Jesús sigue siendo “Alfa y Omega” — una (nueva) respuesta a Israel Santillán.
En un post anterior respondí a los argumentos de mi amigo Israel Santillán por los cuales proponía que la descripción “Alfa y Omega” en el…
Jesús sigue siendo “Alfa y Omega” — una (nueva) respuesta a Israel Santillán.

En un post anterior respondí a los argumentos de mi amigo Israel Santillán por los cuales proponía que la descripción “Alfa y Omega” en el libro de Apocalipsis solo se aplica al Padre. Mi objetivo fue demostrar que el referente en 22:13 es Jesús, quién (en mi opinión) es descrito en ese pasaje como el “Alfa y Omega”. Israel decidió responder con una nueva publicación. Primeramente, agradezco su siempre presente actitud de respeto y compañerismo al momento de interactuar. Por otro lado, aprecio su honestidad intelectual y su rigurosidad académica en el abordaje de mis argumentos.
En su artículo, Israel considera mi interpretación “legítima y válida” (todas sus afirmaciones serán citadas en cursiva). Sin embargo, considera que hay algunos puntos a considerar que no parecen descartar su tesis por completo. Para demostrarlo, expandió algunos elementos de su argumentación a los que me gustaría responder.
Bagaje contextual
Según Israel, debido a que el título “Alfa y Omega” es atribuido al Padre en 1:8 y 21:6 (un capítulo previo a 22:13) es normal asumir que en 22:13 el hablante es el Padre. En sus palabras: “es natural asumir que ´el Alfa y la Omega´ ya identificado en el capítulo 1 es el mismo en los capítulos siguientes hasta el último.”
Puedo conceder que la identificación del Padre en los capítulos previos con el título “Alfa y Omega” predispone al lector a ver el mismo referente en 22:13. Sin embargo, hay otra predisposición que mi amigo Israel no mencionó. El título “Primero y Último” solo aplica a Jesús en 1:17 y 2:8, por lo que es natural asumir que el Primero y Último ya identificado en el capítulo 1 y 2 es el mismo en este capítulo. Con esto quiero mostrar que la probabilidad del referente en 22:13 no depende del uso previo de un sólo título sino que se deben tener en cuenta todos los usos previos de todas las expresiones al igual que de los marcadores contextuales del propio capítulo.
Aun si tomásemos en cuenta los usos previos de la terminología, Apocalipsis ya ha establecido un patrón en el que el Cordero recibe las mismas atribuciones que Dios. En el capítulo 4 toda la creación da gloria al que está sentado en el trono y en el capítulo 5 el Cordero es hecho partícipe de la misma alabanza (5:13). Aquello que es propio del que está sentado en el trono ahora también se reconoce como propio del Cordero. [1]
Este es el mismo argumento que propuse en mi primer artículo:
[En] el mismo libro de Apocalipsis el Padre y el Cordero comparten y reciben los honores divinos de manera intercambiable (cap. 4–5). Incluso, la frase “Yo Soy” solo aparece cuatro veces en Apocalipsis, dos veces en referencia al Padre (1:8; 21:6) y dos en referencia a Jesús (1:17–18; 22:16), por lo que este intercambio de títulos no es extraño en el mundo visionario de Juan.
Posible paralelismo
Israel también apela a los paralelismos entre el capítulo 1 y 22 para reforzar su argumento [2]. Según él, en el paralelismo “los sujetos parecen ser los mismos y no cambian”. Esto intenta demostrar por medio de una tabla:

Imagen 2. Elaborada por Israel Santillán.
El primer paralelo no es para nada claro ya que no se clarifica quién envía el ángel, ¿Dios o Jesús? Es más, en 22:16 es Jesús quien envía a “su [propio] ángel”. Koester explica: “El que realiza el envío podría ser Dios o Cristo, ya que más adelante se dice que ambos enviaron al ángel (22:6, 16)” [3]
El segundo es más ambiguo, ya que en ninguno de los textos se dice que es Dios quién “por medio de Cristo” dirige la bendición. En 1:3 y 22:14 no se identifica quién pronuncia la bendición.
El tercer paralelo es también claro: el sujeto es el Padre en 1:8 y 21:6, pero en 22:13 la identificación del sujeto permanece en disputa. Esto parece inconsistente pero no lo es. Tanto en 1:7 como en 1:8 Jesús y el Padre hablan de su “venida”; en 22:6, 16 tanto el Padre como Jesús envían a “su ángel”, por lo que no sería inusual que en 22:13 lo que se aplicó al Padre en 1:8 y 21:6 se aplique también a Jesús. El resto de paralelos son inconsecuentes.
“Yo Juan”= “Yo Jesús”
En mi artículo aseveré que la frase “yo Jesús” era un indicativo de la continuidad del hablante en todo el fragmento de 22:13–16. Ante esto Israel respondió que:
La expresión “Yo, Jesús” refleja un patrón interno de Apocalipsis: cada vez que aparece la construcción “Yo, + nombre propio” se produce un cambio de voz (“Yo, Juan” en 1:9; “Yo, Juan” en 22:8; “Yo, Jesús” en 22:16), de modo que lo más natural es entender que en 22:16 interviene un nuevo hablante distinto del que pronunciaba los 12[sic]:12–13
Tengo que reconocer que este es un buen argumento, con un matiz. Tanto yo como Israel ignoramos que entre 22:12–13 y 16 está 14–15, la bienaventuranza. El “yo Jesús” indica un cambio de hablante pero no con respecto a 22:12–13 sino con respecto a 14–15. En esta sección no hay claridad con respecto a la continuidad/discontinuidad de los hablantes.
En 22:8 Juan es el hablante. En 22:9–11 el hablante es el ángel/Juan registrando sus palabras. En 22:12–13 el hablante está en disputa. En 22:14–15 el hablante también está en disputa. En 22:16 el hablante es Jesús. En resumen, “yo Jesús” no es un buen argumento a favor de la identificación de Jesús en 22:12–13 pero tampoco es un buen argumento en contra.
Israel continúa su argumento con el siguiente párrafo:
Además, 22:6 ya había señalado al Padre como remitente (“el Señor, el Dios de los espíritus . . . envió a su ángel”), mientras 22:16 repite el mismo verbo con un sujeto diferente (“Yo, Jesús, envié a mi ángel”). Entre ambos envíos se hallan 22:12–13, lo que refuerza que hasta ese punto la voz puede interpretarse como siendo la del Padre.
