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Estados de WhatsApp

Tengo una relación ambivalente con los estados de WhatsApp.

Martín Tami · 2026-01-11 14:17 · 0 claps · 3.4 min read
#whatsapp #whatsapp-status #relaciones #flan #adiós
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Estados de WhatsApp

Tengo una relación ambivalente con los estados de WhatsApp.

Me refiero a esas actualizaciones en formato de historia que tus contactos pueden compartir sin distinción de motivos, temáticas o razones.

Siempre que alguien comparte un estado la aplicación te lo dice añadiendo un pequeño puntito verde en la sección que corresponde a esta función.

Entro mucho a ver los estados de WhatsApp.

Hay quienes hacen fotos de cualquier cosa y la comparten vaya uno a saber por qué. Están los que escriben mensajes sin destinatario claro (o, peor, con uno bien definido). Los hay que expresan allí su devoción religiosa; otros aprovechan para acotar su opinión sobre alguna noticia reciente.

En general, casi todo lo que se publica en los estados de WhatsApp me interesa entre muy poco y nada. Pero no puedo dejar de verlos. Ya me hago una cierta idea de lo que comparte tal o cual, antes de pulsar el circulito que me avisa de la “novedad”.

Entre las personas que usan los estados de WhatsApp están aquellos que solamente comparten una cosa a la vez, o no más de tres o cuatro. Yo vendría a ser uno de ellos. Por otra parte, hay quienes emplean el recurso para compartir diez, quince, incluso a veces más, estados de manera consecutiva. Los miro (casi) todos: me interesa (casi) ninguno.

En algún momento la aplicación introdujo la posibilidad de reaccionar a los estados de WhatsApp de los demás. Esto significa enviar una respuesta, como si el estado fuera un mensaje dirigido a uno, pudiendo establecerse un pequeño diálogo a partir de lo publicado. Pero la forma de reacción con mayor pregnancia es la de los corazoncitos verdes. Si el otro, alguien, vio tu estado y por algún motivo le gustó, puede hacértelo saber apretando el corazón que le aparece abajo a la derecha. Eso genera en tu estado, precisamente, la aparición de un corazón verde, señal de que alguien lo vio, le gustó y quiso manifestarlo. Importante: uno puede saber quién fue el benefactor de aquella pequeña dosis de dopamina.

También podría saberse quiénes vieron el estado sin reaccionar a él, pero esa opción la tengo desactivada, como la de los tildes azules: soy más partidario de ciertos grados de opacidad en las relaciones…

En este último tiempo vengo registrando un cierto cansancio respecto de los estados de WhatsApp. El no poder dejar de verlos me produce hastío. Del mismo modo que existe la opción de aumentar la velocidad de los audios (de la que estoy en contra, por cuestiones de principio: es una forma de manipular la manifestación de la alteridad del otro, expresada en la cadencia y las inflexiones de su voz), la aplicación reconoce la necesidad de ofrecer algún subterfugio a nuestra paciencia. Para el caso de los estados, éste consiste en silenciar aquellos que no tenemos interés de ver anunciados cada vez que se publican. El problema es que, aun cuando no te enteres de que tal o cual le ha sacado una foto a su flan con dulce de leche, si quieres puedes pispear los estados silenciados, que para eso están agrupados en un segmento aparte de los demás. Sí: también entro a mirar los estados de WhatsApp que silencié.

Consternado por esta dinámica aparentemente irresoluble, he decidido tomar una decisión extrema, casi una herejía para las normas y costumbres del ecosistema de redes y aplicaciones de cualquier índole: borrar contactos del móvil. La maniobra es tajante, pero por ello altamente efectiva. Aquellos contactos cuyos estados no podía dejar de ver y no me interesaban en lo más mínimo dejan de estar allí presentes para mí si me presto a eliminar su teléfono de mi agenda. No estando en ella, tampoco los tengo en WhatsApp: ya no veo los estados que publican varias veces por día.

Sin embargo, el asunto que quiero plantear aquí es otro. Resulta que es la propia aplicación de WhatsApp la que puede publicar también -y estos los vemos todos- sus propios estados de WhatsApp. Como un espejo que se enfrenta a otro y reduplica la imagen que a la vez refleja, el teléfono blanco sobre un fondo verde cada tanto hace públicos sus propios estados…

En uno de hace unos meses, la aplicación anunciaba la posibilidad de abandonar discretamente los grupos de WhatsApp. Lo hacía afirmando solemnemente que allí (en WhatsApp) “la privacidad es la prioridad”. La gambeta se efectúa mediante la función de solo notificar a los administradores del grupo que se abandona: “para que puedas irte sin llamar la atención”. WhatsApp nos tutea.

Es curioso cómo una aplicación que funciona, a través de sus estados, como una plataforma para llamar la atención -sin que esto, por sí mismo, sea algo negativo-, se cuida de promover la oportunidad de no llamarla, cuando lo que se juega no es tanto nuestro flan con dulce de leche (llámese libro, pasaporte en la mano, perrito, selfi, carta de San Pablo a los Corintios o publicación en Medium) como el gesto de primera necesidad -o, más llanamente, de buena educación- que es retirarse diciendo “adiós”.


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