del lago Iseo en la provincia de Bergamo, se encuentra a unos 25 minutos de Provaglio, donde habitamos. Francesco y Danilo tienen el hobby de producir cerveza, las últimas dos ocasiones no los acompañé, pero esta vez Danilo nos ofreció llevarnos a hacer un paseo a un pueblo medieval: Calepio.

Muy temprano por la mañana fuimos al hospital veterniario porque mi gatita, Mimi, está mal de las vías urinarias desde mayo, fue demasiado estrés transferirla a Italia, y la otra gata y ella no van de acuerdo. Así que debido a ello comenzó a marcar con orina, en mayo la revisaron y medicaron… hace 2 semanas dejé de darle el integrador, porque la veía bien pero no la llevé al veterinario. El viernes por la noche, descubrí un marcaje enrojecido y no pude esperar y la llevamos antes de iniciar los planes del día. Resultó tener dos cálculos en la vegija, nos atendieron muy bien, la gatita estuvo muy tranquila y pues a mi también me dio mucha paz, la medicaron y le daremos seguimiento. La trajimos a casa, me cambié, y nos fuimos a Credaro. Al llegar no había notado que en la mesa del comedor había un ramo de flores con una nota para mi, esto me conmovió tanto: “x Liz” con un pequeño círculo sobre la i, con tinta azul, forrado de rosa, con un moño amarillo, flores rositas, un clavel y dos girasoles. Vino Francesco a verme y lo abracé y lloré de emoción. Nunca sabes lo que significan los detalles hasta que te encuentras así de aislada de tu vieja vida, incluso cuando nunca tus amigos te regalaron flores. Hermoso pensamiento.

Desayunamos hotcakes, preparamos una mezcla ya lista en una botella, agregué leche, agité, y en un sartén caliente con mantequilla comencé a vertirlos. En Italia no es común que se hagan hotcakes en casa y me veían Danilo y Chiara prepararlos como si estuviera haciendo algo totalmente nuevo e innovador. La verdad quedaron buenos, demasiado delgados, casi como crepas, amorfos pero los comimos. Traje miel de agave, miel de castaño, ellos pusieron una pequeña botella con caramelo y los acompañamos con arándanos y te negro.

Salí a fumar un poco y me sentía verdaderamente rara, ahora que me he informado sobre los síntomas del proceso migratorio me siento más consciente y me dejo sentirlo todo, veía las casas al rededor desde el balcón, árboles con hojas verdes y otros con hojas naranjas y amarillas que hacen un efecto precioso casi fosforescente, árboles con frutos de caqui amarillos, la montaña más cercana con un hueco por el inicio de una construcción. Qué horrible, pensé. Entonces me interrumpió Danilo diciendo “hey Liz! Pareces una vieja con dos gatos y sin esperanzas en el futuro”, a lo que respondí “soy esa vieja, pero del futuro sí tengo ilusiones”.

Caqui, cambién conocido como “diospiro”, es una fruta de color naranja intenso, dulce y nutritiva.

Caqui, cambién conocido como “diospiro”, es una fruta de color naranja intenso, dulce y nutritiva.

Después de incomodarme, me levanté y entré en el departamento. Platicamos bastante Chiara y yo, nos pusimos al corriente de cómo va todo en su trabajo, conmigo, qué estoy haciendo aquí, cómo me siento, siempre he sido muy platicona, más por llenar espacios que por querer hablar, pero ahora sentí mucho desahogo de hablar con una amiga. Comimos pasando el medio día, comenzaron a empastar rollitos de una masa para hacer gnochi de calabaza con farro, con un jugo de tomate y queso derretido, un camembert. No fue la mejor combinación, lo comí con un poco de dificultad, pero disfruté mucho el momento.

Comenzaron a recoger, les ayudé a limpiar. Cada día siento menos molestias y apatía por participar en actividades aquí, no se por qué en un inicio sentía bastante encabronamiento por ayudar, por hacer cosas que no eran mías, por el modo de Francesco de pedírmelo tal vez, tenemos culturas diferentes, modos de ser, pero sobre todo no nos conocíamos tanto. Ahora me siento más encanchada, entiendo mejor cómo proceder, qué sí hacer, qué me molesta, qué me da flojera y qué sí quiero aportar. Quería que terminaramos lo antes posible y que no le dejáramos un desmadre a Chiara, que tiene cierta fijación por el orden y la limpieza.

Nos fuimos en carro a Calepio, unos 5 minutos en carro desde Credaro. Llegamos y no me pareció tan esplendoroso inicialmente. La arquitectura conserva detalles antiquísimos, marcos de piedra tallada en algunas ventanas, muros de piedra, calles empedradas, todo muy bien conservado, como diría mi mamá. No es como Bienno, que conserva todo su esplendor medieval, frescos, y demás. Pero es una reliquia. Vimos unos letreros amarillos sobre los muros que dicen el siglo en el que fueron construidos, es un lugar que tiene todos sus cimientos en el medioevo. Según me explicó Danilo, es un pueblo feudal que tiene un castillo, es muy pequeño y leí que cuando cayó el imperio Romano, muchos poblados quedaron expuestos a las invasiones de los pueblos germanos, por lo que se construyeron residencias fortificadas como ese lugar. El castillo tiene varios estilos entremezclados, está construído en el borde del monte, tiene muros de piedra con una pendiente de unos 30 grados en diagonal, mirillas pequeñas, un pequeño foso de un lado, y al parecer del lado del “precipicio” de la montala hay unos jardines que te permiten ver la panorámica de la Franciacorta. Justo del lado izquierdo de frente a la entrada, que tiene un pórtico con un arco y un escudo de un león con unas letras grabadas estilo blackletter indescifrables para mi; están las escaleras, que te encaminaban hacia el puerto del río Olio. También está un pequeño parque, con una reja preciosa en herrería con el escudo de un león y una corona. Al entrar se ve el paisaje, a lo lejos de ven los otros poblados, y sobre una colina, un convento. Hacia el lado izquierdo de puede ver Credaro y el castillo Trebecco. Cuenta una leyenda, dice Danilo, que desde Calepio hay túneles subterráneos que pasan debajo del río y conectan ambos castillos con el convento, y que dicen que por ahí debe estar escondido el tesoro del castillo donde estábamos, que nunca se llegó a encontrar.