Debo reconocer que este párrafo fue confuso para mí. El punto parece ser que el remitente en 22:6 es el Padre y en 22:16 el Hijo por lo que 22:12–13 pertenecería a la sección del Padre. Sin embargo, el punto importante no es el remitente sino el hablante. Juan registra las palabras del ángel en 22:6a, en 6b el hablante no se identifica. En 22:7 el hablante tampoco se identifica. En 22:8 el hablante vuelve a ser Juan. En 22:9–11 el hablante es el ángel (Juan registra sus palabras [4]) en nombre del Padre o del Cordero (indeterminado). Los hablantes son tan cambiantes que es imposible determinar con certeza el hablante en 22:12–13 a partir de un contraste con el v. 16. Como el mismo Israel reconoce: “La sección final de Apocalipsis admite varias reconstrucciones”.
En la nota 12 Israel afirma:
[E]l propio relato marca un cambio de voz en 22:16 (“Yo, Jesús…”), sugiriendo que 22:12–13 pertenecen primero al Padre entronizado y sólo después interviene el Hijo.
Como ya expliqué, esta explicación no funciona porque el hablante en 14–15 no se identifica, por lo que ese contraste entre la voz del Padre y Jesús no se puede afirmar.
El Padre como posible referente en 22:12–13
Israel argumenta:
Si releemos 1:4–8, observamos cómo el apóstol Juan alterna súbitamente de voz: la bendición (1:4–6) proviene del Padre, el 1:7 introduce al Hijo (“al que traspasaron”) y el 1:8 devuelve la palabra al Padre con “Yo soy el Alfa y la Omega”. Ese vaivén demuestra que Apocalipsis no delimita rigurosamente quién habla en cada frase. Así que adjudicar de forma rígida cada “Yo” puede llevar a conclusiones que no son necesarias en sí. El mismo criterio (flexibilidad en la atribución del hablante) debe aplicarse también en el epílogo: los “¡Vengo pronto!” (22:7, 12) no son exclusivos de un solo personaje; pueden corresponder al Padre o al Hijo según el flujo narrativo.
Creo que Israel vuelve a equivocarse con respecto al tema del “hablante”. En 1:4–8 no hay confusión alguna de hablantes, Juan es el único que habla hasta 1:8, en el que “el Señor Dios” toma la palabra, que vuelve a Juan en 1:9. El vaivén que menciona Israel solo aplica al capítulo 22, no hay tal ambigüedad en el capítulo 1. Con respecto a los “Vengo pronto”, véase el próximo subtitulo (“Vengo pronto”, una reevaluación).
Posteriormente, Israel conecta 22:10 con Daniel 12:4 en el que el ángel ordena sellar el libro a nombre de YHWH. En sus palabras:
Apocalipsis 1:1 confirma que la fuente de la revelación es el Padre; por tanto, quien ahora revoca el sello en 22:10–11, lo hace también en el nombre del Padre; como sucede en Daniel.
Este argumento no es para nada conclusivo ya que Jesús es también identificado en 22:16 (y quizá en 1:1) como aquel que envía a su ángel. Es más, en 1:1 la revelación del Padre es dada al Hijo, un factor que no aparece en Daniel. Si apelamos a este argumento de Daniel, la fuente de delegación más cercana al ángel es el Hijo. El Padre da la revelación al Hijo quién la da al ángel. Por lo tanto, no sería extraño que la voz que continúa hablando en 22:12 sea en referencia al Hijo [5].
“Vengo pronto”, una reevaluación
Quiero hacer un pequeño inciso en esta expresión y su relevancia en este debate. En mi primer artículo afirmé con respecto a 22:8:
En este caso, el hablante parece no estar identificado. Sin embargo, en el v.6 Juan menciona que “El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a Su ángel para mostrar a Sus siervos las cosas que han de suceder enseguida.” Claramente aquel que pronuncia que “viene pronto” es el mismo Señor Dios que envió a su ángel. El cambio de sujeto es claro cuando Juan introduce el “yo”.
Releyendo el texto y sus ambigüedades no es de ninguna manera claro que el Señor Dios sea el referente de “Vengo Pronto”. De hecho, esta frase aparece 3 veces en el capítulo 22 y solo en el v. 20 el hablante es claramente identificado (Jesús). De hecho, hasta este punto solo Jesús es identificado como aquel que viene “pronto” (2:16; 3:11) [6]. En este caso, los usos previos predispondrían a los lectores a ver a Jesús como el hablante en 22:8 (aunque como ya mencioné se deben considerar los usos de todas las expresiones y los marcadores contextuales).
Recompensa según las obras
Otro indicador que Israel usa para identificar al referente en 22:13 como el Padre es el uso de esta frase en el A.T y en el N.T. De particular importancia es su referencia a Malaquías:
En la profecía de Malaquías 3:1–6, encontramos que YHWH “viene” juntamente con “el ángel del pacto”, marcándose una diferenciación.
La diferenciación que plantea Israel es más difusa al leer el texto:
«Miren, Yo envío a Mi mensajero, y él preparará el camino delante de Mí. Y vendrá de repente a Su templo el Señor a quien ustedes buscan; el mensajero del pacto en quien ustedes se complacen, ya viene», dice el Señor de los ejércitos. ² «¿Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca? Porque Él es como fuego de fundidor y como jabón de lavanderos. ³ Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor. ⁴ Entonces será grata al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño y como en los años pasados. ⁵ Me acercaré a ustedes para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen», dice el Señor de los ejércitos. ⁶ «Porque Yo, el Señor, no cambio; por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos.
El Señor se identifica con el mensajero pero no simplemente en un sentido de agencia (el mensajero representa la venida de Dios en juicio) sino que también hay cierto elemento de participación en la identidad, nota que ellos se “complacen” en el mensajero como se complacen en el Señor. En el A.T no vemos tal sensibilidad de “complacencia” hacia los ángeles. El Señor y el mensajero son personas distintas pero que comparten la identidad de “Señor”. Esta idea nos ayudará más adelante en respuesta a otro argumento de Israel.
Por otra parte, Israel resalta que los textos que describen a Jesús como aquel que recompensará a cada uno según sus obras resaltan su agencia como el delegado del Padre. Sin embargo, hay textos en los que tal delegación está ausente (es decir, la prerrogativa parece pertenecer a Jesús sin algún otorgamiento externo) y si bien no se usa la frase “recompensar según las obras”, la idea está presente (Ej: Mateo 25:31–46). Incluso en la visión de Daniel 7, antes de recibir gloria, dominio y poder, el Hijo del Hombre se presenta ante el Anciano de Días montado sobre una nube, un privilegio reservado exclusivamente a las deidades en el antiguo Cercano Oriente. [7]
Aún en Apocalipsis, el único que anuncia juzgar conforme a las obras es Jesús (2:23). Israel intenta desestimar esta referencia previa basado en dos argumentos: 1) Las palabras son distintas (δώσω, “conceder” en 2:23 a diferencia de ἀποδοῦναι (“retribuir/pagar”) en 22:12) lo que coincide con la diferencia de escenarios (juicio eclesial en 2:23 en contraste con juicio universal en 22:12) y 2) el “yo Jesús” de 22:16 que indicaría un cambio de hablante. A este segundo argumento ya respondí previamente, por lo que me concentraré en el primero.
