Amores marcados, o cómo salvar el amor heteronormativo.
Un film ramplonamente adolescente, y profundamente reaccionario.
Almas marcadas, o cómo salvar el amor heteronormativo.

Sobre la relación entre padres e hijos hay todo tipo de refranes, los hay positivos como los hay negativos también. Esta es una época en donde los personajes culturales parecerían querer negar a sus padres, está más que de moda el self made man; no voy a desentrañar las bases míticas de tal afirmación, pero hoy esta idea actúa algo livianamente, para justificar la ruptura cultural con el pasado, principalmente con lo que parecería ser hasta ahora su tarea, la de desmontar el estado de bienestar, basado en los ideales de la Modernidad (un mundo de similares, con igualdad de derechos en cuanto salud, educación y trabajo).
El conflicto generacional siempre existió, aunque en las últimas décadas parecía encaminarse hacia una transición de entendimiento y convivencia, aunque desde distintos puntos del mundo globalizado se mantengan dentro de las narrativas la idea de conflicto de clases pero en un formato de amor adolescente, y por tanto naturalizado reduciendo la lucha de clases al de un amor idílico al mejor estilo de los prerrafaelitas de fin de siglo XIX, un ejemplo de esto es Isi y Ossy (Olivier Kienle, Al, 2020).
John Cassavetes está inscrito en la historia del cine por múltiples razones, pero principalmente por ser (habría que ver qué piensa Welles) el padre del cine independiente, al enfrentarse no sólo con el sistema de producción de las majors sino tambien a los contenidos que ellas promueven. Hoy podría ser el llamado crowdfunding o, como me gusta más, la financiación colaborativa de un proyecto. Como anteriormente dije, los hijos no siempre cumplen los sueños de los padres, casos notables los tenemos también en la Argentina como es el caso de los Rozitchner (padre e hijo); en el caso de Cassavetes casado con Gena Rowlands cuyos tres hijos, dos mujeres y un varón, fueron introducidos al mundo del cine por sus propios padres no son ajenos a estas diferencias; hay varios casos de familias cinematográficas, tal como los Skarsgård, los Coppola, los Sheen o los Bardem. En India es más que común como ser los Kapoor o los Khan y también hay casos como el film de Walter Hill, Cabalgata infernal que une y reúne a los hermanos Carradine, Quaid y Keach (The long riders, Walter Hill, EEUU, 1980).
Almas marcadas, huelga decirlo, esta dirigido por Nick Cassavetes con amplia trayectoria en el cine de acción y de relaciones amorosas (un día le dedicaré unas lineas a El beso de los condenados el infravalorado film de su hermana Alexandra). Es cierto que la historia familiar de Cassavetes parece abonar el idealismo amoroso del hijo, sin embargo, no por eso el tema tiene que convertirse en mitomaníaco, ilustración banal del éxito del amor heterosexual. Digámoslo así, de la misma manera que los filósofos pre kantianos, como Descartes o Leibniz intentaron salvar la idea de dios, hoy hay un conjunto de cineastas que se encuadran dentro de la llamada “batalla cultural”, intentando salvar la pareja heterosexual, el film de Cassavetes, además de ser ramplonamente adolescente, es en ese sentido profundamente reaccionario, no sólo por lo que muestra sino por lo que no muestra. Lo que aparentemente se muestra como un conflicto de clase (es consistente con el sine qua non de la burguesía, siendo la telenovela uno de los productos mas acabados en este sentido) en realidad es lo que se puede llamar un atajo, el mismo que pinta Hogarth en su serie matrimonio a la moda, o de manera (también) un tanto cínica describe Stanley Kubrik en Barry Lyndon (UK, 1975), o mas acá, Tim Burton con El cadáver de la novia (Corpse Bride, EEUU, 2005); en Hogarth y Kubrik el patetismo de la historia radica en mostrar que el intento de “emparchar” (salvar) el sistema, en este caso feudal a travez del matrimonio, siempre fue un fracaso; de distinto moo, pero con resultado parecido funciona Dickens, por ejemplo en Oliver Twist, el tío rico como deus ex machina resuelve la vida de nuestro héroe, se describe el sufrimiento producido por la revolución industrial, pero se da éste como una situación naturalizada; la solución al conflicto va de la mano de un agente externo, (familiar adinerado), que saca de la miseria a Olivier. De la misma manera, estos films (el de Nick Cassavetes) se cubren de una pátina de tinte actualizado (joven sensible, tatuador, un tanto altanero pero que finalmente sucumbe a la piñas del entrenado niño rico, y es aquí donde entra el otro tópico subvertido, es el hermano de nuestro héroe ex militar, finalmente y en toda esta historia de gente sensible, son los militares los que nos garantizan el orden social, impartiendo justicia por mano propia, es el imprescindible entrenamiento militar, claramente masculino, que impide que la mujer sea objeto de crueldad, en definitiva, el bohemio puede serlo porque está protegido por el ex soldado, dicho de otro modo, lo que “no ven” los civiles que protestan por el gasto militar, es que ellos son los que garantizan su calidad de vida.
Bueno, más reaccionario que esto, no sería burdo sino idiota.
Es claro que Nick Cassavetes, tomó posición en cuanto qué cosa es la pareja, y cómo debe funcionar el amor, qué es el conflicto social y cómo resolverlo. Acorde a estos tiempos en los que ministros se hacen cirugías plásticas, toman cocaína mientras hablan de vivir saludablemente; se muestran sensibles, aunque defiendan posiciones completamente reaccionarias disfrazadas a la moda; no es mi camino, y esperaría que tampoco el de ustedes, queridos lectores.
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