Closing a chapter and starting a new one.
1 de Junio, 2022
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1 de Junio, 2022

Paris, Francia (2021–2022)
Último día de clases de la maestría.
Una maestría que me costó lágrimas, mis ahorros, salir de mi zona de confort, empezar una aventura con mi esposo, ansiedad por socializar y una presión enorme por entender temas completamente nuevos para mí.
Hoy no puedo creer que terminó la maestría que tanto me costó alcanzar, creo que es un tema de ver lo que tanto trabajé y aspiré en algo tangible. Creo que es un ejercicio de visualización, pues jamás me imaginé que iba a terminar una maestría sabiendo todo lo que ahora sé.
Me siento tan agradecida con la vida, con Dios, con mi familia, con Miguel, porque creo que el sistema de apoyo fue parte clave para poder lograrlo. Aún recuerdo los primeros meses que lloraba por no entender, por no tener amigos, por no saber adaptarme a otro idioma y otra cultura. Pareciera que casi no se habla de eso, que no es importante o que a algunas personas se les facilita más que a otras, pero definitivamente para mi fue todo un reto. Salir de mi zona de confort me obligó a tener que conocerme más, saber qué es lo que me gusta hacer, qué disfruto mucho, qué me apasiona y a qué me quiero dedicar.
No estoy diciendo que ya tengo todo resuelto, es más, creo que estoy muy lejos de eso. Pero creo que dejé de ir con la corriente, deje de solamente trabajar por dinero y por tener unas salidas. Aprendí que no hay tiempo suficiente y que el tiempo que tenemos hay que aprovecharlo, hay que hacer lo que realmente queremos.
Llegué hace 9 meses a un país en donde la gente no es nada amable, a un país en donde el idioma inglés no lo hablan todos y te exigen que aprendas el suyo. Llegue a un salón de 70 personas, rodeada de nuevos compañeros mucho más jóvenes que yo y que pareciera que no les había afectado en nada la cuarentena.
En lo personal, la cuarentena redujo la cantidad de personas en mi círculo social a solo mi familia. Deje de salir y convivir con amigos por miedo a contagiar a mi mama de COVID y sin saberlo, eso sólo estaba creando en mi un perfil más y más introvertido.
Estar de nuevo frente a tanta gente me hizo repensar lo introvertida que me había vuelto, la ansiedad por querer pertenecer pero al mismo tiempo no me sentía cómoda, todo por querer regresar a ser esa persona de hace dos años. Y no se diga de todas las noches que lloré por un ser querido que estaba lejos y herido, la impotencia de no poder ayudarlo más que con mis palabras, oré mucho para que mejore pero al mismo tiempo solo lo veía llorar con tanto sufrimiento en su corazón.
Renunciar, casarme, mudarme a otro país, empezar la maestría y dejar a mi familia fueron los cambios que experimenté en 4 meses, por eso, el saber que terminé la maestría representa un logro a pesar de todos los cambios. Y qué tanta razón tenía mi papá, yo siempre le dije que claro que iba a poder, pero él siempre me decía que eso no era lo que le preocupaba, sino qué haría cuando ya no pudiera.
Aprendí tanto en la maestría, tanto que solo me deja un sabor de boca de querer aprender más. Aprendí que hay tantos problemas y que se necesitan más personas interesadas en el tema para poder solucionarlos, aprendí que el mundo nos necesita, y no es un tema de solo encontrar un trabajo que pague bien, sino de sentir que contribuyó a un mundo mejor.
En lo que llevo en Francia he aplicado a más de 30 trabajos y he tenido alrededor de 5 entrevistas de trabajo, muchas de ellas ya no me vuelven a hablar lo cual sólo me dice que esta etapa de obstáculos no se ha acabado, de hecho nunca se acaba, la vida son puros obstáculos y cuesta arriba. Bien dicen que cuando aceptas estar afuera de tu zona de confort y hacer actividades difíciles, la vida se hace fácil.
Obviamente habrá gente que tiene su vida cuesta abajo, como yo la solía tener cuando trabajaba, pero definitivamente hay perfiles que están hechos para eso, y hay otros perfiles que vivir en ese ambiente solo las mata lentamente.
Me considero más como la segunda persona, alguien que aunque es bueno tomar un descanso y disfrutar, debe de ser temporal y no un estilo de vida.
Recuerdo que cuando deje de ser emprendedora y solo me dedicaba a mi trabajo de 9 a 6 sentía un vacío de estar descansando y no de ese tipo que disfrutas sino de ese de aburrimiento, de querer hacer más y aprender más pero no saber por dónde empezar.