Debemos recordar que la expresión “vengo pronto” solo es aplicada a Jesús en 2:16 y 3:11 y ambos contextos también son de disciplina intraeclesiástica. Esto no impide a Juan atribuir tal cualidad a Jesús en 22:16 (debo repetir que en 22:7 el referente no es identificado, pero esta expresión reforzaría su identificación con Jesús) por lo que la diferencia intra y extra eclesial no es muy relevante. Por otro lado, la diferencia entre δώσω y ἀποδοῦναι no es un factor decisivo ya que δώσω aparece constantemente en los cap. 2–3 para referirse a la relación de Jesús con su iglesia, esta retribución será parte de lo que Jesús dará a la iglesia. Es más, 2:23 es claramente una alusión a Jeremías 17:10, que describe a Dios como aquel que examina cada corazón y da (usando la misma palabra, δώσω) a cada uno conforme a sus obras. Finalmente, en 22:16 Jesús repite que envió su mensaje a la iglesia, de manera que aún el final del libro tiene un contexto intraeclesiástico. Por lo tanto, estos usos previos favorecen la identificación de Jesús con el referente en 22:12.
Con respecto al texto de Apocalipsis, Israel afirma:
El escenario más cercano de Dios juzgando “según sus obras” lo tenemos en 20:12–13, cuando se expresa que hay toda clase de personas “de pie ante Dios”, y luego se narra cómo Dios juzga a cada uno, e incluso a los muertos que son entregados por el Hades (v. 13). Solo 8 versículos después, el mismo Dios Padre, que juzgó “según las obras” de cada uno, se presenta como “el Alfa y la Omega” (21:6). No es de extrañar, entonces, que él haga énfasis en lo mismo un capítulo más adelante, a saber, que él “recompensará según la obra de cada uno” siendo “el Alfa y la Omega” (22:12–13)
Sin embargo, si leemos el texto cuidadosamente, Juan no identifica quién es el que juzga a estas personas. Juan ve al que está sentado en el trono (v. 11) y luego ve a las personas delante del trono y a estas siendo juzgadas por lo que está en los libros, según sus obras (v. 12–13). Mi punto es que Juan nunca dice que “El que está sentado en el trono los juzgó según sus obras”. Inclusive, en 3:23 Jesús afirma que se ha sentado con su Padre “en su trono” y en 22:1 Juan habla “del trono de Dios y del Cordero”. Esta ambigüedad de parte de Juan indica que esta prerrogativa es compartida (no transmitida), lo que apunta a una igualdad entre el Padre y Jesús.
De hecho, algunos eruditos reconocen que hay cierto paralelismo entre 19:11–21 y 20:7–15. Ambos escenarios describen el juicio final desde perspectivas distintas, lo que indicaría que tanto Dios como Jesús tienen la prerrogativa de “juzgar según las obras” y determinar los destinos eternos de los personajes. [8]
Como explica Beale:
“El que está sentado en el trono a lo largo de Apocalipsis es Dios (por ejemplo, caps. 4–5; 19:4; 21:5; cf. Rom. 14:10). Pero no sería problemático que fuera Jesús quien estuviera sentado en el trono aquí en 20:11 (a la luz de textos como 5:12–13; 7:17; 22:1–3; Mat. 25:31ss.; Juan 5:22–27; Hech. 17:31; 2 Cor. 5:10; 2 Tim. 4:1). Por lo tanto, independientemente de quién esté sentado en el trono, tanto Dios como Cristo ejecutan el juicio final." [9]
La posibilidad de Jesús como “el Alfa y la Omega” en 22:13
Israel dice que podría llegar a estar de acuerdo con mi lectura (y la de prácticamente todos los comentaristas de Apocalipsis) de 22:13 (identificar a Jesús como el hablante). Para él la idea sería la de agencia, Jesús es el agente de Dios: “la fórmula ´Dios viene en Cristo´ implica agencia, no fusión.”
Creo que una propuesta Trinitaria no excluye un sentido de agencia y ciertamente no incluye un sentido de fusión (esto parecería más apropiado de una propuesta unicitaria/modalista). La agencia de Jesús no implica su inferioridad o diferenciación ontológica [10]. Es más, si bien este sentido de agencia funciona para las expresiones “vengo pronto … [para] recompensar según sus obras” (22:12), tal perspectiva es incompatible con los títulos de 22:13 como defenderé más adelante.
