La ‘Nakba’ nunca terminó para los palestinos: Yo la vivo en Gaza
Tras más de dos años de desplazamiento, horror y pérdidas como consecuencia del genocidio israelí, la Nakba no ha terminado para Gaza.
La ‘Nakba’ nunca terminó para los palestinos. Yo la vivo en Gaza.
Tras más de dos años de desplazamiento, horror y pérdidas como consecuencia del genocidio israelí, Huda Skaik explica por qué la ‘Nakba’ nunca ha terminado para los palestinos en Gaza.
![En Gaza, hemos aprendido que un hogar puede desaparecer en cuestión de segundos. Y, sin embargo, se espera de nosotros que lo reconstruyamos una y otra vez, como si tuviéramos fuerzas ilimitadas y como si el trauma del genocidio no nos afectara en lo más mínimo, escribe Huda Skaik. [GETTY]](https://miro.medium.com/v2/resize:fit:1400/1*cxLA9OMLoy9MSRGecn1DgA.jpeg)
En Gaza, hemos aprendido que un hogar puede desaparecer en cuestión de segundos. Y, sin embargo, se espera de nosotros que lo reconstruyamos una y otra vez, como si tuviéramos fuerzas ilimitadas y como si el trauma del genocidio no nos afectara en lo más mínimo, escribe Huda Skaik. [GETTY]
Huda Skaik / The New Arab, 15 de mayo de 2026 — No heredé el recuerdo de la Nakba. Ese recuerdo ha ocupado todo mi ser.
Crecí escuchando historias sobre el año 1948 como si se tratara de un evento del pasado: algo que le sucedió a mis abuelos, algo que se estudiaba en la escuela, un acontecimiento que se conmemoraba cada 15 de mayo. Ingenuamente, consideraba que la Nakba era simplemente una historia de pérdida que ya había ocurrido y quedado atrás en el tiempo.
Me equivoqué.
De niña, me preguntaba cómo era posible que alguien pudiera vivir sin un hogar donde refugiarse. No podía imaginármelo. Al menos, hasta que esto se convirtió en una realidad cruel y dolorosa para todos nosotros en Gaza.
De hecho, en los últimos años, muchos de nosotrxs hemos perdido nuestros hogares y hemos sido desplazadxs en varias ocasiones.
Por supuesto, esa era la intención de Israel. Perder nuestro hogar hace que los palestinos nos sintamos aún más desarraigados. Es otra forma de separarnos de nuestra tierra natal.
Después de todo, un hogar no es simplemente un conjunto de paredes y un techo. Es esa sensación de pertenencia a un lugar concreto. Es seguridad, sin condiciones. Es el lugar donde se guardan los recuerdos más preciados: la esquina donde tu madre se sentaba a cocinar, la ventana por la cual entraba la luz de la mañana, la puerta que siempre se abría de par en par para dar la bienvenida a familiares y amigos.
Pero en Gaza, hemos aprendido que el hogar puede desaparecer en cuestión de segundos. Y, sin embargo, se espera de nosotros que lo reconstruyamos una y otra vez, como si tuviéramos fuerzas ilimitadas y como si el trauma del genocidio no nos afectara en lo más mínimo.
Así es como continúa la Nakba.
Permanece en un ciclo de destrucción y reconstrucción. En un proceso de desplazamiento que ya no sorprende, sino que se repite una y otra vez. En la aceptación tranquila de que aquello que se perdió una vez, puede perderse de nuevo.
Sin embargo, la Nakba también representa aquello que se niega a desaparecer. Para desaliento de Israel, claro está.
Llevamos nuestra historia con nosotrxs, no como algo que nos haga sentir nostalgia, sino como prueba de nuestra existencia. Nuestros trajes bordados no son simplemente prendas tradicionales; son símbolos de nuestra identidad, tejidos con historias que son más antiguas que los mismos procesos de desplazamiento de las personas. El kufiya no es solo un símbolo; es también un medio de expresión de nuestra pertenencia a un grupo cultural. Nuestra cultura sobrevive porque se vive, no porque se muestre únicamente como algo decorativo.
De hecho, la historia de los palestinos no es algo que podamos simplemente mirar hacia atrás. Es algo que debemos llevar adelante.
Vivimos en un lugar donde el tiempo se repite en ciclos interminables. Cada generación hereda las pérdidas y los sufrimientos causados por las tragedias, las guerras y las campañas de limpieza étnica que han tenido lugar en el pasado.
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Esto es lo que significa seguir viviendo en medio de la Nakba. Es una condición de vida que se va desarrollando, profundizando y repitiendo en diferentes formas.
La catástrofe no fue un evento aislado; ha persistido durante 78 años. Sigue influyendo en la geografía, la identidad y la vida cotidiana de la gente en Gaza y Cisjordania, así como en toda la diáspora.
La Nakba comenzó con el desplazamiento forzado de más de 700.000 palestinxs, quienes se vieron obligadxs a abandonar sus hogares, con las llaves aún en los bolsillos. Sus aldeas fueron borradas de los mapas. Pero lo que vino después no fue solo el exilio; también hubo una lucha constante contra la idea de que el regreso era imposible, de que los recuerdos podían ser manipulados, y de que la pérdida era permanente.
Ciertamente, para lxs palestinxs, especialmente aquellxs que viven en Gaza, la Nakba no ha quedado atrás.
Cada ciclo de violencia que se produce como consecuencia de las repetidas escaladas militares de Israel conlleva nuevos niveles de destrucción y desplazamiento masivo de personas. Esto refuerza un patrón que comenzó en 1948 y que sigue activo hoy.
Cada guerra, cada evacuación forzada, cada hogar destruido son elementos que se suman a una historia que está lejos de haber terminado.
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Pero seguimos aquí. Hay una forma de resistencia silenciosa en el hecho de seguir viviendo aquí: en reconstruir, en recordar, en negarnos a desaparecer. No es porque la pérdida sea pequeña; es porque la pérdida es demasiado grande como para permitir que nos eliminen. Y no permitiremos que el mundo lo olvide.
Creo que la Nakba ha sido, en todo momento, un intento de hacer que el pueblo palestino sea considerado como un grupo de personas “temporales” en esta tierra.
No obstante, seguimos aquí, a pesar de todas las catástrofes que Israel nos ha causado a nosotros y a nuestra tierra.
Llevamos con nosotros el pasado, el presente y el futuro, al mismo tiempo.
Porque, más allá de la tragedia, la Nakba nos ha inculcado la determinación de recordarlo todo. De conservar las historias y las descripciones detalladas de los pueblos y hogares de nuestros abuelos, que ni siquiera hemos llegado a ver. Hemos memorizado los nombres de los barrios que fueron destruidos. Pasamos esos conocimientos de generación en generación, y juramos recuperar todo lo que nos fue arrebatado.
Así como cientos de familias fueron exiliadas debido a esta condena, también nosotros mantendremos firmemente esta promesa.
Mientras estemos aquí, la historia no ha terminado.
Huda Skaik es estudiante de literatura inglesa, escritora y creadora de vídeos. Es miembro del grupo We Are Not Numbers. También colabora con las publicaciones The Electronic Intifada y WRMEA. Sueña con convertirse en profesora, poeta profesional y escritora en el futuro.
Fuente: The Nakba never ended for Palestinians, I’m living it in Gaza
Traducción: Javier Villate
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