Dentro del parque había un monumento a los soldados caídos, he visto muchos monumentos del tipo, pero no llego a sentir nada. Como cuando veo en México un monumento a Benito Juárez, o Carranza, me siento tan lejana de sentir un orgullo o sentir cualquier cosa. Con los monumentos de guerra, siento una lejanía, siento lo que podría venir siendo “la otredad”. Me sorprendí mucho porque Danilo me preguntó si teníamos ese tipo de monumentos en México y pensé “creo que sí tenemos de las guerras de Independencia o la Revolución Mexicana, pero no de la guerra mundial”. Me contestó que a él le causan mucho dolor, ya que en todos los pueblos hay muchos monumentos con nombres de personas que perdieron la vida en la Guerra Mundial 1 y 2, y cada nombre trae consigo una historia terrible.

Comenzó a contarme de sus abuelos, historias terribles, que nosotros no tenemos frecuentemente en Latinoamérica en nuestras familias, tenemos otro tipo de dolor, originado en otros eventos históricos. Me contó de por qué su abuela llegó a Bérgamo, la trajo desde Módena un señor que le portaba dinero a los fascistas. También, de la historia de un señor que, perseguido y torturado con laxante. Guardó su caca en botellas. Cuando la guerra terminó, hubieron dos días de caos y desorden. No había ley, y cuando tuvo la oportunidad, se la dio de comer a esas personas. De 5 infelices, logró vengarse de 4. La quinta botella la guardó para siempre, sigue en posesión de sus familiares, no entendí si el señor sigue vivo pero creo que sí. Me pareció entender que la quinta botella era para ese señor que trajo a su abuela, y cuando llega a ver a su abuela, le pregunta por ese señor y le recuerda que la botella con su mierda sigue ahí, esperando el momento de que pueda dársela. Un rencor añejado por tantos años, un recuerdo latente, de un hecho atroz que sigue fermentándose.

Otra historia extraordinaria y terrible es parte del por qué Danilo está en este mundo. Su abuelo materno, fue apresado y cautivo en un campo de concentración, al igual que él, era extremadamente delgado. La gente se peleaba por el pan y él, les daba un poco de su ración, y con un pequeño pedazo de pan sobrevivía y trabajaba sin problemas, según cuenta. Cuando fue liberado, se casó y tuvo un bebé. Al poco tiempo un asesino serial entró en su casa y mató a su esposa, a su madre y a su bebé. No sabemos cómo pero logró reponerse de alguna forma y volvió a casarse con su abuela.

He intentado investigar muy superficialmente del caso, pero creo que no tiene sentido remover con morbo estas historias terribles. Caminamos escalera arriba. Regresamos al castillo, pasamos el arzobispado del siglo XV, entré en la iglesia de San Lorenzo en búsqueda de frescos medievales pero estaba ya remodelada por dentro al estilo del siglo 18, me gustan las iglesias pero no me enloquece visitarlas si no tienen frescos. Aún así las pinturas son espectaculares en casi todas las iglesias y me impresiona tanto qué poderío económico y capital cultural posee la Iglesia.

Llegamos al estacionamiento, esperamos a Chiara, que llegó después ya que había ido de compras con su mamá al Arcaplanet (una especie de Petco). Pasamos a su departamento por mis flores y los insumos que llevamos para comer, nos despedimos con un fuerte abrazo sin lograr acordar un día para volver a vernos.

Francesco me preguntó si no me molestaría pasar todavía a comprar algunas cosas. Ya se estaba haciendo de noche, eran alrededor de las 5:30 de la tarde. Pasamos a un negocio tipo Home Depot, compró uns bisagras mientras yo me di un paseo por toda la tienda, encontramos a un primo suyo al que le hizo el comentario que ya estaban ambos logrando tener una cabeza lúcida, refiriéndose a que la calvicie los comenzaba a alcanzar., a lo que respondió: creo que es de familia. Me presentó y sentí que me vio con cara rara, no se si tendría yo un rostro de destrucción porque yo no soporto la vida si no descanso lo suficiente, es de familia; o, si estaba muy despeinada o si habría pensado que mi ropa era una horrible combinación que resaltaba mis lonjas, ya que he subido un par de tallas. En fin. Después pasamos a un supermercado y compramos unas sábanas de franela, pasta, jugo de hongos porcini para cocinar el domingo y jarabe de miel de maple.

Llegamos al fin a casa, descargamos el coche, nos bañamos y me puse mi pijama, para luego echarnos en el sillón a ver la segunda película de Antman, cenamos pizza y descansé de manera deliciosa después de un largo e interesantísimo día.


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