Israel apela a textos en 1 Enoc para defender este sentido de agencia a partir de los análisis de Stuckenbruck. Sin embargo, ninguno de estos textos discute la ontología del vicerregente, no hay un sentido en que su ontología dependa de su funcionalidad (es decir, solo es lo que es porque se le ha otorgado determinada función). Incluso, la exaltación que el Hijo del Hombre recibe en Enoc es de una categoría diferente a su exaltación en los libros canónicos:
Aunque el Hijo del Hombre de Enoc se sentará en el trono de Dios, el texto no dice que se sentará en el trono de Dios junto a Él… [N]ingún escrito judío del período habla de ningún ser humano o ángel sentado a la derecha de Dios. [11]
Además, en el capítulo 62 los injustos pueden ver lo que el Hijo del Hombre siempre fue, ven la actualización en la esfera terrestre de lo que siempre fue cierto en la esfera celestial (62:7) [12]. De hecho:
“Las [el libro de las] Parábolas ha[n] creado una teología política distintiva, mediante un mesianismo preexistente igualmente distintivo. Espera la exaltación de los justos (62.13–16, cf. 70.4; 71.16), pero solo a través de la revelación del Hijo del Hombre que siempre estuvo con Dios en el cielo.” [13]
Por último, la datación de el libro de las Parábolas no es para nada certero. Bowman y Komoszewski explican:
“David Suter considera que la fecha de composición debe entenderse como incierta y argumenta que podría provenir de finales del siglo I d.C. Ted Erho sostiene que el texto pudo haber sido producido en cualquier momento entre el 50 a.C. y finales del siglo I d.C. Señala acertadamente que el principal impulso para intentar fechar el texto en tiempos de Jesús o antes es respaldar su relevancia para comprender las referencias al Hijo del Hombre en los Evangelios. Por lo tanto, una vez más, debemos ser muy cautelosos al suponer que las Parábolas de Enoc son anteriores al Nuevo Testamento. Incluso si las Parábolas de Enoc fueron compuestas antes de los Evangelios, es poco probable que estos dependieran de ellas. Es más probable que cualquier similitud verbal y temática se deba al hecho de que estos textos surgieron del mismo entorno cultural y reflejan intereses similares en la visión de Daniel.” [14]
Israel también apunta a 3 Enoc, libro en el que Metatrón es descrito como “´YHWH menor´ (12:5; compare 48D.1), y ejerce funciones de juez sobre la tierra (10:3–6; 16:1).” Usar este ejemplo como referencia es bastante problemático. En primer lugar, 3 Enoc es un texto bastante tardío, bastante alejado de la literatura del Judaísmo del segundo templo. Como resalta Gruenwald:
El eclecticismo del compilador puede considerarse su felix culpa: nos permite obtener una vista panorámica de las tradiciones esotéricas del período post-talmúdico. En este sentido, es interesante que Metratón sea identificado con Enoc, lo cual no ocurre en ningún otro lugar de la literatura midrásica y talmúdica judía temprana. Por el contrario, encontramos que algunos sabios palestinos del siglo III expresaron opiniones negativas sobre Enoc. [15]
De hecho, Gruenwald argumenta que este posicionamiento de Metatrón pudo haber sido una respuesta al movimiento cristiano:
Enoc no fue una figura mesiánica que fue trasladada al cielo para cumplir su misión y funcionar como Hijo del Hombre, como los cristianos pensaban de su Cristo, sino un hombre que ascendió al cielo para convertirse en un ángel. Así, puede verse en la metamorfosis de Enoc en el ángel Metratón un intento de superar los llamados matices cristianos que tenían las leyendas apocalípticas sobre Enoc. [16]
Israel concluye de este análisis de la literatura previa:
Así que la idea de que Dios “viene” o “juzga” haciendo uso de agentes no es nada ajeno a la mente judía, como tampoco lo sería la transferencia de “tronos”, funciones, títulos, nombres o roles a otros individuos exaltados
Esta conclusión es parcialmente acertada (véase la cita 11), ya que hay cierto grado de innovación en las afirmaciones de los autores del N.T (incluido Juan el visionario) con respecto a la figura de Jesús. Por otro lado, esta transferencia de títulos mencionados por Israel, solo tiene sentido si el título es cierto del sujeto (el receptor del título) de alguna manera. Esta “transferencia del nombre” no funciona con respecto a “Alfa y Omega, Principio y Fin, Primero y Último” porque el título debe manifestar en cierto sentido la realidad del atributo. Si Alfa y Omega representa eternidad (como defenderé más adelante) entonces Jesús debe ser eterno, no puede “recibir” eternidad. Si el texto no se refiere al Padre sino a Jesús, entonces la única conclusión válida es que Jesús es eterno. En ese caso, las conclusiones no unitarias en ese caso son ineludibles.
Finalmente, Israel cita a Segal que ve el tema de los dos poderes y la transferencia de títulos en Apocalipsis 22:12–13. Sin embargo, los fundamentos de la tesis de Segal son principalmente fuentes rabínicas posteriores al Nuevo Testamento. Además, ningún otro erudito (que conozca, puedo estar equivocado) sigue tal explicación con respecto a Apocalipsis 22. Finalmente, la transferencia de título solo podría ser válida si “Alfa y Omega” y los otros calificativos no contienen la noción de eternidad (que defenderé más adelante).
Primero y Último — Códice Alejandrino
Israel señala (correctamente) que en mi artículo ignoré su argumento con respecto al códice Alejandrino. Debo admitir que debí considerar este argumento. En su primer artículo Israel explicó:
En el Códice Alejandrino (A) del siglo V, leemos en 1:17 y 2:8 que a Jesús se le llama “primogénito” y no “primero”. Mientras que en 22:12, donde se habla del “Alfa y la Omega”, el Códice pone “primero” y no “primogénito”. Esto muestra que el Códice A reconoció una diferencia de significado entre las referencias a Jesús en 1:17 y 2:8 con el “Alfa y la Omega” en 22:13. [17]
En su segundo artículo Israel elabora:
Esta diferencia tiene mucho sentido porque a Jesús se le llama “primogénito” unos versículos atrás (1:5), y el contexto es también de muerte y resurrección; exactamente como 1:17 y 2:8.
Esta última cita explica a la perfección el comportamiento del Códice A. La motivación no es desconectar a Jesús de los títulos de 22:13 sino armonizar con el contexto precedente. Este patrón no es inusual en este códice:
El cambio en sí parece ser una armonización con Apocalipsis 1:5, donde ya aparece el título ‘Primogénito’. Es evidente que el escriba intentó mantener cierta coherencia en este sentido, dado que realiza un cambio idéntico en 2:8 (aunque en ese caso no se trata de una lectura singular). Tal vez estas variantes reflejan una tendencia creciente en el siglo V a identificar a Cristo como el ‘Primogénito’.
[P]arece que el escriba no tuvo completo éxito en sus revisiones. Pasó por alto una oportunidad importante de hacer el mismo cambio en 22:13, donde vuelve a aparecer la expresión ho prōtos kai ho eschatos. Dado que la atención de los escribas solía disminuir hacia el final de un manuscrito, esta omisión resulta bastante comprensible. [18]
Con respecto a la desaparición de Primogénito en 22:13, Robinson cree que quizá “para ese momento, el paralelismo ya se había vuelto demasiado lejano.” [19]. En resumen, la alteración en el códice Alejandrino no nace de una exclusión de Jesús del título de 22:13, aplicado al Padre en cap. 1 y 21, sino de intereses de armonizar el texto y quizá (en un segundo plano) con preocupaciones cristológicas en las que se quería enfatizar el título de Jesús como Primogénito de entre los muertos, que aparece también en Colosenses. Esta no es una prueba de un entendimiento temprano de 22:13 como referencia al Padre. [20]
Alfa y Omega, Primero y Último, Principio y Fin
En 22:13 Juan coloca estas expresiones en paralelo, lo que nos muestra que probablemente son sinónimos. Para determinar entonces cuál es el significado sinónimo que comparten debemos determinar primero el significado de cada expresión particular para ver el mundo conceptual que comparten [21]. Iniciaré con “Primero y Último” ya que es un título directamente atribuido a Jesús en 1:17 y 2:18.