Jamás me imaginé haciendo preguntas y retando a unas de las 5 empresas petroleras más poderosas del mundo, jamás me imaginé que iba a dar una clase de una hora y media sobre el impacto ambiental y social de las plataformas de servicio, jamás me imaginé estar tomando un curso de inversiones porque ahora entiendo cuál es el impacto que tiene nuestro dinero en la economía para un mundo mejor, jamás me imaginé tener una conversación sobre la situación de Ukrania y Rusia y las consecuencias en la industria de la energía con un profesor reconocido en HEC, jamás me imaginé leer un libro al mes para no sólo entender el problema que está enfrentando el planeta, sino también descubrir todas las soluciones que hay allá afuera, jamás me imaginé estar escribiendo más de 20 mil palabras en inglés para mi tesis y poder defenderla frente a un jurado, jamás me imaginé graduarme de la mejor escuela de negocios de Europa.
Pensar en todo eso me da nostalgia y emoción al mismo tiempo, porque vi cuánto mejoré en tan poco tiempo, porque hace un año, sólo el hecho de opinar frente a la clase en inglés me daba pavor, y con el tiempo entendí que la mejor arma es el conocimiento, y eso es algo que se trabaja.
Con el tiempo aprendí que si me preparaba el doble que los demás podría estar a su altura para tener una conversación. Con el tiempo aprendí que leyendo e informándome fueron las herramientas que me permitieron formular mejores preguntas.
Este último mes, tuve sesiones con expertos de todas las industrias, profesionistas que compartieron análisis y puntos de vista sobre problemáticas en los negocios y en el planeta. No había día que no me sintiera orgullosa por haber entendido todo, algo que seguramente un año atrás no sabría ni de que me estaban hablando. Y, aún mejor, en cada sesión investigué, me preparé, pregunté y los reté.
Hace un año no entendía como la energía se relacionaba con el cambio climático, ese era mi nivel de conocimiento sobre el tema. Hace un año no sabía que los aviones y la industria del cemento realmente son sectores difíciles de de carbonizar. Hace un año no sabía a qué se referían con el término del precio del carbono y mucho menos sobre todas las políticas públicas que están emergiendo para lograr llegar a los 1.5 grados.
Entré a una maestría en donde era la única latina dentro de 70 personas, el 90% de la generación siendo europeo. Aprendí tanto de la cultura europea en general, y no en solo en tema de costumbres, sino en cuán educados y conscientes están sobre lo que sucede en el planeta.
Me gradué de una de las mejores universidades de México y de LATAM y aunque estudié una ingeniería, jamás estuve expuesta a este tipo de temas, seguramente me falto también iniciativa, pero algo que si note es que conocí tanta gente que estudio mercadotecnia, comunicación, finanzas, arquitectura e ingeniería y que en teoría tampoco debiera haber estado expuestos a esos temas, pero la realidad fue otra. Estaban informados sobre el impacto del cambio climático, sobre las políticas públicas, sobre las estrategias de descarbonización y mucho más.
Conocí gente brillante y tan conocedor sobre el tema del cambio climático que jamás habían tomado formalmente un curso sobre eso, simplemente su educación siempre fue así.
Desde niños las cafeterías les enseñan que consumir carne tiene un impacto grande sobre el planeta, les enseñan por qué no es bueno comerla todos los días. Desde niños se les enseña que usar el carro todos los días para distancias que fácilmente puedes hacer caminando o en transporte público es mejor para el planeta. Obviamente es un tema de contexto, digo, estudié en uno de los países más poderosos del mundo, que tienen como prioridades el cambio climático dentro de la agenda política, algo que raramente se ve en países en desarrollo.
Podría seguir y platicar todo lo que aprendí sin cansarme, pero ese no es el punto. El punto es poder transmitir que es posible, es posible para alguien que quiere hacer un impacto pero no sabe cómo empezar. Claro está que mi posición fue muy privilegiada, asistir a esta escuela y vivir en París es algo imposible para la mayoría de los mexicanos, pero no fue fácil. Me costó endeudarme de nuevo por 5 años, los créditos educativos siempre formarán parte de mi vida, pero de lo que sí estoy segura es que no me arrepiento, fue la mejor decisión que pude haber tomado.
Yo que pensé que conseguir el dinero para poder venir, conseguir la visa en plena pandemia y conseguir la visa para Miguel cuando las visas para no estudiantes estaban detenidas, iba a ser lo más difícil, que equivocaba estaba, si eso apenas comenzaba.
Hoy, tras haber terminado mi última clase de maestría tengo esa mentalidad. La mentalidad de que sé que todo se va a complicar, pero esta vez estoy más preparada. Preparada no sólo en cuanto a conocimiento, pero mental y emocionalmente. Porque el día que consiga un trabajo en Europa haciendo lo que me apasiona, habré logrado mi meta. Y aunque no sé si suceda, todas las mañanas me visualizo marcándole a mis papás diciéndole “lo logre, encontré un trabajo” porque aprendí que cuando lo crees, lo creas.
메타데이터
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