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Linchamientos: La desconfianza en una seguridad bacheada

Por Nahuel Damian Valdez (@NahuelDValdez), publicado en Ladran Sancho Web el 04 de abril de 2025.

Nahuel Valdez · 2025-04-05 02:53 · 0 claps · 2.5 min read
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Linchamientos: La desconfianza en una seguridad bacheada

Por Nahuel Damian Valdez (@NahuelDValdez), publicado en Ladran Sancho Web el 04 de abril de 2025.

Sin juicio, sin defensa, sin justicia. Un hombre es linchado por una multitud. ¿Cómo es posible que algunos lo consideren una forma legítima de castigo? Casos como el de Jeremías Sosa, asesinado el 22 de febrero en Olivera (Luján), evidencian una tendencia en crecimiento: vecinos que, ante la sensación de inseguridad y la falta de respuestas efectivas del Estado, recurren a la ‘justicia por mano propia’, aún al margen de la ley.

Cada vez que un hecho de inseguridad conmociona a la comunidad, las autoridades suelen recurrir a un repertorio predecible de medidas: más presencia policial, instalación de cámaras, alarmas, luces LED y discursos de mano dura. Sin embargo, estas respuestas no abordan las causas del problema, sino que, en todo caso, lo ocultan bajo la alfombra. Actúan sobre las percepciones de inseguridad más que sobre las conflictividades reales (Rodríguez Alzueta, 2020). Además, reflejan una preocupante orientación a la improvisación y la ausencia de una estrategia que enfrente el problema en su raíz.

Pero las fisuras del “bacheo” en seguridad, más temprano que tarde, quedan al descubierto. Estas medidas parten de una perspectiva de la enemistad, en la que el otro es visto como amenaza (Rodríguez Alzueta, 2022). Esta lógica se traslada al ámbito barrial y da lugar a lo que Rodríguez Alzueta (2019, 2020) llama “justicia vecinal”, que incluye prácticas que van desde saqueos hasta linchamientos. No es la ausencia del Estado lo que provoca estos fenómenos. El Estado está, pero no está como se espera y eso genera frustración en la ciudadanía.

Recordemos las polémicas declaraciones de un diputado que, en un arrebato populista, propuso llenar de agujeros y colgar a los delincuentes en una plaza. Aunque extremas, estas declaraciones alimentan las expectativas de una parte de la ciudadanía. El punitivismo de abajo exige punitivismo de arriba: “Si no hay justicia estatal, hay justicia vecinal; si no hay gatillo policial, habrá linchamiento vecinal” (Rodríguez Alzueta, 2019).

Los linchamientos, antes considerados una práctica marginal, se han transformado en un fenómeno extendido en América Latina (Falconier, 2023; PNUD, 2013). Una parte creciente de la sociedad los percibe como una respuesta aceptable frente a circunstancias excepcionales (Zechmeister, 2014). Esto no solo se explica por la frustración con el sistema de justicia, sino también por el papel de los medios de comunicación y los discursos estatales en su legitimación. Además, quienes mueren en estos actos suelen ser deshumanizados y rara vez son reconocidos como víctimas, o al menos no como víctimas que merezcan justicia. Por lo general, se trata de jóvenes, varones y de sectores empobrecidos, cuyas vidas, para muchos, parecen valer poco o nada (Cesaroni, 2021).

Frente a esta realidad, cabe preguntarse: ¿cómo podemos evitar que hechos como el de Jeremías Sosa se repitan? Un primer paso puede ser abandonar la narrativa de enemistad y desconfianza que, ante una situación de peligro real o percibido como tal, nos lleva a identificar a los otros como enemigos a los que podemos deshumanizar. También debemos cuestionar qué entendemos por “justicia por mano propia” o “legítima defensa”, cuando hablamos de la imposición de la pena de muerte en donde no existe legalmente (Cesaroni, 2021). ¿Seremos capaces de construir alternativas que, en lugar de reproducir el miedo y la desconfianza, fortalezcan la convivencia y la justicia?

Las medidas de “bacheo” implementadas no sólo fracasan en reconstruir la confianza entre vecinos y autoridades. Cuando no se reconoce la importancia de tomar decisiones fundamentadas y se priorizan consideraciones políticas, se termina recurriendo a respuestas cortoplacistas con resultados limitados en la realidad (Guajardo García, 2015). La ciudadanía, consciente de esta desconexión, no solo pierde confianza en el diálogo con los demás, sino que también en la capacidad del Estado para resolver los problemas de inseguridad. En este contexto, la pregunta es ¿hasta cuándo seguiremos parchando la inseguridad en lugar de enfrentarla con soluciones reales?.

Originally published at Ladran Sancho Web on April 4, 2025.


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