Primero y Último
En ambos artículos Israel niega que este título atribuido a Jesús tenga conexión con Isaías 44:6. Él explica muy bien (en su primer artículo) el sentido de tal expresión en ese contexto:
El título “primero y último” se refiere claramente al Dios de Israel, YHWH. En el contexto, tanto amplio como inmediato de Isaías, YHWH está hablando de su posición como el único Dios existente en comparación a los ídolos inútiles de las naciones. Es el ‘Primero’ porque existe antes que cualquier otro y está por encima de todos los dioses creados por el hombre; y es el ‘Último’ porque permanece eternamente y no será reemplazado jamás.
Para Él, el mensaje de Apocalipsis es radicalmente distinto:
[E]n Apocalipsis 1:17; 2:8 existe un sentido de “muerte y resurrección”, aplicado a Jesús, en comparación con los que han muerto y resucitado. Por esa razón, un poco antes, se le llama “primogénito de los muertos” (Apo 1:5; compare Col. 1:18), reforzando su posición especial entre los que han muerto y vuelto a la vida. Isaías enfatiza la exclusividad y eternidad de Dios, mientras que en Apocalipsis resalta la victoria de Cristo sobre la muerte.
Así concluye que “es muy evidente que Apocalipsis limita la expresión ´Primero y Último´ específicamente a la muerte y resurrección de Jesús, y nada más”. Lastimosamente, hay varios problemas con esta conclusión.
El lector debe notar que tal limitación es un presupuesto de mi amigo Israel. La idea que Juan puede estar pretendiendo comunicar es que Jesús es eterno (el causante de la primera creación) y el inaugurador de la nueva creación. El juntar “Primero y Último” con “muerto y ahora vive” puede ser simplemente con el propósito de enfatizar el rol de Jesús como partícipe de la identidad divina y fuente de “ambas” creaciones. Añadir otros títulos en 1:17 o 2:8 no hubiesen añadido nada al argumento. Así, Isaías enfatiza la exclusividad y eternidad de Dios, mientras que en Apocalipsis además de resaltar la exclusividad y eternidad de Jesús, resalta su victoria sobre la muerte [22]. Es más esta expresión podría funcionar como un paralelo al “Alfa y Omega” de 1:8, de manera que Cristo se identifica con Dios. Como explica Koester:
Decir que Cristo es ‘el primero’ supone que estaba unido a Dios en la creación; decir que es ‘el último’ anticipa que estará unido a Dios en la nueva creación (22:1, 3). Como Dios, Jesús vive por los siglos de los siglos (4:9–10; 10:6) [23].
Por otro lado, Israel parece negar una alusión a Isaías 44:6 debido a que la terminología en griego es distinta. Sin embargo, este patrón es totalmente normal en Apocalipsis. Como se puede encontrar en la mayoría de comentarios, en este libro no hay una sola cita textual del A.T por lo que esperarla en 1:17; 2:8 o 22:13 sería pedir demasiado.
Alfa y Omega
Con respecto a esta expresión, no hay duda alguna de que comunica eternidad:
La posición de estas dos letras en el alfabeto griego se usa para indicar que solo Jehová es el principio y el fin (Revelación 21:6). ¿En qué sentido? Él era el Todopoderoso en el pasado infinito y seguirá siéndolo para siempre. Él es el único que existe “de tiempo indefinido a tiempo indefinido” (Salmo 90:2). [24]
Principio y Final
Se le atribuye a Dios este título en 22:6 con el sentido de eternidad claramente presente.
Conclusión de “Alfa y Omega, Primero y Último, Principio y Fin”
Si (como espero haber demostrado) estas tres expresiones son referencias a la eternidad del referente entonces Israel está en un aprieto. Si cree que el referente es el Padre, debe explicar cómo el Padre puede ser el “Primero y Último” en cuanto a su eternidad pero Jesús no puede serlo, según su explicación de 1:17 y 2:8. Su limitación de esta expresión en un sentido de resurrección ya ha sido respondida. Por otro lado, si concede que esta expresión aplica a Jesús pero solo en un sentido de derivación o de transferencia de título, también tiene un problema. En su artículo afirma:
Jesús no es propia ni inherentemente “el Alfa y la Omega”, sino lo es en un sentido derivado y funcional. Dios transfiere este título a su Hijo, y así tiene sentido que Jesús diga que viene “en la gloria del Padre” (Mateo 16:27; compare Fil. 2:9–11, Heb. 1:3–4).
Israel debe explicar cómo el Padre puede transferir a Jesús tres títulos que comunican eternidad “en un sentido derivado y funcional” sin que Jesús sea eterno y por lo tanto, partícipe de la identidad divina. Si Jesús es el referente en 22:12–13 no hay forma de que las conclusiones puedan armonizarse con el unitarismo.
Es más, si 22:12–13 es un ejemplo de otorgamiento de nombre, entonces 1:8 también podría serlo, por lo que Jesús recibiría el nombre de “Señor Dios”, un título que ningún ser creado jamás podría recibir, porque presupone preexistencia. Si hay un otorgamiento de nombre es en el sentido de reconocimiento de estatus, no de cambio ontológico. [25]
Curiosamente, uno de los argumentos de Israel para excluir a Jesús de la identificación de 1:8 es que el Padre en 1:4 es descrito como aquel que ha de venir. Si queremos ser consistentes, entonces la descripción de Jesús como el que ha de venir en 22:16 es un argumento que refuerza su identificación con el título en v.13.
¿Juan 8:58?
Israel responde a mi argumento de la falta de soporte de su postura (el Padre como referente en 22:13) en la historia de la interpretación de este texto apelando al códice A, lo que ya vimos que no funciona.
Por otro lado, dice que tampoco “tenemos apoyo patrístico para afirmar que Jesús se está identificando en Juan 8:58 con el nombre divino de Éxodo 3:14.” Él mismo reconoce que esto “no tiene que ver con el tema”. En esto le doy la razón. [26]
De hecho, su primer artículo tiene como subtítulo “una interpretación más allá de la tradición”. Creo que es un punto que Israel inevitablemente debe ceder, su interpretación es totalmente novedosa y carece de soporte histórico. Eso no hace falsa su interpretación, sin embargo, reduce su probabilidad, a menos que presente argumentos sumamente sólidos, algo que no creo que haya logrado.
Conclusión
Creo que con este artículo he abordado satisfactoriamente las propuestas de Israel sobre la posibilidad de que el referente en 22:13 sea el Padre.
- Estudiosos proponen un paralelismo entre el capítulo 1 y 22 (prólogo-epílogo): No es tan claro.
- Los sujetos en este paralelismo no parecen cambiar: Son tan flexibles que el cambio es posible e incluso probable.
- El apóstol ya identifica al “Alfa y Omega” como el Padre desde el capítulo 1:8 (explícitamente, “dice el Señor Dios”), y por ende, es natural asumir que el lector lo siga identificando como tal en las próximas ocurrencias: El apóstol ya identifica al “Primero y Último” y (aquel que “viene pronto”) como Jesús desde el capítulo 1:17 (en caso de “viene pronto” 2:16, 3:11) y por ende, es natural asumir que el lector lo siga identificando como tal en las próximas ocurrencias.
- El lenguaje de “venir”, “recompensar” y juzgar “a cada uno según sus obras” en 22:12 es el mismo lenguaje que encontramos aplicados al Padre a lo largo del AT y NT, siendo un caso, y el más cercano, Apocalipsis 20:12–13: El lenguaje más cercano a “venir” y “recompensar según las obras” es 2:23, donde Jesús es explícitamente identificado como el hablante.
Sobre la posibilidad de ver a Jesús como referente en 22:13 sin conclusiones no unitarias:
[T]enemos literatura judía y estudios que respaldan la idea de que YHWH delega funciones, nombres y títulos a sus vice-regentes o ángeles exaltados, y he tomado ese modelo (sólidamente apoyado en la academia) para proponer un caso aplicable a Apocalipsis 22:13: el Padre es el dueño de los títulos y funciones, pero los transfiere a Cristo, que ahora es la cabeza de la iglesia, Juez, Rey y el centro de cualquier creyente en Cristo. Así que la interpretación de que Jesús es “el Alfa y la Omega” es completamente legítima y posible [27].
Como ya expliqué, no hay ningún precedente de transmitir un título de eternidad a un agente ontológicamente distinto a Dios, por lo que ver como referente a Jesús en 22:12–13 es totalmente imposible bajo un marco unitario.
Beale sintetiza de manera adecuada mi postura:
En varios puntos del libro, se ha referido a Dios como ‘el Alfa y la Omega’ (1:8; 21:6) y ‘el Principio y el Fin’ (21:6), y a Cristo como ‘el Primero y el Último’ (1:17; 2:8). Ahora todos estos títulos se combinan y se aplican a Cristo para resaltar su deidad. Estas atribuciones connotan figurativamente la totalidad de la polaridad: el hecho de que Cristo esté presente y sea soberano tanto en el principio como en el fin de la creación se declara con audacia para indicar que también está presente y es soberano sobre todos los eventos intermedios. [28]
La narrativa de Apocalipsis nos ha llevado a ver que el honor de Dios es compartido por el Cordero, de la misma manera que sus cualidades. Es natural por lo tanto, entender que en 22:12–13 el referente es Jesús [29].
Así, mi defensa de ver a Jesús como referente en 22:12–13 puede sintetizarse de la siguiente manera:
- La frase “yo vengo pronto” ha sido pronunciada repetidamente por Jesús a lo largo del libro, por lo que resulta coherente asumir que Él continúa hablando aquí.
- El lenguaje de juicio y recompensa según las obras ya ha sido aplicado directamente a Jesús en 2:23, donde afirma que Él es quien dará a cada uno según sus obras.
- Títulos como “Primero y el Último” ya han sido aplicados a Jesús en 1:17 y 2:8, lo cual permite interpretar “el Alfa y la Omega” como una expansión final de esa misma identidad.
- La progresión teológica de Apocalipsis permite que títulos aplicados inicialmente a Dios sean asumidos por el Hijo a medida que su participación en la gloria y autoridad divinas es plenamente revelada (caps. 4–5).
- Esta compartición de títulos no indica la inferioridad ontológica de Jesús o su recepción de este título como un mero “agente divino” ya que la eternidad que comunican estos títulos es intransferible.
- La historia de la interpretación es consistente y sin ninguna excepción identifica a Jesús como el referente en 22:12–13.
[1] Incluso en 1:7 se nos afirma que Jesús viene mientras que en 1:8 es el Padre quien anuncia su venida.
[2] Puedes ver los paralelos gráficamente en la “imagen 1” de su artículo: https://medium.com/@israelsanthi/la-identidad-de-el-alfa-y-la-omega-una-respuesta-a-la-biblia-para-todos-0ad39ce72ab4
[3] Koester, Craig R. Revelation: A New Translation with Introduction and Commentary. Anchor Yale Bible Commentaries, Yale University Press, 2014, p. 212.
[4] Israel reconoce en su artículo que “es el ángel quien en realidad habla con el apóstol)”
[5] Esta es una reversión irónica de la conclusión del párrafo de Israel previamente citado: “Por este motivo, no sería extraño que la voz que continúa hablando en 22:12 sea en referencia al Padre”
[6] Israel menciona en su artículo que “posiblemente el ´viene pronto´ de 11:14 también se aplique al Padre.” Sin embargo, el referente en ese texto es el tercer “ay”, no Dios.
[7] Aún en 1 Enoc, el Hijo del Hombre es exaltado previamente a la Creación: “Crucial para este estudio es la descripción del Hijo del Hombre que aparece a continuación en 1 Enoc 48. Lejos de ser una escena de triunfo escatológico inspirada en Daniel 7, esta escena presenta al Hijo del Hombre como un ser preexistente que recibió un nombre especial por parte del Señor de los Espíritus en la ‘hora’ primordial anterior a la creación. Dado que YHWH es el único ser que existía antes de la creación, este texto judío expresa una comprensión muy profunda de la relación entre el Señor de los Espíritus y el Hijo del Hombre. [48:2] En esa hora, ese Hijo del Hombre fue nombrado con el nombre, en presencia del Señor de los Espíritus, el Antes-del-Tiempo; [3] incluso antes de la creación del sol y la luna, antes de la creación de las estrellas, fue nombrado con el nombre en presencia del Señor de los Espíritus.” Gieschen, Charles A. “The Divine Name as a Characteristic of Divine Identity.” Monotheism and Christology in Greco‑Roman Antiquity, editado por Matthew V. Novenson, Supplements to Novum Testamentum, vol. 180, Brill, 2020, p. 67.
[8] “20:7–15 recapitula la descripción del juicio final presentada en 19:11–21.” Beale, G. K., y David Campbell. Revelation: A Shorter Commentary. Edición Kindle, Eerdmans, 2015, p. 420.
“Los acontecimientos registrados en Apocalipsis 20:1–15 no siguen cronológicamente a partir de donde terminó 19:21. En cambio, siguiendo la estructura progresivamente paralela del libro, Apocalipsis 20 recapitula la historia desde la primera venida de Cristo hasta la parusía y el juicio final, añadiendo nuevos detalles y énfasis.” Menn, Jonathan, J.D., M.Div. “A Brief Summary of Chapter 11.” Biblical Eschatology, 2nd ed., Wipf & Stock Publishers, 2018. RPM, vol. 21, no. 31 (2019), “The Book of Revelation,” p. 7.
[9] Beale, Revelation, p. 458.
[10] Israel parece asociar a Cristo con la agencia de los ángeles en la nota 14: “Interesantemente, en Ap 22:16, a Jesús se le llama ´estrella de la mañana´ (también 2:28) y es exactamente el mismo título que se le da a los ángeles en Job 38:7 e Isaías 14:12 (compare Daniel 8:10). En el mismo libro de Apocalipsis a los ángeles se les llama ´estrellas´ (1:20; 9:1; 12:3–4) y también en la literatura judía extrabíblica (1 Enoc 18:13–15; 21:3, 86, 90:20–21). Si estos puntos son correctos, solo refuerza la tesis de Jesús como un agente no fusionado con el Padre.” Sin embargo, atribuir cualidades angélicas a Jesús es una expresión de funcionalidad no de ontología. Jesús puede ser partícipe de la identidad divina y cumplir una función similar a la de los ángeles.
“Una vez que se establece un estatus angelomórfico de Cristo, debe desarrollarse si su estatus es divino (es decir, sigue siendo igual a Dios a pesar del uso de imágenes comúnmente aplicadas a siervos subordinados) o subordinado (haciéndolo aparecer como subordinado). Incluso se puede asumir que ambas opciones son generalmente posibles, ya que algunos textos cristianos primitivos (como la Ascensión de Isaías) describen a Cristo en un contexto angelomórfico y subordinado, mientras que otros textos se refieren a Cristo como un ser divino que también es representado en contextos angelomórficos (lo cual podría tener que confirmarse en el Apocalipsis de Juan). Incluso las descripciones de Dios mismo podrían, en ocasiones, ser ligeramente angelomórficas (como posiblemente en Gén 16:7–14; 21:17–18; Éx 3:2–4:17 o Jue 6:11–27). Por lo tanto, se puede afirmar en el estado actual de la discusión que una descripción angelomórfica no priva necesariamente a Cristo (o quizá a una figura igualmente importante) de su divinidad ni reduce su estatus al de un ángel.” Hoffmann, Matthias Reinhard. Angelomorphic Christology and the Book of Revelation. Doctoral thesis, Durham University, 2003, p. 33.
Michael Bird también responde a esta clase de Cristología (angélica, meramente funcional): “Tiendo a pensar que, si la cristología primitiva y la devoción a Jesús fueran una variante de la angelología de las dos potencias o de una configuración de un ángel principal, entonces ¿por qué el aspecto angelical retrocedió hasta el punto de estar materialmente ausente en la cristología paulina?, ¿por qué Juan el Vidente resalta el rechazo angélico a la adoración pero permite que Jesús sea adorado?, y ¿por qué la cristología angélica solo es detectable de manera implícita en los esquemas cristológicos que se critican en Colosenses y en la Carta a los Hebreos? Lo más probable es que, entre ciertos grupos apostólicos, la preexistencia, la persona, el poder y la presencia de Jesús encontraran su análogo principal en el Dios de Israel y solo de manera secundaria en relación con intermediarios angélicos.” https://www.patheos.com/blogs/euangelion/2021/05/was-the-earliest-christology-an-angel-christology/
[11] Bowman, Robert M. Jr., y J. Ed Komoszewski. The Incarnate Christ and His Critics: A Biblical Defense. Kregel Academic, 2024, edición Kindle, p. 1138.
[12] Véase la nota 7.
[13] Fletcher‑Louis, Crispin H. T. “The Similitudes of Enoch (1 Enoch 37–71): The Son of Man, Apocalyptic Messianism & Political Theology.” The Open Mind: Essays in Honour of Christopher Rowland, editado por Jonathan Knight y Kevin Sullivan, vol. 522, T & T Clark, 2014, p. 71.
[14] Bowman, Robert M. Jr., y J. Ed Komoszewski. The Incarnate Christ and His Critics: A Biblical Defense. Kregel Academic, 2024, edición Kindle, p. 1126.
[15] Gruenwald, Ithamar. Apocalyptic and Merkavah Mysticism : Second, Revised Edition, BRILL, 2014, p. 226.
Hurtado advierte “Dada la fecha tardía de 3 Enoc, debemos ser cautelosos al considerar que las ideas que contiene son indicativas de las tradiciones sobre Enoc en el período precristiano.” Hurtado, Larry W. One God, One Lord: Early Christian Devotion and Ancient Jewish Monotheism. 2.ª ed., T&T Clark/Bloomsbury, 2015, p. 57.
[16] Gruenwald, Ithamar. Apocalyptic and Merkavah Mysticism : Second, Revised Edition, BRILL, 2014, pp. 226–27
La referencia al “YHWH menor” no es comparable a la recepción de alabanza del Cordero en el libro de Apocalipsis: “´Dios pequeño’ sería algo impactante para nosotros, pero no lo era para la mentalidad antigua. Mientras no se involucrara adoración, el ‘dios pequeño’ seguía siendo solo un título.” Gruenwald, Ithamar. Apocalyptic and Merkavah Mysticism: Second, Revised Edition, BRILL, 2014, p. 293
[17] https://medium.com/@israelsanthi/qui%C3%A9n-es-el-alfa-y-la-omega-13f9fe1569f6
[18] Hernández Jr., Juan. “The Apocalypse in Codex Alexandrinus: Its Singular Readings and Scribal Habits.” Scripture and Traditions: Essays on Early Judaism and Christianity in Honor of Carl R. Holladay, editado por Patrick Gray y Gail R. O’Day, vol. 129 de Novum Testamentum, Supplements, Brill, 2008, pp. 341–358 (349).
Hernández no fue el primero en llegar a esa conclusión: “πρωτότοκος [primogénito] había aparecido previamente en Apocalipsis 1:5. El manuscrito A también presenta la misma lectura de manera singular en 2:8 […], lo cual sugiere que la alteración fue deliberada, quizás con una intención doctrinal: ‘Yo soy el primogénito y el último´” M. A. Robinson, “Scribal Habits among Manuscripts of the Apocalypse”, PhD diss., 1982, p. 62. Disponible en: https://www.bibelgriechisch.online/Scribal_Habits_Robinson.pdf
En la nota al pie añade: ”Estas lecturas singulares dobles de palabras doctrinalmente significativas ciertamente parecen haber sido creadas con un propósito; quizás en este caso para enfatizar a Cristo como el ‘primogénito de entre los muertos’”(p.62, n-4)
[19] Ibid., p. 63
[20] Debo reconocer que Israel afirma no usar el Códice A como precedente histórico de identificación del Padre en 22:13 sino que su “intención al usar el Codex A era señalar que, independientemente que el título ´Primero y último´ sean los mismos en 1:17, 2:8 con 22:13, parece que tenemos una referencia histórica (Codex A) que nos sugiere que debemos entender cada caso en un sentido único”. Sin embargo, hay una explicación mucho más parsimoniosa, que es la que presenté. El códice A simplemente refleja un esfuerzo de armonización, no es una pista ni un referente histórico que aclare el debate en 22:13.
[21] Israel lo reconoce: “Pareciera que ´el Primero y el Último´ en 22:13 tiene la intención de ser un sinónimo enfático con “el Principio y el Fin” que le acompaña.”
[22] Es más, en 1:17 la referencia puede seguir siendo a la eternidad de Jesús. Como explica Fanning “El tiempo presente, como aquí, podría basarse en eso y enfatizar la vida continua que resulta de la resurrección; este es probablemente el sentido unas palabras más adelante en el v. 18c: ‘Estoy vivo [ζῶν] por los siglos de los siglos’, en contraste con su muerte en la cruz en la cláusula precedente. Por otro lado, en un participio sustantivado en presente como aquí, el sentido es más probablemente genérico y no restringido en cuanto al tiempo — verdadero en todo momento — como el carácter y la esencia constantes de Cristo, ‘el viviente’, a lo largo de toda la historia de principio a fin. Este sentido genérico aparece en la expresión bíblica común (especialmente en el NT), ‘el Dios viviente’, que ocurre cinco veces más en el Apocalipsis… (4:9, 10; 7:2; 10:6; 15:7; todos participios presentes de ζάω, ya sean adjetivales o sustantivados). ‘Yo soy… el viviente’ parece ser una transferencia de esa descripción significativa de Dios Padre a Jesucristo.” Fanning, Buist M. Revelation. Zondervan, 2020. Kindle ed., p. 102–03.
Beale señala: “Él también es el que vive por los siglos de los siglos, la misma frase que se usa para Dios el Padre en el Antiguo Testamento (Deut. 32:40; Dan. 12:7).” Beale, G. K., y David H. Campbell. Revelation: A Shorter Commentary. Ebook. William B. Eerdmans Publishing Company, 2015, p. 48.
[23] Koester, Revelation, 258.
[24] https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/preguntas/alfa-omega/
[25] Cuando Jesús es bautizado, el Padre lo reconoce públicamente como su “Hijo”, pero esto no implica que antes del bautismo no lo fuera (a menos que se adopte una Cristología adopcionista). En ese momento se inaugura formalmente su misión mesiánica y su identidad es revelada de manera visible y audible. De modo análogo, en Apocalipsis, si es el Padre quien otorga o confirma el título de “Alfa y Omega” al Hijo, esto puede entenderse como una proclamación cósmica y escatológica de lo que el Hijo ya es ontológicamente desde siempre. Así como en el bautismo no ocurre un cambio ontológico en Jesús, sino una manifestación pública de su identidad, también en Apocalipsis el reconocimiento del Hijo como “Alfa y Omega” representa su plena revelación y exaltación como partícipe de la identidad divina, plenamente integrada en la adoración celestial (cap. 4–5).
[26] Si bien no hay una alusión a Éxodo 3:14 la conclusión seguía siendo la preexistencia de Jesús, como Israel reconoce. Sin embargo, si el referente fuera tan ambiguo en 22:12–13 encontraríamos más voces disidentes (que propusieran al Padre como referente).
[27] Con respecto al “sólidamente en la academia”, Bowman y Komoszewski responden:
“Nuestro punto aquí no es que los motivos del Antiguo Testamento y del judaísmo del Segundo Templo sobre ‘hipóstasis’ divinas, ángeles y figuras bíblicas exaltadas sean irrelevantes para entender lo que el Nuevo Testamento dice sobre Jesús. Lejos de eso, esta información puede ser bastante esclarecedora para comprender el Nuevo Testamento. En la enseñanza del Nuevo Testamento, Jesús es como Adán, Melquisedec, Moisés y David, pero también es diferente de ellos y cualitativamente superior a ellos. Como un ángel, Cristo vino de Dios, pero habló como ningún ángel se atrevería y hizo lo que ningún ángel podría hacer. La gloria, la palabra y la sabiduría de Dios se revelan perfectamente en Jesucristo, porque él es el Señor de la gloria, la Palabra que estaba con Dios en el principio, la Sabiduría que fue aún más de lo que la especulación judía sobre la sabiduría había imaginado. Nuestro punto es que estas corrientes de pensamiento no explican el origen de la confesión cristiana de que Jesucristo era el Señor divino. El intento de explicar la visión exaltada de Jesucristo en el Nuevo Testamento como un desarrollo natural de las especulaciones judías anteriores sobre figuras religiosas intermedias o ‘agentes divinos’ debe considerarse un fracaso.” Bowman, Robert M. Jr., y J. Ed Komoszewski. The Incarnate Christ and His Critics: A Biblical Defense. Kregel Academic, 2024, edición Kindle, p. 1142.
[28] Beale, Revelation, 518.
[29] De hecho, mi amigo Israel parece haber ignorado completamente mi argumento con respecto a la recepción de alabanza del Cordero en el cap. 5 que es paralelo a la recepción de alabanza de Dios en el cap. 4. Hurtado comenta:
”El estudio de Stuckenbruck sobre lo que él llamó “veneración de ángeles” y su posible relación con las primeras creencias cristológicas (especialmente en el Apocalipsis) reforzó mi propuesta anterior de que el tratamiento de los principales ángeles en las tradiciones judías antiguas probablemente ayudó a proporcionar un “espacio” conceptual para acoger a una segunda figura estrechamente asociada con Dios, lo cual fue aprovechado por los primeros seguidores de Jesús para ubicar al Jesús resucitado en relación con Dios… Pero, como otros estudiosos que han examinado detenidamente el asunto, Stuckenbruck concluyó que no hay evidencia de la aceptación de una adoración de ángeles en la tradición judía, en contraste con el lugar central de Jesús en las primeras prácticas devocionales del movimiento de Jesús.” https://larryhurtado.wordpress.com/2019/02/04/christological-non-starters-part-2-angel-christology/
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